Ricardo José Catarineu López-Grado (Tarragona, 9 de marzo de 1868-Madrid, 15 de enero de 1915) fue un poeta español.
Biografía Ricardo J. Catarineu nace el 9 de marzo de 1868 en Tarragona, de manera circunstancial ya que su padre, ingeniero de caminos madrileño estuvo destinado ocasionalmente en esta ciudad donde la familia residió a lo largo de unos meses.
Ya adulto nos recordará Ricardo J., que desde bien pequeño intervenía como actor en las funciones teatrales que para los niños se organizaban en los colegios de las diversas capitales españolas por donde vivió la familia en razón de la profesión del padre.
Principia el bachillerato en el Instituto de enseñanza media de Barcelona y, mientras realiza estudios a nivel privado de Literatura General Española, publica con quince años su primer libro de versos cursando el último curso de bachiller (Poesías, Barcelona, 1883).
El año 1885 contaba Ricardo con diecisiete años; mientras estudia el preparatorio en la Ciudad Condal, publica Silvas otro librito de poesías, editado en Vigo (el padre, gerente de una compañía de ferrocarriles catalanes, trabajaba por estos tramos gallegos; el año 1844 el ingeniero Ricardo Catarineu inaugurará la entrada de la primera locomotora que entra en la estación de Pontevedra).
Ricardo J., que ya ha demostrado una vocación acendrada por las letras, se decanta definitivamente por ellas contraviniendo los deseos del padre, que hubiese deseado un hijo ingeniero y no poeta. Lee y escribe nuestro joven el italiano y el francés correctamente, y se matricula en la Facultad de Filosofía y Letras de Barcelona el curso 1885-86 para revalidar los cursos dedicados a Literatura realizados en centros privados.
Asiste ya a todo tipo de eventos literarios, certámenes y tertulias poéticas con amigos afines. En 1886 Ricardo José se matricula en el primer curso de la Facultad de Derecho de Barcelona. Conoce en ella al portorriqueño José de Diego,José de Diego. Obras completas. Instituto de cultura puertorriqueña. 1966. Tomo 1 Página 123 un compañero con el que compartirá amoríos adolescentes e inquietudes literarias. Juntos dejaron también en Barcelona una huella literaria: la fundación de un periódico de estudiantes titulado “La Universidad”.La Universidad fue un diario estudiantil que a pesar de estar editado en Barcelona conectaba con corresponsales de varias universidades españolas. En ella se recreaban las informaciones sobre profesores y actos culturales, entremezclados con versos. El número 1 de la revista se inicia el 1 de noviembre de 1887 y continúa a lo largo de 1888. Ninguna firma de Catarineu, porque los fundadores y colaboradores fijos escriben con seudónimos. (¿Quizás las iniciales del seudónimo Roboan Cidgén que se prodiga bastante en la revista corresponden con las iniciales de Ricardo Catarineu?. Aunque pueda ser pura coincidencia,Roboan Cidgén deja de colaborara en "La Universidad" a partir de octubre de 1888 en que la revista deja de publicarse, precisamente en la fecha en la fecha en que Ricardo J. desaparece de la Universidad de Barcelona para marchar a Madrid.) De Diego escribe textualmente respecto de su amigo Ricardo
“era como un hermano mío en la vida estudiantil; juntos fundamos y escribíamos en Barcelona el periódico La Universidad que circulaba alegremente por los claustros y aulas del severo edificio de la calle de Cortes; juntos íbamos por los cafés, los paseos y los teatros; juntos componíamos nuestros primeros versos y juntos planeamos nuestras futuras vidas”
izquierda|miniaturadeimagen|Caricaturizado hacia 1890 por Escaler para La Semana Cómica Cuando en 1886 Ricardo J. se dispone a iniciar sus estudios en la Facultad de Derecho de Barcelona se vocea por las calles el recién estrenado Diari Catalá. El ambiente de la pujante burguesía catalana, el que se respiraba en la sociedad, entre los amigos de su padre, era favorable ya a ese espíritu de la encarnación de la Renaixença, pero sin excluir a todo aquello que viniese de Europa y entrase por los Pirineos. Un primo de su padre, José Catarineu Alas, comerciante, dueño de la Rao social J. Catarineu, una fábrica textil con géneros para señoras y señoritas, militó desde muy joven en las filas del catalanismo, llegando a ser presidente de la Asociació Popular Catalanista, secretario de la Lliga de Catalunya, y redactor de La Nació catalana. Posibilidades por tanto de conectar con el catalanismo no faltaron a nuestro Ricardo J. Catarineu a lo largo de sus estudios en Barcelona. . Por el contrario, se interesa Ricardo por los autores franceses de la época, y traduce poemas sueltos de Jean Rameau, de Musset, de Leconte de Lisle, de Gautier, de Victor Hugo, de Prudhomme, de Richepin, de Guyau, de Rollinat, que enseguida publicará en revistas madrileñas.
