Firavitoba es un municipio colombiano ubicado en la provincia de Sugamuxi en el departamento de Boyacá. Está situado a unos 77 kilómetros de la ciudad de Tunja, la capital del departamento y a 10 km de Sogamoso, la capital de la provincia.
Toponimia
Existen dos versiones acerca del origen del nombre de Firavitoba. La primera indica que la expresión se deriva de las palabras Muiscas fiva (viento) y obta (cumbre), y según ello, significa viento de la cumbre;Prehistoria, Firavitoba (Boyacá), tu tiempo, URL última consulta el 09/07/2008. la segunda afirma su nombre se generó de los términos fiia (cuántas) y faoa (nubes), que al ser mal pronunciados por los españoles a su llegada terminó sonando como Firavitoba.
Historia
En el territorio del actual municipio de Firavitoba existía un asentamiento indígena antes de la llegada de los conquistadores españoles. Por lo tanto y como era costumbre se fue dando un proceso de integración de los habitantes y dejándole el nombre de Firavitoba. Respecto a las encomiendas encomienda (1547), pueblo de indios (1601), capellanía (1634) y parroquia (1781).Archivo Nacional de Colombia La introducción del catolicismo la realizaron los padres Franciscanos a mediados del , adoctrinando en una casa, con San Antonio como patrono. El primer templo de 1634 dedicado a Nuestra Señora de las Nieves fue destruido por un incendio, motivo por el cual fue reconstruido en 1678.
Los naturales que poblaron estas tierras posiblemente fueron Arhuacos, según tesis del arqueólogo español José Pérez de Barradas; vivieron a las orillas de los lagos; esta raza fue de origen mongólico más culto, pues para esa época ya había más quietud en los desplazamientos de las tribus y se organizó un grupo sobre un cerro en que se divisan muchas comarcas, a modo de atalaya, al que llamaron Guática (mundo alto) y se formó el poblado Firavitoba (cuántas nubes).
Veinte edades antes de llegar los españoles, que eran como de setenta años cada una, o sea aproximadamente en el año 140, todo transcurría en esta propiedad en forma normal; de pronto, se dice que apareció del sur, como el sol, un personaje que traía en la cabeza y brazos una señal de la cruz y en la misma rematada una macana que traía por bordón en la mano, este era Bochica, el personaje les enseñó a trabajar, a vestirse y a creer en Dios, levantando el templo a Mi Señor.
La invasión Chibcha sucedió aproximadamente en el de nuestra era, viniendo del istmo de Panamá. El pueblo conquistador se fundió con el pueblo conquistado en una sola cultura posiblemente en paz y como tal se deformaron los mitos primitivos que se habían aprendido; entonces se introdujo costumbre de que los sacerdotes de allí fueran alternados entre Firavitoba y Tobasía. Esa tradición perduró hasta la invasión ibérica.
Gonzalo Jiménez de Quesada viniendo de Santa Marta, tras muchas penurias había subido la cordillera por la región de Vélez, hacia Bogotá tras un año de expedición, en 1537, siguiendo luego hacia Garagoa y Obeitá, donde supieron que estaban cerca las minas de esmeralda de Somondoco. Al recibir noticias de sus enviados a reconocer esas tierras, de que por el espacio entre dos montes habían divisado una llanura muy extensa que parecía tan cercana, le pareció a Jiménez de Quesada que sería mejor mandar a una comisión bajo el mando del capitán Juan de Sanmartín, quien salió de los últimos dominios muiscas, no sin antes pasar graves peligros. Pasando desde Baganique hasta Pesca, en que encontraron resistencia muisca, pero sin hacer daños llegaron a Iza, donde habían sabido que habitaban quienes comerciaban con gentes de los llanos. Llegándoles allí un mensajero indígena de Duitama determinaron ir allá, pero llegados a Firavitoba supieron que no era fácil someterlo y determinaron dar la vuelta avistando a Suamox, la Roma de los Muiscas. Pero queriendo ir allá, un guía indígena los hizo perder y resultaron nuevamente en Baganique.
