La batalla de Madrid, denominada también como defensa de Madrid, es el conjunto de episodios bélicos sucedidos en la zona de Madrid durante el transcurso de la guerra civil española. Tras el golpe de Estado del 17 y 18 de julio de 1936, la sublevación militar diseñada por el general Mola tiene lugar con éxito en el protectorado español de Marruecos y parte del norte de España. Tras el fracaso de la rebelión en Madrid en los días posteriores al pronunciamiento, con la caída del Cuartel de la Montaña y el de Campamento, la capital queda bajo el dominio gubernamental de la Segunda República española. Desde este instante, la toma de la ciudad de Madrid es un objetivo militar para las tropas sublevadas, y es asediada desde el norte por las tropas del general Mola y posteriormente desde el sudoeste por las tropas del general Franco hasta su caída el 28 de marzo de 1939.

Durante el intervalo que va desde el golpe de Estado en España de julio de 1936 hasta los primeros combates en noviembre, los militares sublevados reciben material militar y soldados de la Alemania nazi y la Italia fascista, mientras que el Gobierno republicano no recibe la ayuda de la Unión Soviética hasta el mismo inicio de la batalla de Madrid. El combate tuvo lugar en un relieve de la Meseta Central, donde los obstáculos geográficos no son de relevancia para las operaciones militares y es relativamente fácil la maniobra de las fuerzas militares en ambos bandos, con la excepción de las montañas septentrionales del sistema Central. El iniciador del plan fue el general Mola que, analizando la situación, diseñó un plan de avance centrípeto debido al poco apoyo previsto inicialmente por la Primera División Orgánica. La posesión de la capital era decisiva para el desenlace del conflicto y determinaría qué contendiente se haría con el control del país, ya que Madrid era un centro político, militar, estratégico y económico de primer orden, además de la capital política y sede del gobierno de la República. Pero durante la batalla de Guadarrama las columnas provenientes de Pamplona, Valladolid y Burgos no consiguen atravesar los puertos de la Sierra y el frente se estabiliza a principios de agosto de 1936. A partir de ese instante, las tropas del Ejército de África que avanzan por el sur, comandadas por el general Franco, adquieren protagonismo.

A pesar de que los principales combates tendrán lugar entre el otoño de 1936 y la primavera de 1937, desde el comienzo de la guerra hubo también importantes combates en áreas cercanas a la capital durante el verano y otoño de 1936. La batalla de Madrid tiene como particularidad haber sido una de las cuales en la que se bombardeó a objetivos civiles dentro de una ciudad, cosa que ya había ocurrido durante el sitio de Barcelona, y que después se realizó en diversas ciudades españolas durante el conflicto español y después durante la Segunda Guerra Mundial.

Antecedentes

La lucha en la Sierra de Guadarrama

miniatura|izquierda|Áreas controladas por los sublevados al inicio del conflicto.

El general Emilio Mola, al que el gobierno de Manuel Azaña había destituido de su puesto en el protectorado español en Marruecos enviándolo a Pamplona como comandante militar de Navarra, fue el "director" de la conspiración militar que pretendía acabar con el gobierno del Frente Popular salido de las urnas en febrero de 1936. Para ello hizo llegar a los militares comprometidos en el complot hasta trece Instrucciones Reservadas. En la segunda "instrucción reservada", datada el 25 de mayo de 1936, ya se fija como objetivo Madrid. El plan trazado es de carácter centrípeto (al contrario que los planes anteriores de la Junta de Generales que era de carácter centrífugo). En él se atacaría a Madrid desde las guarniciones de Valencia, Zaragoza, Burgos y Valladolid. El "Alzamiento" del 17 al 20 de julio de 1936 fracasó en unos lugares y triunfó en otros, interviniendo diversos factores como la inicial indecisión de algunos mandos, la ignorancia de las directivas de Mola en algunos ámbitos militares, el periodo veraniego que tenía a un porcentaje de mandos intermedios de permiso de vacaciones, etc. En Madrid a pesar de existir algunos cuarteles rebeldes, permanecían la mayoría de ellos leales al Gobierno y no todas las guarniciones siguieron los planes establecidos. A pesar de todo Mola logró destacar tres columnas motorizadas procedentes de Valladolid, Burgos y Pamplona. La columna de Pamplona estaba compuesta por milicias requetés entrenadas desde meses atrás, junto con tres batallones de infantería comandados por el coronel Francisco García-Escámez. La de Burgos era comandada por el coronel José Gistau Algarra y partió el día 20 de julio. El 22 partió la columna de Valladolid comandada por el coronel Serrador. Esta fuerza quedó detenida en diversos lugares de las laderas septentrionales del sistema Central y serían las primeras en hostigar a Madrid por el norte. Finalmente, la situación llegó a un punto muerto a principios de agosto de 1936. Esta situación revelaba, ya a finales de julio, que el plan inicial de Mola había fracasado, en lo que al avance sobre Madrid desde el Norte se refería.

