Pipil es el nombre con el que comúnmente se nombra a los pueblos indígenas nahuas de Centroamérica cuyo lenguaje nativo es el idioma náhuat (también llamado pipil), y que en la actualidad habitan en la zona occidental y central de El Salvador y en los departamentos de Rivas, Chinandega, Nueva Segovia, Masaya, Jinotega y el municipio de Sebaco en Nicaragua (donde también son conocidos como nicaraos); anteriormente también hubo miembros de la etnia en Guatemala, Honduras y Costa Rica. Sus antepasados se consideran provenientes de los toltecas, que emigraron a Centroamérica en varias olas desde México, entre los siglos y
Actualmente, únicamente en El Salvador aún hay hablantes puros de su idioma originario; siendo junto con los lencas las únicas etnias del país que todavía conservan sus lenguas. Asimismo, del nahuat proceden muchos nombres de lugares del centro y occidente del país, como Cuzcatlán (cuyo nombre proviene del centro cultural y político del mismo nombre, cerca de la actual ciudad de San Salvador).
Etimología miniatura|Nantzin Sixta es una mujer hablante nativa del idioma náhuat en Santo Domingo de Guzmán.
La Real Academia Española establece a la palabra pipil como el término correcto para denominar a esta etnia en la lengua española, dándole los siguientes significados: Dicho de una persona: De un pueblo precolombino, descendiente directo de los nahuas, que habitaba en el occidente de El Salvador. Perteneciente o relativo a los pipiles. Perteneciente o relativo al pipil (lengua). Léxico pipil. Lengua yutoazteca meridional, derivada del náhuatl, que hablan los pipiles en El Salvador, Guatemala meridional y Honduras septentrional.
En la literatura antropológica y lingüística, se usa comúnmente el término pipil para denominar a este grupo poblacional, para evitar caer en ambigüedades y en confusiones con los otros grupos náhuablantes. Por otro lado, los propios indígenas se autodenominan asimismos como nahuas, el cual es un término cultural y étnico que es utilizado por todos los grupos hablantes tanto de náhuatl como de náhuat (que es como denominan su lengua los pipiles), ya sean de México o de Centroamérica; y que por ende es un término amplio y lleno de ambigüedades.
Para la mayoría de los autores, los términos pipil o náhuat se usan para referirse al idioma hablado en América Central únicamente (es decir, excluyendo a las otras variedades nahuas de México). Sin embargo, ambos (junto con el término de náhuatl oriental) también se han utilizado para referirse a las variedades del idioma náhuatl en los estados del sur de México como Veracruz, Tabasco y Chiapas, que al igual que el náhuat, han reducido el sonido /tl/ a /t/. Las variedades que se hablan en estas tres áreas comparten mayores similitudes con el náhuat que con las otras variedades del náhuatl, lo que sugiere una conexión más estrecha; sin embargo, el lingüista Lyle Campbell considera que el idioma náhuat es lo suficientemente distinto como para ser una lengua separada de la rama nahua nuclear (ya que comparte rasgos con el náhuatl central y el náhuatl periférico, este último que incluye a las variantes de náhuatl oriental), por lo que rechaza un subgrupo del náhuatl oriental que incluye al náhuat.
Hipótesis del origen del término pipil
Por lo general, las hipótesis sobre el origen de la palabra pipil, tienden a plantear que es un término proveniente del náhuatl y que procede de los tlaxcaltecas y otros pueblos del mismo tronco lingüístico de México que estaban aliados con Pedro de Alvarado en la conquista de la región. Una de ellas, que en princio fue planteada por Francisco Antonio de Fuentes y Guzmán (en el tomo I libro 3 capítulo 2 de la Recordación Florida de 1890), Francisco Vásquez (en 1714) y Domingo Juarros (a inicios del ), considera que se deriva de pipiltoton, que significa 'niño, muchacho u hombrecito', y que sería dado a las poblaciones que había en El Salvador y Guatemala al parecer porque al escuchar el idioma les parecía un náhuatl mal pronunciado, con acento de niño (sin embargo dicha hipótesis no se sustenta si se tienen en cuenta crónicas indígenas mexicanas y documentos del e inicios del , como se verá más adelante).
Otra hipótesis, la proponen investigadores como el historiador Jorge Larde y Larín y el arqueólogo William Fowler, quienes señalan que el término pipil podría provenir del náhuatl pipiltin que se traduce como 'noble', por lo que considera que los conquistadores españoles y sus auxiliares indígenas tlaxcaltecas usarían el nombre como referencia a la élite de la población; o bien, según otra versión, por el nombre de un supuesto líder de las migraciones nahuas hacia Centroamérica, el príncipe Pipiltzin.
