La ofensiva de Aragón fue una importante campaña militar de la guerra civil española iniciada apenas tres semanas después del fin de las hostilidades de la batalla de Teruel y llevada a cabo por las tropas del Ejército Franquista.
La ofensiva comenzó el 7 de marzo con una profunda penetración en la retaguardia republicana y para el 19 de abril se podía dar por concluida, tras la llegada del Ejército Franquista al mar Mediterráneo y el aislamiento de Cataluña. Esta campaña golpeó de lleno a las fuerzas republicanas del Ejército del Este, que sufrió graves pérdidas en hombres y equipo. Además de dividir en dos el territorio republicano, provocó una grave crisis interna del Gobierno Negrín y la caída del Ministro de Defensa Nacional, Indalecio Prieto, acusado de derrotismo. En aquel momento pareció que estaba próximo el final de la guerra, dada la gravedad de la derrota republicana.
Antecedentes Situación táctica La batalla de Teruel (diciembre de 1937-febrero de 1938) había acabado en una fuerte derrota para los republicanos y consumido los recursos bélicos del Ejército Popular Republicano.Hugh Thomas (1976); pág. 853 Al mismo tiempo, Franco redistribuyó sin pérdida de tiempo el grueso de sus fuerzas a lo largo del frente de Aragón, entre la propia ciudad de Teruel y el sur de la provincia de Huesca. Su objetivo era aprovechar su ventaja local para conquistar el resto de Aragón, al tiempo que sus fuerzas penetraban en Cataluña y Levante. El Ejército franquista fue capaz de reunir para esta campaña a más de 100.000 hombres, incluyendo a sus tropas mejor preparadas, que irían en vanguardia de la ofensiva.Gabriel Jackson (1967), pág. 407
Además de la superioridad del bando sublevado, este se encontraba mejor equipado y en mejor forma que su enemigo, cuyas tropas aún no habían podido recuperarse de las grandes pérdidas humanas y materiales sufridas en Teruel.Herbert L. Mathews (1973); pp. 15–16 En cuanto al apoyo aéreo, los rebeldes contaban con cerca de 950 aviones, 200 carros de combate y algunos miles de camiones. Y aparte de la ayuda de Alemania e Italia, Franco tenía la ventaja de contar con las industrias del norte de la península. Por su parte, la República Española recibía la ayuda soviética, pero ésta tardaba en llegar a tiempo, además dependía de la producción de armamento muy poco competente llevada a cabo por los anarquistas en Cataluña. Vicente Rojo reconocía que a pesar del enorme gasto que supuso, nuestra organización industrial era incapaz de completar la producción de ningún tipo de fusil, ametralladora o cañón....Vicente Rojo citado por Stanley G. Payne en The Spanish Revolution (1970)
Fuerzas presentes Franco había proyectado concienzudamente su ofensiva contra Aragón: Las fuerzas atacantes serían las del Ejército del Norte a las órdenes de Dávila, con el Coronel Vigón como jefe de Estado Mayor. Los Cuerpos de Ejército de Solchaga, Moscardó, Yagüe y Aranda llevarían el peso del ataque principal junto al CTV italiano del General Berti, mientras que la reserva estaría formada por las unidades de García Valiño y García Escámez. Varela, con el Cuerpo de Ejército de Castilla, estaría en Teruel dispuesto como reserva estratégica.Hugh Thomas (1976); pág. 857 La Legión Cóndor también se mantenía a la expectativa, habiendo renovado su material y equipo para la nueva campaña. El oficial alemán Von Thoma hubo de mediar ante Franco para que los tanques finalmente actuasen concentrados en masa de 200 tanques, y no repartidos en apoyo de la infantería.
