Manuel Gutiérrez Mellado (Madrid, 30 de abril de 1912-Torremocha del Campo, Guadalajara, 15 de diciembre de 1995) fue un militar y político español, I marqués de Gutiérrez Mellado, capitán general ad honorem del Ejército de Tierra, vicepresidente primero del Gobierno para Asuntos de la Defensa y ministro de Defensa durante la Transición. Su actuación durante la tentativa de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 se ha convertido en una de las imágenes icónicas de dicho período.

Biografía

Educación y formación militar Nacido en el seno de una familia de la burguesía madrileña de la Restauración y huérfano de padre y madre a muy temprana edad, su tío político, el célebre editor Saturnino Calleja, sufragó sus estudios de bachillerato en el elitista internado del Real Colegio de las Escuelas Pías de San Antón. Allí demostró por primera vez su futuro temple y sentido de la responsabilidad, respondiendo a la solidaridad de su familia con un brillantísimo expediente escolar, conservado en el archivo del Instituto de Enseñanza Secundaria Cardenal Cisneros de Madrid.

La reforma de la enseñanza militar por la dictadura de Primo de Rivera en 1927 truncó su propósito de opositar directamente al ingreso en la Academia de Artillería y en 1929 se incorporó a la Academia General Militar de Zaragoza, dirigida por el general Francisco Franco. Recién proclamada la Segunda República ascendió a alférez y terminó su formación militar en la Academia de Artillería e Ingenieros de Segovia, de la que salió teniente de Artillería en julio de 1933 con el número uno de su promoción.

Segunda República y Guerra Civil Su primer destino fue el Regimiento de Artillería a Caballo, acuartelado en el madrileño cantón de Campamento. En 1935 se afilió a Falange Española de las JONS y en la madrugada del 20 de julio de 1936 participó activamente en la rebelión de su unidad contra el gobierno del Frente Popular. Una vez sofocada la rebelión en Campamento, huyó a caballo, campo a través por Villaviciosa de Odón, desde donde regresó a Madrid a primeros de agosto. Sospechoso de ser desafecto al régimen republicano, fue encarcelado en el mismo colegio donde había estudiado.

En febrero de 1937, el Juzgado de Urgencia n.º 1 de Madrid, encargado de fallar su causa, dictó sentencia absolutoria al aceptar su declaración, corroborada por dos testigos, de que se encontraba enfermo en Villaviciosa de Odón en el momento de la rebelión y que, por tanto, no había participado en el levantamiento. Otras indagaciones policiales descubrieron su activa participación en el mismo, por lo que decidió asilarse en una embajada. Un par de semanas después, se unió a los clandestinos servicios de inteligencia del bando franquista que operaban en Madrid, provisto de documentación falsa a nombre de Teodosio Paredes Laína.

En 1938 ascendió a capitán y, al organizar Franco el Servicio de Información y Policía Militar (SIPM), fue nombrado jefe de una de las tres secciones del SIPM adscritas al cuerpo de ejército que asediaba la capital. En este cometido, proporcionó valiosísima información sobre los planes, despliegue y armamento republicanos a la citada gran unidad y evacuó a más de un centenar de pilotos e ingenieros militares a la zona sublevada, especialidades que no abundaban en ella.

Carrera militar En 1941 siendo capitán se graduó en la Escuela de Estado Mayor y se integró ese año en el Cuartel General de la División Azul en Alemania, adscrito a la 3.ª sección de Estado Mayor (Operaciones). Durante la Segunda Guerra Mundial, ascendió a comandante y se ocupó de clasificar y decidir el destino de los muchos súbditos extranjeros que cruzaban los Pirineos. En 1945, una vez derrotada Alemania, quedó adscrito a la Sección de Información del Alto Estado Mayor, viajando a Bélgica, Francia y Suiza para informar sobre las actividades de los exiliados republicanos.

De 1953 a 1955, a consecuencia de la firma del convenio militar con Estados Unidos, actuó de enlace entre el Ministerio de Asuntos Exteriores y la misión militar estadounidense encargada de construir las bases concedidas por el convenio.

En 1956, en vísperas de su ascenso a teniente coronel, obligado por la penuria de su sueldo militar y al considerar poco ético pluriemplearse para poder sacar adelante a sus cuatro hijos, solicitó el pase a la situación de supernumerario en el Ejército y trabajó durante siete años como gerente en diversas empresas. Aproximadamente dos tercios de los militares profesionales destinados en las grandes ciudades practicaron el llamado pluriempleo durante los años de gobierno de Franco, pero fueron muy pocos los que, como Gutiérrez Mellado, tomaron la drástica decisión de dejar de vestir temporalmente el uniforme por no estar dispuestos a compatibilizar dos trabajos, normalmente en detrimento de su plena dedicación a la milicia.

En 1963 se reincorporó al servicio activo, ocupando una vacante de profesorado en el cuadro permanente de la Instrucción Premilitar Superior (IPS), organismo encargado de formar oficiales y suboficiales de complemento procedentes de la Universidad.

Dos años después ascendió a coronel y pasó destinado a la Sección de Operaciones del Estado Mayor Central. Su perfecto dominio del inglés y del francés le valió ser enviado como observador a diversas maniobras de la OTAN. Esta experiencia le permitió tomar por primera vez conciencia de la lamentable capacidad operativa del desmesurado ejército que mantenía España en las postrimerías del régimen de Franco.

En 1967 fue nombrado jefe del Regimiento de Artillería de Campaña n.º 13, acuartelado en Getafe, y el 13 de abril de 1970 ascendió a general de brigada de artillería.

