El ecologista escéptico es un polémico libro de Bjorn Lomborg (1965–) publicado originalmente en danés con el título Verdens sande tilstand, literalmente El estado real del mundo (Forgalet Centrum, 1998). Posteriormente se publicó una edición inglesa, revisada y mejorada con el título The skeptical environmentalist (Cambridge University Press, 2001) que sería la base de traducciones posteriores.

Origen thumb|left|150px|Bjørn Lomborg, autor de la obra. En el prólogo de su obra, Lomborg explica que decidió escribir este libro a raíz de unas palabras del economista Julian Lincoln Simon en las que afirmaba que nuestro conocimiento del medio ambiente era muy básico, respaldado por ideas preconcebidas y estadísticas poco fiables. El autor formó un grupo con diez de sus mejores estudiantes de Estadística en la universidad de Aarhus y comenzó a analizar los datos a los que aludía Simon. En 1998 publicó cuatro artículos con sus conclusiones en el periódico danés Politiken. A partir de este momento, el debate se abrió y Lomborg decidió componer un libro para abarcar un área mucho mayor. En 2001 duplicaría el tamaño del texto original, actualizando también los datos, en la edición inglesa.

El objetivo de Lomborg es acercarse al conocimiento real del mundo para actuar en él eficientemente. La idea principal es que no deben ser las organizaciones ecologistas, los grupos de presión política o los medios de comunicación los que dicten las prioridades, sino la sociedad democrática que, a través de unos datos veraces, pueda participar libremente en un debate medioambiental. Para ello, el autor analiza los argumentos más utilizados por las organizaciones e investigadores ecologistas (Parte Primera: La letanía), las medidas del bienestar humano y su situación contemporánea (Parte segunda: El bienestar humano), el estado de los recursos en los que se basa dicho bienestar (Parte tercera: ¿Puede mantenerse la prosperidad humana?), la amenaza a esa prosperidad (Parte cuarta: Contaminación: Un obstáculo para la prosperidad humana?), los problemas futuros (Parte quinta: Problemas futuros) y, como conclusión, el estado real del mundo (Parte sexta). La obra cuenta con 182 figuras y tablas con datos de diversos organismos oficiales, una extensa bibliografía y más de 2500 notas a pie de página. Su conclusión es clara; el estado del planeta y la humanidad no es tan catastrófico como solemos creer y muchos problemas se han ido solucionando.

En el prólogo a la edición española (Espasa, 2003) Lomborg recuerda que a pesar del aumento de la prosperidad humana que constata en su libro, existen todavía multitud de problemas por resolver. Para empezar a afrontarlos es necesario centrarse en el tamaño y la importancia de cada cuestión, estableciendo un adecuado orden de prioridades.EEE, pág. 21

Primera Parte: La letanía En el primer capítulo del libro, el autor danés expone el conjunto de mensajes pesimistas que nos mandan entidades como el Instituto Worldwatch, el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), Greenpeace o autores como David Pimentel y Paul Ehrlich.EEE, ppág. 37-75 Según Lomborg, se manejan los datos de forma incorrecta para transmitir una letanía negativa que crea un terror colectivo.EEE, págs. 77-87 A ello ayudan los medios de comunicación pues la catástrofe vende más que la estabilidad. Hace referencia además a la compatibilidad de un sistema económico desarrollado con la conservación del medio ambiente.EEE, pág. 74

Parte segunda: El bienestar humano

La segunda parte comienza señalando la dificultad de encontrar una medida para el bienestar humano y propone algunos indicadores que analiza a continuación: la salud y la esperanza de vida,EEE, pág. 100 la alimentación y el hambre,EEE, pág. los ingresos y la desigualdad,EEE, p.123 la educaciónEEE, p.137 y la seguridad.EEE, p.143 Ofrece para ello una serie de figuras de datos estadísticos tomados de organismos internacionales. Para centrar la cuestión, habla en primer lugar de la superpoblación,EEE, p.95 recordando que el problema no es la cantidad de personas, ya que los países más poblados están en Europa, sino la pobreza de muchos núcleos poblacionales. Respecto al resto de indicadores, constata que todos han mejorado en el último siglo, concluyendo que la humanidad goza de una prosperidad sin precedentes. Sin embargo, como recuerda en la conclusión de esta segunda parte,EEE, p.147 siguen existiendo graves problemas que aún deben ser solucionados.

Parte tercera: ¿Puede mantenerse la prosperidad humana?

thumb|250px|Imagen satelital del proceso de deforestación de la Selva Amazónica. En esta tercera parte indaga acerca de la sostenibilidad del desarrollo humano. Para ello, se propone estudiar el uso que hacemos de los recursos, tanto de los renovables como de los no renovables.

