Salón Dorado del Este de Kofukuji.|x100pxKannon de once caras (ekadaza mukha).|x100pxPaloma en una rama de melocotonero, por el Emperador Huizong de la Dinastía Song del norte Song.|x100px Gong de pie para ritos budistas (kagenkei).|x102pxVasija tipo Kaen encontrada en Sasayama.|x102pxKaramon (puerta china), Haiden (sala de oración), y Honden (salón principal) de Toshogu.|x102px Muestras del Tesoro Nacional de Japón.
El son los Bienes Culturales Materiales más preciados de Japón, determinados y designados por la Agencia de Asuntos Culturales (subsidiaria del Ministerio de Educación, Cultura, Deportes, Ciencia y Tecnología). Un bien material cultural puede serlo por estar considerado de valor histórico o artístico, clasificados como «edificios y estructuras», o como «bellas artes y artesanía». Cada elemento del Tesoro Nacional debe mostrar una mano de obra excepcional, un gran valor para el mundo de la historia cultural, o un valor excepcional para los estudiosos.
Aproximadamente el 20% del Tesoro Nacional son estructuras tales como castillos, templos budistas, santuarios sintoístas o residencias. El otro 80% del Tesoro Nacional consiste en: pinturas; pergaminos; sutras; obras de caligrafía; esculturas en madera, bronce, laca o piedra; artesanía, tales como cerámica y tallas lacadas, trabajos de metalurgia, espadas y textiles; y objetos históricos y arqueológicos. Los elementos abarcan desde la antigüedad hasta la Edad Moderna japonesa, antes de la Era Meiji, incluyendo piezas de cerámica de las más antiguas del mundo, del período Jōmon, a los documentos y escritos del sigloXIX. La designación del Palacio de Akasaka en 2009 añadió un Tesoro Nacional del sigloXX.
Japón cuenta con una amplia legislación para la protección, preservación y clasificación de su patrimonio cultural. El respeto hacia las propiedades físicas e intangibles, y la protección de los bienes culturales, es típico de la preservación japonesa y de las prácticas de restauración de las mismas. Los métodos de protección utilizados del Tesoro Nacional incluyen restricciones a la modificación, transferencia y exportación, y apoyo financiero en forma de subvenciones y bonificaciones fiscales. La Agencia de Asuntos Culturales ofrece a los propietarios asesoramiento para la restauración, administración y exhibición pública de las propiedades. Estos esfuerzos se complementan con leyes que protegen el entorno de las estructuras designadas y las técnicas necesarias para las obras de restauración.
El tesoro nacional en cifras Solo por citar algunas cifras importantes, aproximadamente el 20% del Tesoro Nacional Japonés está formado por edificios y estructuras. Entre ellos destacamos castillos, templos budistas, santuarios sintoistas, residencias, etc. Por otro lado, el 80% del mismo lo componen artesanías y piezas artísticas de gran valor. Entre ellas se incluyen: pergaminos, pinturas, lacados, cerámicas, piezas metálicas, textiles, etc. Estos últimos abarcan sobre todo desde el sigloXV al XIX.
Historia
Antecedentes y primeros esfuerzos de protección Los bienes culturales japoneses se encontraban originalmente en propiedad de los templos budistas, santuarios sintoístas y familias aristocráticas o samuráis. Sin embargo, el Japón feudal terminó abruptamente en 1867/68, cuando el Shogunato Tokugawa fue sustituido por la Restauración Meiji. Durante los siguientes haibutsu kishaku (literalmente «abolir el Budismo y destruir a Buda Gautama»), provocada por la política oficial de separación del sintoísmo y el budismo y los movimientos antibudistas propugnando el retorno al Sintoísmo, los edificios y obras de arte budistas fueron destruidos. En 1871 el gobierno confiscó las tierras de los templos, considerados símbolo de la elite gobernante. Propiedades pertenecientes a los señores feudales fueron expropiadas, castillos históricos y residencias destruidas, y se ha estimado que fueron cerrados 18000 templos. Durante el mismo período el patrimonio cultural japonés se vio afectado por el auge de la industrialización y la occidentalización. Instituciones budistas y sintoístas se empobrecieron, los templos se deterioraron y objetos de valor fueron exportados fuera del país.
right|upright|thumb|alt=Escritor y filósofo japonés del XIX-XX.|Okakura Kakuzō. En 1871 el Daijō-kan emitió un decreto para proteger las antigüedades japonesas, llamado , basado en las recomendaciones de las universidades. El decreto ordenaba a las prefecturas, los templos y santuarios recopilar listas de importantes edificios y objetos de arte. Sin embargo, estos esfuerzos resultaron ineficaces frente a la occidentalización radical. En 1880 el gobierno asignó fondos para la preservación de santuarios y templos antiguos.En relación con la creación del sistema «Sintoísmo estatal», los santuarios habían estado recibiendo fondos desde 1874. Ya por 1894, 539 santuarios y templos habían recibido subvenciones financiadas por el gobierno para llevar a cabo reparaciones y su reconstrucción. La pagoda de cinco pisos de Daigo-ji, el kon-dō, salón principal, de Tōshōdai-ji y el hon-dō de Kiyomizudera son muestras de edificios que estuvieron en restauración durante este periodo. Un censo, realizado por Okakura Kakuzō y Ernest Fenollosa entre 1888 y 1897, fue desarrollado para evaluar y catalogar 210000 objetos de mérito artístico o histórico. El final del sigloXIX fue un período de cambio político en Japón así como de los valores culturales, se pasó de la adopción entusiasta de las ideas occidentales, a un interés recién descubierto por la tradición japonesa. La historia de la arquitectura japonesa comenzó a aparecer en los planes de estudio, y los primeros libros sobre historia de la arquitectura fueron publicados, estimulados por el reciente inventario de edificios y obras de arte.
