miniatura|290px|Folio 114r de la Crónica de Ramón Muntaner, donde se describen los gritos de guerra utilizados por los almogávares: Los almogávares (también, almogárabes) es el nombre en común de un tipo de tropas de choque, espionaje y guerrilla con origen en la Reconquista, que pelearon por moros y por cristianos en Portugal, en Castilla, en la Andalucía de los musulmanes, y en Aragón. Alfonso I de Aragón, empleó con notable éxito tropas almogávares formadas principalmente por infantería ligera, célebres por el brutal y activo papel que desempeñaron en la conquista aragonesa del Mediterráneo entre los siglos y .
Etimología Sobre el origen del nombre existen diversas teorías: tiene su origen en el árabe المغاور al-mugāwir («el que provoca algaradas») o en المخابر al-mujābir («el portador de noticias»), que en este contexto se traduce como «el que explora y comunica», y finalmente una tercera teoría sostiene que viene del adjetivo gabar, que se traduce como «orgulloso» o «altivo». Los nombres de sus grados militares también proceden del árabe.
Origen sarraceno del término El primer uso del término se sitúa en los territorios de Al-Ándalus en el , para referirse a pequeños grupos armados de sarracenos dedicados al saqueo y los ataques sorpresa. Así, la primera referencia histórica documental aparece en la crónica «Ajbar muluk al-Andalus» o Crónica del Moro Rasis, la historia de los reyes de Al-Ándalus, escrita entre 887 y 955 por Ahmad ibn Muhamad ar-Razí, conocido entre los árabes con el nombre de Al-Tariji (el Cronista) y entre los cristianos como el moro Rasis. En su crónica, el historiador de Qurtuba describe los territorios de Al-Ándalus, y al llegar al valle del Ebro, cita por primera vez en la historia la existencia de unas tropas llamadas almogávares presentes en la ciudad de Saraqusta:Bolea 2010, p. 17.
La palabra almogávar también se usó durante los últimos siglos de la Reconquista, en la frontera de Granada, para designar a las partidas de salteadores moros que desde el Reino de Granada atacaban las localidades fronterizas del Reino de Murcia y del Reino de Valencia.
Adaptación cristiana Los aragoneses fueron los primeros cristianos documentados en adaptar esas estrategias y luchar como esos grupos de sarracenos conocidos como almogávares, por lo que finalmente acabaron siendo conocidos por el mismo nombre.
A pesar de que no existen crónicas coetáneas a los hechos del o , la primera vez que se menciona a unos almogávares cristianos es en un testimonio de Jerónimo Zurita en sus Anales de Aragón, que sitúa a los almogávares en época de Alfonso I de Aragón reforzando hacia 1105–1110 la fortaleza de El Castellar con vistas a la conquista de Zaragoza:Zurita, Jerónimo Zurita, Anales de Aragón, Ángel Canellas López, José Javier Iso, María Isabel Yagüe y Pilar Rivero (eds). Versión electrónica, 2003.
Alfonso el Casto, fiel a la amistad con el Reino de Castilla, fue en 1177 al asedio de al-madinat Kunka con un grupo de peones armados identificados con los almogávares en ayuda del monarca castellano.
Origen socioeconómico A causa de la invasión musulmana de la península ibérica, las guerras de la Reconquista y las campañas militares de Al Ándalus, los pastores cristianos de los valles pirenaicos se quedaron sin poder utilizar en invierno los valles que habían sido ocupados. Para poder seguir subsistiendo, estos pastores se tuvieron que organizar en bandas de salteadores y penetrar en los dominios enemigos en busca de lo necesario para la supervivencia de los suyos. Durante estas razzias, que solían ser de apenas unos pocos días, los almogávares podían vivir del terreno y dormir al raso. La instrucción necesaria para poder actuar en esta lid les venía dada de su antigua vida de pastores, ya que la mayoría de ellos se había criado entre las más agrestes montañas, donde la dureza del clima hacía que la tierra no regalara demasiados recursos y hubiera que aprovechar al máximo los pocos presentes.
