thumb|350px|Proyecto ideal de Juan de Herrera para la catedral de Valladolid según Fernando Chueca Goitia. En él se observan dos torres en las esquinas de la fachada de los pies y dos torres más pequeñas en las esquinas de la cabecera. thumb|300px|La torre actual tiene 69 metros de altura y es la segunda estructura más alta de la ciudad detrás del Edificio Duque de Lerma (87 metros).

El arquitecto del Juan de Herrera había concebido para la catedral de Nuestra Señora de la Asunción de Valladolid la construcción de cuatro torres, dos en las esquinas de la fachada de los pies y dos más pequeñas en las esquinas de la cabecera. Estas dos últimas nunca llegaron a construirse y de las otras dos se levantó la del oeste en el y la del este en el . En su alzado, según los planos, las torres constan de tres cuerpos y se rematan en media naranja y linterna. El tercer cuerpo debía servir como campanario.

Torre del lado del Evangelio

thumb|300px|Grabado de Fournier que muestra la fachada de la catedral de Valladolid antes de la caída de la torre en 1841. Entre 1703 y 1709, siguiendo las trazas de Herrera, aunque no de manera muy fiel, se levantó la torre de poniente.La torre de la izquierda, según se mira al imafronte catedralicio. Años más tarde cuando se construyó el segundo cuerpo de la fachada con las trazas de Churriguera, se modificó la torre añadiéndole un cuarto piso ochavadoReal Academia Española. «ochavado.» Diccionario de la lengua española. donde se instaló un número superior de campanas al proyectado por Herrera, cerrándolo con cubierta de cascos de sección ojival. Entre el segundo piso y el tercero se instaló un reloj. Dirigió la obra el maestro de cantería Antonio de la Torre. Según aparece en muchas fuentes de la época, la torre tenía unos 270 pies de altura (aproximadamente 75 metros) y era con mucho, el edificio más alto de la ciudad.

A partir de 1726 la torre empezó a presentar problemas y a instancias del arquitecto benedictino fray Pedro Martínez se procedió a hacer una primera reparación. Pero el agrietamiento persistió y de nuevo en 1746 tuvo que ser reparada por el arquitecto fray Antonio de San José Pontones. En 1755 sucedió el terremoto de Lisboa y su estructura sufrió grandes daños. El vallisoletano Ventura Pérez fue testigo de los acontecimientos de ese día. En su libro Diario de Valladolid (página 304) da cuenta de los hechos:

Pasaron unos pocos años hasta que en 1761 hubo que pedir seriamente ayuda al arquitecto Ventura Rodríguez que por aquellos días se encontraba en Valladolid.

thumb|300px|left|Proyecto de Ventura Rodríguez para asegurar la torre de la catedral de Valladolid. Las obras consistieron en enzunchar la torre con cadenas de hierro. El arquitecto estudió los desperfectos de la torre y buscó un remedio que duró hasta 1841, en que finalmente se derrumbó parte de la estructura. Las obras consistieron en enzuncharReal Academia Española. «enzunchar.» Diccionario de la lengua española. la torre con cuatro cadenas de hierro colocadas a diferentes alturas: la primera sobre el entablamento con el que termina el cuerpo bajo, la segunda en el friso del entablamento que coronaba el segundo cuerpo, la tercera en el friso del entablamento con el que se coronaba el tercer cuerpo y la cuarta, en la parte alta del cuerpo ochavado. Se encargó de fabricar las cadenas en Elorrio el maestro Rafael de Amezua. El maestro cerrajero de Valladolid Francisco Ruiz fue el encargado de colocarlas. Para su colocación, Ventura Rodríguez discurrió el realizar un andamio volante que se descolgaba por medio de unas cuerdas enrolladas a un cabrestante situado en el recinto definido por los cuatro grandes arcos del tercer cuerpo de la torre. Para colocar los dos zunchosReal Academia Española. «zuncho.» Diccionario de la lengua española. más altos, el cabrestante se desmontaría y se colocaría esta vez en la sala de campanas, en el interior del cuerpo ochavado. Todo esto se refleja en el extraordinario plano que levantó el arquitecto de la torre de la catedral. El andamiaje, que permitió colocar los cuatro zunchos de una manera muy económica, fue muy admirado en su época.

Derrumbamiento de la torre en 1841

thumb|300px|Dibujo de Isidoro Domínguez Díez que muestra el derrumbamiento de la torre de la catedral de Valladolid El mes de mayo de 1841 había comenzado en Valladolid con muy mal tiempo, con lluvias torrenciales y vientos de mucha fuerza. Durante todo el mes siguió más o menos la lluvia y el viento. El día 31, segundo día de la Pascua de Pentecostés, se celebraron en la catedral los Oficios correspondientes y los vallisoletanos se disponían a ir a la romería del Carmen, según la costumbre. A las 12 de la mañana arreció el temporal de agua, viento y granizo y los ciudadanos tuvieron que ponerse a refugio en sus casas. A las 3 de la tarde cesó la tormenta y la vida volvió a su quehacer diario. Horas después, cerca de las 5 de la tarde Valladolid se vio conmocionada con un ruido terrible y las casas cercanas sintieron una gran trepidación como consecuencia del derrumbe de la torre que se había venido abajo casi por completo, a partir del último cuerpo, el ochavado, donde estaban colocadas las campanas, arrastrando gran parte del tercer y segundo cuerpo, con el reloj incluido. Parte del derrumbe cayó a plomo sobre la fábrica de la catedral, sobre la capilla del Sagrario, destrozando la bóveda, y parte cayó sobre el lado que daba a poniente, cegando momentáneamente el cauce del río Esgueva. En su caída se llevó por delante las bóvedas, vigueteados, escaleras, balaustradas y cornisamientos y el antiguo rollo conocido como el león de la catedral que había sido trasladado desde la plaza de Santa María al atrio de la catedral.ORTEGA ZAPATA, José. Solaces de de un vallisoletano setentón. Universidad de Valladolid y Caja de Ahorros Popular de Valladolid, 1984. ISBN 84-86192-21-8, página 84. Tanto el historiador Matías Sangrador y Vítores como el periodista José Ortega Zapata narraron punto por punto estos acontecimientos. Ortega Zapata lo comentaba así:

