El Tratado de Alianza Defensiva, llamado en Chile Pacto Secreto Perú-Bolivia o Tratado Riva Agüero-Benavente, fue un acuerdo internacional suscrito por Perú y Bolivia —mediante sus representantes, José de la Riva Agüero y Looz Corswarem y Juan de la Cruz Benavente, de manera respectiva— en Lima el 6 de febrero de 1873.
Según los signatarios, el pacto tenía el propósito de formar una alianza defensiva, definir el proceso a seguir antes de declarar el casus foederis y, durante la guerra, asignar los costos a pagar frente a cualquier agresión de Chile, país que no es mencionado en el pacto, pero que los signatarios posteriormente nombraron como motivo del pacto para descartar oficialmente a Brasil.
Los historiadores (Gonzalo Bulnes, Jorge Basadre, Pedro Yrigoyen Diez Canseco, Edgardo Mercado Jarrín) consideran que el verdadero objetivo del tratado era imponer a Chile las fronteras convenientes a Perú, Bolivia y Argentina por medio de un arbitraje obligado de la alianza mientras Chile fuese militarmente débil, es decir, antes de la llegada de las fragatas blindadas Cochrane y Blanco Encalada.
Los signatarios preveían la incorporación de Argentina al pacto, pero tras la aprobación de la Cámara de Diputados de Argentina en 1873, la adhesión argentina no fue aprobada por el Senado de ese país en 1874. En 1875 y en 1878 Argentina, en peligro de guerra con Chile, intentó ingresar al pacto, pero Perú rechazó diplomáticamente la oferta. Al comienzo de la Guerra del Pacífico, Perú y Bolivia buscaron la adhesión de Argentina al pacto, y proyectaron ofrecer a cambio los territorios chilenos ubicados entre el 24°S y el 27°S, pero el gobierno argentino rechazó la oferta.
El tratado fue concebido y firmado secretamente y el último de sus artículos establece que no se dará a conocer hasta que los gobiernos lo consideren necesario, lo que no ocurrió sino hasta días antes del inicio de la guerra con Chile. Sin embargo, los historiadores concuerdan en que diplomáticos chilenos fueron por lo menos informados de la existencia de un tratado contra su país aunque no concuerdan sobre cuando y si el contenido del tratado fue conocido y si se le asignó la invalidez incorrecta al tratado y a la información.
Otra tesis da cuenta que probablemente el gobierno chileno decidió ignorar la existencia de este tratado, pese a saber de su existencia, ya que el mismo implicaba declarar la guerra, encontrándose las fuerzas armadas chilenas en un paupérrimo estado de preparación.
El pacto es sumamente controvertido, algunos historiadores lo consideran legítimo, defensivo y circunstancial, además de haber sido conocido por el espionaje de Chile poco después de su firma. Otros historiadores, por el contrario, lo consideran agresivo y causante de la guerra de 1879:Cruz y Cavallo, "Las guerras de la guerra: Perú, Bolivia y Chile frente al conflicto de 1879 ", 1981, cap. 4 Los historiadores chilenos han sido unánimes en considerar que el carácter secreto del tratado de 1872 avala el ánimo belicoso en que se había gestado. Más aún: el tratado fue una de las causas formales que esgrimió la diplomacia chilena en los momentos previos a la guerra
Los historiadores difieren también en las razones, extensión y vigencia de su secreto. Las razones de su secreto, la invitación a Argentina y la razón por la cual Perú no permaneció neutral en circunstancias que Bolivia no había cumplido el acuerdo de 1873 al firmar el tratado de 1874 sin informarle, Cap. XXXIII El Perú enfrentado con la guerra son discutidas hasta hoy.
Historia del tratado thumb|380px|right|La política boliviana de Chile consistía en atraer a Bolivia y deshacer la alianza de Perú y Bolivia. La caricatura, publicada por El Barbero en Santiago de Chile el 18 de octubre de 1879, muestra a Hilarión Daza caracterizado como una mujer, siendo cortejada por el jefe de gabinete chileno, Domingo Santa María, con un ramo de flores donde se leen los nombres de Tacna y Arica. Por otra parte, el presidente del Perú Mariano Ignacio Prado recibe un sobre de manos de Daza, por el cual se impone de las intenciones chilenas, a la par que interpela a Santa María por incitar a la infidelidad de la nación del altiplano.