Debido a las pérdidas materiales sufridas por los republicanos en la Batalla de Teruel, a la mitad de sus tropas les faltaban suficientes fusiles, y ya que las tropas de élite del Ejército Popular Republicano habían sido trasladadas a retaguardia para rearme y descanso, el frente era defendido por jóvenes tropas sin experiencia en combate.Hugh Thomas (2001); pág. 777 El rearme del Ejército Popular era cada día más complicado, ya que la ayuda soviética cada vez era más escasa.Herbert L. Matthews (1973); pág. 16
Mientras tanto el bando sublevado había redistribuido sus tropas a lo largo del frente aragonés mucho más rápido de lo que había creído posible los generales republicanos, a pesar de las advertencias de sus espías. El alto mando seguía convencido de que Franco retomaría la ofensiva planeada previamente de atacar Madrid desde el norte de Guadalajara.Hugh Thomas (1976); pág. 858 Otro error cometido por los republicanos fue creer que las tropas sublevadas estaban tan agotadas del combate como lo estaba el propio Ejército Popular.Anthony Beevor (2006); pág. 324
thumb|270px|Tras el asalto republicano en el verano de 1937, el pueblo de Belchite quedó completamente en ruinas y no fue reconstruido. Cuando el Ejército Franquista atacó en 1938, el frente republicano fue roto con total facilidad.
Primera Fase: Comienzo del ataque Ruptura del frente en Belchite El ataque se vio precedido de un poderoso bombardeo artillero y aéreo.Hugh Thomas (2001); pág. 777 A las 6.30, tres cuerpos de ejército rebeldes atacaron las líneas republicanas en una franja comprendida entre el río Ebro y la población de Vivel del Río. El frente se rompió por varios puntos, aunque los republicanos tardaron un tiempo en considerarlo un ataque importante. Las tropas republicanas de primera línea carecían de experiencia de combate y, para empeorar la situación, tampoco disponían de fusiles y municiones en cantidad. Al norte del ataque se encontraba el Cuerpo de Ejército Marroquí de Yagüe, apoyado en sus movimientos por la Legión Cóndor y 47 baterías de artillería.Cecil Eby (1969); pág. 207 Los marroquíes avanzaron por la margen derecha del Ebro, aplastando toda resistencia organizada de los republicanos. El General Solchaga dirigió el ataque franquista a Belchite (Batalla de Belchite). Las defensas de la localidad, que habían sido diseñadas por un agente del servicio secreto soviético, cayeron fácilmente ante las tropas sublevadas. El 10 de marzo, los navarros de Solchaga entraban en la devastada localidad de Belchite, siendo las tropas británicas, norteamericanas y canadienses de la XV Brigada Internacional las últimas en abandonar las ruinas del pueblo que tanto costó tomar el verano anterior. El veterano comandante norteamericano Robert Hale Merriman, jefe del Estado Mayor de la XV Brigada, murió en la retirada.Hugh Thomas (1976), pág. 859.Sin embargo, otros autores sostienen que Merriman no murió en este momento, sino posteriormente. Algunos autores sitúan su muerte durante la Batalla de Gandesa.
Los italianos del Corpo Truppe Volontarie, por su parte, atacaron la población de Rudilla, topándose con una fuerte resistencia inicial por parte de los defensores republicanos. Finalmente las Flechas Negras consiguieron acabar con la resistencia y conquistaron la localidad. En Roma el ministro de Asuntos exteriores italiano, Conde Ciano, se vanagloriaba del éxito y anotó en su diario: «Avanzamos a una gran velocidad».
Retirada republicana El 13 de marzo el General Aranda tuvo que librar duros combates previo paso para conquistar Montalbán, pero la resistencia republicana apenas si había comenzado cuando se produjo una desbandada general en este sector.Hugh Thomas (1976), pág. 859 A lo largo de todo el frente, las fuerzas republicanas debieron retirarse y una gran parte del ejército prácticamente huyó ante la superioridad de esta ataque, con lo que la retirada comenzó a convertirse en una grave derrota. Por si fuera poco, el sentimiento anticomunista que se estaba apoderando del Ejército Popular Republicano ayudó a propagar la desmoralización, pues en plena batalla los comandantes republicanos del Partido Comunista no cesaban de acusarse entre ellos de todos los fracasos y decisiones equivocadas en el terreno militar, al punto que los líderes comunistas André Marty y Enrique Líster se atacaban mutuamente acusándose entre sí por la culpabilidad en la derrota.Anthony Beevor (2006), pp. 325-326. Para rechazar toda responsabilidad por el desastre bélico, Líster decidió entonces ejecutar a cualquiera de sus comandantes subalternos que tomara la decisión de retroceder.Según comenta Hugh Thomas, esta medida creó un gran cuestionamiento entre los propios combatientes del Partido Comunista Español, ya que el propio Líster era militante comunista al igual que los oficiales subalternos a quienes ordenaba ejecutar. El jefe de Estado Mayor republicano, el general Vicente Rojo, instaló en Caspe su centro de operaciones, congregando en esta villa a las Brigadas Internacionales.
thumb|270px|Vista de Caspe desde el Mar de Aragón. El intento republicano de defender Caspe se saldó con un rotundo fracaso.
