El Libro de Job (), o simplemente Job, es un libro que se encuentra en la sección Ketuvim («Escritos») de la Biblia hebrea y el primero de los Libros poéticos del Antiguo Testamento de la Biblia cristiana. El lenguaje del Libro de Job, que combina influencias del hebreo y el arameo posbabilónico, indica que fue compuesto durante el período persa (540-330 a. C.), y que el poeta utilizó el hebreo de una manera culta y literaria. Aborda el problema del mal, proporcionando una teodicea a través de las experiencias del protagonista epónimo. Job es un hombre rico y temeroso de Dios, con una vida cómoda y una gran familia. Dios discute la piedad de Job con Satanás (). Satanás reprende a Dios, afirmando que Job se alejaría de Dios si perdiera todo lo que posee. Dios decide poner a prueba esa teoría permitiendo que Satanás inflija dolor a Job. El resto del libro trata sobre el sufrimiento de Job y cómo se defiende con éxito de sus amigos indiferentes, a quienes Dios reprende, y sobre la soberanía de Dios sobre la naturaleza.
En el Tanaj hebreo figura entre los Ketuvim (Escritos), ubicado entre los Proverbios y los Cantares.
En el Cristianismo figura como el primero de los Libros Sapienciales: En el canon católico se ubica entre II Macabeos y el libro de los Salmos. En el canon ortodoxo, nestoriano y miafisita (ortodoxo oriental), se ubica entre IV Macabeos y los Salmos. En el canon protestante se encuentra entre el libro de Ester y los Salmos.
Comentarios previos aclaratorios La sabiduría en el Antiguo Testamento suele presentarse en forma de enseñanzas breves, como proverbios o sentencias que transmiten consejos prácticos para la vida. Sin embargo, el libro de Job se distingue de este estilo porque desarrolla una narración extensa, centrada en un hombre justo que afronta sufrimientos extremos sin que exista una causa aparente. Job, originario de Us, es descrito como íntegro y fiel, pero pierde sus bienes, a sus hijos y su salud de manera repentina. En medio de esa prueba recibe la visita de tres amigos que intentan explicarle sus desgracias desde la lógica de la justicia retributiva, lo que genera un intenso diálogo sobre la relación entre el hombre, el sufrimiento y Dios. Cuando interviene el mismo Señor, Job reconoce sus limitaciones y recupera la confianza en la providencia. Al final de su vida es bendecido nuevamente con abundancia, familia y honor, hasta morir con la dignidad de los patriarcas.
El libro de Job ocupa un lugar privilegiado dentro de los escritos sapienciales y ha sido objeto de especial atención tanto en la tradición judía como en la cristiana. Su ubicación en el canon varió con el tiempo: en el Talmud aparece después de los Salmos, mientras que en la tradición patrística y posteriormente en el canon católico fue colocado antes de ellos. Junto con los Salmos, es el texto sapiencial más influyente, pues plantea cuestiones universales sobre la justicia, el dolor y la fe. La Epístola de Santiago lo propone como ejemplo de paciencia, reflejando la aceptación de Job ante la adversidad. A lo largo de la historia, su mensaje ha inspirado profundos comentarios: Gregorio Magno lo interpretó con aplicaciones morales, Tomás de Aquino lo vio como una enseñanza sobre la providencia divina, y Fray Luis de León ofreció una traducción literaria y un comentario detallado que lo consolidaron como una obra fundamental para comprender la sabiduría bíblica.Universidad de Navarra. Cátedra de Teología. Comentarios a la Sagrada Biblia. p. 4049. EUNSA Ediciones
Autor y datación Su autoría es desconocida, aunque la tradición lo atribuye a Moisés. Según la tradición, Moisés pudo conocer la historia de Job durante su huida del Bajo Egipto. Si este fuera el caso, Job era un habitante de la península arábiga, situada al este del imperio. Aunque algunos de estos especialistas datan el libro entre el año 500 a.C. y el año 250 a.C., su cita en antiguos manuscritos judíos descartan tal opción. Popularmente se considera que este fue escrito alrededor del año 500 a.C.
Dada la perfección formal del escrito se piensa normalmente en la época de oro de la literatura judía, es decir, entre los siglos y antes de Cristo. Charles Pfeiffer, tomando en cuenta los arameísmos presentes en el texto lo data con posterioridad, es decir, hacia el final de la monarquía judía.
Por otro lado, la problemática tratada habla de una datación incluso posterior, por lo menos tras las deportaciones y en tiempos del profeta Malaquías: entre el 538 y el 330 a.C.
El autor es anónimo, pero de gran finura religiosa y conocimientos. El apéndice que añade la traducción de los LXX afirma que Job vive en Uz, entre los confines de Idumea y Arabia.
Aun cuando la temática del libro es unitaria, hay diversos indicios de una composición más compleja, como por ejemplo, la variación en el uso de los nombres divinos (Yahveh, Saddai, Eloah, Elohím). Sin embargo, se mantiene a lo largo de la obra el uso coherente (por ejemplo, Job solo usa una vez el nombre “Yahveh” en el prólogo y en una expresión corriente). Al parecer las arengas de Elihú resultan ser añadidos debido a su forma de razonamiento y a que el discurso anterior y posterior ni siquiera lo toman en cuenta.