Los sublevados se acercan a la capital: comienza la defensa A principios de octubre, con la moral de los sublevados muy elevada y sus fuerzas en el Frente del Tajo reorganizadas, se reinició el avance hacia Madrid. Mola había establecido el 3 de octubre la confluencia de una serie de columnas por el Norte, el Oeste y, sobre todo, por el Sur. Pero ante la resistencia republicana en la sierra este plan sería modificado y se daría prioridad a los avances desde el Sur. Inmediatamente se pone de manifiesto el endurecimiento de la resistencia republicana, a pesar de que no puede ponerse freno a las tropas sublevadas. La punta de lanza de esta ofensiva seguía estando compuesta por regulares marroquíes y legionarios como venía siendo desde que comenzara su avance en Sevilla hacía dos meses, pero estas tropas se encontraban desgastadas en gran manera. El general republicano Lister destacará que durante un contraataque republicano fueron capturados unos 50 moros que fueron enviados a su cuartel de retaguardia, descubriendo allí que son españoles vestidos con el uniforme de los regulares moros. Franco había ordenado vestir a soldados españoles como regulares africanos.

Franco será consciente de la aparición de una importante amenaza: empiezan a llegar informes alemanes sobre el paso por el estrecho de los Dardanelos de buques soviéticos cargados de material militar, hecho que está en relación con el envío de un embajador soviético a Madrid y el comienzo de las relaciones entre la Unión Soviética y la II República Española. El líder soviético Iósif Stalin y el Comintern habían decidido romper el aislamiento diplomático de la República y comenzar el envío de asesores y material militar. El 15 de octubre llega a Cartagena el carguero soviético Komsomol cargado con 50 tanques T-26 y asesores militares. Para el 19, ya está siendo enviado el nuevo material soviético hacia el frente de Madrid. Otra de las decisiones del Comintern consistió en la organización de una fuerza de voluntarios para la guerra de España con sede en París, aunque esta ya se venía organizando desde el pasado verano. Esta fuerza será conocida como las Brigadas Internacionales y para principios de otoño ya estaba siendo enviada a España hasta Albacete, que será desde entonces el Cuartel General de las mismas. Cabe destacar que este apoyo diplomático y militar de la URSS fue acompañado de la presencia de agentes soviéticos del NKVD, y que el mismo provocó un gran aumento del poder del PCE, algo que sería posteriormente muy criticado pero que se consideró como un mal menor en aquel momento.

El gobierno de Largo Caballero comienza a tomar medidas y prepara la defensa de Madrid con la creación oficial del nuevo Ejército Popular de la República el 10 de octubre, que no estará operativo hasta cierto tiempo después y que pretende poner bajo el mando de un militar profesional a las milicias anarquistas, socialistas y comunistas que hasta entonces había consistido en la principal tropa del frente republicano. Estas masas ya habían mostrado su alto espíritu combativo pero su casi nula preparación militar y desde luego, acompañada de la escasa experiencia en el combate de sus jefes. Después de la sublevación del 18 de julio se había producido la desintegración del estado y las fuerzas armadas de la República, que constituirá un hecho desastroso en la dirección de la guerra en el bando legítimo. A partir de este momento empezarán a reconstruirse de nuevo con el objeto de hacerse con el control y de detener a los sublevados antes de que sea demasiado tarde. El 29 de octubre tendrá lugar un primer contraataque republicano de importancia en la localidad toledana de Seseña, dónde se produce el primer combate con los T-26 recién llegados aunque finalmente los republicanos son rechazados. El general Yagüe ya lo había confirmado hacía un mes y ahora se confirmaban los peores augurios de muchos comandantes sublevados, pero se continuó con los planes pues cada vez era más perceptible la cercanía de los combates a las afueras de la capital.

Preparación de la batalla

Los planes de ataque Tras el golpe de Estado del 17 y 18 de julio de 1936, que no tuvo igual suerte en todo el territorio, ciudades como Madrid permanecieron leales a la República. Las tropas rebeldes de África se fueron agrupando en el sur de la península. Ya desde el 2 de agosto, que comenzaron su avance, Madrid era un objetivo militar. Apenas llevaban tres meses de combates por la zona de Extremadura cuando ya se encontraban en los lindes de la Casa de Campo. Las cuatro columnas atacantes (la de Castejón, Asensio, Barrón, Tella) se sitúan el 6 de noviembre a siete kilómetros de la Puerta del Sol. Las columnas rebeldes encontraron diversos problemas tácticos, pero en ningún momento se impidió o se detuvo su avance. Las dos únicos núcleos de grandes poblaciones atacados durante esos tres meses fueron Badajoz (el 14 de agosto las tropas del general Yagüe) y Toledo (general Varela). Los asaltos de las tropas atacantes tuvieron casi siempre tácticas similares, primero se ejecutaba un ataque frontal muy agresivo apoyado por efectivos de artillería pesada, y luego se ejecutaba un desbordamiento por los flancos (maniobra envolvente), esto último solía causar pánico entre las tropas milicianas que poseían poca instrucción militar, lo que provocaba una retirada desordenada que acababa deshaciendo la defensa. En algunos casos se procedía a rodear las fuerzas milicianas dejando expedita una vía de escape que era fuertemente bombardeada por la artillería. Estas tácticas fueron ejecutadas repetidas veces durante el avance a Madrid. Sin embargo, ahora el objetivo militar era más extenso y existían diversas posibilidades de ser abordados.