Tras su independencia, los países de América del Sur acordaron establecer sus fronteras según lo que habían sido durante la colonia española. Pero las fronteras trazadas en los documentos coloniales eran imprecisas y a veces contradictorias y los territorios desconocidos. A fines del la búsqueda de oportunidades económicas en los hasta entonces territorios desconocidos provocó disputas territoriales entre varios países sudamericanos. Había también casos especiales como Tarija, que había pertenecido durante la colonia a (lo que sería más tarde) Argentina, y que deseaba, tras la independencia, pertenecer a (lo que sería más tarde) Bolivia. En pocas palabras, las fronteras no estaban firmemente definidas.
Existían, entre otros casos, fronteras imprecisas entre Perú y Bolivia, Bolivia y Argentina, Bolivia y Brasil, Chile y Argentina, Argentina y Brasil. Perú y Chile no tenían frontera común y la frontera de Chile y Bolivia había sido definida en 1866 por un tratado que la determinó en el paralelo 24°S, pero que obligaba a ambos países a compartir por partes iguales los ingresos provenientes de impuestos a la explotación de metales extraídos desde la llamada "zona de mutuos beneficios" que comprendía la región entre los paralelos 23°S y 25°S.
Al comienzo de la década de 1870, las relaciones entre Chile y Bolivia estaban tensas, debido a que ambos países no se avenían en la forma de cobrar, controlar y transferir a Chile la parte de los impuestos cobrados por Bolivia en la zona de beneficios mutuos. Se sumaban otros desacuerdos como si el recientemente descubierto mineral de plata de Caracoles estaba dentro o fuera de la zona de beneficios mutuos y cuales debían ser los "metales" mencionados en el tratado.
Argentina y Chile tenían pretensiones sobre la Patagonia y Tierra del Fuego que no lograban resolver y que se tensaban cada vez más a medida que los países crecían económicamente y sus medios de transporte los acercaban más. Brasil tenía discrepancias con Bolivia, Perú y Argentina, pero no con Chile, por lo cual era posible que dadas ciertas circunstancias ambos países podrían tener intereses comunes.
En agosto de 1872, Quintín Quevedo, político boliviano partidario del depuesto Mariano Melgarejo, salió con una expedición desde Valparaíso para derrocar al gobierno boliviano, supuestamente con la anuencia de las autoridades chilenas. Su intento fracasó, pero para el gobierno boliviano fue una prueba de la animadversión del gobierno chileno. El gobierno peruano, que desde la guerra hispano-sudamericana tenía una supremacía naval en el océano Pacífico con sus poderosos navíos de guerra; la fragata blindada Independencia y el monitor blindado Huáscar, y controlaba el comercio internacional de Bolivia a través del puerto de Arica, advirtió al gobierno chileno que Perú no toleraría una intervención extranjera en Bolivia.
Chile, Perú y Bolivia tenían intereses económicos en el salitre depositado en las provincias de Tarapacá (en Perú) y Antofagasta (en Bolivia). Los depósitos salitreros en Chile eran económicamente irrelevantes, pero las empresas y el trabajo de chilenos eran importantes en Perú y Bolivia en la explotación del salitre y Valparaíso era el centro comercial donde se tranzaba el producto y desde donde se abastecía la desértica zona de explotación. El 18 de enero de 1873, el gobierno peruano, acosado por el déficit fiscal, decretó el estanco del salitre (el que por ineficaz nunca fue aplicado), como una medida destinada a aumentar los ingresos provenientes del guano a través del control del precio y cantidad del salitre exportado y es discutido si ya en ese entonces Perú intentó controlar el precio del salitre boliviano.
