El teatro romano de Sagunto es un teatro de época romana, construido alrededor del año 50 d. C. en la ladera septentrional de la ciudad de Sagunto (provincia de Valencia, España).

En 1896, el edificio fue declarado monumento nacional, por lo que es bien de interés cultural con categoría de monumento.

Historia

Edades Antigua y Media

Aunque su planificación es de la época de Augusto, su finalización dataría de la de Tiberio (14-37). Algunos estudios de los restos arqueológicos permiten establecer una primera fase de construcción alrededor del año 50, y una segunda a mediados del , fase durante la cual el edificio habría sido remodelado. No se conoce el momento en que se abandonó el teatro. Un texto árabe del , obra de Al-Razi, alude a un palacio, apreciación que puede sugerir que el autor vio todavía en pie una parte de la columnata de la escena ya que, de hecho, los análisis estratigráficos de las excavaciones datan el hundimiento de la misma antes del final del .

A partir de la Edad Media el teatro no fue más que una avanzada del castillo y tuvo, por tanto, un uso militar, que contribuyó a su conservación parcial. Es posible que los movimientos de las Germanías, en los que Sagunto se vio involucrada, y la represión de los mismos dieran lugar al derrumbamiento definitivo de la escena.

En esta época se empezó a desmantelar las piedras, sobre todo los grandes sillares y los mármoles, que se empezaron a emplear para despiece y fabricación de morteros en otras obras de la ciudad.

Edad Moderna

La primera representación gráfica del teatro es la que realizó Anton Van den Wyngaerde para Felipe II en 1563; no se trata de un levantamiento arquitectónico, sino un dibujo artístico hecho con un interés paisajístico, sin entrar en los elementos aludidos. Por eso, desde la perspectiva historiográfica, el modesto plano que Miñana trazó hacia 1705 para la descripción epistolar del teatro del deán de Alicante, Manuel Martí, y las láminas del irlandés William Conyngham (tesorero de la Royal Irish Academy) hacia 1784, abrieron la serie de estudios sobre el monumento, así como la contribución de autores valencianos a los mismos.Es poco conocido el Plano general de la Montaña y antiguo Castillo de Murviedro alias Sagunto, levantado por el subteniente de Infantería y ayudante de Ingeniero don Juan de Bouligny siguiendo el encargo expreso del Conde de Floridablanca al Capitán General de Valencia, marqués de Croix, posiblemente hacia 1785-1786 (aunque el plano está catalogado como de 1798, en época de Godoy, por razones aún no aclaradas). Referencia y lámina en Alicia M. Canto, "Carlos IV y Godoy: Los primeros protectores ilustrados de la Arqueología española", VV.AA., De Pompeya al Nuevo Mundo. La Corona española y la Arqueología en el siglo XVIII, edd. M. Almagro-Gorbea y J. Maier Allende, Real Academia de la Historia, col. Antiquaria Hispanica nº 23, Madrid, 2012, págs. 298-331. thumb|500px|Vista de Sagunto realizada por Anton Van den Wyngaerde en 1563 Martí gozó de la consideración de la sociedad valenciana y tuvo renombre internacional; fue corresponsal de Gravina, de Montfaucon y de Gregorio Mayans y, sin duda, desarrolló estudios valorados en su tiempo. Sin embargo, el dedicado al teatro de Sagunto fue polémico y se vio desmerecido por un plano del que Antonio Ponz (1789) escribió: «ni es planta, ni es alzado, sino un conjunto de cosas que se le figuraron a quien no era profesor», en alusión a estar trazado al margen de la convención académica, lo cual a su vez alimentó los desacuerdos expresados después por José Ortiz y Sanz (1739-1822), en 1807 y 1812.

