thumb|310px|Conflictos interprovinciales durante la Anarquía del año XX

Se denomina Anarquía del Año XX, en la historia argentina, al proceso político y militar ocurrido entre 1819 y 1823, que va desde la descomposición del Directorio hasta, una vez desaparecido el gobierno nacional, la estabilización de los gobiernos de las provincias argentinas.

En sentido estricto, este nombre ha sido aplicado al mismo proceso, pero limitado a 1820, en la provincia de Buenos Aires.

Antecedentes

Después de la Revolución de Mayo hubo al menos cuatro gobiernos colegiados en las Provincias Unidas del Río de la Plata. La formación del Directorio había sido una tentativa de estabilización del gobierno argentino, una vez establecido que la independencia no había sido una situación pasajera.

Pero las tendencias centralistas del Directorio chocaron con las ansias autonomistas de las provincias, que no se sintieron representadas por los distintos gobiernos, casi todos ellos formados únicamente por iniciativa de la capital, Buenos Aires.

El núcleo más firme de oposición se había formado en las provincias del Litoral, que bajo la conducción de José Artigas se habían rebelado ante la autoridad del Directorio y habían formado la Liga Federal, cuyos gobiernos eran, en la práctica, independientes del gobierno central.

Tras un período en que lograron extender las tendencias federales mucho más lejos, a principios de 1819 quedaron sólidamente afianzadas como provincias federales las de la Provincia Oriental, Corrientes, Entre Ríos, Santa Fe y Misiones. En esos meses se pactó una tregua entre el directorio y las provincias federales, que a todas luces resultaba frágil.

El 10 de junio de 1819, el Congreso de Tucumán eligió como Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata al general José Rondeau. El nuevo Director Supremo no solo no cambiaría la política hostil de sus antecesores ante el federalismo, sino que estaba dispuesto a reforzarla: propuso al general Carlos Federico Lecor, gobernador de la ciudad de Montevideo, ocupada por Portugal, atacar a los federales hasta el río Paraná, esto es, ceder Entre Ríos y Corrientes a ese reino.

La noticia de ese pacto decidió a los federales a tomar la iniciativa, enrolando además en sus filas al exgobernante chileno, general José Miguel Carrera, y también un aliado inesperado, el ex director supremo Carlos María de Alvear. De modo que el gobernador de Santa Fe, Estanislao López, reinició las hostilidades. Francisco Ramírez, gobernador de Entre Ríos, y Pedro Campbell, jefe del ejército correntino, se trasladaron a Santa Fe.

Rondeau ordenó al general José de San Martín regresar con su Ejército de los Andes desde Chile para atacar Santa Fe, pero este desobedeció abiertamente. Idéntica orden recibió Manuel Belgrano, comandante del Ejército del Norte; este dejó el mando al general Francisco Fernández de la Cruz, que se dirigió con sus fuerzas hacia el sur.

A principios de noviembre de 1819, Ramírez invadió y saqueó todo el norte de la provincia de Buenos Aires. Por esos mismos días, el caudillo local Felipe Álvarez lanzó una gran ofensiva en todo el sur de la provincia de Córdoba y tomó el fuerte de Fraile Muerto. Fue sorprendido por el general Juan Bautista Bustos, que le causó 16 bajas el 24 de noviembre de 1819. De todos modos, ocupó la posta de Cruz Alta, abandonándola poco antes de que el Ejército pasara por allí. Mientras tanto, el caudillo Juan Antonio Guevara ocupaba nuevamente el fuerte de El Tío.

Revoluciones en Tucumán y San Juan

A fines de 1818, Belgrano había desplazado a todo el ejército hacia Córdoba, dejando en Tucumán una pequeña unidad de 300 soldados al mando del coronel Domingo Arévalo. Durante la noche del 11 de noviembre de 1819, los oficiales Manuel Cainzo, Abraham González y Felipe Heredia se sublevaron y arrestaron a Arévalo, al general Belgrano, que estaba de paso, y al gobernador Feliciano de la Mota Botello.

