La campaña de Serbia de 1915 consistió en la invasión de Serbia por los ejércitos de las Potencias Centrales, llevada a cabo bajo el mando del general alemán August von Mackensen, en el marco de la Primera Guerra Mundial.
Situación del frente en 1915 En 1915, Serbia, que se hallaba en el centro de todas las intrigas al inicio de la Primera Guerra Mundial, seguía controlando todo su territorio nacional, habiendo logrado hasta entonces resistir todos los intentos de invasión de los ejércitos austriacos. Las ofensivas del Ejército austrohúngaro de agosto y noviembre de 1914 habían supuesto humillantes fracasos para el imperio, que no había conseguido someter a la llamada «víbora serbia». El aplastamiento de Serbia pasó a ser entonces para los Imperios centrales no solo un imperativo de tipo moral, sino también un objetivo estratégico de primera magnitud. Efectivamente, alemanes y austriacos, privados de contigüidad territorial con su precioso aliado otomano, tenían problemas para enviarle material militar debido a su aislamiento, armamento por entonces necesario para afrontar la acometida de los Aliados en una zona demasiado cercana al vital centro del país, el desembarco en los Dardanelos. Como beneficio añadido para las Potencias Centrales, la invasión de Serbia debía permitir a los austro-alemanes atraer a Bulgaria a sus propias filas. El jefe del alto mando alemán, Erich von Falkenhayn, pospuso, empero, la prevista nueva invasión de Serbia hasta haber disipado la amenaza rusa sobre Austria-Hungría, objetivo que se alcanzó a finales del verano de 1915 merced a la Ofensiva de Gorlice-Tarnów y el avance en Polonia.
A finales de 1914 y principios de 1915, la victoria final no parecía al alcance ni del Ejército serbio ni del austrohúngaro.. Tras la victoria serbia en Kolubara, obtenida en diciembre de 1914, el frente se había estancado a lo largo de la frontera. En 1915, Serbia resistía, aunque se encontraba exhausta, agotada por una sucesión de guerras que ya duraban varios años. Estaba aislada, y su posible aliado, Grecia, daba la callada por respuesta ante las peticiones de ayuda serbias. Esta situación poco favorable fue la que forzó a Serbia, a pesar de sus victorias, a emplear una estrategia de defensa pasiva. Una gravísima epidemia de tifus que se desató tras las victorias de 1914 se cobró la vida de 150.000 personas, pese a la ayuda médica aliada. La enfermedad tardó varios meses en controlarse y no lo fue hasta junio de 1915.
Actitud búlgara e intereses austro-alemanes El general alemán August von Mackensen (izquierda) junto al zar búlgaro Fernando. Von Mackensen dirigió la campaña contra Serbia que permitió la ocupación del país. Los búlgaros insistieron en que la dirección de la operación recayese en un oficial alemán.|miniatura Bulgaria se encontraba en una difícil situación en 1915, ante la posibilidad de que dos de sus rivales en la región, Rumanía y Grecia, se decantasen por los Aliados y el desembarco de estos en Galípoli precipitase su entrada en la contienda. Grecia ya había dejado clara en el verano de 1914 su intención de auxiliar militarmente a Serbia si la atacaba Bulgaria, según la alianza entre Belgrado y Atenas. Sofía temía además la reacción de Bucarest y de Constantinopla. Para calmar estos temores, alemanes y austrohúngaros habían mediado entre búlgaros y otomanos y habían conseguido que los dos firmasen una alianza el 19 de agosto de 1914. Rumanía prometió, de palabra pero no por escrito para evitar problemas con Rusia, no intervenir si Bulgaria acometía a Serbia, pero esto no bastó a los búlgaros.