Para comenzar, se refiere a los alimentos.EEE, p.153 Constata el aumento en la productividad y apuesta por el incremento de rendimientos con nuevos medios tecnológicos (en los datos que analiza diferencia siempre entre países desarrollados y países en desarrollo). Asegura igualmente que la forma de luchar contra el hambre en los países más pobres pasa por un mayor crecimiento económico.EEE, p.163 Termina ofreciendo las predicciones de la FAO, que asegura que habrá más comida para más gente en los próximos años.EEE, p.174

El segundo punto tratado son los bosques,EEE, p.175 a pesar de su difícil definición.EEE, p.177 Recuerda que se ha perdido un 20% de la cubierta forestal desde el inicio de la agriculturaEEE, p.178 y que actualmente la deforestación del bosque tropical es consecuencia de la pobreza.EEE, p.179 A continuación trata de desmontar el mito del bosque tropical como pulmón del mundo.19 Su conclusiónEEE, p.181 es que los bosques no están amenazados, pues los indicadores se mantienen constantes desde la Segunda Guerra Mundial. El mayor problema es la mala gestión de los bosques en las zonas en desarrollo, fruto de su perspectiva a corto plazo debido, como repite, a la pobreza. Además, señala que el consumo actual de madera y papel se puede cubrir únicamente con el 5% del área forestal actual.EEE, p.184

La tercera cuestión es la de la energía. Presenta los datos que nos informan de que la mano de obra industrial humana era del 94% en el mientras que a finales del se sitúa en el 8%.EEE, p.186 El objetivo es dejar al futuro una sociedad que pueda producir energía de forma barata, por lo que repasa en este epígrafe los diferentes combustibles que maneja la humanidad. En el caso del petróleo, intenta desmontar la hipótesis de que cada vez hay menos petróleo en el mundo. Según Lomborg, cada vez hay más ya que el ritmo de las reservas aumenta en mayor proporción que el consumo.EEE, p.193 Además, influyen otros dos factores: hay aún varios yacimientos por explorar y la tecnología proporcionará una mejor explotación de los recursos.EEE, p.194 Vaticina que dejaremos de usar petróleo cuando sea más barato producir otro combustible, no porque éste se nos agote.

En cuanto al resto de combustibles fósiles, el autor danés revela que la producción de gas ha aumentado pero aún se mantiene a un alto precio debido al coste de la instalación de gaseoductos.EEE, p.195 El carbón, por su parte, también existe en abundancia pero es caro de transportar.EEE, p.196 Las reservas de ambas fuentes de energía, al igual que en el caso del petróleo, han aumentado en altos porcentajes en el último cuarto del . Repasa asimismo otros combustibles fósiles como el gas metano, las arenas de alquitrán o el aceite de esquisto bituminoso.EEE, p.197-98

La energía nuclear es otra fuente de energía que usa el ser humano. En concreto, supone un 6% de la producción mundial de energía y un 20% en países que disponen de potencia nuclear. Lomborg recuerda que se trata de una energía muy limpia, ya que no expulsa CO2. El problema es la seguridad, en especial los residuos radiactivos, que, además de permanecer cientos de años radiactivos, pueden utilizarse para fabricar plutonio para armas.EEE, p.198 Su coste de producción, además, es más alto que el de los combustibles fósiles.EEE, p.199 El autor apunta que, a largo plazo, la obtención de energía nuclear debe centrarse en la fusión, en lugar de en la fisión.

En cuanto a las energías renovables, Lomborg evidencia que presentan grandes ventajas, tales como la menor contaminación y el menor precio potencial. Sin embargo, recuerda que aún no son competitivas en este aspecto, sobre todo para países en desarrollo.EEE, p.201 Hay que tener en cuenta que el precio real del combustible sólo es una pequeña parte del total. La ventaja que poseen los combustibles fósiles es que su mercado ha sido liberalizado hace tiempo y llevan muchos años de investigación a sus espaldas.EEE, p.202 Los datos que presenta el autor indican que las energías renovables solamente constituyen el 13,6% de la producción energética mundial, distribuidas del siguiente modo: 6.6% hidroeléctrica, 6.4% tradicional (madera, carbón vegetal, desperdicios de animales y vegetales), que alcanza un 25% en países en desarrollo, 0.4% biomasa, 0.12% geotérmica, 0.04% eólica, 0.009% solar.EEE, p.200 La más competitiva a comienzos del es esta última, aunque su precio sigue siendo superior al de los combustibles fósiles. La conclusión de Lomborg es que la humanidad tiene suficientes combustibles fósiles para producir energía hasta que las fuentes de energía renovables resulten razonablemente económicas.EEE, p.207

Este temor al agotamiento de los recursos también es experimentado en el caso de los no energéticos, como la cantidad de materias primas que utilizamos a diario. En el libro se analizan los casos del cemento, el aluminio, el hierro, el cobre, el oro, la plata, el zinc o diversos fertilizantes como el nitrógeno, el fósforo y el potasio. La deducción de Lomborg es que cada día se descubren nuevos recursos, se usan de forma más eficiente y aumenta la capacidad de reciclarlos y sustituirlos.EEE, p.222 Menciona en este capítulo la apuesta que el economista Julian Simon lanzó en 1980 a los ecologistas de la universidad de Stanford P. Ehrlich, J. Harte y J. Holdren. Según el primero, cualquier materia prima que eligieran sus oponentes habría bajado de precio un año después. Los ecologistas eligieron como prueba el cobre, el níquel, el estaño y el tungsteno, fijando de plazo 10 años. En septiembre de 1990 se comprobó que todas las materias primas habían bajado de precio, algunas como el estaño, un abrumador 74%.EEE, p.209 thumb|255px|Personas reflejándose en el agua de un estanque.