miniaturadeimagen|300px|El conocido como ídolo de Tara, en el Museo Canario. La religión aborigen canaria era el cuerpo de creencias que constituía el mundo mágico-religioso de los primeros pobladores de las islas Canarias antes de la conquista europea a lo largo del siglo .
Como la religión aborigen fue transmitida y alterada por los conquistadores cristianos, las creencias, actitudes y prácticas mágico-religiosas originales no pueden definirse con certeza, siendo los escritos etnohistóricos y la arqueología las principales fuentes para su estudio.
Hay que destacar que cada isla presentaba sus propias creencias diferentes, pero que compartían un origen y características comunes.
Creencias El Ser Supremo Los aborígenes canarios pueden ser englobados entre las culturas deístas, ya que creían en un Ser Supremo creador y sustentador del mundo que habitaba en el cielo.
miniaturadeimagen|220px|El cielo aparece como hogar del Ser Supremo para todos los aborígenes canarios. Algunos investigadores modernos como el profesor Juan Álvarez Delgado suponen que esta creencia se debía a una aculturación provocada por el continuo contacto de los aborígenes con navegantes mediterráneos desde mediados del siglo , así como a la acción evangelizadora de los misioneros cristianos. Sin embargo, otros autores como Jesús M. Fernández Rodríguez opinan que lo que hubo fue sincretismo entre las ideas aborígenes sobre una divinidad superior tribal que «suelen ser también omnipresentes y universales» con el concepto de Dios cristiano.
Esta divinidad suprema era denominada de diferentes formas según la isla. En Gran Canaria era conocida como Acorán o Alcorac y en La Palma como Abora, mientras que en las islas de Lanzarote y Fuerteventura el naturalista Jean-Baptiste Bory de Saint-Vincent recogió el nombre Althos, si bien historiadores posteriores como Dominik J. Wölfel indican que se trata de una voz dudosa.
En cuanto a la creencia de los aborígenes gomeros, las fuentes históricas tradicionales no aportan muchos datos. Solo el ingeniero Leonardo Torriani apunta a que adoraban a una entidad con forma de perro negro y lanudo de andar bípedo al que denominaban Hirguan (voz posiblemente relacionada con los iruene de La Palma). Este autor alude también a que existió un adivino gomero llamado Eiunche que intentaba hacer ver a sus paisanos que el verdadero dios creador de todo habitaba en el cielo y se llamaba Orahan, y que Hirguan era su enemigo. Sin embargo, el profesor Alejandro Cioranescu cree que se trata de una confusión del autor con hechos de la isla de El Hierro.
La Pareja Divina Entre los aborígenes de El Hierro y Tenerife aparece dentro de sus creencias la idea de una «pareja divina», que en ambos casos y tras la conquista fueron sincretizadas con los principios cristianos de Dios/Jesús y la Virgen María.
Así, los bimbaches creían en un principio masculino llamado Eraorahan 'el que está en lo ardiente o brillante', que era adorado por los hombres, y en otro femenino al que denominaban Moneiba 'resplandor humeante' y al que veneraban las mujeres. Por su parte, los guanches de Tenerife creían en dos divinidades principales igualmente de signos masculino y femenino. El dios supremo, que representaba un principio creador y sustentador, era denominado de diferentes formas según las atribuciones que poseía: Achamán 'el Centelleante', Achuhurahan 'he aquí éste que está en lo ardiente o brillante', Achuhucanac 'he aquí éste que está en la lluvia', Achguayaxerax 'he aquí el espíritu/origen que sustenta el universo', Atguaychafanataman 'he aquí el espíritu/origen de la luz de los relámpagos' o Achuguayo 'el que es espíritu/origen'. La diosa suprema era Chaxiraxi 'la que carga o sostiene el firmamento', también llamada Achmayex Guayaxerax 'he aquí la madre de él, el Espíritu que sustenta el universo'. Se trataba según Diego Cuscoy de un principio femenino de signo conservador y que fue identificada por los guanches con la imagen de la virgen de Candelaria aparecida en las playas de Güímar.
