La Batalla de Alejandría fue un enfrentamiento militar que tuvo lugar entre el 31 de julio y el 1 de agosto de 30 a. C. en las afueras de Alejandría, Egipto, entre las fuerzas de Marco Antonio y las de Octavio (futuro Augusto), durante la cuarta guerra civil de la República romana. El primer día, Antonio logró una victoria táctica que detuvo el avance de Octavio, pero las deserciones masivas durante la noche y la pérdida de sus suministros obligaron a la guarnición antoniana a rendirse al día siguiente, permitiendo a Octavio entrar en la ciudad. Este enfrentamiento marcó el fin de la República romana, el fin del período helenístico y el comienzo del Imperio romano.Plutarco, Vidas paralelas: Vida de Marco Antonio, cap. LXXVI.Dion Casio, Historia Romana, Libro LI, 10-14.
Antecedentes
El Segundo Triunvirato y la ruptura Tras el asesinato de Julio César (44 a. C.), Octavio, Marco Antonio y Lépido formaron el Segundo Triunvirato (43 a. C.) para vengar a César y derrotar a sus asesinos.Goldsworthy, Adrian (2014). Augusto: De revolucionario a emperador. La Esfera de los Libros, p. 298-310. Tras la victoria en Filipos (42 a. C.), el poder se repartió: Octavio controló Occidente y Antonio Oriente, donde estableció una alianza política y sentimental con Cleopatra VII de Egipto.
En el 32 a. C., Octavio forzó la apertura del testamento de Antonio, depositado en el templo de las Vestales, y lo leyó ante el Senado. En él, Antonio reconocía a Cesarión (hijo de Julio César y Cleopatra) como heredero y legaba territorios romanos a sus hijos con Cleopatra. El Senado declaró la guerra a Cleopatra,Dion Casio, Historia Romana, Libro L, 20-22. y la batalla de Accio (2 de septiembre del 31 a. C.) resultó en una derrota decisiva que forzó la huida de Antonio y Cleopatra a Egipto.Veleyo Patérculo, Compendio de la historia romana, Libro II, 84.
La huida a Egipto y el asedio Tras Accio, Antonio y Cleopatra regresaron a Alejandría con lo que quedaba de su ejército y flota. Octavio, en lugar de perseguirlos de inmediato, pasó el invierno en Samos y Siria, consolidando su dominio sobre Oriente.Suetonio, Vida de los doce césares: Vida de Augusto, 17. En la primavera del 30 a. C., avanzó hacia Egipto por tierra y mar, bloqueando Alejandría por tierra y por mar, lo que impidió cualquier posible escape de Antonio. Antonio, con solo unos 12.000 soldados frente a los aproximadamente 30.000 de Octavio, se preparó para la defensa.
La batalla (31 de julio – 1 de agosto)
Día 1: Despliegue inicial (31 de julio) El 31 de julio, al amanecer, Octavio ordenó a sus tropas avanzar hacia las murallas orientales de Alejandría. Su ejército, muy superior en número, se desplegó en tres líneas:
Ala izquierda: bajo el mando de Agripa, con la misión de flanquear a Antonio. Centro: la fuerza principal, que avanzaría frontalmente. Ala derecha: con caballería para proteger el flanco.
Antonio, con fuerzas muy inferiores, desplegó sus tropas en una formación más compacta y defensiva:
Centro: 6.000 legionarios veteranos, la élite de sus campañas en Partia. Ala izquierda: apoyada por arqueros sirios. Ala derecha: con caballería egipcia. Reserva: 1.000 hombres de élite, ocultos detrás de una colina para una posible contraofensiva.
El terreno era una llanura abierta, con algunas colinas bajas al este y el mar al norte. Antonio eligió este lugar porque su formación compacta podría resistir el ataque de una fuerza superior, y las colinas protegerían sus flancos de la caballería de Agripa.
Día 1: El ataque de Octavio Al mediodía, Octavio ordenó el avance general. Sus legiones, bien alimentadas y descansadas, avanzaron al paso rápido, con la caballería protegiendo los flancos. Agripa, al mando del ala izquierda, intentó rodear a Antonio por el norte, pero la caballería antoniana, apoyada por arqueros, lo contuvo con una lluvia de flechas.