No hubo ningún muerto y sólo dos personas resultaron dañadas: el campanero Juan Martínez y su esposa Valeriana Pérez que tenían su vivienda en la torre en un cuarto junto al campanario. Al campanero le dio tiempo de cobijarse en uno de los vanos del tercer cuerpo que por fortuna no cayó con el derrumbe, pero la campanera cayó junto con los elementos de la torre que la «depositaron» entre escombros en la capilla del Sacramento, protegida por una viga. La mujer pasó 30 horas en aquella posición hasta que fue rescatada; estaba maltrecha y muy golpeada pero con vida.

Intervención de las autoridades

Las autoridades municipales, civiles, militares y religiosas acudieron sin demora al lugar de los hechos y se reunieron para decidir urgentemente los pasos a seguir. Llegó el alcalde Mariano Campesino, las tropas de guarnición, organizaron grupos de observación para estar alertas a posibles nuevos desprendimientos, otros grupos para el orden público, otros para salvaguardar el resto de la catedral y evitar el pillaje. También fue incluido como ayuda y mano de obra un grupo de presidiarios de los que estaban confinados en las dependencias del monasterio de San Pablo. A continuación llegaron los arquitectos, los maestros de obra y varios albañiles provistos con sus herramientas.

Decidieron trasladar todos los objetos de la iglesia a otras parroquias y el alcalde tomó posesión de las llaves de las puertas para dejarlas bien cerradas y abrirlas solo para que los obreros pudieran entrar y salir en el transcurso de las obras que empezarían muy pronto. El Cabildo catedralicio agradeció a todos su presencia y ayuda y así lo hizo constar en el Libro de Actas:ACV, Libro de Actas, sesión extraordinaria de 31 de mayo de 1841.

Desmantelamiento de las ruinas

left|thumb|260px|Restos de la torre hundida en 1841 tras el proceso de demolición, con la cornisa destrozada por el efecto de la caída de las piedras. El informe de los arquitectos a la vista de cómo había quedado la torre fue desalentador. «El estado que presenta la torre es completamente desesperado». El Ayuntamiento tenía prisa por emplear medidas eficaces para evitar daños mayores de futuros desprendimientos de las ruinas que aún quedaban en pie. Se procedió en primer lugar a despejar toda la zona de los escombros caídos y una vez realizado este trabajo y siguiendo los consejos de los profesionales, se tomó la decisión de hacer el desmonte de la parte de la cúpula y del octógono que se mantenía en pie de forma muy insegura. Tanto el Ayuntamiento como el Cabildo se encontraban bastante escasos de fondos pero, además, no era fácil encontrar gente que quisiera hacer un trabajo tan peligroso. Fue entonces cuando se presentó voluntario Francisco González, un presidiario que cumplía condena por homicidio y que presentó un plan para proceder al derribo, con un presupuesto bastante bajo de 10500 reales y como pago de su trabajo, la exención de su pena; los arquitectos estudiaron y aprobaron el plan que se fue desarrollando con éxito y que concluyó el 14 de agosto de 1841.

Pero las autoridades no se conformaron con el desmonte de lo estrictamente ruinoso considerándolo insuficiente y decidieron que debía continuarse hasta llegar al primer cuerpo de la torre, es decir a la misma altura en que se encontraba la base de la torre de la parte este. Francisco González estuvo de acuerdo en seguir con la obra emprendida, pero esta vez cobrando, ya que había cumplido con lo pactado anteriormente.AMVA, Libro de Actas, sesión de 14 de agosto de 1841. El Ayuntamiento le entregó 170000 reales y la demolición continuó hasta la altura en que puede verse en la actualidad.Año 2008. Mientras tanto se iba haciendo muy despacio la labor de despejar los escombros acumulados de nuevo, salvando en lo posible los materiales que pudieran servir. Los compró el Ayuntamiento y se ocupó de su traslado, pero el resto de cascotes y escombro inútil permaneció en el sitio hasta el año 1843. También se fueron abriendo las calles afectadas, para que la ciudad volviera poco a poco a la normalidad.

Así quedó la primera y única torre de la catedral que nunca más fue levantada de nuevo. La catedral se vio sin torre, sin campanas y sin reloj. Las campanas y el reloj eran todo un símbolo y una necesidad para la población que confiaba tanto en unas como en otro, para los acontecimientos religiosos y de otra índole y para la distribución de su tiempo. La torre de la catedral y su reloj se veían desde cualquier punto de Valladolid y esa referencia se había perdido para siempre. Así, la vecina Universidad tuvo que construir una torre propia en 1857 para poder colocar un reloj en ella, pues hasta 1841 se había regido por el reloj catedralicio.

Torre del lado de la Epístola

thumb|220px|Detalle del plano de 1862, en el que se observa la torre proyectada, semejante a la desaparecida en 1841, pero sin el segundo cuerpo, con lo que era bastante más baja. Al ser llevada a cabo, sería objeto de muchas críticas por su falta de esbeltez, con lo que se tendría que hacer más alta, tal y como hoy se ve.El plano completo de la reforma de la catedral se encuentra aquí. La segunda torre,La torre de la derecha, según se mira al imafronte catedralicio. la que se conserva, es obra del . Su primer cuerpo, de planta cuadrada, estaba ya edificado en simetría con la torre de poniente.