Destinado el padre a Madrid el año 1888, en la ciudad de Villa y Corte se establecerá ya de manera definitiva Ricardo J. Catarineu. Aquí terminará Derecho, (una carrera que nunca ejercería), y aquí, en la capital de España desarrollará Ricardo José toda su obra literaria, poética y periodística, especializada en crítica teatral.
A principios de 1891, en plenas ínfulas parnasianas, un Ricardo José que aún no tiene los veintitrés años quiere fundar su propia revista; se supone que de alguna manera le ha de apoyar su familia en el proyecto financiero y con tales premisas se alía a un publicista, hombre inquieto y delegado de policía en Madrid, con mucho empuje y conocimiento del tema, llamado Francisco de Paula Alderete Vilches.Francisco de Alderete era por esa época un hombre bien relacionado, secretario del Casino de Madrid y director de un diario “independiente”, La Lucha, que veía la luz martes y viernes y que fracasó pronto. En 1908 el Sr P. de Alderete es corresponsal en Francia de la revista El Arte del Teatro. Con él funda Fin de Siglo, revista periódica semanal editada en Barcelona cuyo primer número aparece el 22 de julio de 1891, y de no largo vuelo, pues con el último número, el 15, desaparece la revista en noviembre de ese mismo año 1891 (a pesar de ser cofundador, Ricardo solo publica un verso en el n.º 4 con su nombre -“Rima”-). Como es costumbre en la época, no figuran los nombres de los fundadores y ni siquiera el nombre del director. Entre los colaboradores figuran a lo largo de los quince números poetas como Rafael Torromé, Manuel del Palacio, Salvador Rueda, Campoamor, Joaquín Dicenta, Vicente Barrantes, Latorre, G. Sánchez, Joaquín E. Romero, Teodoro Llorente, José Echegaray, Luis de Val y Gaspar Nuñez de Arce. En una de las cartas que Catarineu escribe por este año a su amigo “Carlitos” -Carlos Fernández Shaw- le pide justamente unos versos para publicarlos en Fin de Siglo.
Vemos a Ricardo J. Catarineu por 1895 en la tertulia de La Pecera colaborando en la revista que lleva el mismo nombre. Con motivo de un aniversario de dicha revista Federico Balart, enfermo, delega su representación en Ricardo J. Catarineu. El joven Ricardo, tras el banquete lee el verso de su maestro, que arrancó el tan entusiasta como unánime aplauso hacia el joven lector –y al verso del maestro- por parte de los cincuenta asistentes.