En nueva expedición llegaron a Suamox y viendo tanta maravilla quedaron encantados con el templo del Sol, que por descuido quemaron. Con la destrucción de su templo los aborígenes intentaron resistir pero fueron aniquilados y el cacique de Firavitoba, torturado murió.
Entonces comenzó la época de dominio español nombrando encomendero en el año de 1547, como en todos los pueblos, a uno de los soldados de Nicolás de Federmán, a Luis de Sanabria, que tendría su mando los indios de Firavitoba, Cormechoque y Sichacá.
Con la Real Audiencia llegaron los franciscanos. Los españoles trataban de destruir lo que fueran costumbres indígenas por considerarlas diabólicas. Pero, aunque los naturales fueron muy reacios a la nueva doctrina y a las nuevas costumbres, y si bien parecían estar convencidos entendieron que con los invasores había que fingir, para no sufrir penas impuestas por ellos, ya que tenían armas superiores y era inútil combatirlos.
En 1558 vino la epidemia de viruela, en ese entonces grave enfermedad que atacó a los naturales, quienes no habían desarrollado inmunidad. Los padres abandonaban a los hijos o estos a sus padres y debían ser arrojados en campos lejanos.
Queriendo obligar a adoptar el catolicismo, comenzaron a recorrer los pueblos y en 1577 llegaron a Firavitoba un delegado y un escribano; se recibieron tunjos de madera, caracoles y esmeraldillas. Se dice que a un indio se le dieron diez azotes, porque aunque frecuentaba la doctrina, guardaba y frecuentaba los santuarios.
El encomendero Luis de Sanabria, había tenido dos hijas, Catalina y Luisa Micaela. La primera había contraído matrimonio (1577) con Martín de Rojas y Lucena, que pasó a ser el dueño de la encomienda.
En 1601 se modificaron los dominios de posesiones, apareciendo los resguardos para proteger la población aborigen, Coromocho (Cormechoque) y Sichacá fueron agregados a Siachoque, mientras que Firavitoba quedó aparte. A cada pueblo de indios se entregó un sitio para la erección de su capilla, con medidas muy precisas (cincuenta y cuatro varas de largo y doce de ancho para cimientos), además de su plaza, situada al frente, de setenta varas en forma cuadrada, formando pueblos, manteniendo un pedazo común como tierra de labranza, para sus sembraduras, así como también otro terreno para sus ejidos, pastos, potreros de sus ganados, para que no tuvieran que desplazarse y tuvieran doctrina permanente.
Siendo doctrinero fray Domingo de Molina, a comienzos de 1633 llegó la epidemia de tifo. La señora Catalina de Rojas y Sanabria, casada con Juan de Sandoval, murió y ordenó en su testamento que se creara una capellanía en su estancia, con un monto de mil pesos para esta. Al año siguiente fue nombrado fray Francisco Pérez, de los franciscanos, para ejercer el patronato de dicha capellanía; entonces se comenzaron a levantar con el esfuerzo de la fe, los cimientos del hermoso templo, de arquitectura colonial, que fue afectado por un terremoto en 1644. Un incendio en que había perecido doña Josefa de Fonseca y Alarcón (esposa del asesinado Gerónimo de Rojas y Niño, cuarto encomendero) al intentar sacar una imagen de la Virgen, terminó de destruirlo. Entonces Fray Felipe Lozano, como doctrinero, en 1678 se propuso levantarlo nuevamente, siendo jefe indígena Pedro Neacha, perteneciente a Francisco de Vargas.
El último encomendero, Lorenzo de Rojas y Niño, antes de morir, quizá en redención de sus culpas, entregó en donación a la Compañía de Jesús en 1691, unas casonas que daban a la plaza mayor de Tunja y su hacienda de Firavitoba, una de las más ricas del Nuevo Reino, tenía 24000 varas de perímetro. En el comienzo del el clima no fue muy favorable para los indígenas de Firavitoba durante una larga época de veinte años, en que hubo pérdidas continuas de sementeras, por lo cual hacia 1706 empezaron a fallar en el pago de las demoras, y como amortizaban hasta que les alcanzara, por el temor al arresto comenzaron a huir del pueblo, uno tras otro, de tal suerte que alcanzaron a trescientos los ausentes. Así implementados los repartimientos en 1718 el encomendero quedó en una difícil situación, además con la huida de esos indígenas, resultó aniquilado el cacicazgo de Gotua y se presentó el caso de gente adinerada que compró tierras.