Los italianos se aproximaban a Alcañiz, donde se congregaron algunas unidades del Ejército Popular para resistir. Los bombarderos Heinkel 111 y los Savoia 79 atacaban las posiciones republicanas mientras los Messerschmitt 109 y los Chirris hostigaban su retirada.Hugh Thomas (2001); pág. 779 Finalmente cayó Alcañiz, donde se hicieron innumerables prisioneros y los mandos de división quedaron cercados; La toma de Alcañiz hizo que la desbandada republicana fuera total. El General Walter, comandante de la 35.ª División Internacional, estuvo a punto de ser hecho prisionero. Lo cierto es que incluso aquellas unidades que lograban resistir eficazmente debían retirarse por el hundimiento de todo el frente defensivo republicano.Antony Beevor (2006); pp.324-325 El nuevo fracaso de los interbrigadistas provocó que André Marty, Inspector general de las Brigadas, acudiera al Frente de Aragón y celebrase una reunión con los comandantes en la que reorganizaron algunos mandos. El 15 de marzo tres divisiones franquistas (la 13.ª de Barrón, la 150.ª de Muñoz Grandes y la 5.ª de Bautista Sánchez) alcanzaron los suburbios de Caspe, y al día siguiente rodearon la localidad por sus flancos, comenzando la batalla por su conquista.
Al anochecer del día 17 la villa aragonesa cayó tras dos días de duros combates, en el curso de los cuales las Brigadas Internacionales, especialmente la XV, habían destacado por su gran arrojo.Hugh Thomas (1976); pág. 860 Para entonces los ejércitos franquistas se encontraban cerca del Mar de Aragón y el Ebro, a 110 km de su punto de partida. Esta primera ofensiva había penetrado profundamente en la retaguardia republicana, creando un saliente que iba desde Belchite a Caspe, y Alcañiz.
Segunda Fase: Desastre republicano El Frente de Aragón se derrumba Las unidades franquistas se detuvieron junto los ríos Ebro y Guadalope para reorganizarse. Pero el 22 de marzo se reanudó la ofensiva en la zona norte del frente, contra las líneas republicanas situadas entre Zaragoza y Huesca, ocupadas por los republicanos desde agosto de 1936: en un solo día cayeron todas aquellas célebres fortificaciones.Hugh Thomas (1976); pp. 860-862 Los generales Solchaga y Moscardó lanzaron varios ataques consecutivos en un frente de 130 km. Finalmente, el sitio sobre Huesca fue levantado y la ciudad quedó liberada del asedio republicano, pero no fue el único éxito de aquel día: las importantes poblaciones de Tardienta y Alcubierre fueron conquistadas en un solo golpe táctico. Al día siguiente, desde el sur, Yagüe cruzó el Ebro y conquistó Pina de Ebro. Las aldeas en el este de Aragón que habían experimentado la revolución social fueron tomadas en pocos días por los franquistas, transformando a muchos de sus habitantes en refugiados que huían de las posibles represalias. En esta parte de la ofensiva, las poblaciones de Barbastro, Bujaraloz y Sariñena también sucumbieron. El 25 de marzo, las tropas de Yagüe ocuparon Fraga y desde allí entraron en Cataluña tras haber cruzado el Ebro. Yagüe ordenó de inmediato atacar la ciudad siguiente, Lérida, pero El Campesino y su 46.ª División lograron detener el avance franquista por una semana, concediendo a los republicanos la ocasión de organizar su retirada y evacuar el valioso equipo militar.Hugh Thomas (2001); pp. 778–779