thumb|right|La poeta griega Safo y la muchacha de Mytilene (1809), óleo de Nicolai Abildgaard La literatura lésbica incluye obras tanto de autoras de orientación sexual lésbica como también historias en cuyo contenido tiene cierta importancia a la temática lésbica. En ocasiones, las autoras lesbianas que no tratan esta temática en sus obras son también consideradas parte de este grupo literario. Caso contrario son aquellas obras de escritores heterosexuales que solo tratan el tema del lesbianismo en segundo plano dentro de la historia; estos no se consideran lo suficientemente importantes para incluirlos en esta categoría.
Las obras fundamentales de la literatura lésbica se encuentran en la poesía de Safo. La producción contemporánea de este tópico se centra alrededor de pequeñas editoriales exclusivamente de corte lésbico, como también círculos de fanes en línea. Algunos trabajos se han establecido como elementos de importancia histórica y artística a través de los años. Algunas veces, este tipo de material es difícil de identificar dado que si las pequeñas editoriales especializadas no las editan, la mayoría acaba en el anonimato debido a la poca promoción de temas de corte lésbico por grandes editoriales.
Resumen histórico Antigüedad Además de la obra de Safo,Además Safo ha servido como personaje en muchas obras literarias escritas tanto por autores anónimos como por reconocidos como John Donne, Alexander Pope, Pierre Louÿs que han interpretado sus relaciones tanto con hombres como con mujeres. Se ha usado su figura como la personificación del deseo homosexual, y usado en personajes libremente basados en su vida. (Castle, pp. 125, 208, 252, 319, 566.) la historiadora literaria Jeannette Howard Foster incluye el Libro de Rut,Foster, p. 22–23. Terry Castle también incluye al Libro de Rut en la lista de ejemplos de los comienzos del lesbianismo en la literatura (Castle, p. 108.) y la tradición mitológica antigua como los primeros ejemplos de lesbianismo en la literatura. En las historias griegas sobre divinidades a menudo se mencionan figuras femeninas cuya virtud y virginidad están intactas, que están interesadas por actividades masculinas, y que están seguidas por un devoto grupo de doncellas. Foster cita a Carmilla y Diana, Artemisa, Calisto, Iphis y Ianthe como ejemplos de figuras mitológicas femeninas que muestran una inclinación por las mujeres o desafían los papeles tradicionales del género femenino.Foster, p. 24–27. También se debe a los griegos la difusión de la historia de una mitológica raza de mujeres guerreras, las Amazonas. En-hedu-ana, una sacerdotisa de Mesopotamia dedicada a la diosa sumeria Inanna, tiene el honor de haber firmado la primera poesía lésbica de la historia, donde ella misma se calificaba como la esposa de Inanna.Norton, p. 189.
La poesía femenina andalusí Aunque la situación de la mujer andalusí era la de la reclusión tras el velo y el harén, hubo entre las clases superiores las que, siendo hijas únicas o sin hermanos varones, se liberaban al permanecer solteras. La llegada de los almohades en el importó también una tradición de línea matriarcal que otorgaba cierta libertad a la mujer, propiciando algo más su acceso a la educación y producción literaria., «Introducción»
Otro sector que podía acceder a las tertulias donde se creaba la poesía eran las esclavas no concubinas, liberadas del velo y el harén. También en el amor eran más libres: debido a que los árabes consideraban necesario que el amado tuviera la libertad de otorgar su amor, los esclavos de ambos sexos asumían, tanto en la literatura como en el mundo real, el papel de señores de sus amantes, uno de los tópicos del amor cortés árabe. Las que más se relacionaban con el ambiente literario eran las cantoras (qiyan), que recibían una esmerada educación para satisfacer tanto física como estéticamente al hombre. Siendo el talento más apreciado el musical, las cantoras aprendían centenares de versos e improvisaban composiciones propias.
El amor descrito por las poetisas es el tópico del amor cortés árabe; en contraste con la poesía homoerótica, el amado no es descrito físicamente, con algunas excepciones. En muchos casos su obra llega como un eco de la voz y el punto de vista masculinos, y llegan a cantar la belleza femenina ajena, simulando un amor sáfico que algunos autores dudan que tuviera un paralelo en la vida real, como es el caso de las hermanas Banat Ziyad de Guadix, Hamda y Zaynab, a las que los autores atribuyen indistintamente la autoría de los poemas conservados bajo su apellido. En uno de sus poemas, se expresa la pasión de una de las hermanas hacia una joven, dejando la duda de si es realmente homoerotismo o un mero tópico literario:, «V. La poesía árabe clásica en al-Andalus III: el dorado crepúsculo (Siglos XII-XIII)», en Cervantes Virtual.
Cabe destacar la figura de la princesa Wallada bint al-Mustakfi (994 - 1077 o 1091). Hija del Califa de Córdoba Muhammad III, la muerte de su padre en 1025 le dejó una fortuna en herencia que le permitió convertir su hogar en un lugar de paso para escritores. Tuvo una relación escandalosa con el también poeta Ibn Zaidun, en cuyas antologías se suelen recoger los pocos poemas suyos que nos han llegado.Wilson, Katharina M. An Encyclopedia of continental women writers, Volumen 1. «Wallada bint al-Mustakfi» Según las crónicas, la princesa Wallada se prendó de Muhya bint al-Tayyani, hija de un vendedor de higos cordobés, y cuidó de su educación hasta convertirla en poetisa. Se supone una relación lésbica entre ellas, pero no hay evidencias de ello., p.107
Renacimiento Durante los diez siglos siguientes a la caída del imperio romano el lesbianismo desaparece de la literatura.Castle, p. 11. Foster apunta a la visión particularmente estricta que se tenía de Eva, representante de todas las mujeres y causante de la caída de la humanidad, por lo que el pecado original entre las mujeres era una preocupación mayor, y debían cuidar su castidad especialmente por ser consideradas la fuente de la vida.Foster, p. 30–31. Durante este periodo la mayoría de las mujeres eran analfabetas y no se les permitía acceder a la cultura, así que los hombres eran quienes se encargaban de establecer las ideas sobre la sexualidad.Castle, p. 6.