Catarineu fue íntimo amigo en Madrid, junto a otros, de los poetas bohemios Manuel Paso y de Joaquín Dicenta, a los que dedica versos. Dejemos hablar a este último sobre los compartidos tiempos de juventud con Ricardo:
Fue Ricardo Catarineu un hermano del mocerío. Manolito Paso, él y yo componíamos una santa trinidad no tan santa como la del dogma católico.Éramos jóvenes y divertíamos la vida, sin perjuicio de pelearla y de ganarla. Quiere esto decir que, si éramos bohemios, no éramos sablistas, ni gorrones, como lo son ahora multitud de caballeretes que se llaman alumnos de Apolo, siéndolo de Guzmán de Alfarache. Nosotros, sin perjuicio de algunas trampas con los mozos de café y con los editores, dábamos trabajo por dinero. Poco dinero, claro está; pero con él atendíamos a las urgencias del vivir, y algunas veces nos hallábamos en condiciones de orgiarnos en clase de griegos relativos. En cambio, nos era buena cualquier hora para el ensueño artístico; para dibujar, con párrafos entusiastas y candorosos nuestro porvenir, nuestra áspera aunque incierta ascensión al templo de la gloria. Ninguno de los tres dudábamos entonces de que las puertas del templo se nos abrirían de par en par. ¿Quién duda de nada a los veinte años? Hasta la ingratitud se niega. Catarineu, más equilibrado que Manolo Paso y que yo, dejó poco a poco de hacer la existencia desordenada que, juntamente con nosotros vivía; pero no renunció al amor de la gloria y del arte; siguió peleando por él brava y honradamente.Menos,renunció a nuestra amistad
Por 1899 Ricardo J. ya era muy conocido en los ambientes literarios de Madrid. Con ocasión de una crítica a la recién aparecida edición de su poemario Los forzados (que lleva aparejada una profunda queja hacia la injusticia, social y un sentimiento místico a favor de los pobres) el articulistaAlfredo F. Feijoo, “La vida literaria”, 15 de junio de 1999. escribe sobre el triunfo adquirido por Catarineu, Paso, Dicenta y otros pocos. Continúa diciendo el crítico que “si Catarineu hubiera necesitado ser conocido como literato –cuya patente tiene ya muy legítimamente adquirida desde hace años- con este libro ya lo hubiera conseguido”.
Rozando el , Ricardo J. Catarineu ya ha conocido a los escritores y poetas pioneros en España. “Una tarde – escribe- estuvimos Balart y yo con Clarín. Alas habló de Toute la lyreSelección de 61 poemas de Victor Hugo editados en Francia en 1888 con un entusiasmo solo comparable a su buen gusto. ¡La cara que ponía Balart! No escucha más satisfecho cualquier hijo un elogio a su padre”.
En cuanto a la creación literaria de Ricardo J. Catarineu podría resumirse diciendo que la misma ha quedado impresa no solo en las ediciones de sus libros y poemarios, sino también en la multitud de publicaciones periódicas (diarios, revistas etc), que en sus páginas dieron fe de la ingente cantidad de poemas, artículos y trabajos de crítica teatral salidos de su pluma. Es colaborador, entre otras muchos semanarios, de revistas que se concibieron en pequeños circuitos literarios y poéticos de empuje, en Barcelona o en Madrid, y que, por final del siglo, tuvieron distinta suerte en el recorrido de su vuelo; ahí estuvieron trabajos de Catarineu en revistas como Vida Nueva, Album Salón, Germinal, Revista Nueva, La Ilustración Artística y Vida Galante. Pero la fuerza centrífuga del Madrid literario sirvió para que un entonces muy joven Ricardo J. viese publicaciones suyas en revistas de provincias como Flores y Abejas de Guadalajara, El Graduador de Alicante, El Ferrocarril de Almería o Cultura y Tolerancia en Béjar, y sobre todo en colaboraciones esporádicas del norte de España; de estas, algunas, (diario El Litoral) editadas en Asturias – patria de su madre - otras editadas en Galicia, donde su padre trabajaba como ingeniero de ferrocarriles.
Colaboraciones más maduras en revistas nacionales (en más de cincuenta de ellas) realizó Catarineu publicando versos, artículos o críticas teatrales. Entre las revistas españolas más conocidas que cuentan con trabajos de Ricardo J. pueden estar Germinal, La Ilustración española y Americana, La Ilustración Ibérica, La Ilustración Artística, La Gran Vía, Madrid Alegre, Vida Galante, El Domingo, Instantáneas, La Vida Literaria (dirigida por Benavente), entre otras. Fue asimismo colaborador asiduo de Madrid Cómico donde publicó muchísimos versos (1889 a 1903) y de Nuevo Mundo, donde escribió artículos de crítica teatral (1909 a 1914). También figuran muchas colaboraciones periódicas de Catarineu en Blanco y Negro e incluso, póstumamente, en múltiples números de La Esfera.