Juan Domingo González de la Reguera (Comillas, Cantabria, 21 de julio de 1720-Lima, 8 de marzo de 1805) fue un sacerdote español, arzobispo de Lima de 1780 a 1805. Antes fue obispo de Santa Cruz de la Sierra, de 1776 a 1780. Como arzobispo de Lima, realizó personalmente la visita pastoral de su extensa y accidentada diócesis, y entregó al clero diocesano varias doctrinas o parroquias, hasta entonces a cargo de misiones. Se preocupó por reformar al clero, examinando a cada uno de sus miembros para renovarles sus licencias, mostrándose muy exigente en cuanto a la capacidad y rectitud de costumbres. Culminó la reconstrucción de las torres de la catedral de Lima y fundió sus campanas, una de las cuales fue denominada Cantabria. Hizo también construir un altar mayor muy suntuoso. En líneas generales, «gobernó con ecuanimidad, intentando moderar las ostentaciones en los actos religiosos y cautelando la solidez doctrinaria de los clérigos».

Biografía

Primeros años y formación Hijo de Tomás González de la Reguera y María Pomar, nació en la localidad de Comillas, en Cantabria. Después de cursar sus estudios básicos en su tierra natal, pasó a la Universidad de Salamanca, donde, tras siete años de estudios, se graduó en las facultades mayores. Se trasladó a Lima, la capital del virreinato del Perú, posiblemente invitado por su tío, el padre Pedro Cotera, que era prior del conventillo benedictino de Monserrate. Permaneció con él durante unos años, ejerciendo el comercio, con variable fortuna.

En 1748 entró al servicio del obispo de Trujillo Gregorio de Molleda y Clerque, quien lo tomó como su secretario. Cuando dicho prelado fue promovido como arzobispo de La Plata, en Charcas, lo siguió a su nueva sede. Completó su formación religiosa, mientras se encargaba del gobierno de la casa arzobispal.

Carrera eclesiástica El mismo arzobispo Molleda lo ordenó como sacerdote y lo nombró cura de Talavera de Puna, y más tarde de la matriz de Oruro, donde permaneció tres años. Fue también visitador general de la arquidiócesis. Luego regentó la parroquia de la Concepción, en Potosí, a la que se agregó la de San Cristóbal, ejerciendo esta labor por quince años. Allí reedificó el templo a sus expensas y lo adornó con valiosas dádivas.

El 31 de mayo de 1768 fue incorporado al cabildo diocesano de Arequipa en calidad de racionero. Aquejado por una enfermedad de la vista, en 1769 se trasladó a Lima en busca de tratamiento, salvándose de un naufragio durante el viaje. En la capital virreinal asistió al 6.º Concilio Provincial Limense de 1772, representando al clero de Arequipa. El 7 de septiembre del mismo año, fue incorporado al coro metropolitano de Lima como racionero, y el 19 de febrero de 1773 fue promovido a canónigo de merced.

Episcopado

Obispo de Santa Cruz de la Sierra En 1777 fue nombrado por el papa Pío VI como obispo de Santa Cruz de la Sierra, en la actual Bolivia. Fue consagrado en Lima por el arzobispo Diego Antonio de Parada. Antes de emprender viaje a su sede, confirmó a más de doce mil personas y confirió las sagradas órdenes.

Tuvo que realizar un largo viaje desde Lima hasta su sede, cruzando el Bajo y el Alto Perú. Tras arribar a Santa Cruz de la Sierra, estableció el seminario y realizó la visita pastoral, llegando hasta las antiguas misiones de Chiquitos. Hizo un empadronamiento a su diócesis, cuyo resultado dio 108811 fieles, de los que confirmó a 49100.

Trató de alguna manera remediar la falta de sacerdotes y estando en esa labor, le llegó la noticia de su nombramiento como arzobispo de Lima, en reemplazo del fallecido Diego Antonio de Parada.

Arzobispo de Lima El 18 de septiembre de 1780 se dio su nombramiento como arzobispo de Lima. El 20 de octubre del año siguiente, se puso en camino a su nueva sede. La región de Charcas y del sur del Perú se hallaba entonces convulsionada por la reciente rebelión tupacamarista y sus secuelas, pero no tuvo inconvenientes en el viaje; se dice incluso que el rebelde Túpac Katari, que por entonces sitiaba la ciudad de La Paz, lo respetó y le brindó atención.

