El terremoto de Managua de 1931, llamado localmente terremoto del 31, fue un sismo de magnitud 6.0 grados en la escala de Richter que destruyó la capital de Nicaragua, a las hora local (16:02 UTC) del Martes Santo 31 de marzo de 1931. Su epicentro se ubicó en la falla del Estadio (llamada así por atravesar el actual Estadio Stanley Cayasso, que entonces era la Penitenciaría Nacional).Earthquake Hazards Program USGS Causó cerca de entre 1200 y 1500 muertos, más de 2000 heridos y 45 000 damnificados, al igual que pérdidas económicas de 35 millones de dólares causadas por el sismo y el consecuente incendio.Toronto Star, de Canadá, miércoles 1 de abril de 1931 El desastre sembró las semillas del siguiente terremoto del 23 de diciembre de 1972, pues muchas casas y edificios dañados, hechos de taquezal (armazón de madera con entrepanos de reglas, rellenos con piedras y después revestidos de argamasa mezcla de agua con lodo y hierba) u hormigón, se repararon inapropiadamente con repello dejando las grietas en sus bases y estructuras por lo que se derrumbaron con ese sismo.Terremoto de Managua cumplió 31 años ¿Cuándo podrá ocurrir el próximo? La Estrella de Nicaragua, edición 274, 16-31 de diciembre de 2003
La destrucción y los daños thumb|right|200px|Ruinas de Managua después del terremoto A las 10 y 23 minutos de la mañana del 31 de marzo de 1931, Martes Santo (en plena Semana Santa), la ciudad fue sacudida por un temblor que empezó de una manera lenta y fue aumentando en vitalidad hasta culminar en terremoto que causó la destrucción de Managua.
En los mercados, almacenes y tiendas de comercio que estaban atestadas de gente que se preparaba para la Semana Santa, fue mayor el espanto y la confusión. Los que habían quedado con vida corrían como locos en distintas direcciones.
Por las materias inflamables de las boticas y las cocinas de leña, empezó un feroz incendio que devoró más de veinte manzanas del radio central; incendio que se propagaba libremente sin que nadie pudiera contrarrestarlo, pues no era el momento para dedicarse a esas atenciones. Cada quien buscaba en los escombros a su madre, a su padre, al hermano, al hijo. Managua, convulsa siempre por los pequeños temblores que siguieron después del terremoto, era solo un lamento entre las ruinas, en las calles desoladas y en el ambiente trágico.
Cayeron el Palacio de Comunicaciones, los mercados Central y San Miguel, el teatro Variedades, la Casa del Águila, los templos de Candelaria, San Antonio, San Pedro. También, la Penitenciaría Nacional (ubicada donde hoy es el Estadio Stanley Cayasso), donde murieron centenares de reos y alienados. Los mejores edificios del radio central y el que no se derrumbó en la ciudad, quedó averiado.
Quedaron en pie solamente la armazón de hierro de la Antigua Catedral en construcción (apenas iniciada tres años antes en 1928), la Casa Pellas, el Club Social, el Palacio del Ayuntamiento, el Palacio Nacional (incendiado posteriormente por los marines estadounidenses en un arranque de furia) y la Casa Presidencial de la Loma de Tiscapa, y uno que otro edificio de particulares. Más de mil personas perecieron en esa hora trágica, y otro tanto quedó golpeado o lisiado para el resto de su vida.
En medio de aquel lugar de ruinas y de dolor, surgía impasible la figura evangélica de Monseñor José Antonio Lezcano y Ortega, Arzobispo de Managua, que de un lado para otro se multiplicaba socorriendo a los agonizantes o dando consuelo a los que lloraban la muerte de un deudo. Su figura se agigantaba entre los escombros y entre los cadáveres. Era el pastor estoico y resignado ante la obra de la naturaleza, que veía morir a su pueblo, y que arriesgandose ante el peligro repartía bendiciones. Era Jesús aplacando la tempestad en el mar de Tiberiades y dando muestras de valor a sus apóstoles. 41 años, 8 meses y 22 días después Monseñor Miguel Obando y Bravo, S.D.B. (elevado a Cardenal en 1985) recorrería las calles por 20 horas para auxiliar a los damnificados del terremoto del 23 de diciembre de 1972.El arzobispo: 20 horas recorriendo las calles. La Prensa del 1 de marzo de 1973, p. 32
Cuanta diferencia con aquel otro que en la misma hora fulminaba anatemas contra la ciudad mártir. Monseñor Canuto Oviedo y Reyes, obispo de Granada, afirmó en su carta pastoral Digitus Deo Est (El dedo de Dios está aquí) que el desastre era un castigo divino, pues ese mismo día un grupo de muchachas iría a un balneario en el Océano Pacífico, lo que interpretó como blasfemia.Carta pastoral Digitus Deo Est
Pasado el primer momento de estupor, empezó la obra de salvamento. Muchas personas estaban ilesas bajo los escombros y pudieron rescatarse, como Francisco Solórzano Lacayo, y otros que no se recuerdan.