Génesis del tratado
Frente al ímpetu de las inversiones y trabajo chileno en Tarapacá y Antofagasta, Cap. I "Significado del tratado de la alianza" el Perú sintió amenazada su supremacía en la costa del Pacífico. Por su parte, en noviembre de 1872 y ante la imposibilidad de resolver los asuntos derivados del tratado limítrofe con Chile de 1866 (las negociaciones del Acuerdo Corral-Lindsay estaban aún en curso), la Asamblea boliviana autorizó secretamente a su gobierno negociar y ratificar una alianza con Perú sin necesidad de posterior aprobación por la asamblea.
El plenipotenciario boliviano Juan de la Cruz Benavente comenzó las gestiones para la suscripción del tratado secreto en los últimos días de 1872, culminando con el trascendental documento firmado el 6 de febrero de 1873. El congreso peruano, presidido por Francisco de Paula Muñoz, actuando como secretarios Félix Manzanares y José María González, lo aprobó el 22 de abril, al parecer con solo nueve votos en contra. Las actas de estas sesiones desaparecieron más tarde del archivo del Congreso y nunca han vuelto a ser encontradas.
Para fortalecer el pacto contra Chile y como estaba previsto en el pacto, Perú buscó inmediatamente la adhesión de Argentina al tratado y envió a Buenos Aires a Manuel Yrigoyen (no confundir con el contemporáneo argentino Bernardo de Irigoyen) para promover sus propósitos. La tarea de M. Yrigoyen fue coronada inicialmente por el éxito y el 24 de septiembre de 1873 la Cámara de Diputados de Argentina aprobó la adhesión al pacto y fondos adicionales para el ministerio de guerra por $6,000,000. El gobierno argentino bajo la presidencia de Domingo Faustino Sarmiento y con Carlos Tejedor como ministro de relaciones exteriores, necesitaba aún la aprobación del Senado argentino.Para una descripción más detallada de las actividades del gobierno peruano en Argentina se puede ver
A pesar de los ingentes esfuerzos de M. Irigoyen, que de paso manejaba la política exterior boliviana en Buenos Aires, los tres aliados no lograban conciliar sus intereses: Argentina y Perú temían provocar a Brasil e incitar un eje Chile-Brasil. Para subsanar ese escollo Perú, discretamente, aseguró al Brasil que el tratado no estaba dirigido contra él ni afectaba sus intereses y más aún, el presidente peruano Manuel Pardo pidió a Argentina y Bolivia introducir un nuevo artículo, complementario al tratado, asegurando que el tratado no estaba orientado contra Brasil sino solo contra Chile:
Sin embargo, Bolivia y Argentina no se avenían en el asunto Tarija-Chaco. Argentina deseaba marginar a la militarmente débil Bolivia como detonante de un casus foederis y ofreció un pacto Argentina-Perú que protegería a Perú contra un pacto Chile-Bolivia. Perú rechazó esa opción porque, no teniendo frontera con Chile, comprometía al Perú en la disputa de la Patagonia y Tierra del Fuego sin comprometer a Argentina en la protección de los intereses peruanos sobre el salitre boliviano.
El 28 de septiembre de 1873 la materia fue discutida en el Senado argentino y la decisión fue pospuesta hasta el 1 de mayo de 1874. Aparentemente fue aprobada, faltando solamente la aceptación de ciertas declaraciones que posteriormente fueron resistidas por el ministro boliviano de relaciones exteriores Mariano Baptista.
Entretanto el tratado tendría pronto una consecuencia. Para superar las desavenencias causadas por la aplicación del tratado limítrofe de 1866, los negociadores Lindsay (Chile) y Corral (Bolivia) habían acordado en 1873 un tratado complementario al limítrofe de 1866, con él se esperaba arreglar los asuntos pendientes con ventajas para ambos países. Este tratado complementario fue aprobado en Chile pero la asamblea de Bolivia, bajo la influencia peruana, rechazó el tratado: Cap. I "La solicitud boliviana para la alianza con el Perú y el tratado Lindsay-Corral"
De hecho, en una carta del ministro de relaciones exteriores del Perú, Riva-Agüero, a su representante en Bolivia, La Torre, le instruye: