Alfonso IX de LeónSegún la numeración cronológica real del Reino de León, debería haber sido conocido como Alfonso VIII, pero, históricamente se le asignó el ordinal IX, como forma de entroncar las cronologías de León y de Castilla —en Castilla reinaba por aquel entonces Alfonso VIII—. Sin embargo, en las Siete Partidas de su nieto Alfonso X, este afirmaba ser Afonso IX (Zamora, 15 de agosto de 1171-Sarria, 24 de septiembre de 1230)fue rey de León desde 1188 hasta su muerte. Su hijo Fernando III el Santo acabaría uniendo en 1230 los reinos de León y de Castilla mediante la Concordia de Benavente, lo cual supondría el surgimiento de la Corona de Castilla.
Hijo de Fernando II y de Urraca de Portugal, tuvo dificultades para hacerse con el poder debido a las intrigas de su madrastra Urraca López de Haro, que aspiraba a entronizar a su propio hijo, el infante Sancho. A lo largo de su reinado tuvo numerosos conflictos y tensiones con su primo Alfonso VIII de Castilla. Debido a estos, estuvo ausente en la batalla de Las Navas de Tolosa, pese a lo cual realizó una gran actividad de reconquista, recuperando para la cristiandad las ciudades de Cáceres, en abril de 1229, Mérida y Badajoz, en la primavera de 1230, y en general toda la mitad oeste de la actual Extremadura.
Se casó primero con Teresa de Portugal, matrimonio que fue anulado por consanguinidad y después con Berenguela de Castilla, de quien tuvo al infante Fernando. Tras anularse también este matrimonio, Berenguela se llevó a su hijo a su tierra natal y logró convertirlo en rey de Castilla a la muerte de Enrique I en 1217. Debido a ello, padre e hijo se distanciaron y, al parecer, la animadversión de Alfonso IX hacia los castellanos le llevó a dejar el reino en manos de Sancha y Dulce, las hijas habidas con su primera esposa, Teresa de Portugal, en lugar de las de su primogénito. Sin embargo, la madre de Fernando negoció con Teresa de Portugal la entrega de una pensión vitalicia a Sancha y Dulce a cambio de sus derechos y Fernando —que había amenazado a sus medio-hermanas con atacar el reino si no se cumplían sus exigencias— sucedió a su padre como rey de León, uniendo ambas coronas con la llamada Concordia de Benavente.
Acceso al trono e inicio del reinado Cuando su padre falleció en enero de 1188, Alfonso IX, que entonces tenía dieciséis años, halló enormes dificultades para acceder a un trono que por derecho de nacimiento le pertenecía. Por una parte, se encontraba su madrastra Urraca López de Haro, la cual quería eliminarlo, pues pretendía que su hijo Sancho fuera el que heredara el reino, a pesar de haber nacido más tarde. Urraca argumentaba que Alfonso IX no tenía derecho al trono porque el matrimonio entre sus padres había sido anulado. A esto se le unía el deseo de los reinos vecinos de Portugal y Castilla de repartirse el reino de León. No obstante, todo se resolvió a favor de Alfonso IX, debido a que Urraca no consiguió apoyo a sus fines entre los leoneses. thumb|Zamora, ciudad de nacimiento de Alfonso IX. El inicio del reinado fue sumamente complicado pues los portugueses y castellanos ambicionaban las tierras del reino de León por el este y por el oeste, mientras que los almohades suponían un gran peligro por el sur. Por si las amenazas extranjeras no bastaran, el nuevo monarca se encontró con que el reino estaba en bancarrota por la política que había llevado su padre durante su reinado. Con esta situación, el monarca, de dieciséis años, convocó las famosas Cortes de León de 1188 en las que fueron convocados por primera vez los representantes de las ciudades para intervenir en asuntos de Estado. Asistieron representantes de la nobleza, del clero y de las clases populares procedentes de León, Galicia, Asturias y Extremadura, con lo que constituyeron las primeras Cortes representativas de Europa y del mundo.González, Miguel Ángel y Chao, Ricardo, Historia de León, publicado en La Revista. Diario de León e mayo de 2006
Cortes de León
thumb|right|Las Cortes se reunieron en San Isidoro. Las cortes fueron convocadas en la primavera de 1188, probablemente en la primera quincena de abril, ya que el 27 de este mismo mes Alfonso IX confirmaba al obispo de Oviedo todos sus privilegios. Las Cortes se reunieron en el claustro de San Isidoro bajo la presidencia del rey leonés. Estaban presentes todos los obispos del reino, incluyendo al arzobispo de Santiago de Compostela, que era la máxima autoridad religiosa del reino, además de los nobles y los representantes de las ciudades del reino de León, que por primera vez eran convocados a un acto de estas características. Las ciudades representadas eran León, Oviedo, Salamanca, Ciudad Rodrigo, Zamora y Astorga, incluyendo también otras como Toro, Benavente, Ledesma y algunas más.