Centenares de cadáveres sin identificar se llevaron en camión al cementerio y se echaron a la fosa común; una zanja especial que se hizo prontamente. Más tarde se colocó allí un monumento costeado por los obreros.
El Presidente Moncada y las medidas El terremoto sorprendió al Presidente de Nicaragua general José María Moncada disfrutando las vacaciones de Semana Santa en su residencia campestre llamada Palacete de Venecia a la orilla de la laguna de Masaya. La noticia del desastre le llegó después que la información recorriera un largo periplo por los sistemas militares de radio de los marines (Nicaragua estaba intervenida por la Infantería de Marina de los Estados Unidos) y la Tropical Radio, también estadounidense, que informaron a Washington D. C., luego a Nueva York, de ahí llegó a San Juan del Sur en el departamento de Rivas por cable y a Masatepe por telégrafo a Masatepe de donde salió un mensajero llevando la fatal noticia a dicho palacete. Moncada llegó el mismo día a Managua por la tarde e instaló una improvisada Casa Presidencial en la residencia de su primo y subsecretario de Relaciones Exteriores Anastasio Somoza García, (futuro Jefe Director de la Guardia Nacional y presidente de la república) frente a la ermita del Perpetuo Socorro, esquina opuesta al Campo de Marte; allí le llegaron las condolencias de diplomáticos y jefes de Estado, de todos los países del mundo incluyendo las del Papa Pío XI, Herbert Hoover (Presidente de los Estados Unidos) y las de Henry L. Stimson. Más tarde el Gobierno del general Moncada se trasladó temporalmente a la ciudad de Masaya, que por algunos días fue la capital.
La ley marcial fue decretada y los marines la aplicaron, se usaron cartuchos de dinamita para demoler los edificios no destruidos y así detener el avance de las llamas. Pero las explosiones causaron más destrucción que el mismo terremoto; esta experiencia evitó el uso en el siguiente terremoto del 23 de diciembre de 1972.
Muertos Señorita María Hueso, Leticia Abea (vendedora de la tienda de Egon Lenz). José Moreno (tipógrafo), Edda Irías Zamora Br., Gilberto Saballos, Josefa Sandino, Napoleón Ré., Dona Yelba Castillo, Francisco G. Avellán, Aurora Sandino, 2 señoritas de apellido Stadthagen, Blanca Monje. Chepita Oreamuno, Alicia Sandino, Lucita Mora Oreamuno, Graciela Meléndez, Pedro Mora Oreamuno. Juana Mercado, Vicente Mora Oreamuno, Gregoria García, José Antonio Mora Oreamuno, Rosa de Mejía. Pedro Pablo Argüello, Carmela Ruiz, Federico K. Morris (murió el 1 de abril de 1931), Margarita Ramírez, Francisca Montealegre de Solórzano. Leticia Martínez, Paula Morales de Delgado, Petronila Zambrana, señorita Inés Saballos, Inés Martínez. Señorita Chepita Sevilla, Sabina Cajina, Dominguita Cubillo v. de Corea, Matilde Cáceres, Margarita Selva de Robleto Gallo. Luisa Toval, Elsa Anzoátegui de Mejía, Eugenia Torres, señorita María Leticia Abea, Alicia Alemán. Ernestina Hurtado de Ruiz, Virginia Silva M, nietas de Ernestina: Dorita y Soledad. Ana Castillo, Sinforoso Saénz R, Petronila Aguilar, niño Enrique Elizondo, Josefa de Rodríguez. Roque Matamoros, Gertrudis Benavente, Carmen Fonseca Saballos, Armando (hijo de Gertrudis Benavente). Dr. Leopoldo Rosales, Carmen Guillén de Estrada, Alicia Baca de Godoy, Sofía Rivera, señorita Rosa Cifuentes. Ana Rosa García, señorita María Arce, Josefa Bermúdez de Cuadra, niña Telma Leal, Isabel Picado. Adolfo Romero, Isabel (hija pequeña de Isabel Picado), Ramón A. Reyes, Juana Rivera, Sor Conchita (Superiora del Hospital General), Francisca de Castillo. Rosalía Martínez y Juana Guillén.
