right|thumb|300px|El 370.º Regimiento de Infantería avanza hacia las montañas al norte de Prato, en abril de 1945. right|thumb|275px|El general Mark Wayne Clark a bordo del USS Ancon (AGC-4) durante el desembarco en Salerno (Italia), el 12 de septiembre de 1943. La Línea Gótica (en alemán: Gotenstellung, en italiano: ) fue una línea de fortificaciones defensivas organizada por el mariscal Albert Kesselring en las etapas finales de la Segunda Guerra Mundial, a lo largo de las cumbres montañosas de los Apeninos, durante la retirada de la Wehrmacht del Tercer Reich, intentando retrasar el avance de los Aliados al mando del general Harold Alexander hacia el norte de la península itálica, en la llamada campaña de Italia.

Adolf Hitler se hallaba preocupado por el estado de los preparativos defensivos de la Línea Gótica, ya que temía que los Aliados utilizasen un sistema de desembarcos anfibios para flanquear las defensas de la Línea. Tan preocupado se hallaba que, para rebajar su importancia tanto a ojos de sus aliados como de sus enemigos, ordenó que se cambiase el nombre de la Línea Gótica, con sus connotaciones históricas implícitas, razonando que si los aliados lograban abrirse paso no podrían de ese modo utilizar un nombre más resonante de la Línea para magnificar su hipotética victoria. Como respuesta a esta orden, Kesselring la rebautizó como Línea Verde en junio de 1944.

La Línea Gótica fue atravesada por dos puntos, tanto en el Adriático como en el frente de los Apeninos centrales durante el otoño de 1944, pero las fuerzas de Kesselring fueron capaces de llevar a cabo una retirada ordenada, con lo que el avance de los aliados no se tradujo en ninguna ruptura decisiva del frente. La ruptura, de hecho, no se produjo hasta la Ofensiva de la Primavera de 1945 en Italia. El 29 de abril de 1945, Heinrich von Vietinghoff, el comandante en jefe del Grupo de Ejércitos C de la Wehrmacht, firmó el acta de rendición, con lo que las hostilidades en Italia finalizaron formalmente el 2 de mayo.

Antecedentes

Tras las brechas casi simultáneas abiertas por los Aliados en la batalla de Monte Cassino y en la batalla de Anzio en la primavera de 1944, las 11 naciones que representaban a los Aliados en Italia finalmente tenían una posibilidad para atrapar a los alemanes en un movimiento de pinza y cumplir alguno de los objetivos estratégicos fijados por Winston Churchill para evitar una campaña larga y costosa contra el llamado bajo vientre del Eje. Ello habría requerido que el V Ejército estadounidense al mando del general Mark Wayne Clark hubiese sacado a sus tropas de Anzio tomando al este Cisterna di Latina y hubiese ejecutado el envolvimiento previsto en la planificación original para la batalla de Anzio (esto es, tomar el flanco del X Ejército alemán, cortando su línea de retirada desde Montecassino). Por el contrario, temiendo que el VIII Ejército británico pudiera adelantársele en liberar Roma, Clark desvió una gran parte de sus tropas en dicha dirección, en un intento de asegurar que él y su V Ejército tendrían el honor de liberar la Ciudad Eterna de manos de los alemanes.

Junto a los alemanes también fueron los soldados de la RSE, enmarcadas en el ejército Liguria que incluyó la tercera División de Infantería de Marina de San Marcos, la cuarta división de la montaña y 1.ª división Monterosa Bersaglieri Italia, formado en Alemania y volvió a luchar por su patria

