El Cruce de los Andes fue un conjunto de maniobras realizadas por el Ejército de los Andes de las Provincias Unidas del Río de la Plata —actual Argentina— y tropas chilenas exiliadas en la ciudad de Mendoza, entre enero y febrero de 1817, para atravesar con una fuerza de 4 000 soldados regulares y 1 200 milicianosCarlos Calvo (1864). Anales históricos de la revolución de la América latina, acompañados de los documentos en su apoyo. Tomo III. Madrid: Imprenta de J. Jacquin, pp. 172 la cordillera de los Andes desde la región argentina de Cuyo hasta Chile, y enfrentar a las tropas realistas del Imperio español que allí se encontraban. Formó parte del plan que el general argentino José de San Martín desarrolló para llevar a cabo la Expedición Libertadora de Argentina, Chile y Perú. Fue apoyado por la Guerra de zapa, dirigida por el chileno Manuel Rodríguez.

Es considerado como uno de los grandes hechos históricos de Argentina y Chile, así como una de las mayores hazañas de la historia militar universal. (trad.: Al atravesar unas 300 millas (480 km) de senderos montañosos peligrosamente empinados en pocas semanas, el Ejército de los Andes de San Martín ejecutó uno de los ataques más sorprendentes de la historia. Dirigiendo a sus hombres a través de desfiladeros, abismos y pasos que a menudo tenían una altura de 10 000 a 12 000 pies (3 000 a 4 000 metros), San Martín y los movimientos de sus tropas se compararon con el cruce de los Alpes del general cartaginés Aníbal durante la Segunda Guerra Púnica. El autor cita las palabras de Guillermo Furlong: «Fue una hazaña que raya en la esfera de lo impracticable, de lo imposible.» (Furlong, G. Todo es Historia 16, pág. 48), como así también la correspondencia de San Martín a Tomás Guido.

Idea Tras la Revolución de mayo de 1810, inició la guerra de la independencia argentina, como parte de un conjunto de revoluciones contra la monarquía española a lo largo de todo el continente sudamericano. Si bien dichos movimientos lograron un éxito inicial, luego su avance sufrió un estancamiento, debido a la resistencia y represión que llevaron a cabo los sectores americanos y peninsulares leales a la Corona española, que mantenían su centro de poder en Perú.

Organización thumb|160px|left|Retrato canónico de José de San Martín, de autor desconocido (1827 o 1829) Para llevar a cabo su plan, San Martín se asentó en Mendoza el 7 de septiembre de 1814 con el objetivo de organizar un pequeño y disciplinado ejército en la provincia de Cuyo, una jurisdicción recientemente creada que comprendía las actuales provincias de Mendoza, San Juan y San Luis donde vivían unas diez mil personas, además de tres mil emigrados chilenos. El 12 de septiembre asumió como gobernador de esta provincia, y vivió allí junto a su esposa María de los Remedios de Escalada en una casa alquilada por el Cabildo y en la que nacería su única hija, Mercedes, el 24 de agosto de 1816.

A poco de llegado, entre el 1 y 2 de octubre de ese año, se produjo en Chile la Batalla de Rancagua, en la que las fuerzas patriotas chilenas fueron derrotadas, y parte de sus restos cruzaron la cordillera en dirección a Mendoza, quedando Chile nuevamente en manos realistas. Ante esta situación, San Martín recibió e incorporó a su incipiente ejército cuyano —que ya contaba con alrededor de 1000 hombres—Las fuerzas veteranas existentes de los blandengues del Fuerte de San Carlos y las milicias de Mendoza que se formaron luego de la Revolución de Mayo que contaban con 958 hombres distribuidos entre 2 batallones de infantería denominados Cívicos Blancos (133 hombres) y Cívicos Pardos (150 hombres), una compañía de artillería de 75 hombres y dos Escuadrones de Caballería en los suburbios del norte y del sur de la ciudad, también denominados Cívicos con un total de 600 hombres los restos de tropas chilenas al mando de Andrés del Alcázar y Bernardo O'Higgins; la otra facción siguió a José Miguel Carrera decidiendo no formar parte del nuevo ejército. Al mismo tiempo San Martín incorporó a su ejército el Batallón de Auxiliares Argentinos (también llamado Auxiliares de Chile), que había retornado de su misión en Chile al mando del coronel Juan Gregorio de Las Heras por órdenes del gobierno de las Provincias Unidas después de tomar conocimiento del Tratado de Lircay.