Pero tras muchas generaciones llevando este nuevo tipo de vida a la que les habían empujado los invasores, parece claro que se formó un auténtico espíritu guerrero en estas comunidades de pastores, de forma que acabaron por no saber vivir de otra manera que no fuera haciendo la guerra. Este modo de vida, a medida que los reinos cristianos avanzaban hacia el sur, fue siendo adaptado por los habitantes de las zonas fronterizas con los territorios musulmanes. Asimismo está documentada la presencia de almogávares de religión islámica luchando junto a almogávares cristianos.
Descripción miniaturadeimagen|Reproducción de la indumentaria de un almogávar en la exposición «Els temps dels almogàvers. La crónica de Ramón Muntaner» en el Museo Etnológico del Montseny. Se caracterizaban por ser tropas de choque de infantería que combatían a pie, con armas y bagajes ligeros, generalmente con una lanza corta (azconas),Historia y Vida n.º 432. descrita como un chuzo afilado o un simple palo con un pincho de hierro, dos venablos que arrojaban con tanta fuerza que perforaban los escudos enemigos, un cuchillo largo (llamado coltell) y a veces un pequeño escudo redondo como única defensa. Con el tiempo también sumaron ocasionalmente un cubrecabezas (capells de rets) y cota de mallaRíu Ríu, Manuel (1988). Manual de historia de España. Edad media (711-1500). Madrid: Espasa-Calpe, p. 432. Su arma principal era el alfanje, especie de espada corta que llevaban colgando de una correa.Real Academia Española (1770). Diccionario de la lengua castellana: A-B. Tomo I. Madrid: Joachin Ibarra, p. 194. Llevaban la barba crecida y vestían pobremente, únicamente un camisón corto (tanto en verano como en invierno), llevaban un grueso cinturón de cuero, calzas de cuero ajustadas en las piernas y calzaban abarcas de cuero. En un zurrón llevaban provisiones, principalmente pan, para 2 o 3 días, aunque por su tradición de lanzar correrías en territorio enemigo estaban acostumbrados a sobrevivir comiendo hierbas por igual periodo de tiempo. Además siempre llevaban consigo una buena piedra de fuego (pedernal), además de yesca, con la que antes de entrar en batalla solían golpear sus armas, por lo que estas echaban unas enormes chispas, que unidas a sus terribles gritos, aterrorizaban a sus enemigos. De gran valor y fiereza, aquellos procedentes de la Corona de Aragón entraban en combate al grito de «¡Desperta Ferro!», «¡San Jorge!» y «¡Aragón! ¡Aragón!».
Esta es la famosa descripción de un almogávar hecha por Bernat Desclot en su crónica llamada Libro del Rey Pedro de Aragón y de sus antecesores pasados:Crònica Bernat Desclot.
Sin embargo, hay que tener en cuenta que estas descripciones no son exhaustivas y que la descripción de los almogávares, tanto en vestimenta, como armamento e incluso forma de vida, diferían en mayor o menor grado según su localización geográfica y época. Así, la descripción anteriormente hecha de los almogávares, en las que se les relata como gente que vivía no en los pueblos, sino en zonas de difícil acceso como bosques y montañas, así como la descripción de su armamento, solo hacen referencia a los almogávares de la época señalada, y probablemente de los siglos anteriores. Los últimos almogávares, los que entre la segunda mitad del hasta el tuvieron su ámbito de actuación en la frontera de Granada, eran vecinos de las localidades allí presentes, bien conocedores del terreno, que hacían algaradas contra territorio granadino.
Sus características básicas eran la dedicación permanente a la guerra, no exactamente como profesión, sino como forma de vida, adaptada perfectamente a las condiciones de la frontera con pueblos sarracenos, la remuneración, basada en el saqueo y en la venta o rescate de prisioneros, la frugalidad y la resistencia a las fatigas; armamento ligero y la organización jerárquica.