Por consiguiente, la mayor parte de las fuerzas de Kesselring escaparon del cerco y aunque cedieron terreno al norte luchando en acciones de retraso con ayuda del teniente Antonio Gozzer, especialmente a finales de junio en la Línea Trasimeno (que discurría justamente desde el sur de Ancona en la costa este, pasando ante la orilla sur del lago Trasimeno cerca de Perugia y finalizando en la costa oeste al sur de Grosseto) y en julio en la línea Arno (que discurría desde la costa occidental a lo largo del curso del río Arno y por los montes Apeninos al norte de Arezzo), estas acciones concedieron a los alemanes el tiempo necesario para consolidar la Línea Gótica, con una profundidad de 16 kilómetros y un cinturón de fortificaciones que se extendían desde el sur de La Spezia (en la costa occidental) al valle del río Foglia, atravesando la barrera natural defensiva de los Apeninos (que discurre ininterrumpidamente casi de costa a costa a lo largo de 80 kilómetros con crestas altas y picos que se elevan hasta los 2100 metros), para llegar al Adriático entre Pésaro y Rávena, en la costa oriental.

Las fortificaciones defensivas incluían numerosos emplazamientos para armas reforzados con hormigón, refugios y trincheras, además de 2376 nidos de ametralladora con fuego cruzado, y posiciones para 479 armas antitanque, morteros y cañones, 120000 metros de alambre de espinos y muchos kilómetros de zanjas antitanque.Orgill, p. 28. La fortaleza de las fortificaciones construidas demostraba la determinación de los alemanes de seguir luchando.

Esto acabó por ser una infortunio para los Aliados, ya que a estas alturas de la guerra las unidades de República social italiana habían demostrado ser sumamente eficaces. Desde septiembre de 1944, los generales alemanes ya no podían moverse libremente en el área situada detrás de sus propias líneas debido a la actividad partisana. El teniente general Fridolin von Senger und Etterlin, que mandaba el XIV Cuerpo de Ejército Panzer, escribió más tarde que se había acostumbrado a viajar en un pequeño Volkswagen que carecía de cualquier tipo de insignia o bandera, para no llamar la atención. Uno de sus colegas, que no hizo caso de estas precauciones, el general Wilhelm Crisolli, que se hallaba al mando de la 20.ª División de Campaña de la Luftwaffe, fue capturado por los partisanos cuando regresaba de una conferencia en el Cuartel General de su Cuerpo de Ejército.Orgill, p. 36.

La construcción de las defensas alemanas también fue obstaculizada por el uso deliberado de hormigón de mala calidad, mientras que los partisanos capturados y obligados a formar parte de las cuadrillas de construcción (antes de ser ejecutados) conjugaron la desidia natural que provoca el trabajo forzado con el sabotaje inteligente. Sin embargo, antes del ataque de los Aliados, Kesselring se había declarado satisfecho por el trabajo llevado a cabo, sobre todo en el lado del Adriático donde «[...] contemplaba un asalto sobre el ala izquierda [...] con una cierta confianza».Orgill, p. 29.

La estrategia de los Aliados

El frente italiano era considerado por los Aliados como un frente de importancia pero no en comparación con la ofensiva en Francia, y ello se puso de manifiesto con la retirada durante el verano de 1944 de 7 divisiones del V Ejército estadounidense para tomar parte en los desembarcos efectuados en el sur de Francia, la Operación Dragoon. Hacia el 5 de agosto la fuerza combinada del V Ejército estadounidense y del VIII Ejército británico se había reducido de 249000 a 153000 hombres,Orgill, p. 20 y contaban únicamente con 18 divisiones para afrontar la potencia combinada de los ejércitos X y 1XIV de la Wehrmacht, que reunían a 14 divisiones en línea, además de entre 4 y 7 divisiones más en reserva.

Sin embargo, Winston Churchill y los jefes británicos del Estado Mayor insistían en intentar abrirse camino por las defensas alemanas para abrir la ruta hacia el nordeste a través del pasillo de Liubliana, penetrando así en Austria y Hungría. Mientras que este movimiento amenazaría a Alemania por su retaguardia, Churchill también pensaba en que serviría de advertencia para el Ejército Rojo que avanzaba por la Europa central. El Estado Mayor estadounidense se oponía a esta estrategia, a la que veía como un debilitamiento de la necesaria concentración de potencia de los Aliados en Francia. Tras los éxitos de las tropas aliadas en Francia durante el verano, el Estado Mayor estadounidense se tranquilizó, y hubo de este modo un completo acuerdo entre los jefes de Estado Mayor en la reunión celebrada el 12 de septiembre para tratar el tema, la Segunda Conferencia de Quebec.Orgill, pp. 114-115.