El lesbianismo aparece en las cántigas de escarnio de la lírica galaicoportuguesa.
Otros autores que tratan el tema son João de Menezes, Fernão da Silveira, Rodrigo de Castro o Pedro da Silva. Fernão da Silveira, por ejemplo, compuso una sátira sobre las relaciones de una dama con Guiomar de Castro y Joana de Sousa en un triángulo amoroso.
En el las descripciones de las relaciones entre mujeres de los escritores ingleses y franceses (Vida de las damas galantes de Brantôme de 1665, la erótica Memorias de una mujer de placer de John Cleland de 1749 o El espía inglés de varios autores de 1778) presentan una actitud que va desde la sorprendida tolerancia hasta la excitación, aunque un personaje masculino debía participar para completar el acto. Las relaciones físicas entre mujeres eran a menudo alentadas, los hombres no veían amenaza en que las mujeres mantuvieran relaciones sexuales con otras mujeres cuando no había hombres disponibles, al considerar que no serían tan satisfactorias como las de un hombre con una mujer.Faderman (1981), p. 26–28. En el peor de los casos si una mujer se enamoraba de otra se convertía en una figura trágica. La satisfacción física y por lo tanto emocional se consideraba imposible sin la intervención de un falo natural. La intervención masculina en una relación entre mujeres se hacía necesaria cuando las mujeres actuaban como hombres y demandaban los mismos privilegios sociales.Faderman (1981), p. 29. Un ejemplo de este tipo de literatura, en la que el placer entre mujeres no es posible sin pene, lo representa un poema anónimo del Siglo de Oro,
Los elementos homoeróticos en la literatura eran muy frecuentes, específicamente la confusión de un sexo por otro para engañar y seducir a una mujer inocente. Quizás el ejemplo más extraordinario en la literatura en español sea el que aparece en Los siete libros de la Diana del portugués Jorge de Montemayor. En la escena, Ismenia es un hombre, que se hace pasar por una mujer vestida de hombre para enamorar a una pastora. Aunque Ismenia sea un hombre, la pastora no lo sabe y a pesar de ello acepta el cortejo, los besos y arrumacos. Este tipo de recurso dramático fue muy común en España durante el Siglo de Oro, como muestran las obras Don Gil de las calzas verdes (1615) de Tirso de Molina o Las manos blancas no ofenden de Calderón de la Barca. En Inglaterra estos papeles se llamaban breeches role y fueron empleados con frecuencia por autores teatrales, como Shakespeare en su Noche de reyes (1601) o Edmund Spenser en The Faerie Queene (1590).Jennings, pp. 1–11, 22–24.
Siglos y Durante los siglos XVII a XIX, el hecho de que las mujeres expresasen amor apasionado entre sí estaba de moda, era aceptado e incluso era fomentado.Aldrich, p. 136 Estas relaciones se llamaban amistades románticas o sentimentales y eran muy comunes en los Estados Unidos y Europa. Estas amistades están documentadas con una gran cantidad de correspondencia escrita por mujeres. Si este tipo de relaciones incluía una componente genital no era algo discutido públicamente, pero las mujeres podían formar relaciones estrechas y exclusivas y seguían siendo consideradas virtuosas, inocentes y castas; una relación similar con un hombre hubiese arruinado su reputación. De hecho, estas relaciones eran fomentadas como una alternativa y como un ejercicio previo al matrimonio con un hombre.Faderman (1981), p. 74–77.En una de las raras ocasiones en las que la sexualidad era un punto central de la amistad romántica, dos profesoras de escuela escocesas de principios del siglo XX fueron acusadas por estudiantes de dormir en la misma cama, besarse y hacer que la cama se moviese. La abuela de los estudiantes informó a las autoridades, que no creían que sus acciones fuesen de naturaleza sexual o que se extendiese más allá de la amistad normal: «¿Debemos decir que toda mujer que ha formado una amistad íntima y que ha dormido en la misma cama con otra es culpable? ¿Donde está la mujer inocente en Escocia? »(Aldrich, p. 233.)
En el mundo hispano se pueden rastrear amistades románticas entre mujeres desde el , como la de María de Zayas y Sotomayor, novelista, y Ana de Caro, dramaturga y ensayista. Ambas vivían juntas en Madrid, ganando su sustento como escritoras, independientes de cualquier hombre. Pero quizás las más conocidas son las formadas por Sor Juana Inés de la Cruz y las virreinas Leonor Carreto de Toledo, marquesa de Mancera, y María Luisa Manrique de Lara y Gonzaga, marquesa de la Laguna de Camero Viejo, a las que dedicó encendidos poemas. A María Luisa Manrique de Lara le dio los sobrenombres de Lisi, Lísida, Fili o Filis.Cuarón, p. 628
El siglo XIX