Siguiendo una práctica que se observaba en las instituciones cultas de la época, se realizaron varias maquetas del teatro. Las primeras noticias se refieren a la obra de Miguel Arnau, nacido en Valencia en 1762. Puig i Cadafalch (1907, 196-199, fig. 255) reprodujo fotográficamente la que la Academia de San Fernando recibió de Múzquiz y dio al Museo Arqueológico Nacional en 1868, que era de corcho y madera. Otro ejemplar estuvo en Valencia, ya sea en la Sociedad de Amigos del País o bien, como indica Delgado (1877,426), en la Academia de San Carlos cuyo legado pasó al Museo Provincial de Bellas Artes, y el tercer ejemplar viajó a Bolonia en 1799 en manos de la profesora de griego Clotilde Tambroni (Schiassi 1836) sin que en la actualidad se sepa el paradero de ninguna de ellas (AA.VV. 1993, 46-47, fig. 15).

En 1793 Enrique Palos y Navarro, abogado de los Reales Consejos y conservador de las antigüedades saguntinas, ofreció otra versión del mismo teatro acompañada de un plano con escala dibujado tan a espaldas de cualquier pauta normativa que suscitó las iras del citado J. Ortiz; este, el más notable de los anticuarios valencianos, activo académico de número de San Fernando y traductor de Vitruvio al castellano (1787),Sobre la figura del canónigo Ortiz como arqueólogo, anticuario y bibliotecario real al servicio de Carlos III y Carlos IV, puede verse: Alicia M. Canto, "El Viaje arquitectónico-anticuario de fray José Ortiz y Sanz: una Carta Arqueológica de España a fines del siglo XVIII", Spal 10, 2001, Homenaje a M. Pellicer Catalán, Universidad de Sevilla, págs. 29-55. Para su traducción de Vitruvio y sus trabajos en Sagunto cf. 33 ss. y 36 ss. ya había disentido del trabajo de Martí a quien, no obstante, tuvo que tratar con miramiento.

Distinto fue el talante con el que en 1812 arremetió contra Palos, de formación arqueológica mucho más modesta, frente a sus pretensiones de ser apoyado por la Academia, dado que Ortiz fue arrogante en su saber y despectivo en consecuencia con quienes no entendían la arqueología desde una práctica internacional e ilustrada. Ciertamente este autor puso su empeño en dotar a la Academia de San Fernando de una versión propia del tratado de Vitruvio que aspiraba a la vez a ser referencia para cuantas obras se sometieran a su dictamen. Su plano del teatro de Sagunto (1807) constituye el inicio, luego frustrado, de un proyecto a partir del que pretendía ilustrar la arquitectura romana como bien se ve en la triangulación del círculo de la orchestra, que supone un ejercicio de sello vitruviano repetido hasta la actualidad por muchos de cuantos han estudiado este u otros teatros romanos.

La visión de Laborde de 1811 se alejó del academicismo normativo al ilustrar con grabados de corte más romántico, debidos a manos expertas y refinadas de grabadores franceses de finales del , tanto el paisaje como la planta y el alzado del teatro de Sagunto, digno y predilecto edificio de la primera arqueología clásica valenciana y uno de los primeros Monumentos del Patrimonio Histórico de España según declaración de 27-8-1896, adscrito a la tutela oficial, encomendada entre 1803 y 1911 a la Real Academia de la Historia.Texto base tomado de C. Aranegui Gascó, "Autores antiguos y modernos en torno a la arqueología romana valenciana", Catálogo de la colección romana del Museo de Prehistoria de la Diputación de Valencia, Valencia, 2003, 45-54, reproducido en Cervantes Virtual, 2007.

En 1811, durante la guerra de la Independencia, Francisco Jaramillo, como mayor de Ingenieros recomendó la voladura del teatro para impedir que se convirtiera, en refugio del enemigo. Pese a su deplorable estado de conservación, en 1896 fue declarado Monumento Nacional, constituyendo el primer ejemplo de edificio en recibir un nombramiento de este tipo en nuestro país.

Edad Contemporánea thumb|Vista general de las ruinas del teatro, tomada en 1870 por J. Laurent thumb|Ilustración del teatro publicada en 1874 por Jean Charles Davillier La falta de estudios de conjunto del teatro paralela al silencio científico sobre el mismo a partir de 1917 (Mélida 1917) es significativa de la desatención en que cayó el edificio a lo largo de la primera mitad del .

