La Armada de México fue creada desde la consumación de la independencia, en 1821, aunque fue en el que adquirió una mayor importancia y atención por parte de los gobiernos. El 26 de enero de 1912 se publicó en el Diario Oficial de la Federación la Ordenanza General de la Armada. El 31 de diciembre de 1940 ya que fue creada la Secretaría de Marina (a partir de 1940) como entidad rectora de la Armada de México, hasta antes había dependido de la se
Antecedentes Se conoce comercio, en términos históricos, como el principal generador de la creación de la navegación en el mundo así como de la marina de guerra, ya que después de ello, se generó la necesidad de proteger las mismas embarcaciones de los piratas que querían apoderarse de los bienes que en ellos se transportaban por cuestiones de riqueza y valor económico. Este fenómeno es el más estudiado y conocido en el mundo, ya que muchas veces en la historia se apunta a los pueblos europeos como los pioneros del mismo, pues circundaban el Mar Mediterráneo. A lo largo de la historia, con el desarrollo de nuevas técnicas y herramientas de navegación, se comenzaron a utilizar los buques como instrumento de los ejércitos para transportar soldados a lugares alejados del su territorio y cuidar las poblaciones de posibles ataques de piratas, todos ellos principalmente vinculados al tema militar terrestre.
La primera batalla naval registrada de la historia fue la batalla del Delta del río Nilo, en tiempos de Ramsés III ().
Otra famosa batalla naval fue la batalla de Salamina entre griegos y persas, durante las llamadas guerras médicas (año 480 a. C.), relatada por Heródoto en sus historias.
La actividad naval en México se inicia con las actividades marítimas que los pueblos indígenas desarrollaron en Mesoamérica y en la cultura y conocimientos que se heredaron de España donde se juntan los conocimientos de diversas culturas que navegaron por el Mar Mediterráneo, así como la de los primeros navegantes que recorrieron en sus expediciones las costas de África y la India. Con el avance cada vez mayor de los conocimientos y experiencias que habían aprendido uno de otro, fue con lo que finalmente cruzaron el Océano Atlántico llegando a las costas del continente americano.
Antes de la llegada de las primeras exploraciones españolas en 1521, el territorio mexicano se encontraba dirigido por pequeñas naciones diferentes en cuestiones de política y cultura. Las culturas principales y más poderosas se encontraban asentadas en el altiplano mexicano, lo que los situaba lejos del mar ya que eran separados del litoral por las grandes formaciones rocosas de la Sierra Madre Oriental y la Sierra Madre Occidental. Los pueblos costeros, que se encontraban en aquel entonces menos desarrollados y que además, muchos de ellos debían de pagar tributo a los otros, practicaron la navegación fluvial y marítima con el único propósito de pesca y en algunos casos cuestiones comerciales, es cierto pues, que hasta el momento no se dispone de ninguna referencia fidedigna que mencione el empleo de embarcaciones militares. A pesar de ello, eso no da por hecho que estas no hubiesen existido, pues se puede llegar a pensar que algunos pueblos costeros podrían haber utilizado pequeñas embarcaciones con el propósito de transportar soldados a un área de batalla o inclusive se podría hablar de los aztecas que, por ser una cultura principalmente guerrera y dependiente de su ejército al que debía su poder, usaba estas embarcaciones para salir a combatir desde Tenochtitlan por el lago de Texcoco.
Si nos remontamos a la más antigua civilización de Mesoamérica, existiendo aproximadamente en los años 1500 a. C. y que desapareció por el 900 a. C., fue la cultura Olmeca, de esta cultura se tienen muy pocos vestigios arqueológicos, si hablamos en términos marítimos, la información es muy reducida, a pesar de ello, los Olmecas eran una civilización establecida en las costas mexicanas, en una zona que fue densamente fluvial y pantanosa en lo que hoy conocemos como los estados de Tabasco y Veracruz, por lo que muchos suponen que utilizaron la navegación a través de las canoas, siendo esto confirmado por los arqueólogos mexicanos Ramón Piña Chan y José Luis Covarrubias, que en su libro titulado "El Pueblo del Jaguar, los Olmecas Antiguos", explican que en La Venta se habían encontrado unas representaciones a estilo de canoas, haciendo suponer que navegaban del río Tonalá con dirección al mar.
Tiempo después, los mayas desarrollaron una gran cantidad de conocimientos científicos en diferentes campos de la astronomía, de la matemática, la arquitectura, la medicina así como la ingeniería, dichos conocimientos han asombrado a gran parte de la comunidad científica actual y que aún son objeto de estudio en diferentes campos de la ciencia moderna, encontrado en los objetos arqueológicos. Los mayas incluso llegaron a ser conocidos como navegantes y artesanos navales, pues fueron estas embarcaciones las que se encontraron por primera vez con los españoles en una de las primeras expediciones en el nuevo continente, no po nada J. Eric S. Thompson llamó a la cultura maya como "Los Fenicios del Nuevo Mundo". Bernal Díaz del Castillo escribe en sus cartas que en Catoche, situado al extremo noreste de Yucatán, haber visto "diez canoas muy grandes llenas de indios que venían a remo y vela", explica después como eran aquellas canoas, "estas son canoas hechas a manera de artesas y son grandes y de maderos gruesos y cavados... y muchas de ellas en que caben cuarenta indios". Cristóbal Colón escribió después de su cuarto viaje, lo que parece ser el encuentro español con una de esas "canoas" que encontró cerca de las llamadas Islas de la Bahía en Honduras, describiéndola del largo de una galera y de unos cinco codos de ancho, lo que hoy sería como de unos 2.5 m aproximadamente. Hoy se sabe que las rutas marítimas de los mayas abarcaban la región de la Huasteca, Centroamérica y algunas islas del Caribe, transportando mercancías de diversos lugares que visitaban para su venta.