En el centro, las legiones de Octavio chocaron contra los veteranos de Antonio. El choque causó numerosas bajas en ambos bandos; los legionarios lucharon con espadas cortas y escudos. Los veteranos de Antonio, aunque superados en número, mantuvieron sus posiciones con disciplina, formando un muro de escudos que repelió los primeros asaltos. La lucha se convirtió en un empuje de escudos, donde la experiencia de los antonianos se hizo notar: cada vez que una legión de Octavio lograba abrir una brecha, los veteranos la cerraban rápidamente, utilizando sus espadas para apuñalar a los atacantes.
La presión octaviana se mantuvo durante toda la jornada. La caballería de Octavio, aunque contenida en los flancos, mantenía a la caballería antoniana ocupada, impidiéndole apoyar al centro. Antonio, que supervisaba la batalla desde la retaguardia, observó que su centro comenzaba a retroceder lentamente bajo el peso del ataque. Sus soldados, aunque mantenían la disciplina, estaban agotados por los meses de asedio y las constantes deserciones.
El contraataque de Antonio Ante el retroceso de su centro, Antonio ordenó el avance de la reserva. Montado en su caballo, reunió a sus 1.000 reservistas de élite (los más leales y veteranos) y, según Plutarco, les arengó brevemente. Luego, Antonio lanzó a sus reservas contra el ala derecha de Octavio, que ya estaba debilitada por las bajas. La carga logró romper las líneas octavianas en ese sector. El ataque causó la retirada desordenada de las tropas octavianas en ese punto.
Aprovechando la brecha, Antonio ordenó un avance general de todo su ejército. Sus veteranos, animados por la presencia del general en la primera línea, lanzaron un empuje final. La línea de Octavio, presionada por el centro y flanqueada por la derecha, comenzó a ceder. Agripa contraatacó enviando su caballería para reforzar el flanco derecho, pero fue detenida por la caballería antoniana.
En este momento crítico, Antonio combatió en primera línea. Según Plutarco, mató a dos centuriones de Octavio con su propia mano. Las tropas antonianas mantuvieron la presión; los veteranos, viendo a su general luchar entre ellos, redoblaron sus esfuerzos.
Día 1: El contraataque de Agripa Mientras Antonio concentraba sus fuerzas en el centro, la caballería de Octavio rodeó a los antonianos por el norte y atacó directamente el campamento de Antonio, que había quedado protegido solo por una guarnición reducida.
La caballería octaviana, apoyada por infantería ligera, asaltó el campamento y lo incendió. Los suministros de agua y alimentos de Antonio, junto con las tiendas y el equipo, fueron destruidos. Al ver el humo de su campamento en llamas, los soldados de Antonio, que ya estaban agotados, comenzaron a desmoralizarse.
Antonio, viendo la situación, ordenó la retirada táctica. Sus hombres retrocedieron de manera ordenada, manteniendo la cohesión y cubriendo la retirada con sus escudos. La caballería de Antonio, que había sufrido bajas significativas, les brindó cobertura, protegiendo la retirada hacia las puertas de Alejandría.
Día 1: Resultado táctico Al final del primer día, la batalla terminó con un resultado favorable a Antonio, aunque costoso en bajas y suministros:
Bajas de Antonio: estimadas en 800-900 muertos o heridos. Bajas de Octavio: estimadas en 400 muertos o heridos. Botín: Antonio capturó dos águilas legionarias de Octavio, un gran honor militar.
Sin embargo, Antonio había perdido a sus mejores reservas y sus suministros, mientras que Octavio aún tenía una fuerza muy superior y podía recibir refuerzos desde Siria. La moral antoniana, aunque momentáneamente elevada, se desplomó durante la noche.
Día 2: Deserciones masivas y caída de Alejandría (1 de agosto) La noche del 31 de julio, las tropas de Antonio, desmoralizadas y sin suministros, comenzaron a desertar en masa. Al amanecer del 1 de agosto, más de la mitad de los aproximadamente 11.000 soldados que le quedaban se habían pasado al bando de Octavio. La caballería, que había sido su fuerza más leal, también desertó. Antonio, al ver su ejército desintegrado, se retiró al palacio con Cleopatra.