El motivo por el cual se convocó a los representantes de las ciudades fue sin duda la acuciante necesidad de solventar la grave situación económica que sufría el reino. El hecho de que los habitantes de las ciudades gozaran de una gran prosperidad económica y de que la colaboración con la nobleza en este aspecto fuera demasiado complicada, motivó que rey llamase a los representantes de las ciudades para que asistieran a estas Cortes. Así, Alfonso IX consiguió, sin implicar a la nobleza, generar más recursos para el reino, recursos cada vez más necesarios por el creciente gasto que ocasionaban las guerras con los vecinos; a cambio se comprometió a mejorar la administración de justicia y eliminar los abusos de poder de la nobleza.
Conflictos territoriales thumb|Valderas fue una de las plazas leonesas que usurpó Alfonso VIII en los inicios del reinado de Alfonso IX. Castilla Recién coronado Alfonso IX, en junio de 1188 se reunió con su primo Alfonso VIII de Castilla en Carrión, con la intención de iniciar unas buenas relaciones con Castilla que permitieran una paz duradera. La reunión consistía en una ceremonia para investir a Alfonso IX caballero, y, como era costumbre en estos casos, Alfonso IX besó la mano del rey castellano, recibiendo por parte de este la espada y el cinturón propios de un caballero. En la misma ceremonia fue armado caballero el príncipe Conrado de Suabia, hijo del emperador Federico Barbarroja del Sacro Imperio Romano Germánico. El príncipe había venido con el objetivo de desposar a la infanta Berenguela, hija de Alfonso VIII, algo que no pudo hacer debido a la oposición de esta.
Alfonso VIII de Castilla, más tarde, rompiendo el pacto entró con sus tropas en territorio leonés y se apoderó de varias plazas que nunca habían pertenecido a Castilla, entre ellas, Valencia de Don Juan y Valderas. Comenzaron así las hostilidades con el reino de León, invadiendo unos territorios que marcarían la política exterior de Alfonso IX.
En 1211 Alfonso devolvió el castillo de Alcañices a los templarios.
Portugal Sancho I de Portugal al oeste penetró en territorio leonés con el mismo objeto que Castilla: apoderarse de las tierras del reino de León. Así, el reino se vio cercado entre dos frentes que amenazaban con su destrucción.
thumb|180px|La liga de Huesca se fraguó en la ciudad del mismo nombre. Alfonso IX, viendo la situación, se dio cuenta del grave peligro que corría su reino. De este modo, para encontrar una solución, utilizó la diplomacia y se puso de inmediato a buscar apoyos en Portugal. Primero se entrevistó con Sancho I de Portugal y concertó el matrimonio con la hija del rey, la infanta Teresa, que más tarde se llamaría Santa Teresa de Portugal. Como ambos eran nietos de Alfonso Enríquez, primer rey de Portugal, el matrimonio entre ambos estaba prohibido. No obstante, el matrimonio duró tres años, en los cuales tuvieron tres hijos: Dulce, Fernando y Sancha.