Se conocen libros de bautismos solo hasta 1729 y la primera partida encontrada está firmada por el sacerdote Francisco Antonio Vélez Ladrón de Guevara, mientras que la primera visita pastoral, consignada en los libros, fue practicada por Monseñor Antonio Claudio Álvarez de Quiñones, Arzobispo de Santafé de Bogotá, el sábado 28 de octubre de 1730.Archivo Parroquial de Firavitoba
Las teorías de los Jesuitas habían creado un malestar entre los españoles porque no los dejaban hacer su voluntad con los naturales; entonces promovieron una forma de deshacerse de esa comunidad de catequistas, y mandaron comisiones ante el rey para decir que eran malos elementos que infundían ideas peligrosas, que era bueno apartarlos de la sociedad. El rey de España, entonces en 1767 ordenó expatriarlos y confiscar sus bienes, incluidos muchos libros; así se extinguió la hacienda de Firavitoba que pasó a manos del español José Antonio del Lago. Por otra parte los indígenas fueron trasladados a Nobsa y rematados sus resguardos, pero ante la Revolución de los Comuneros, les fueron devueltos pero perdieron algunas tierras. Los pobladores del municipio de Firavitoba participaron activamente en esta insurrección. Entonces fue creada la parroquia y Firavitoba dejó de ser pueblo doctrinero de indios.
En la época de la independencia, tras la revuelta del 20 de julio de 1810 en Santa fe, se produjeron algunos cambios, y aunque vino el régimen del terror de Pablo Morillo en 1816, en que fue apresado el sacerdote Carlos Suárez por predicar la libertad, vino la campaña libertadora, en que se produjo la independencia total de la Nueva Granada, con las batallas de Pantano de Vargas, muy cerca de Firavitoba y Puente de Boyacá. En Firavitoba nació Cayetano Abella, sargento de infantería del Batallón Cazadores que luchó y murió en la Batalla de Boyacá el 7 de agosto de 1819.
En la época republicana, el municipio perdió importancia y pasó al olvido de los colombianos, aunque se establecieron escuelas públicas de primaria antes de 1832. Se produjeron terremotos en 1826 y 1827 que afectaron seriamente el templo, pero la entidad legislativa local no resolvía nada sino pasaban reunidos en discusiones sin fundamento.
Solo hasta el año de 1869, en que llegó como sacerdote el padre Ignacio Ramón Avella, fue que se empezó a notar cierto progreso. De una maqueta traída de Paris propuso levantar un gigantesco templo hecho en piedra. Así, cuatro años más tarde se comenzó la labor, con la dirección del Señor Cura en persona, primero con las bases que fueron de gran profundidad y luego el levantamiento de los muros. Pero, llegó el momento en que se necesitaron andamios y todo el pueblo acudió a la vereda de Bogüita, al otro lado de la laguna de Tota a traer la madera, en una jornada por lo demás épica.
En 1901 murió el clérigo dejando mucha tristeza en los moradores de Firavitoba, cuando estaban levantados los muros laterales y el de atrás, pero como la maqueta se perdió, fueron muchos los inconvenientes que se presentaron para la continuación de la obra. Solo hasta 1916, en que llegó el cura Abdénago Zambrano, de Firavitoba, fue que volvió el interés y la obra se siguió, con un diseño traído por el padre Hugo Orjuela, encargado por el sacerdote, dirigiendo la obra el maestro Gregorio Gómez. En esta época llegaron adelantos al poblado como fueron el telégrafo (1919) y el teléfono público (1926), haciendo más fácil la comunicación con otras regiones, lo mismo que el acueducto domiciliario en 1929, y la carretera a Sogamoso (1933).Archivo Municipal