Otras divinidades miniaturadeimagen|220px|El Teide era la morada de Guayota, el demonio según las creencias guanches. En las islas de Tenerife, Gran Canaria y La Palma los aborígenes creían en un principio maligno al que denominaban Guayota, Gabiot e Iruene respectivamente, y que se les aparecía bajo la forma de grandes perros lanudos. Éstos eran llamados tibicenas en Gran Canaria, mientras que de Tenerife, el médico e historiador Juan Bethencourt Alfonso apunta a la existencia en Tenerife de otras entidades denominadas Guañajé, Canajá y Jucancha, deidades protectoras del ganado cabrío, del ovino y del perro respectivamente. En estas dos islas se creía además que estos genios maléficos habitaban en las entrañas de la tierra y en zonas volcánicas, creyendo los guanches que el infierno se encontraba en el interior del Teide, al que denominaban Echeide.
Autores como Jesús M. Fernández Rodríguez opinan que estas nociones se encontraban influenciadas por las ideas cristianas sobre el Diablo y el mal, indicando que «en la culminación del proceso interpretativo se produjo una pérdida sustantiva de la idea original, desconociendo si con estos nombres se aludía a un representante máximo de las fuerzas malignas en las creencias aborígenes o si, por el contrario, se trataba en realidad de una desvirtuada referencia a espíritus o seres intermediarios cuyas características específicas se ignoran». Así pone de ejemplo al Aranfaybo, entidad que tomaba la forma de un cerdo y mediaba entre los bimbaches y su dios durante los ritos propiciatorios de lluvia, y al que los primeros historiadores como Juan de Abréu Galindo daban un carácter «demoníaco» a pesar de su evidente papel benéfico.
Culto a los astros Entre los aborígenes canarios de todas las islas se daba también la adoración a los astros. El Sol era conocido con el nombre de Magec por lo menos en Tenerife y Gran Canaria, y es posible que tuviese un carácter femenino, según una interpretación del vocablo como *ma-aɣeq ('madre del fulgor') o *m-aɣeq ('la que tiene fulgor'), y de acuerdo a los cultos bereberes continentales (si bien hay excepciones). Magec parece haber sido parte principal de sus devociones, y por él/ella hacían sus juramentos. Muestras de este culto solar se encuentran en los diferentes grabados rupestres hallados en las islas de Tenerife y La Palma, así como en motivos decorativos de vasijas y piezas de barro de Gran Canaria que consisten en figuras circuliformes radiadas. Asimismo, investigaciones arqueológicas recientes han descubierto la orientación de algunos yacimientos con los ortos u ocasos del Sol en solsticios y equinoccios.
Además de al sol, los aborígenes veneraban a la luna (de carácter masculino en la mitología bereber continental) y a determinadas estrellas.
Vida después de la muerte Especialmente singular era el culto a los muertos, produciéndose los enterramientos con ofrendas o ajuares, lo que demuestra la creencia de los aborígenes canarios en la supervivencia del alma. Particularmente destacable es la práctica de la momificación de los cadáveres en la isla de Tenerife. En Gran Canaria, La Gomera, El Hierro y La Palma también han aparecido momias, si bien, conservadas por procesos naturales.
En cuanto a las creencias en sí, el caballero inglés Sir Edmond Scory indica que los guanches creían que las almas de los malvados se detenían en el interior del Teide, mientras que la de los buenos y valientes habitaban en el valle de Aguere. Por otro lado, los majos creían que los espíritus de sus antepasados o maxios vivían en el mar, y que se acercaban a la costa en forma de nubes por el solsticio de verano, mientras que los aborígenes de Gran Canaria creían que las almas humanas se originaban en el Sol, y que «en otro lugar que llaman campos o bosques de deleite están los encantados llamados Maxios i que allí están viuos i algunos están arrepentidos de lo mal que hicieron contra sus próximos y otros desuaríos», según la crónica de Pedro Gómez Escudero.