Tres días después, un Cabildo Abierto nombraba gobernador al exgobernador directorial Bernabé Aráoz, quien había organizado el motín. El gobernador reconoció la autoridad del Directorio, pero ―al igual que había hecho Güemes en Salta― ignoró por completo su autoridad. Y además se quedó con el armamento del Ejército del Norte que había encontrado, que no era poco.

En las provincias de Cuyo estaba acuartelada más de la mitad del Ejército de los Andes, esperando el final de las campañas navales que permitieran comenzar la campaña al Perú. Los dirigentes de San Juan estaban cansados de ser gobernados desde Mendoza, y la presión fiscal para financiar el Ejército de los Andes provocaba una fuerte recesión económica. Algunos personajes secundarios incitaron a la rebelión a los oficiales del regimiento de Cazadores de los Andes.

El 9 de enero de 1820, el capitán Mariano Mendizábal y el teniente Francisco Solano del Corro dirigieron una revuelta de oficiales subalternos y sargentos. El movimiento fue apoyado por los federales de San Juan, que lograron el arresto del teniente de gobernador, y el cabildo nombró gobernador a Mendizábal. Así cayó el régimen directorial en Cuyo, y San Juan pasó a ser provincia autónoma.

El motín de Arequito

Al mando del general Fernández de la Cruz, el Ejército del Norte se dirigió hacia la provincia de Buenos Aires, con intención de unirse al ejército de Rondeau y atacar juntos a los federales. Pero el 8 de enero de 1820, al llegar a la posta de Arequito, el general Bustos y los coroneles Alejandro Heredia y José María Paz se sublevaron, acompañados por la mayoría de los cuerpos militares. Anunciaron a Fernández de la Cruz que se negaban a continuar con la guerra civil y regresaban al frente norte. Explícitamente se declararon neutrales en el enfrentamiento entre los federales y el Directorio, para no ser acusados de haberse pasado al enemigo.El análisis más detallado del proceso que llevó al motín de Arequito lo ofrece Mario Arturo Serrano, en Arequito: ¿por qué se sublevó el Ejército del Norte? . Buenos Aires: Círculo Militar, 1996.

Tras una serie de discusiones, en que casi llegaron a un enfrentamiento, Bustos obligó a Fernández de la Cruz a entregarle su ejército y su armamento, y arrestó a su exjefe y a algunos oficiales.

Al día siguiente, Bustos inició el regreso a Córdoba y escribió a Estanislao López y a Rondeau, explicándoles las causas de lo ocurrido, y sus planes de regresar al norte. El 19 de enero de 1820 renunció el gobernador cordobés Manuel Antonio Castro, y un cabildo abierto nombró gobernador interino a José Javier Díaz. Bustos y el Ejército del Norte fueron recibidos en triunfo. Poco después, Bustos era electo gobernador titular.Núñez, M., Bustos, el caudillo olvidado. Buenos Aires: Cuadernos de Revista Crisis, 1975.

Batalla de Cepeda

Rondeau no había hecho nada para repeler la primera invasión de Ramírez, ya que esperaba al Ejército de Norte. Una vez que comprobó que este nunca llegaría, justamente cuando la situación se hacía más crítica para él, decidió avanzar hacia el enemigo al frente de su ejército de 2000 hombres.

El 1 de febrero de 1820 le salieron al cruce 1600 soldados federales, todos de caballería: 600 entrerrianos, 600 santafesinos y 400 correntinos. Ramírez asumió el comando federal.

Un grave error táctico de Rondeau permitió a los federales vencerlo con mucha facilidad en la batalla de Cepeda (cerca de Pergamino). En alrededor de diez minutos, toda la caballería directorial fue dispersada, arrastrando en su huida a Rondeau.

Ramírez intimó rendición al jefe de la infantería, Juan Ramón Balcarce, pero este se retiró ordenadamente hacia San Nicolás de los Arroyos. Ramírez prohibió que atacaran a los porteños, argumentando que necesitarían de esos infantes para luchar contra los portugueses.

Tratado del Pilar

López y Ramírez enviaron una nota al pueblo de Buenos Aires, dándole un tiempo de 8 días para deliberar y comunicarles su decisión a los jefes vencedores. Cumplido el plazo, avanzaron hacia la capital, anunciando que no iban en tren de conquista, sino a salvaguardar sus instituciones, dejándolos en plena libertad para que eligieran el gobierno que les conviniese. Solo esperaban el anuncio de que los porteños se gobernaban libremente para abandonar el territorio de la provincia hermana.