El convencimiento de que, tras las graves derrotas del verano, Rusia estaba al borde de la rendición y de que esto conllevaría la debacle de Serbia, parte de cuyos territorios ambicionaba, hicieron que finalmente Bulgaria descartase unirse a los Aliados y se coligase con Alemania. El fracaso de la operación aliada en Galípoli también inclinó a Bulgaria hacia los Imperios Centrales, que parecían los probables vencedores de la guerra. Estos podían prometer al país mayores territorios de los que ofrecían los Aliados. Serbia no estaba dispuesta a desprenderse de Macedonia, que Bulgaria deseaba pero que le permitía a aquella tener una comunicación con el Egeo, y menos tras no poder obtener los territorios eslavos de la costa dálmata, prometidos a Italia en el Tratado de Londres. En todo caso, la conquista de Serbia y la liga con Alemania haría de Bulgaria la potencia suprema en los Balcanes.
Por su parte, Alemania deseaba abrir cuanto antes las comunicaciones terrestres con el Imperio otomano —interrumpidas desde el principio de la guerra—, que se hallaba malparado tras haber repelido a duras penas una ofensiva británica. La necesidad de sostener a los otomanos, operación que solo se podía realizar por tierra, hacía que la eliminación de Serbia cobrase urgencia. El sometimiento de Serbia, previsto en principio para la primavera de 1915, tuvo que retrasarse por la entrada en guerra de Italia, que retardó los planes de los Imperios Centrales. La subyugación de Serbia debía servir también a los alemanes para emplearla como moneda de cambio: estaban dispuestos a entregarla a Austria-Hungría si esta renunciaba a sus ambiciones en Polonia, región de la que Alemania deseaba disponer a su antojo. Para los imperios, la alianza con Bulgaria facilitaría la derrota de Serbia y garantizaría las comunicaciones con los otomanos. La participación búlgara en la nueva campaña era fundamental para asegurar su éxito.
El 22 de julio y por mediación alemana, los otomanos cedieron a Bulgaria una parte de Tracia; en agosto, Berlín le concedió al zar Fernando un crédito de 200.000.000 de francos. Para asegurar la alianza búlgara, los imperios centroeuropeos tuvieron que mediar con los otomanos y además prometer amplísimos territorios; los mandos militares presionaron a los políticos para lograrlo. Las promesas territoriales de la Entente resultaron insuficientes para Bulgaria, y menores que las de sus enemigos.
El 3 de septiembre los búlgaros firmaron una convención con los otomanos. El 6 de septiembre de 1915, Bulgaria firmó un tratado secreto de alianza con las Potencias Centrales, que a cambio prometieron a Fernando I de Bulgaria devolverle la Macedonia de la que le había despojado en 1913 el Tratado de Bucarest; también se prometió a los búlgaros una buena parte de la Serbia tradicional, hasta el Gran Morava. Bulgaria deseaba apoderarse de esta y de parte de Tracia. Si Rumanía entraba en guerra junto a los Aliados, Bulgaria recuperaría la Dobruya y si lo hacía Grecia, obtendría la región de Kavala. Para los Imperios Centrales, la liga con Bulgaria y la previsible derrota final de Serbia conllevaban tres ventajas principales: el aumento de sus fuerzas con las de los ejércitos búlgaros, la apertura de comunicación ferroviaria con el Imperio otomano y el establecimiento de una barrera frente a Rumanía y Grecia. El pacto entre los imperios y Bulgaria disponía, por insistencia de esta, que la nueva acometida contra Serbia empezaría con un ataque austro-alemán, seguido cinco días más tarde por el ataque búlgaro. También por imposición búlgara, el mando de las tropas centroeuropeas recaería en un oficial alemán y no austrohúngaro. Alemanes y austriacos se comprometieron además a aportar seis divisiones a las cuatro búlgaras que debían participar en el asalto a Serbia desde el este. La ofensiva contra Serbia debía comenzar en menos de un mes desde la firma del tratado.