En 1930 se le realiza una consolidación bajo la supervisión de A. Martorell, en la que se rellena la caementicia con morteros modernos. Más tarde se realizaron nuevos trabajos supervisados por Alejandro Ferrán, que duraron casi veinte años, de 1956 a 1974 y que acabaron con la imagen que podía esperarse de un teatro romano. Estos trabajos contaron con el asesoramiento de Domingo Fletcher.

El monumento soportó impasible a mediados de los años cincuenta la construcción del museo arqueológico adosado a su cuerpo escénico, que, también por falta de mantenimiento adecuado, sufrió el hundimiento de la terraza de su cubierta un día de lluvia de 1991. Mientras tanto comenzaba su utilización esporádica como espacio escénico, siendo fiel reflejo de ello la lápida que conmemora el estreno de La caída de Numancia de Menéndez Pidal, bajo la dirección de Sánchez Castañer en 1959, colocada inicialmente en el acceso al monumento y hoy en el aditus oeste. Esta obra utilizó el graderío para la representación y sentó a los asistentes en la parte de la escena, pero para sucesivos montajes se construyó una plataforma de hormigón sobre las substrucciones romanas de esta. Y, poco a poco, sin que nadie lo impidiera, se fueron acercando las casas privadas al museo y al teatro, reduciendo la extensión de la plazoleta de entrada a los mismos, a la vez que se parcheaban las gradas que fueron perdiendo su modulación.

El Ministerio de Cultura de España concedía con bastante regularidad subvenciones para atender las urgencias de la restauración si bien el seguimiento de su ejecución y el rigor de las mismas no parecen haber sido objeto de suficiente interés por su parte; sin embargo estas numerosas intervenciones supusieron en algunas etapas un motivo de preocupación para Domingo Fletcher, director del Servicio de Investigación Prehistórica (SIP) de la Diputación de Valencia, y, a otro nivel, sobrecarga de trabajo para Facundo Roca, restaurador del museo.

Dada la penosa situación del edificio como ruina monumental y como espacio cultural en los años 70, la fotogrametría realizada por Antonio Almagro (1979, 165-179) y el estudio presentado por Miguel Beltrán poco después (1982, 153-182), marcaron el comienzo de la actualización del conocimiento arquitectónico sobre el teatro, culminada por Emilia Hernández (1988) y ampliada gracias a posteriores excavaciones (Hernández et al. 1993, 11-37).

Rehabilitación thumb|Vista de la escena nueva. thumb|Vista aérea del edificio tras la rehabilitación. En 1984 nació la idea de rehabilitar el teatro para su uso y el proyecto, obra de los arquitectos Giorgio Grassi y Manuel Portaceli, fue aprobado por la Generalidad Valenciana en 1988 y por el Ayuntamiento de Sagunto en 1989. Dicho proyecto contó con la supervisión por parte de Carmen Aranegui y Emilia Hernández. Su ejecución se llevó a cabo entre 1990 y 1994 y desde los inicios hubo críticas contra lo que se consideraba la construcción de un teatro nuevo sobre la destrucción del romano.

En 1993, el entonces diputado autonómico del PP Juan Marco Molines inició acciones legales contra la intervención y el TSJCV la consideró ilegal por vulnerar el art. 39.2 de la Ley del Patrimonio Histórico Español de 1985: «El proyecto de restauración y rehabilitación consistía realmente en una obra que se asienta sobre las ruinas de un teatro romano y las oculta, tratándose de una reconstrucción sobre las ruinas auténticas (...)».

En 2000, 2003 y 2008, el Tribunal Supremo confirmó el fallo, dando un plazo de 18 meses para proceder a la demolición de las gradas y el escenario. La sentencia fue recurrida por la Generalidad Valenciana y por el Ayuntamiento de Sagunto, alegando imposibilidad de ejecución, lo que fue estimado por el TSJCV en abril de 2009 por una causa de imposibilidad legal y por el principio de eficiencia en el gasto público, debido al coste que suponía devolver el monumento a su estado anterior. En junio del mismo año, el teatro sufrió una serie de pintadas firmadas por el Grupo de Acción Valencianista.

El edificio thumb|Planta del teatro thumb|Graderío en 1979 thumb|Escena, orquesta y gradas thumb|Vomitorio