Franz Halder (Wurzburgo; Imperio alemán, 30 de junio de 1884-Aschau im Chiemgau, Alemania Occidental, 2 de abril de 1972) fue un coronel general (Generaloberst) alemán, jefe de Estado Mayor General del Alto Mando del Ejército (OKH) en la Alemania nazi desde 1938 hasta septiembre de 1942. Durante la Segunda Guerra Mundial, dirigió la planificación y ejecución de la Operación Barbarroja, la invasión de la Unión Soviética en 1941. Halder jugó un papel decisivo en la radicalización de la guerra en el frente oriental. Hizo que su personal redactara tanto la Orden de los Comisarios (emitida el 6 de junio de 1941) como el Decreto Barbarroja (firmado el 13 de mayo de 1941) que permitía a los soldados alemanes ejecutar a ciudadanos soviéticos por cualquier motivo sin temor a un procesamiento posterior, lo que condujo a numerosos crímenes de guerra y atrocidades durante la campaña. Después de la guerra, tuvo un papel decisivo en el desarrollo del «mito de la Wehrmacht inocente».
Halder comenzó su servicio militar en 1914. En 1937 conoció y se convirtió en un leal partidario de Adolf Hitler. Participó en la planificación estratégica de la invasión alemana de Polonia en 1939. Los planes autorizaban a las SS a realizar tareas de seguridad, en nombre del ejército, que incluían el encarcelamiento o la ejecución de polacos. En julio de 1940 comenzó a planificar la invasión alemana de la Unión Soviética, denominada operación Barbarroja, iniciada el 22 de junio de 1941. Ese verano, Halder se enfrentó a una larga y divisiva disputa con Hitler sobre estrategia. Este lo destituyó del mando en septiembre de 1942. Después del complot del 20 de julio de 1944 para asesinar a Hitler, fue arrestado cuando salió a la luz que había estado involucrado en un complot anterior, lo que lo llevó a su encarcelamiento. Como jefe del Estado Mayor del OKH, había tomado notas extensas, que luego se publicaron con el título de «The Halder Diaries».
Después de la Segunda Guerra Mundial, trabajó como consultor principal de la División Histórica del Ejército de los Estados Unidos supervisando la redacción de más de 2500 documentos históricos por 700 exoficiales nazis, a quienes instruyó para eliminar material perjudicial para la imagen de las fuerzas armadas alemanas. Halder utilizó su influencia para fomentar una historia falsa del conflicto germano-soviético en el que el ejército alemán libró una «guerra noble» y que negó sus crímenes de guerra. El ejército estadounidense pasó por alto su disculpa porque el grupo de Halder estaba proporcionando información militar sobre la Unión Soviética que consideraba importante a la luz de la Guerra Fría. Halder logró su objetivo de exonerar al ejército alemán: primero con el ejército estadounidense, luego entre círculos cada vez más amplios de políticos y, finalmente, en la cultura popular estadounidense. En 1961, fue condecorado con el Premio al Servicio Civil Meritorio, convirtiéndose en el único alemán en ser condecorado tanto por Hitler como por un presidente estadounidense. Los elogios que recibió contrastaban marcadamente con la realidad de su carrera militar y las atrocidades cometidas en el Frente Oriental.
Inicios
Franz Halder nació el 30 de junio de 1884 en Wurzburgo en el actual estado de Baviera, en el seno de una familia de antigua tradición militar; de hecho, su padre era general. En 1902 se alistó en el 3.ºRegimiento Real Bávaro de Artillería, y luego de dos años alcanzó el grado de teniente. Entre 1906 y 1907 asistió a la Escuela de Artillería en Múnich. Entre 1911 y 1912 asistió al Colegio de Oficiales en Baviera, donde alcanzó el rango de teniente primero el último año.