Durante poco más de un año desempeñó labores de profesorado en el CESEDEN, dirigido entonces por el teniente general Manuel Díez-Alegría y, al ser este nombrado jefe del Alto Estado Mayor, se llevó consigo a Gutiérrez Mellado, quien se convirtió en su mano derecha. En esa época, concretamente el 14 de diciembre de 1971, pronunció una conferencia en el CESEDEN, cuyo lenguaje comenzó a concitar la atención de la opinión pública.

El 12 de marzo de 1973 ascendió a general de división y el 15 de marzo de 1974 pronunció una segunda y mucho más resonante conferencia en la misma tribuna, en la que abogó sin ambages por la urgente necesidad de introducir reformas de gran calado en la estructura y organización de las Fuerzas Armadas, planteamiento que atrajo sobre él las miradas de las personalidades políticas que, tras la muerte de Franco, impulsarían el proceso de transición a la democracia.

El 14 de junio de 1975 fue nombrado comandante general y delegado del Gobierno de Ceuta, cargos que desempeñaba en el momento de la muerte de Franco y que compatibilizaba con el de jefe de la delegación militar que negociaba el tratado legislativo con Estados Unidos firmado en enero de 1976.: :

El 13 de abril de 1976, el primer gobierno nombrado por el rey Juan Carlos I promovió su ascenso a teniente general y le nombró capitán general de la VII Región Militar,: con cabecera en Valladolid. Su discurso de toma de posesión mereció titulares de primera plana en todos los periódicos y largos artículos de opinión en las numerosas revistas políticas existentes en aquella época. No en vano era la primera vez que, en las azarosas e inciertas vísperas de la transición a la democracia, con la opinión pública muy pendiente de lo que pensaban los militares, nada menos que un teniente general se comprometía abiertamente con el nuevo Estado de Derecho y exigía a sus subordinados una plena e incondicional subordinación al poder civil: «No olvidemos nunca que el Ejército, por muy sagradas que sean sus misiones, está no para mandar, sino para servir; y que este servicio, siempre a las órdenes del Gobierno de la Nación, es exclusivo para España y para nuestro Rey».

La casi inmediata entrada en escena de Adolfo Suárez, a quien el rey puso en aviso de las virtudes que adornaban al capitán general de Valladolid, le llevó en julio de 1976 a la jefatura del Estado Mayor Central del Ejército de Tierra: y, apenas tres meses después, el 23 de septiembre, a reemplazar al teniente general Fernando de Santiago Díaz de Mendívil, que había dimitido para expresar su oposición a la reforma promovida por Suárez, en la Vicepresidencia Primera del Gobierno para Asuntos de la Defensa, concebida para impulsar desde ella la inaplazable reforma de las Fuerzas Armadas.:

Vicepresidente del Gobierno y ministro de Defensa En el momento de ser nombrado vicepresidente, el general Gutiérrez Mellado debía de llevar ya muchos años pensando y planeando lo que era preciso hacer para transformar y modernizar el obsoleto ejército de Franco. Tan pensado lo debía de tener que el 4 de enero de 1977, es decir, cuando todavía no llevaba cien días en el gobierno, fue capaz de plasmar en una sencilla hoja de papel sus planes de reforma para someterlos a la aprobación de la Comisión Delegada del Gobierno para Asuntos Militares, que se reunía aquel día bajo la presidencia de Adolfo Suárez. El plan comprendía una serie de actuaciones concretas en las siguientes áreas: organización superior de la defensa; actualización del programa de dotaciones presupuestarias para las Fuerzas Armadas; política conjunta de personal, y limitación de las competencias de la justicia militar.

Pero lo más sorprendente del plan es que este se cumplió totalmente e incluso se amplió en determinados aspectos, tan trascendentales alguno de ellos como la creación del Ministerio de Defensa el 4 de julio de 1977, departamento del que se hizo cargo Gutiérrez Mellado hasta el 23 de septiembre de 1979, fecha en que fue designado para desempeñarlo el político de la Unión de Centro Democrático (UCD), Agustín Rodríguez Sahagún, primer ministro civil en encargarse de los temas de Defensa desde 1939. Gutiérrez Mellado continuó formando parte de los gobiernos de Adolfo Suárez durante los dos primeros años de la segunda legislatura (1979-1982), con el título de vicepresidente primero del Gobierno para los Asuntos de la Seguridad y la Defensa Nacional,: cargo en el que cesó el 26 de febrero de 1981, cuando se formó el presidido por Leopoldo Calvo-Sotelo.:

Entre los principales hitos de la reforma militar impulsada por Gutiérrez MelladoAgustín Rodríguez Sahagún, La reforma militar de los Gobiernos de Suárez, Reis, No. 36 (Oct. - Dec., 1986), pp. 189-194. cabría relacionar, aparte de la citada creación y organización del Ministerio de Defensa y de la consiguiente supresión de los ministerios del Ejército, de Marina y del Aire, los siguientes: creación de la Junta de Jefes de Estado Mayor (JUJEM); atribución del mando operativo sobre sus respectivos ejércitos a los jefes de Estado Mayor del Ejército de Tierra, de la Armada y del Ejército del Aire; aprobación por las Cortes Generales de la ley de bases de criterios básicos de la defensa y de la organización militar de 1980, derivada de la Constitución de 1978; elaboración del primer Plan Estratégico Conjunto (PEC) y del Objetivo de Fuerza Conjunto (OFC); penalización del intervencionismo militar en política; actualización de las Ordenanzas de 1768, llamadas de Carlos III; puesta en funcionamiento del Instituto Social de las Fuerzas Armadas (ISFAS); abolición del desfile conmemorativo de la victoria de 1939 y creación del Día de las Fuerzas Armadas; regulación del sistema de ascensos de los militares profesionales, y equiparación de sus retribuciones a la de los funcionarios civiles de similar categoría, medida que logró erradicar definitivamente el pluriempleo.