San Martín nombró al jurisconsulto chileno Dr. Hipólito de Villarreal, quien fuera desterrado por los hermanos Carrera, como apoderado del Ejército de los Andes para percibir los fondos que recolectaban con el objeto de proveer el sostenimiento de las tropas. Intentó poner rápidamente a su ejército en condiciones de combatir, ante el temor de que los realistas cruzaran la cordillera y atacaran Mendoza, debido a la aparición de destacamentos realistas en el Portillo, Las Flechas y Ladera de las Vacas en el paso de Uspallata. Pese a esos movimientos, este temor nunca se hizo realidad debido a que el líder de las fuerzas españolas en Chile, Casimiro Marcó del Pont, consideró el cruce por parte de un ejército como impracticable.

Así fue que San Martín se abocó durante los años 1815 y 1816 a formar el Ejército de los Andes, y a prepararlo para el cruce de la cordillera de los Andes y el ataque a los realistas de Chile. El 9 de julio de 1816 las Provincias Unidas declaran su independencia y con Juan Martín de Pueyrredón elegido Director Supremo el general San Martín recibió el apoyo pleno del gobierno central para mejorar y consolidar el ejército. La ciudad de Mendoza se transformó en un gran cuartel y fábrica militar, y casi todos los pobladores cuyanos participaron en la elaboración de pólvora y municiones, aprendieron a fundir cañones, tejer tela y coser ropa. Se montó una fundición de armas a cargo del religioso franciscano fray Luis Beltrán, un cuerpo de maestranza a cargo de Antonio Álvarez Condarco (cartógrafo y experto en explosivos), y servicios sanitarios a cargo del médico Diego Paroissien

A mediados de 1816, San Martín se instaló en el campamento de El Plumerillo, ubicado en las adyacencias de la ciudad de Mendoza, donde constituyó su Estado Mayor. Le encomendó a Álvarez Condarco el diseño de un campamento militar. Contaba con galpones, divididos por compañías, con alojamiento para oficiales y otras construcciones. Cuando se liberó Chile, El Plumerillo fue desmantelado y se devolvieron los materiales a sus donantes, y los sobrantes se repartió entre la gente humilde para que pudieran construir sus casas.

La actividad de San Martín incluyó un complejo plan para engañar al enemigo (Guerra de zapa) mediante el envío de espías y conferencias con indígenas difundiendo el rumor de que cruzaría los Andes por un paso más al sur, lo cual era de mayor factibilidad. Los indígenas pehuenches comunicaron estos planes a los españoles de Chile, quienes así dispersaron sus fuerzas y perdieron poder de resistencia. El grueso del ejército cruzó los Andes por los difíciles pasos de Los Patos en San Juan, al mando este del General José de San Martín y Uspallata de Mendoza, los cuales eran considerados como imposibles para el cruce, pero permitían cortar por el centro a las líneas defensivas realistas y dirigirse directamente a Santiago de Chile. Debieron atravesar más de 500 km de cordillera y precordillera.

San Martín y su tropa 200px|thumb|Cruce de los Andes (San Martín y O'Higgins), óleo de Martín Boneo (1865).

La expedición estuvo integrada por tropas regulares, milicianos y personal auxiliar encargado del transporte, la sanidad, la maestranza y la apertura de los caminos. Entre sus integrantes había efectivos de las Provincias Unidas y patriotas chilenos emigrados después de la derrota de Rancagua.