Requisitos y grados militares Las cualidades que debía reunir un almogávar fueron recopiladas por el rey Alfonso X en las Siete Partidas, entre las que se encontraban la buena forma y resistencia física, así como la agilidad. También en esta obra jurídica se encuentra la codificación de sus rangos.
Adalid Del árabe dalil (دليل guía, conductor), era el grado más alto de la tropa almogávar. Significaba al-dalla, «enseñar el camino». Se le requería sabiduría, esfuerzo, inteligencia y lealtad, para poder guiar a las huestes por los caminos adecuados y evitar peligros, así como conocimiento del terreno para saber de lugares seguros donde guarecerse, con agua, leña y hierba suficiente y saber rastrear los pasos del enemigo. Entre sus funciones estaba preparar y organizar las expediciones y la facultad exclusiva de juzgar todo lo relativo a las algaras, y su estatus social era similar al del caballero. Para nombrar adalid, se juntaban doce adalides y en falta de alguno de estos, otros oficiales de graduación, y juraban en manos del rey que el candidato tenía las circunstancias necesarias para el desempeño de este empleo. Hecho el juramento, el rey u otro en su nombre le daba una espada y se la ceñía. Entonces se ponía de pie sobre un escudo; el rey o su representante le desenvainaba la espada y se la ponía en la mano. Los adalides le levantaban en alto colocándole de cara al oriente y el electo dando al aire un tajo y un revés con la espada, hacía la forma de la cruz y decía:
Ejecutando lo mismo hacia los otros tres puntos cardinales de la tierra. Concluida esta ceremonia, envainaba su espada y el rey le decía:
Una vez nombrados, los adalides aparecen casi siempre citados con la fórmula «adalid del rey», lo cual parece indicar que estaban ligados a los monarcas, a menudo de forma simplemente honorífica pero otras veces también efectiva, ya que incluso en tiempos de paz encontramos que algunos estaban al servicio del rey formando parte de su escolta. Los adalides gozaban de unos derechos similares a los de la baja nobleza y aunque en principio era un cargo de carácter vitalicio, desde finales del se convirtió en hereditario, lo cual acercó aún más al adalid a los grados inferiores de la nobleza. Iban montados a caballo.
En caso de desaparecer el adalid, las tropas quedaban al mando del contratante –usualmente un ricohombre o un caballero que a veces los dirigían, pero los almogávares siempre conservaban su autonomía– y si aquel también fallecía o era capturado, pues los almocadenes formaban una asamblea militar para comandar la hueste. Los adalides formaban un Estado Mayor y tenían por objetivo procurar el avituallamiento y juzgar las disputas dentro de la hueste.Ríu, 1988: p. 432.
Almogávar a caballo Grado intermedio entre el adalid y el almocadén documentado en Castilla.Ley VI. Título XII. Partidas de Alfonso X.
Almocadén Del árabe al-mucaddem, «el capitán», «el que dirige». Era un grado más bajo y capitán de los grupos autónomos de almogávares, para el que se exigía ser conocedor de la guerra y de guiar a su grupo, tener motivación y saber motivar a sus compañeros, así como ser ligero para ser más rápido y poderse esconder con facilidad, además de ser leal, tal y como se establece en el Título XII, Ley V de las Partidas:
El almocadén era un almogávar de experiencia demostrada que era aceptado como líder por los almogávares de su grupo. Al igual que los dos grados anteriores, parece ser que también iba montado a caballo, aunque solo tenemos la referencia de dos almocadenes a caballo y no es seguro que siempre fuera así.
Almogávar También llamado hombre de campo o peón en Castilla, se trata del rango más bajo y el que formaba el grueso de la hueste. Tal y como establece la ley VI, Título XII de las Partidas, para ser elegido adalid era necesario haber sido antes almogávar a caballo, y para ser éste, previamente ser almocadén, y para ser almocadén, antes almogávar.
Transcendencia militar histórica