Al inicio de la Primera Guerra Mundial se desempeñó como oficial de armamento y material en el IIICuerpo Bávaro de Infantería. Para 1915 formaba parte del Estado Mayor de la 6.ªDivisión Bávara, siendo ascendido a capitán poco después. En 1917 sirvió en los II y IV ejércitos. Después fue transferido sucesivamente a la División de Caballería Bávara, al Cuartel General del Comandante en Jefe del frente oriental, al Cuartel General del XVCuerpo de Reserva y finalmente al Grupo de Ejércitos Príncipe Ruperto de Baviera.
Después de ser un oficial adjunto en el Alto Mando Bávaro, el capitán Halder fue destinado a la sección de entrenamiento de la Reichswehr en 1919, ya finalizada la guerra. Durante estos tumultuosos años de la posguerra, frecuentó la compañía de algunos de los futuros líderes nazis, entre los que destacan Ernst Röhm. En 1923 alcanzó el rango de mayor. Entre 1927 y 1929 ejerció el cargo de director general del Entrenamiento de Oficiales en Múnich. En 1929 fue promovido a teniente coronel. En 1931 fue nombrado jefe del Estado Mayor del Distrito Militar de Westfalia, y poco después fue ascendido a coronel. En 1935, ya como mayor general, comandó la 7.ªDivisión de Infantería.
En 1936 fue nombrado teniente general y el 1 de febrero de 1938, ascendió a general de artillería. el 1 de septiembre, fue nombrado jefe del Estado Mayor General del Alto Mando del Ejército o OKH. En sustitución del general Ludwig Beck, quien había dimitido el 18 de agosto en medio de la crisis de los Sudetes. Halder era un típico oficial prusiano, monárquico y devoto cristiano, era otro de los generales alemanes que no sentían un especial aprecio por los nazis. Por dicha razón, al enterarse de su nombramiento, sopesó rechazarlo creía que dicho puesto debería ocuparlo alguien más afín a los nazis como Erich von Manstein, pero Walter von Brauchitsch —el comandante en jefe del Ejército (Oberkommando des Heeres u OKH)— que había tenido problemas con Manstein en el pasado, lo convenció para que aceptara.
Conspiración de Zossen (1938)
izquierda|miniaturadeimagen|El general Halder, descendiendo del avión en el aeropuerto de Malmi al comienzo de su visita a Finlandia en 1941.
Después de la facilidad con la que la Alemania nazi se había anexionado Austria, un envalentonado Hitler ordenó a Wilhelm Keitel, comandante del Oberkommando der Wehrmacht (OKW), que preparara los planes necesarios para atacar Checoslovaquia, el plan resultante conocido como Plan Verde (en alemán, Fall Grün), firmado por Hitler el 28 de mayo de 1938, empezaba «Es mi decisión inalterable aplastar Checoslovaquia por medio de una acción militar en el futuro cercano». Sin embargo, los principales líderes militares alemanes, no compartían la confianza de Hitler en una sencilla operación militar contra Checoslovaquia, creían que las potencias occidentales (Inglaterra y Francia) no se quedarían con los brazos cruzados, como habían hecho en Austria. «Un ataque a Checoslovaquia —dijo Ludwig Beck—, implicaría de inmediato en el conflicto a Francia y Gran Bretaña. El resultado sería una catástrofe general para Alemania, no solo una derrota militar».
Beck, instó a Walther von Brauchitsch para que organizara una especie de pronunciamiento militar, donde los principales líderes militares debían dimitir en bloque para así frustrar los planes de Hitler de invadir Checoslovaquia. Aunque Brauchitsch consideraba Fall Grün como una locura, su gran miedo a Hitler le impidió actuar «¿Por qué, en nombre del cielo, de entre todos los hombres del mundo, tenía que ser a mí a quien pidieran actuar contra Hitler?», preguntaría más tarde.