Llegó finalmente a Lima el 15 de febrero de 1782. Durante los dos años de vacancia de la sede limeña, se había encargado de su gobierno el canónigo Francisco de Santiago Concha. Uno de sus primeros actos como arzobispo fue emprender la reforma del clero, que por entonces se hallaba muy decadente. Luego emprendió la visita pastoral, que le ocupó de 1 de mayo de 1782 a 18 de diciembre de 1783.

Durante dicha visita recorrió Carabayllo, Santa Rosa de Quives, Arahuay y la provincia de Canta; Chancay, Cajamarca, Huaylas, Conchucos, Huamalíes, Huánuco, Tarma y Jauja, descendiendo por Yauyos y Cañete.

Entregó al clero diocesano las doctrinas de Aucallama, Chavín de Huantar, San Miguel de Huáscar, Matahuasi, Sincos, Huarco, Huañec, Lampián, Moro y Chongos. Dio instrucciones muy especifícas a los nuevos párrocos sobre catequesis, asentamiento de bautismos y matrimonios y padrones generales de la feligresía. Lo mismo hizo en las parroquias urbanas de Lima. Esto le permitió comprobar que en la ciudad de Lima vivían 63331 almas y en el resto de la arquidiócesis 383713.

Renovó las licencias del clero de Lima, luego de examinarlos personalmente, siendo muy exigente en lo que respecta a la capacidad y a la pureza de costumbres. En su periodo solo realizaron cuatro concursos. Convirtió a las parroquias en verdaderos centros de cultura y enseñanza.

Las religiosas de los conventos grandes, ya disminuidas en número por la reforma del arzobispo Parada, fueron obligadas a que disminuyeran la cantidad de criadas a su servicio y a que expulsaran de los claustros a las mujeres no consagradas con votos.

También se esmeró en apoyar la reforma del clero regular (órdenes religiosas), en cuyos conventos sucedían desórdenes y escándalos; en tal sentido ayudó a los visitadores nombrados, pero en esta parte no tuvo todo el éxito deseado. Asimismo, se preocupó por el aspecto formal del culto, prohibiendo las procesiones nocturnas y la colocación de imágenes divinas en las calles como adorno.

En 1784 mandó a demoler la antigua capilla de San Cristóbal, ermita que se hallaba sobre el cerro de dicho nombre, y donde se cometían escandalosos excesos. Reglamentó el uso de las campanas y la costumbre de los funerales aparatosos y lutos excesivos, que solían ser una molestia para al vecindario.

En 1794 dio inicio a la última refacción de la catedral, acometiendo la construcción de las dos torres que se habían derrumbado en el terremoto de 1746. Se fundieron sus campanas, una de las cuales, la más imponente, fue denominada Cantabria. En el interior de la catedral erigió un majestuoso altar mayor, que aún se conserva, y al que enriqueció con muchas piezas de plata. También mejoró la fachada del palacio arzobispal y refaccionó el edificio del Seminario de Santo Toribio, al que dotó de una nueva capilla. En las obras destacó como artífice el célebre Matías Maestro.

Un hecho destacado sucedió en 1787, cuando arribó la misión franciscana enviada por el padre Francisco Álvarez de Villanueva para las misiones de Ocopa, las cuales, bajo la dirección del célebre padre Manuel Sobreviela, dieron un notable impulso a la labor misionera.

Fallecimiento Falleció el 8 de marzo de 1805, después de encargar el gobierno arzobispal al canónigo magistral, doctor José Silva y Olave. Fue sepultado en la bóveda de la catedral de Lima, con modestia y humildad, tal como lo había ordenado. El 31 de mayo de 1808 su cadáver fue exhumado para ser llevado al cementerio general, siendo colocado en un sepulcro situado en el lugar destinado a los prelados de la Iglesia.

Homenajes

En vida, recibió del rey de España la Gran Cruz de la Orden de Carlos III, en 1794. Fue también honrado con el título de teniente vicario de las tropas del virreinato del Perú.

En la torre izquierda de la Catedral de Lima estaba la campana llamada Cantabria, colocada en 1798, que pesaba 300 quintales, y que sin duda fue nombrada así en honor a la tierra nativa del arzobispo.

Referencias

Bibliografía

Enlaces externos Ficha en Catholic Hierarchy «¡¡¡Viva el puff!!!». Tradición de Ricardo Palma. «De menos hizo Dios a Cañete». Tradición de Ricardo Palma.

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