Otro ejemplo de los antecedentes de la historia mexicana naval es el de los aztecas, a los que se puede reconocer como una cultura acuática de asentamiento lacustre ya que su civilización se desarrolló en medio del lago de Texcoco, por lo que tuvieron la necesidad de transportarse sobre chinampas unidas entre sí con el fin de lograr bloques comunicados por canales. Los españoles quedaron simplemente maravillados con la estética de Tenochtitlan. Bernal Díaz del Castillo describe el arribo español a Iztapalapa el 8 de noviembre de 1519 escribiendo lo siguiente: "nos quedamos admirados y decíamos que parescía a las cosas de encantamiento que cuentan en el libro de Amadís, por las grandes torres y cúes y edificios que tenían dentro del agua, y todos de calicanto, y aun algunos de nuestros soldados decían que si aquello que veían si era entre sueños, y no es de maravillar, que yo lo escriba aquí desta manera, porque hay mucho que ponderar en ello y no sé cómo lo cuente, ver cosas nunca oídas ni vistas ni aun soñadas como vimos…".
Los indígenas y españoles serían los protagonistas de una de las paradojas más interesantes en la historia de México, pues fue en la región conocida como altiplano, que se encuentra a 2300 , que se inició la historia de la construcción naval en el continente de América, cuando Cortés decidió mandar a construir en Tlaxcala trece bergantines que después servirían para poner en sitio a la gran Tenochtitlán generarse una batalla naval en el propio lago de Texcoco entre las embarcaciones españolas y las canoas aztecas, correspondiendo la victoria a los españoles el 13 de agosto de 1521. Hernán Cortés, después de la derrota del 30 de junio de 1520 conocida como la de la Noche Triste, y su experiencia ganada en la batalla durante la cual muchos de sus caballos y soldados murieron en los cortes de las calzadas, creyó conveniente que la mejor manera para atacar y ganar con éxito la batalla era utilizar una movilidad militar combinada por dos fuerzas, es decir enviar un ataque por agua y otro por tierra. thumb|250px|Estado primitivo del lago de Texcoco, lugar donde navegaron los 12 bergantines de Cortés. Manda hacer pues a Tlaxcala 12 bergantines (aunque este cambiaría de idea por lo que luego serían trece), iniciándose su construcción hacia octubre de 1520 y concluyéndose aproximadamente por los meses de febrero o marzo del siguiente año. Parece casi imposible y extraño la de fabricar, en Tlaxcala, que era un poblado muy tierra adentro la mayor cantidad de las partes de los navíos ya que después de la creación de las mismas tenían que ser transportadas por lo que serían casi 100 km por un terreno montañoso, hasta llegar a Texcoco que se encontraba en ese entonces a las orillas del lago de Texcoco. La repuesta se encuentra en que los tlaxcaltecas, en ese entonces, eran el principal y único apoyo que tenían en esos días los españoles. A pesar de ello, gracias a la ayuda de los mismos que les brindabanlo mejor posible, y de los carpinteros y herreros la descabellada idea se volvió realidad. Antes del comienzo de las obras, ya Cortés había enviado a Santa Cruz a Veracruz para que le trajese a Tlaxcala de los barcos que habían sido desmantelados algunas partes como las anclas, el clavazón, las estopas, las velas, los cables y unas jarcias, así como de unos calderos que servirían para hacer la brea; con ello, los marineros hicieron una resina llamada pez, que es necesaria para las juntas y el calafateo de las embarcaciones en unas colinas cercanas a Tlaxcala en Huejotzingo. El carpintero, Martín López, que se especializaba en obras navales y que ya había construido 4 bergantines que habían sido quemados por los indígenas en la Noche Triste, dirigió el encargo que le había impuesto Cortés, por octubre de 1520. López llegó a Tlaxcala con las herramientas necesarias para después comenzar a buscar en los montes que se encontraban cerca la madera de encino, pino y roble que sería necesaria para su construcción.
Los bergantines al término de su construcción fueron probados en el río Zahuapan que los indígenas habían represado para cumplir aquel propósito. Al término de estas pruebas los bergantines fueron desbaratados otra vez para así lograr su transporte de Tlaxcala a Texcoco, donde volverían a armarse y serían dotados de artillería. La operación de la defensa de las piezas en su transporte a Texcoco (ya que era un volumen muy considerable de madera y aparatos), estuvo a cargo de Gonzalo de Sandoval, que debía de cruzar montañas, pasando por tierras enemigas, para lo que se hizo de doscientos soldados españoles, 20 escopeteros así como ballesteros y 15 de caballería, más gran parte del ejército tlaxcalteca.
A su llegada a Texcoco comenzaron a cavar con el fin de crear un pozo a manera de dique que serviría para armar a los bergantines, construyendo también una zanja que comunicara al dique con el lago. Las medidas de los bergantines, según C. Harvey Gardiner, podrían haber sido de estas caracteríscas pues contaban con pocos recursos: aproximadamente una eslora de entre 11,76 m y 13,44 m esto, para la embarcación que comandaría a las demás. Si tomamos en cuenta la anchura del canal de Texcoco esta debió haber sido de 3,92 m y la manga máxima de unos 2,24 a 2,52 m cuando mucho, un calado aproximado de entre 56 y 70 cm y una altura libre de 1,12 m.