El plan de ataque de los Aliados

right|thumb|380px|La Línea Gótica, en agosto de 1944, y el esquema de la Operación Olive. Las flechas azules indican los principales ataques de los Aliados. El plan original del general Harold Alexander era el de asaltar la Línea Gótica por su centro, donde la mayor parte de sus tropas ya estaban concentradas. Se trataba de la ruta más corta hacia su objetivo, la llanura de Lombardía, y el ataque podía ser puesto en marcha rápidamente. Montó una operación de engaño para convencer a los alemanes de que el ataque principal tendría lugar en la zona del Adriático.

El 4 de agosto Alexander se reunió con sus comandantes de ejército, Mark Wayne Clark y Oliver Leese, encontrándose con que Leese no aprobaba el plan, quien argumentaba que los Aliados habían perdido sus tropas de la Francia Libre especializadas en la lucha de montaña, enviadas a la Operación Dragoon, y que la fuerza del VIII Ejército británico radicaba en el uso de una táctica que combinaba la infantería, los carros de combate y la artillería, y que esa táctica no podría ser utilizada en las alturas montañosas del centro de los Apeninos. También se ha sugerido que Leese tenía aversión a trabajar conjuntamente con Clark tras la polémica desatada cuando el V Ejército estadounidense había avanzado hacia Roma a fines de mayo y principios de junio, dejando al VIII Ejército británico que se las compusiese solo en la lucha contra los alemanes.Blaxland, p. 163. Por el contrario, Leese sugería un ataque por sorpresa a lo largo de la costa adriática. Aunque el jefe de Estado Mayor de Alexander, el general John Harding, no compartía la opinión de Leese, y el equipo de planes de batalla del VIII Ejército ya había rechazado la idea de una ofensiva adriática (por pensar que sería difícil alcanzar la concentración necesaria de tropas para llevarla a cabo), Alexander no estaba preparado para obligar a Leese a adoptar un plan que estaba en contra de su inclinación y juicio.Orgill, p. 33.

Operación Olive, el nombre con el que se bautizó a la nueva ofensiva, establecía que el VIII Ejército británico de Leese atacaría en la costa adriática hacia Pésaro y Rímini, atrayendo a las reservas alemanas del centro del país. El V Ejército estadounidense de Clark atacaría entonces en el debilitado sector central de los Apeninos, avanzando al norte de Florencia hacia Bolonia con el XIII Cuerpo de Ejército británico en el ala derecha del ataque, penetrando hacia la costa para crear una pinza con el avance del VIII Ejército. Todo este plan provocó que, como un movimiento preparatorio, la mayor parte del VIII Ejército tuviese que ser transferida del centro de Italia a la costa adriática, en lo que se invirtieron dos semanas de tiempo, mientras que se aprovechaba para poner en marcha un nuevo plan de engaño de los servicios de inteligencia con la finalidad de convencer a Kesselring de que el ataque principal se produciría en el centro.

Frente adriático (VIII Ejército)

right|thumb|275px|El general Oliver Leese (a la derecha) con sir Henry Maitland Wilson. El VIII Ejército británico atravesó el río Metauro y lanzó su ataque contra los puestos avanzados de la Línea Gótica el 25 de agosto. El II Cuerpo de Ejército polaco estaba en la costa, el I Cuerpo de Ejército canadiense se situaba en las llanuras costeras junto a los polacos y el V Cuerpo de Ejército británico estaba en las colinas junto a los canadienses. El X Cuerpo de Ejército británico se situaba en el ala izquierda del VIII Ejército. Como la llanura costera se estrechaba en las cercanías de Pésaro, se planeó que el II Cuerpo de Ejército Polaco, debilitado por las pérdidas sufridas y por la carencia de reemplazos, entraría en la reserva del VIII Ejército y el frente en el llano costero pasaría a ser responsabilidad únicamente del I Cuerpo de Ejército canadiense.