Idolatría En las islas se han encontrado gran cantidad de ídolos aborígenes, como el ídolo de Tara en Gran Canaria, el de Guatimac en Tenerife o el ídolo de Zonzamas en Lanzarote. También se han encontrado figuras similares en la Cueva de Los Ídolos (Fuerteventura), en La Palma, en El Hierro y en La Gomera.
En general los ídolos suelen ser representaciones de la fertilidad a través de la madre tierra o genios protectores. Los idolillos aborígenes son semejantes a los que aparecen en el Neolítico de Grecia, en las islas Cícladas, Chipre, Creta o el Egipto Antiguo, donde aparecen juntos estatuillas y pintaderas.
Imágenes cristianas Hay que mencionar dentro de las creencias aborígenes la existencia de individuos convertidos al cristianismo antes de la finalización de la conquista castellana del archipiélago, debido a las acciones evangelizadoras llevadas a cabo desde las primeras décadas del siglo . A este respecto, cabe destacar las tradiciones de que tanto la imagen de Nuestra Señora de Candelaria en Tenerife, como la de la Virgen de las Nieves en La Palma, eran ya veneradas por los aborígenes de estas islas.
Recintos y construcciones religiosas Los aborígenes canarios desarrollaban sus cultos principalmente en las cimas de algunas montañas o en la base de roques destacados. En estos lugares labraban en la piedra conjuntos de huecos —denominados cazoletas en arqueología— que estaban comunicados entre sí por canales, y en cuyas proximidades suelen encontrarse grabados rupestres. En estos lugares, denominados almogaren en Gran Canaria, «invocaban i sacrificaban regándola con leche todos los días». Este tipo de recinto sagrado estaba extendido a todas las islas del archipiélago.
miniaturadeimagen|220px|Conjunto de cazoletas y canalillos, típico lugar de culto aborigen. En cuanto a construcciones propiamente dichas dedicadas al culto destacan los efequén o esequén de los majos de Fuerteventura y Lanzarote. Estas estructuras de forma circular consistían en dos muros concéntricos que formaban un doble recinto, y en cuyo centro se ubicaba un ídolo. Por otro lado, los antiguos canarios tenían lugares a modo de conventos donde habitaban las harimaguadas denominados tamogante en Acoran (*tamogant n Aqqoran o 'mujer encomendada a Dios') y en donde los criminales podían acogerse.
Los aborígenes de La Palma construían como adoratorios unos pequeños montículos de piedras sueltas a modo de pirámides. Cada demarcación territorial o reino benahoarita poseía un lugar específico para este fin, juntándose la población en sus alrededores para llevar a cabo sus devociones a modo de bailes, luchas y juegos.
En La Gomera y El Hierro los aborígenes construían estructuras de piedra seca que eran utilizadas como aras o altares de sacrificio. Consistían en un pequeño muro circular u oval de piedras medianas o grandes, en ocasiones hincadas, en cuyo centro se encontraba un hueco que servía de horno de combustión. En las proximidades o adosadas al muro solían colocar grandes piedras hincadas, en ocasiones con grabados rupestres. Este tipo de estructuras también han aparecido en Gran Canaria —Montaña de Horgazales— y Fuerteventura —Montaña de Tindaya—. Por su parte, en Tenerife Juan Bethencourt Alfonso indicó la existencia de estas aras de sacrificio, denominadas por él como pireos, aunque la arqueología no ha logrado hallar vestigios certeros al respecto.
Los baladeros o bailaderos Un espacio de culto particular es el que se denomina en las fuentes como «baladero». Se trataba de lugares espaciosos a modo de plazas, generalmente ubicados en lugares elevados, donde se desarrollaban ritos propiciatorios de lluvia utilizando los balidos del ganado.
Estos lugares han quedado en la toponimia de todas las islas, excepto Fuerteventura, transformados en la forma «bailadero» o «bailadero de las brujas».
Lugares sagrados