En la Penitenciaría murieron el mayor del cuerpo de Marinos, Dr. Hugo Baske, el teniente Jaime F. Diekey, 24 soldados y casi todos los reos. En la calle, por el comercio y en sus respectivos automóviles perecieron: la señorita del oficial J. D. Murray Lea Rossich, esposa del teniente Louis Rossich, y su hijo Louis.
En los mercados se identificaron 65 cadáveres de mujeres y 17 de varones, los que recogieron sus dedos. Algunos por el estado lastimoso en que quedaron, sin identificar, se les llevó a la fosa común. Carmen Malespín, María Galo de Ruiz, Jacinta Miranda, Leonor Castillo, Genoveva de Tapia. Teresa Dubón, Virginia Muñoz, Berta López, Rosa Luna de Quintana, Dolores Santamaría de Solórzano. Rosario Robleto, Francisco Meléndez, Rosa Palacios, Juana Méndez, María Fonseca que ya había salido del mercado pero regreso a buscar unos documentos, cuando le cayo una viga. María Helen Peters, Amanda Miranda (nieta de Jacinta), Domingo Castillo (hijo de Leonor Castillo), Alfredo García, Salomón Rivera. Domingo Fonseca, Jesús Estrada, Juan Galeano, José María Baltodano, José Francisco Picado. Clemente Cabezas, Luis Castillo, Jesús García, Mauricia Rodríguez E., Ritana de Morales. Petronila Aguilar, Margarita Baca, Tiburcio Rayo, Adolfo Romero, Manuel Fonseca. Gustavo Munguía, Adán Sandino, Julio Espinosa G., Ana Castillo, Olga Morales A. Herminia de Meléndez, Matilde de Briceño (esposa de Julio Briceño Rivera) junto al niño (6 años) Salomón Briceño Rivera (hijo de Jacinta Rivera y Eugenio Briceño). Matilde y el niño Salomón murieron en el mercado Central; cuando comenzó el terremoto, Matilde corrió con el niño en brazos hacia el fondo del mercado en vez de la parte frontal que estaba más cerca y lamentablemente una de las paredes les atrapó hasta la mitad del cuerpo donde murieron por múltiples fracturas. Mercedes Fitoria y Adrián Zavala, a quien encontraron en unos escombros muchos días después.
Consecuencias Muchos edificios y casas de taquezal que sobrevivieron al sismo quedaron en pie, pero les repararon las paredes, dejando ocultas las lesiones en sus bases razón por la cual 41 años, 8 meses y 22 días después cayeron en el terremoto de 1972. El Palacio del Ayuntamiento (construido en 1927) y la Casa Presidencial, recientemente inaugurada el 4 de enero, quedaron dañados levemente; en esta última una parte del costado sur cayó en la laguna de Tiscapa. Ambos fueron "reparados" cosméticamente, teniendo sus bases dañadas, por lo que se derrumbaron en 1972.
La ayuda internacional Las hermanas Repúblicas de Centroamérica inmediatamente después del terremoto enviaron los primeros socorros por la vía aérea, consistentes en alimentos, medicinas y dinero. El primer auxilio que llegó fue el de El Salvador, de cuya comisión era jefe el General Trabantino, caballeroso y noble en tales circunstancias.
Los golpeados y heridos, que llegaron a dos mil, fueron enviados a los hospitales preparados de emergencia en León, Masaya y Granada, porque en Managua era imposible atenderlos. La ciudad destruida era un solo lamento. Hogares enlutados, riquezas destruidas, quemado el Archivo Nacional donde existía toda la documentación histórica de Nicaragua. Dichosamente se salvó la Biblioteca Nacional. El gobierno creó un fondo para damnificados del desastre.http://legislacion.asamblea.gob.ni/normaweb.nsf/($All)/5D1E0A6C67A3B6AD0625737800747FD9?OpenDocument