Ley de Preservación de Templos Antiguos y Santuarios El 5 de junio de 1897 fue promulgada la (Ley número 49), la primera ley sistemática para la preservación del arte y arquitectura tradicionales japonesas. Redactada bajo la dirección del historiador de la arquitectura y arquitecto Itō Chuta, la ley, de 20 artículos, estableció la financiación gubernamental para la conservación de los edificios y la restauración de las obras de arte. La ley aplicaba a la arquitectura, y piezas de arte relacionadas con una estructura arquitectónica, con la obligatoriedad de que se estableciese una singularidad histórica y una calidad excepcional (art. 2). Las solicitudes de apoyo financiero se hicieron al Ministerio del Interior (art. 1), y la responsabilidad para la restauración o conservación estaba en manos de funcionarios locales (art. 3). Las obras de restauración estuvieron financiadas directamente de las arcas nacionales (art. 8).
thumb|left|El primero de los pergaminos de Animales y Humanos retozando, propiedad de Kōzan-ji. Una segunda ley fue aprobada el 15 de diciembre de 1897, que proporcionó disposiciones complementarias para designar las obras de arte en posesión de los templos o santuarios como , y permitió a la arquitectura religiosa ser designada como . Aunque los criterios principales fueron «superioridad artística», «valor por la relevancia histórica y la riqueza de la asociación histórica», la edad de la pieza fue un factor adicional. Las obras de arte podían ser designadas en cualquiera de las siguientes categorías: pintura, escultura, caligrafía, libros y artesanía; las espadas fueron añadidas posteriormente. La protección de la ley se limitaba a elementos en las instituciones religiosas, mientras que los artículos en manos privadas seguían sin estar protegidos. La subvención para la restauración de obras de arte y estructuras se incrementó de 20 000 yenes a 150 000 yenes, y se fijaron las multas por la destrucción de bienes culturales. Los propietarios estaban obligados a registrar los objetos designados en los museos de nueva creación, a los que se concedía el derecho de tanteo en caso de venta. Inicialmente, 44 templos y santuarios, y 155 reliquias fueron designados bajo la nueva ley, incluido el kon-dō de Hōryū-ji.
Las leyes de 1897 son la base para la ley de preservación de hoy. Cuando se promulgaron, solo Reino Unido, Francia, Grecia y otros cuatro países europeos contaban con una legislación similar. Como resultado de las nuevas leyes, el Daibutsuden de Tōdai-ji se restauró a partir de 1906 y finalizó en 1913. En 1914 la administración de los bienes culturales fue transferida del Ministro de Educación, Cultura, Deporte, Ciencia y Tecnología.
Extensión de la protección A principios del sigloXX, la modernización transformó el paisaje japonés y planteó una amenaza a los monumentos históricos y naturales. Las sociedades de los hombres prominentes, tales como la «Sociedad para el Estudio de los Sitios Antiguos Imperiales» o la «Sociedad para la Investigación y Preservación de los Sitios Históricos y de los Árboles Antiguos» presionaron y lograron una resolución en la Cámara de los Pares para la toma de medidas de conservación. Eventualmente, estos esfuerzos dieron como resultado los en 1919, protegiendo y catalogando estas propiedades de la misma forma que lo habían sido templos, santuarios y obras de arte.
En 1929 cerca de 1100 propiedades habían sido designadas en virtud de la antigua «Ley de preservación de santuarios y templos» de 1897. La mayoría fueron edificios religiosos que databan entre los siglosVII y XVII. Aproximadamente 500 edificios se restauraron ampliamente, con un 90% de la financiación aportada por el presupuesto nacional. Las restauraciones durante el Período Meiji, a menudo, emplearon materiales y técnicas modernos.
thumb|right|El Castillo Himeji se convirtió en parte del Tesoro Nacional en 1931 sobre la base de la Ley de preservación del Tesoro Nacional de 1929. En 1929 la se aprobó, con efecto desde el 1 de julio de ese año. La ley sustituyó a las leyes de 1897, para ampliar la protección al Tesoro Nacional en manos de las instituciones públicas y privadas y los particulares, en un esfuerzo por impedir la exportación o traslado de bienes culturales. El enfoque de la protección no solo era para los edificios religiosos, sino también para los castillos, salones de té, residencias y edificios religiosos más modernos. Muchas de estas estructuras habían sido transferidas de propiedad feudal a privada después de la restauración Meiji. Algunos de los primeros edificios residenciales en ser designados Tesoro Nacional fueron la residencia Yoshimura en Osaka (1937) y la residencia Ogawa en Kioto (1944). La designación de "Tesoro Nacional" se aplicaba a los objetos de arte y edificios históricos. La nueva ley requería la petición de permisos para poder realizar modificaciones de las propiedades designadas, quedando así protegidas de cambios arbitrarios.
La restauración de la puerta Nandaimon de Tōdai-ji en 1930 vio mejorar los niveles de conservación. Un arquitecto supervisó las obras de reconstrucción in situ. Extensos informes de la restauración, incluidos los planos, los resultados de los estudios, las fuentes históricas, y la documentación del trabajo realizado, se convirtieron en la norma. Durante la década de 1930, alrededor del 70-75% de los costes de restauración fueron con cargo al presupuesto nacional, los que, incluso, se incrementaron durante la guerra.