Contenidos Temática Es el sufrimiento del inocente Job. Ya desde la más remota Antigüedad los pensadores se han enredado en el espinoso problema del hombre bueno que sufre y del malo feliz. Incluso Platón se preocupó del asunto y le dio una formulación precisa, aunque sin encontrarle una solución que no chocara contra la filosofía y la moral.
Varios mitos griegos se refieren a temas parecidos: Prometeo es culpable, pero la enormidad de su castigo lo rebela; Edipo Rey sufre el castigo de los dioses por un pecado que él no era consciente de estar cometiendo; Hércules no ha pecado, pero los puños de los dioses terminan por aplastarlo. Prólogo en la Tierra y en el Cielo En el capítulo 1, el prólogo en la Tierra presenta a Job como un hombre justo, bendecido con riquezas, hijos e hijas, que vive en la tierra de Uz. A continuación, la escena se traslada al cielo, donde Dios pregunta a Satanás () su opinión sobre la piedad de Job. Satanás acusa a Job de ser piadoso solo porque cree que Dios es responsable de su felicidad; si Dios le quitara todo lo que tiene, seguramente lo maldeciría.
Dios da permiso a Satanás para despojar a Job de sus riquezas y matar a sus hijos y sirvientes, pero Job, sin embargo, alaba a Dios: Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allí; el Señor dio, y el Señor quitó; bendito sea el nombre del Señor.
En capítulo 2, Dios permite además a Satanás afligir el cuerpo de Job con forúnculos dolorosos y deformantes. Mientras Job se sienta en las cenizas de su antigua propiedad, su esposa le insta a «maldecir a Dios y morir», pero Job responde: ¿Acaso recibiremos de Dios el bien y no recibiremos también el mal? Monólogo inicial de Job y diálogos entre Job y sus tres amigos En capítulo 3, «en lugar de maldecir a Dios», Job lamenta la noche de su concepción y el día de su nacimiento; anhela la muerte, «pero no llega».
Sus tres amigos, Elifaz el Temanita, Bildad el Shuhita, y Zofar el Naamatita, lo visitan, lo acusan de pecar y le dicen que su sufrimiento es merecido. Job responde con desprecio, llamando a sus visitantes «consoladores miserables». Job afirma que, dado que un Dios «justo» no lo trataría tan duramente, es imposible tener paciencia en el sufrimiento, y que el Creador no debería tomar a sus criaturas a la ligera, enfrentándose a ellas con tanta fuerza.
Las respuestas de Job representan una de las reformulaciones más radicales de la teología israelita en la Biblia en hebreo. Se aleja de la actitud piadosa mostrada en el prólogo y comienza a reprender a Dios por la ira desproporcionada contra él. Él ve a Dios, entre otras cosas, como
Job entonces cambia su enfoque de la injusticia que él mismo sufre al gobierno de Dios sobre el mundo. Sugiere que Dios no hace nada para castigar a los malvados, que se han aprovechado de los necesitados y los indefensos, quienes, a su vez, han sido abandonados a sufrir las importantes penurias que se les han infligido.
Tres monólogos: Poema a la sabiduría, monólogo final de Job miniatura|vertical=1,3|Job y sus amigos de Ilya Repin (1869) Los diálogos de Job y sus amigos van seguidos de un poema (el «himno a la sabiduría») sobre la inaccesibilidad de la sabiduría: «¿Dónde se encuentra la sabiduría?», pregunta; y concluye en el capítulo 28 que la sabiduría ha sido ocultada a la humanidad. Job contrasta su fortuna anterior con su difícil situación actual como un paria, ridiculizado y sufriendo. Protesta por su inocencia, enumera los principios por los que ha vivido y exige que Dios le responda. Los discursos de Eliú Un personaje que no se había mencionado anteriormente, Eliú, irrumpe en la historia y ocupa los capítulos 32-37. La narración lo describe saliendo de entre una multitud de espectadores enfurecidos. Interviene para afirmar que la sabiduría proviene de Dios, quien la revela a través de sueños y visiones a aquellos que luego declararán su conocimiento.
Dos discursos de Dios A partir del capítulo 38, Dios habla desde un torbellino. Los discursos de Dios no explican el sufrimiento de Job, no defienden la justicia divina, no entran en la sala del tribunal de confrontación que Job ha exigido, ni responden a su juramento de inocencia, del que el prólogo narrativo muestra que Dios es bien consciente.
En cambio, Dios cambia de tema y se centra en la fragilidad humana, contrastando la debilidad de Job con la sabiduría y la omnipotencia divinas: «¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la tierra?». Job responde brevemente, pero el monólogo de Dios continúa, sin dirigirse nunca directamente a Job.
En Job 42:1-6, Job da su respuesta final, confesando el poder de Dios y su propia falta de conocimiento «de cosas que me superan y que yo no sabía». Anteriormente, solo había oído a Dios, pero ahora sus ojos han visto a Dios y, por lo tanto, declara: «Me retracto y me arrepiento en polvo y ceniza».
Epílogo Dios le dice a Elifaz que él y los otros dos amigos «no han hablado de mí lo que es justo, como lo ha hecho mi siervo Job».
Se les dice a los tres que hagan un holocausto con Job como intercesor, «porque solo a él mostraré mi favor». Eliú, el crítico de Job y sus amigos, es notablemente omitido en esta parte de la narración.
El epílogo describe cómo Job recupera la salud, sus riquezas y su familia, y cómo vive para ver nacer a los nuevos hijos de su familia y tener nietos hasta la cuarta generación.
Argumento