Transportes El desplazamiento de los hombres y sus pertrechos se realizó principalmente mediante mulas. Los caballos destinados al combate fueron conducidos sin ser montados durante buena parte de la travesía, con el propósito de preservarlos. Las fuentes consultadas por Hans Bertling difieren sobre su cantidad y mencionan entre 1200 y 1600 caballos.

Armas Las fuentes históricas no coinciden acerca del número y el tipo de piezas de artillería que participaron en la expedición. Hans Bertling señaló que Bartolomé Mitre contabilizaba 21 piezas —diez cañones de campaña, dos obuses y nueve piezas de montaña—, mientras que las memorias de Guillermo Miller indicaban 16. Otros documentos distinguían entre las piezas distribuidas entre las columnas y las pertenecientes al parque de artillería.

El transporte de las piezas estuvo a cargo del parque de artillería dirigido por fray Luis Beltrán. En los terrenos favorables podían trasladarse entre dos mulas, mientras que en los pasos más difíciles se recurrió a dispositivos especialmente preparados, además de cuerdas y aparejos.

Alimentación El abastecimiento de las tropas constituyó uno de los principales problemas logísticos de la campaña. Como las rutas elegidas atravesaban regiones de alta montaña prácticamente despobladas y sin posibilidades regulares de reaprovisionamiento, las provisiones fueron reunidas con anticipación en Mendoza y transportadas principalmente por medio de mulas. San Martín describió posteriormente la marcha como el desplazamiento de un ejército con sus «bagajes de subsistencia para casi un mes», además del armamento y las municiones.

La alimentación se basó en productos de fácil conservación y transporte, entre ellos charqui —carne salada y deshidratada—, galleta, menestras, arroz, maíz tostado y queso. Con el charqui machacado, grasa, cebolla y agua caliente se preparaba una comida conocida como valdiviano. También se transportaron ajo, cebolla, vino y aguardiente, y se llevaron reses en pie para disponer de carne fresca durante determinados tramos de la marcha.

Las provisiones y el vino también eran utilizados para asistir a las tropas sometidas al frío y al agotamiento. En una carta escrita durante el cruce, Bernardo O'Higgins relató que, ante el retraso ocasionado por los bagajes y el frío intenso, ordenó distribuir comida y vino entre sus hombres. Durante las marchas, la alimentación del propio San Martín fue igualmente austera y consistió, según testimonios posteriores, en pan, queso, carne cocida o asada y maíz tostado.

Abrigos Entre los pertrechos reunidos para la expedición había ponchos confeccionados en San Luis, frazadas, pellones de oveja y mantas de franela. Parte de estas últimas también se utilizó para proteger a los animales de las bajas temperaturas.

Salud de San Martín durante el cruce Las exigencias de la travesía también afectaron a San Martín, quien enfermó en distintas oportunidades y debió ser trasladado en camilla. El Ejército de los Andes había organizado un hospital de campaña con capacidad para unas 200 personas, destinado a atender y transportar a los enfermos y heridos durante la expedición.

Bandera 150px|thumb|Bandera del Ejército de los Andes, adoptada en 1992 como bandera de la provincia de Mendoza.

A fines de 1816, San Martín promovió la confección de una bandera para el Ejército de los Andes con los colores blanco y azul celeste. La enseña fue realizada en pocos días por María de los Remedios de Escalada, Laureana Ferrari, Mercedes Álvarez, Margarita Corvalán y Dolores Prats. Estaba compuesta por dos franjas verticales y llevaba en el centro un escudo con manos entrelazadas, una pica, un gorro frigio, un sol y ramas de laurel.

La bandera fue bendecida el 5 de enero de 1817 en la iglesia Matriz de Mendoza y presentada al ejército antes del inicio de la campaña. Posteriormente acompañó a las tropas durante el cruce de la cordillera y las campañas libertadoras.