Debido a la incapacidad de su superior para actuar contra Hitler, el 21 de agosto de 1938, Beck presentó su dimisión que fue rápidamente aceptada por Hitler. Seis días más tarde entregó su puesto a su antiguo ayudante Frank Halder, al recordar como solo unos meses antes había rechazado las súplicas de Halder de alzarse contra Hitler, le confesó: «Ahora comprendo que tenía usted razón». Una vez fuera del ejército Beck contactó con el coronel Hans Oster, jefe de Estado Mayor de la Abwehr (inteligencia militar). Oster aceptó participar en la conjura porque odiaba profundamente a Hitler y a los nazis, después de que su íntimo amigo Ferdinand von Bredow, fuera asesinado durante la Noche de los cuchillos largos en 1934. Oster serviría de enlace entre Wilhelm Canaris jefe de la Abwehr y los conspiradores militares dirigidos por Beck.
El sucesor de Beck como jefe del Estado Mayor del Alto Mando del Ejército Alemán (OKH), el mayor general Franz Halder, sería el encargado de iniciar el complot. Los planes de los conspiradores preveían que Halder debía informar, con dos días de antelación, de la orden de Hitler para atacar Checoslovaquia. Una vez que se tuviera la confirmación del ataque, el general Walther von Brauchitsch, comandante del Distrito Militar de Berlín, arrestaría a Hitler, se nombraría un gobierno provisional dirigido por Beck, y Hitler sería juzgado por traición a la patria.
Cuando todo estaba listo para entrar en acción, el plan de los conspiradores fracasó, debido principalmente a que Neville Chamberlain, primer ministro británico, había aceptado reunirse con Hitler, según recordó Halder posteriormente en sus memorias «Llegó la noticia de que el primer ministro había accedido a mantener nuevas conversaciones con Hitler; por lo tanto suspendí la orden de ejecución porque toda la base para la acción había desaparecido». Con la capitulación de Chamberlain en los llamados acuerdos de Múnich, que cedían la región checoslovaca de los Sudetes a Alemania. Hitler, a quien los conspiradores tenían pensado presentar como un peligro para el país, se transformó, a ojos de su pueblo, en un exitoso hombre de estado. Intentar derrocarlo en estas circunstancias era imposible, por lo que los conspiradores no tuvieron más remedio que esperar a una ocasión más propicia.
Segunda Guerra Mundial
miniaturadeimagen|Halder (izquierda) con Walther von Brauchitsch durante la invasión alemana de Polonia en 1939
Invasión de Polonia y de Francia
Halder participó en la planificación estratégica de la Invasión de Polonia. Sus planes autorizaron a las SS a realizar tareas de seguridad en nombre del ejército que incluían el encarcelamiento o ejecución de ciudadanos polacos, ya fueran judíos o gentiles.El 1 de septiembre de 1939, la ofensiva alemana contra Polonia comenzó, lo que provocó sendas declaraciones de guerra por parte de Francia y el Imperio Británico. El 19 de septiembre anotó en su diario que había recibido información de Reinhard Heydrich. Las SS estaban comenzando su campaña para «limpiar la casa» de judíos, la intelectualidad, el clero católico y la aristocracia en Polonia. Halder estaba al tanto del Holocausto, pero no objetó nada sobre estos asesinatos. Incluso, desestimó los crímenes como aberraciones y rechazó la solicitud de un general de perseguir a los perpetradores de las SS y la policía.
A finales de 1939 supervisó el desarrollo de los planes de invasión de Francia, los Países Bajos y los Balcanes. Durante una reunión con Hitler el 5 de noviembre Walther von Brauchitsch, el comandante en jefe del ejército, intentó convencer a Hitler de que pospusiera la invasión de Francia. Este se negó e incluso reprendió a Brauchitsch por su incompetencia. Como consecuencia, Halder y Brauchitsch discutieron el derrocamiento de Hitler porque temían que la invasión estuviera condenada al fracaso. Aunque, finalmente decidieron no continuar con dicho derrocamiento. El 23 de noviembre de 1939, Carl Friedrich Goerdeler se reunió con Halder para pedirle que reconsiderara su decisión. Se negó, diciendo que Hitler era un gran líder, y «uno no se rebela cuando está cara a cara con el enemigo». La resistencia inicial contra Hitler se debe más a las batallas políticas territoriales que al desacuerdo sobre el racismo y el antisemitismo del régimen nazi.