En los documentos coloniales del actual El Salvador, los nobles de las diferentes poblaciones indígenas se denominan asimismos como pipiltin; un ejemplo de ello, y donde en cambio a los niños se les denomina piltzin, lo podemos ver en el siguiente documento (escrito en la lengua que se ha denominado como náhuatl centroamericano que era usado como lengua franca por los indígenas de la costa pacífica de Centroamérica, sobre todo entre los nobles, y que se detallara en la siguiente sección) que es parte de un padrón de tributos que procede de un calpulli no nombrado que estaría ubicado en la Provincia de San Salvador (en el que se encontraban el departamento de Santa Ana y la zona central de El Salvador) o en la Provincia de San Miguel (hoy la zona oriental de El Salvador), muy probablemente en esta última porque antecede a una cuenta de tributos que menciona los padrones de Cacahuatique (hoy Ciudad Barrios), Yolotique, y Tapavera. Dicho documento dice:
Aunque se considera que la palabra pipil proviene de los indígenas hablantes de náhuatl que acompañaron a los españoles en la conquista; los propios documentos indígenas de México como las Relaciones (escritas a principios del ) del cronista acolhua de Texcoco Fernando de Alva Ixtlilxóchitl o el anónimo Historia de los mexicanos por sus pinturas (de la década de 1530), no mencionan la palabra pipil sino que refieren a los miembros de la etnia únicamente como descendientes de los toltecas. Así Ixtlilxóchitl, en la página 395 de su «Décima tercia relación de la venida de los españoles y principio de la ley evangélica», después de hablar sobre la batalla de Acajutla (ocurrida en 1524), menciona que: Sobre lo anterior, Ixtlilxochitl menciona en su cuarta relación que antes de la llegada de los españoles entre los nahuablantes había dos agrupaciones de linajes: los chichimecas y los toltecas. Entre los chichimecas estaban los mexicas, acolhuas, tlaxcaltecas, otomíes, mazahuas, michuaques, etc; en cambio, entre los toltecas estaban los colhuas, cholultecas, xochimilcas, xicalancas, guatemaltecas (es decir los habitantes de la Capitanía general de Guatemala, los pipiles), etc. Además menciona que los pueblos chichimecas no eran originalmente nahuablantes sino que aprendieron la lengua de los toltecas; y que había varias variantes, en las que considera como mejor la propia (de los acolhuas), que los mexicas hablaban con soberbia, y que otros hablaban como cantando, llorando o riñendo. En el valle de México, luego de conflictos iniciales, los pueblos chichimecas buscarían toltequizarse (obtener rasgos y atributos toltecas) y los toltecas buscarían chichimezicarse; es de mencionar que ambos conceptos, toltecas y chichimecas, no definían estados evolutivos (como usualmente se han interpretado) sino que son identidades culturales, formas de identificación colectivas definidas a partir de la forma de subsistencia, de la organización social, de tecnología y de conocimientos.
Es en los documentos españoles donde se usa el término pipil; aunque en los documentos tempranos, cuando se menciona, no hay ninguna mención acerca de su origen o significado. Por ejemplo, en la Real Cédula del emperador Carlos V, expedida el 20 de julio de 1538 y dirigida al adelantado de Guatemala Pedro de Alvarado, se menciona que:
El nombre pipil, sin embargo, posiblemente no era un término usado por estos para referirse a su etnia, sino que quizás sería un exónimo o por lo menos su uso no tendría el mismo alcance o significado que tendría a partir de la conquista. En el corpus nahua de Guatemala (de los siglos y ), por ejemplo, se identificaban a sí mismos con el nombre de su calpolli (también denominados chinamit en actual Guatemala) o altépetl, pero nunca como pipil; ejemplo de ello puede verse en textos como el título de Santa María Ixhuatán (en el departamento guatemalteco de Santa Rosa), que según el documento estaba integrado por los calpullis de Guazacapán (que era el principal), Ixhuatán, Tzinacantan, Nancinta y Pazaco (estos últimos dos probablemente de origen xinca; a todos ellos no hay confundirlos con poblaciones de igual nombre), por lo que en el mismo texto refiere (en traducción al castellano por Sergio Romero): «Estos son los principales guazacapanecas, ixhuatanecas, tzinacantecas, nancintecas y pasaquences que hicieron acto de presencia, nuestros hermanos gobernantes».
Convivencia de la etnia con hablantes de náhuatl En la Centroamérica prehispánica y colonial también habrían hablantes de náhuatl, como lo muestran los documentos coloniales tempranos de o dirigido a los pueblos nahuas de Centroamérica (incluyendo El Salvador y Nicaragua); donde de los 66 documentos nahuas que se han encontrado ninguno está en náhuat sino en una variante de náhuatl, que investigadores como Sergio Romero y Margarita Cossich Vielman denominan como Náhuatl Centroamericano; que habría sido una lengua franca principalmente en la costa pacífica centroamericana, habiendo también lugares al oriente de Guatemala donde se hablaba comúnmente y probablemente también lo hiciese en otras zonas de Centroamérica (principalmente entre la nobleza, ya que es de ellos de quienes procede los documentos coloniales; sobre esto, es de mencionar que en un informe de Fray Francisco de Zuaza, datado el 8 de junio de 1689, al hablar sobre el monasterio seráfico en San Salvador, menciona que: «tiene a su cargo... una doctrina de indios mexicanos pipiles, que es como si dijéramos la lengua mexicana plebeya»). Está lengua, difiere completamente del náhuat ya que carece de sus características distintivas y por ende no es una variedad del náhuat sino una lengua propia perteneciente al grupo náhuatl occidental, aunque se parece al náhuatl central tiene características cuya particular combinación lo hacen único y distinto, lo cual supone que habría llegado a Centroamérica siglos antes de la llegada de los españoles. Posiblemente, según Sergio Romero, este sería el idioma al que los españoles denominaron en un principio como mexicano corrupto (ya que el náhuat es un idioma distinto al náhuatl), quedando al final junto con el náhuat bajo la denominación de pipil. Por otro lado, según Ruud Van Akkeren, algunos linajes de habla náhuatl o nahuat habrían sido el origen de algunos linajes mayas de los pueblos quiché, cakchiquel o tzutujil luego de adoptar dicho lenguaje.