Rondeau logró llegar hasta Buenos Aires y se hizo cargo de su puesto, pero ya era tarde: el general Soler, jefe del Ejército de Reserva —formado por viejos, lisiados y novatos— instalado en Puente de Márquez, exigió al cabildo porteño que disolviera el Congreso Nacional y derrocara al Director. El pedido era refrendado por varios jefes militares, como Hilarión de la Quintana, Florencio Terrada, Manuel Guillermo Pinto, Manuel Pagola y Ángel Pacheco.

El 11 de febrero, Rondeau renunciaba a su cargo. El Congreso de Tucumán se consideró disuelto, y sus diputados huyeron a sus provincias.

La presión de López y Ramírez logró que el primer gobernador autónomo de Buenos Aires fuera Manuel de Sarratea, un porteño, antiguo enemigo de Artigas, que había venido con los caudillos y a quien estos habían enviado a la ciudad a lograr la caída del Director. Este firmó con López y Ramírez el Tratado del Pilar, del 23 de febrero de 1820, por el cual se transaba la paz y se convocaba a las provincias a un nuevo congreso, a sesionar en San Lorenzo (Santa Fe). Por una cláusula secreta, se acordaba la entrega de armamento a los ejércitos invasores.

Pero entre la batalla y el tratado había ocurrido una novedad que cambiaría todo: había llegado al campamento federal la noticia de la derrota de Artigas en la batalla de Tacuarembó, ocurrida el 29 de enero de 1820, a raíz de la cual este había evacuado la Banda Oriental hacia Corrientes.

Por eso, en el tratado se dejaba a criterio posterior de los firmantes la colaboración en la guerra contra Portugal y se invitaba a Artigas —mencionado apenas como gobernador de la Provincia Oriental— a adherir al Tratado.Por primera vez, Ramírez se nombraba a sí mismo gobernador de Entre Ríos. Él y López y no firmaron el tratado como subordinados, sino que aclararon que lo comunicarían a don José Artigas. Véase Newton, Jorge, Francisco Ramírez, el supremo entrerriano. Buenos Aires: Plus Ultra, 1972.

Poco después entraron a la ciudad los jefes federales, que se portaron respetuosamente y fueron bien tratados por los nuevos gobernantes. La humillación de la derrota, creyeron, sería suficiente para garantizar la paz en un pie de igualdad.

Después de Cepeda

En Buenos Aires, la entrega del material de guerra acordado en el Tratado del Pilar hizo enojar a muchos porteños, entre los que se destacaron los jefes con mando de tropa, Soler, Balcarce y Quintana. Estos forzaron un cabildo abierto, que el 6 de marzo de 1820 nombró gobernador a Balcarce. Pero este duró menos de una semana, ya que Estanislao López y Francisco Ramírez, los caudillos vencedores en Cepeda, le recordaron que aún estaban muy cerca de la ciudad. Balcarce no tenía apoyo suficiente para oponérseles, por lo que renunció; Sarratea volvió al gobierno y López a la provincia de Santa Fe.

En Buenos Aires se sucedieron asonadas y revoluciones casi semanalmente: Carlos María de Alvear reunió un nuevo cabildo abierto, que estuvo por nombrarlo gobernador. Pero una discusión secundaria derivó en un escándalo con puñetazos entre oficiales superiores, y el acto quedó anulado.

A fines de marzo de 1820, Ramírez abandonó también la provincia, siendo perseguido por Soler; pero los hombres de Soler se amotinaron y no hubo persecución. Alvear y Carrera reunieron cada uno su propio grupo de veteranos, mezclados con gauchos, milicianos, exiliados y negros libertos, y con ellos acompañaron a Ramírez hasta Rosario. Desde allí, este regresó a su provincia, acompañado por algunos oficiales porteños, entre ellos Lucio Norberto Mansilla.

El 1 de mayo de 1820, a falta de apoyo, renunció Sarratea. En su lugar asumió el presidente de la Junta de Representantes, Ildefonso Ramos Mejía.