Planes de ataque y defensa Plan alemán de invasión y preparativos Disposición de las unidades enfrentadas en vísperas de la invasión de Serbia en el otoño de 1915.|thumb|upright=1.8 La estrategia de invasión de Serbia tomó forma, y se confió la dirección de las operaciones al mariscal alemán August von Mackensen, que había combatido anteriormente en el frente ruso. En la primavera de 1915, había mandado tropas austrohúngaras en Galicia, lo que facilitó que obtuviese el mando de las fuerzas austro-alemanas de la nueva campaña contra Serbia. Para calmar las susceptibilidades austrohúngaras, Von Mackensen servía oficialmente tanto al Estado Mayor alemán como al austrohúngaro, aunque la autoridad real la ostentaba el primero. Los meticulosos preparativos del mando alemán incluyeron la inspección de los puntos donde pensaban cruzar los ríos Sava, Drina y Danubio que marcaban las fronteras serbias. Los intentos de mantener el despliegue militar en secreto fracasaron por la presencia en la zona fronteriza, poblada por gran cantidad de minorías, de espías serbios.
El plan general quedó en manos de los estrategas austrohúngaros. En líneas generales, suponía un asalto desde tres direcciones (norte, este y oeste), que debía dividir en otros tantos grupos las fuerzas serbias. Con los retoques finales, fundamentalmente, el plan era una maniobra de pinza con un brazo en el valle del Morava y otro en el este que debía bien embolsar a los ejércitos serbios o bien empujarlos hacia el oeste, lejos de las fronteras rumana y griega, a través de las cuales podrían recibir socorros. Si no quedaban rodeadas, las fuerzas serbias resultarían empujadas a las inhóspitas montañas albanesas. El objetivo principal, sin embargo, era rodear y aniquilar al ejército serbio, lo que debía facilitar la posterior ocupación del territorio y eliminar la amenaza constante que suponía para Austria-Hungría.
Los alemanes, que habían movilizado a su Ejército, se concentraron en la orilla izquierda del río Danubio, y su misión era la de atacar desde el norte. Los austriacos, con su Ejército, tenían la misma misión. Austrohúngaros y alemanes debían iniciar el ataque cruzando los ríos Sava y Danubio. Por su parte, los búlgaros debían atacar la retaguardia serbia poco después del comienzo de la ofensiva austro-germana y acabar así con la resistencia serbia. Su Ejército, en el noreste, completaría el ataque alemán e intentaría cercar al ejército serbio atacándolo de flanco, avanzando en dirección a la capital provisional serbia, Niš, mientras que su 2.º Ejército, en el sur, tenía como objetivo bloquear una futura intervención Aliada en auxilio de Serbia, a la vez que impedía al ejército serbio retirarse hacia la frontera griega. Este segundo ejército tenía como objetivo Skopie.
En total, los invasores contaban con un efectivo compuesto por 333 000 soldados y abundante artillería pesada para la operación frente a los 200 000 serbios con escasos cañones. Los búlgaros aportaban cuatro divisiones de treinta mil soldados cada una, mientras que los alemanes y austrohúngaros contribuían con doce divisiones de quince mil soldados por unidad. En total, los imperios reunieron en torno a serbia unos seiscientos mil soldados. Entre las unidades reunidas para la operación se contaban unas de cazadores tiroleses, especialistas en combate en terreno montañoso, y una flotilla fluvial que debía colaborar en la invasión con su artillería. Los serbios no parecían capaces de hacer frente al inminente ataque sin auxilio ruso.
Medidas defensivas Al conocer el 20 de septiembre la decisión búlgara de entrar en guerra en el bando enemigo, Serbia diseñó un plan de ataque preventivo contra el país vecino. Nueve divisiones acometerían Bulgaria mientras que ciento cincuenta mil soldados, parte de ellos de los aliados de la Entente, protegerían el frente austrohúngaro; pese al respaldo gubernamental al plan de su Estado Mayor, este fracasó por la oposición de la Entente, que creía que aún podía ganarse a Bulgaria. El día 22, Bulgaría ordenó la movilización general.