Octavio, sin encontrar oposición, entró en Alejandría el 1 de agosto. La ciudad abrió sus puertas, y la guarnición antoniana se rindió.
Suicidio de Marco Antonio (1 de agosto) Antonio, ante el colapso de su ejército y la entrada de Octavio en la ciudad, ordenó a su esclavo y confidente, un soldado llamado Eros, que lo matara con su espada. Eros, sin embargo, desenvainó su espada y se la clavó a sí mismo, muriendo ante los ojos de Antonio. Antonio, entonces, tomó su propia espada y se apuñaló en el vientre. La herida no fue mortal de inmediato; cayó al suelo y, mientras se desangraba, los guardias que lo rodeaban comenzaron a gritar. Antonio, aún consciente, les pidió que lo llevaran al mausoleo donde Cleopatra se había refugiado.
Según Plutarco, Cleopatra, al enterarse de la situación, se había refugiado en su mausoleo con sus sirvientas más leales. Cuando Antonio llegó al mausoleo, Cleopatra, al verlo herido, se negó a abrir las puertas por miedo a que los soldados de Octavio entraran. Desde una ventana, bajó cuerdas y, con la ayuda de sus sirvientas, izaron a Antonio hasta el interior del mausoleo. Cleopatra lo recibió en brazos, llorando y gimiendo. Antonio, agonizante, le pidió que hiciera la paz con Octavio, le recomendó que confiara en un liberto llamado Proculeyo (amigo de Octavio) y le pidió un beso. Luego, en brazos de Cleopatra, murió.
Suicidio de Cleopatra (12 de agosto) Tras la muerte de Antonio, Cleopatra intentó negociar con Octavio. El vencedor, sin embargo, no mostró compasión. Cleopatra, que había sido llevada al palacio, solicitó una entrevista con Octavio. Cuando este entró, ella, vestida con sus mejores galas, se postró ante él y le ofreció el tesoro de Egipto a cambio de la vida de sus hijos. Octavio respondió con firmeza que no tenía nada que temer, pero que su destino sería decidido en Roma.
Cleopatra, sin embargo, comprendió que Octavio planeaba llevarla a Roma para exhibirla en su triunfo, encadenada y humillada. Prefiriendo la muerte a la deshonra, comenzó a planear su suicidio. Se retiró a su mausoleo con sus dos sirvientas más leales, Iras y Charmión, y ordenó que le trajeran una cesta de higos.
Según la tradición recogida por Plutarco y Dion Casio, dentro de la cesta ocultó un áspid (una serpiente venenosa). Cuando los guardias de Octavio, alertados por los sirvientes, irrumpieron en el mausoleo, encontraron a Cleopatra muerta, vestida con sus ropas reales, tendida en un lecho de oro. Iras y Charmión yacían a sus pies, también muertas por el veneno.
Existen varias versiones sobre la muerte de Cleopatra, recogidas por las fuentes antiguas:
Mordedura de un áspid: la versión más famosa, narrada por Plutarco y Dion Casio. Se dice que Cleopatra colocó el áspid sobre su seno y dejó que la mordiera. Veneno en un ungüento: algunos autores sugieren que utilizó un veneno rápido que llevaba en un peine de marfil. Inyección con una aguja: una tercera versión sostiene que se aplicó el veneno con una aguja en el brazo.
Independientemente del método, Cleopatra murió el 12 de agosto de 30 a. C., a los 39 años, después de reinar durante 21 años. Con ella murió la dinastía ptolemaica, fundada por Ptolomeo I Sóter en el 305 a. C. Los historiadores modernos consideran que la historia del áspid es probablemente legendaria, y que es más verosímil que utilizara un veneno de acción rápida.
Consecuencias
Fin del período helenístico La muerte de Cleopatra y la anexión de Egipto marcan el fin del período helenístico (323-30 a. C.), que había comenzado con la muerte de Alejandro Magno. Durante tres siglos, los reinos helenísticos (los Ptolomeos en Egipto, los Seléucidas en Siria y los Antigónidas en Macedonia) habían sido los herederos del imperio de Alejandro. Con la caída del último reino helenístico independiente, la cultura griega, aunque aún influyente, quedó subordinada al poder de Roma.