La boda, por los motivos citados, no agradó a algunos eclesiásticos, que tomando cartas en el asunto informaron al papa Celestino III, que había sido consagrado recientemente, el 14 de abril de 1191, siendo este uno de los primeros casos con los que inauguró el pontificado. Celestino se mostró implacable y tildó el matrimonio de incesto, pronunciando más tarde una sentencia de excomunión y entredicho. La excomunión afectaba a los reyes de León y de Portugal, mientras que el entredicho afectaba a ambos reinos.
Liga de Huesca
En un tiempo convulso, el rey de Portugal propuso a su homólogo aragonés un pacto para defenderse de Castilla. El rey de Aragón, temeroso de Castilla, propuso al rey portugués que el pacto se extendiera al reino de Navarra y al reino de León. El pacto entre estos cuatro reinos, llamado la «Liga de Huesca», consistía en un compromiso por el cual ninguno de los monarcas firmantes entraría en guerra sin el mutuo consentimiento. Alfonso IX, por su parte, firmó el tratado por la poca confianza que tenía en Alfonso VIII, rey de Castilla, quien a pesar del convenio de Carrión seguía sin devolverle las plazas leonesas que aún retenía.
Pacto con los almohades
En 1191, Alfonso IX, temeroso del peligro que suponía el gran poder de los almohades, firmó una tregua de cinco años ante la imposibilidad de enfrentarse a un enemigo tan peligroso. El papa Celestino III no tardó en reaccionar ante este pacto. De esta manera, excomulgó al rey de León para castigarle por su pacto con los almohades. E incluso hizo más: procedió a conceder las mismas gracias a aquellos que lucharan contra el reino de León que las que recibían los que participaban en las Cruzadas, dejando así relevados de obediencia al rey a los súbditos leoneses.
Así pues, Portugal, creyendo que el final del reino de León estaba cerca, aprovechó la oportunidad para atacar al reino, esperando, como años atrás, ampliar sus dominios a costa del reino de León. Invadió Galicia con ayuda de varios nobles gallegos, tomando Tuy y Pontevedra, poblaciones que pasaron de nuevo al reino de León más tarde. thumb|Astorga resistió los ataques de Alfonso VIII cuando intentó conquistarla. Alfonso VIII de Castilla, por su parte, con la ayuda de Portugal y Aragón, aprovechó la bula para atacar también el reino de León. Penetró por el sur y atacó Benavente, fracasando en su conquista. Avanzó más tarde hacia el norte hasta Astorga, ciudad que también atacó fracasando en el intento de nuevo. Después de dejar un sendero de destrucción a su paso, llegó a las puertas de la ciudad de León, a la cual tan siquiera fue capaz de acceder, contentándose con la toma de Puente Castro, localidad cercana a la ciudad, tras varios días de brutales ataques. Después de ocupar esta localidad, el rey castellano saqueó y destruyó el barrio judío y su sinagoga, esclavizando a parte de sus moradores.
Cuando Alfonso IX recibió en 1195 ayuda de los árabes en forma de dinero y tropas, decidió contraatacar a Castilla, llegando hasta Carrión. De este modo y considerando Alfonso IX que se reparaba la humillación sufrida por el acto de besar la mano del monarca castellano y para confirmar la anulación de aquello, se hizo nombrar caballero nuevamente. Alfonso VIII de Castilla hizo también un pacto con los almohades para evitar males mayores.
El legado pontificio, conocedor de las malas relaciones entre los reinos de León y de Castilla, quiso mediar en el conflicto. Así, consiguió que ambos reyes se reunieran en Tordehumos, provincia de Valladolid, en donde se firmó un tratado de paz el 20 de abril de 1194, en el cual se obligaba al rey castellano a devolver de inmediato tres castillos leoneses (los de Alba, Luna y Portilla) y, a su muerte, todas las que Castilla había arrebatado a León tras fallecer Fernando II de León (Valderas, Bolaños, Villafrechós, Villarmentero, Siero de Riaño y Siero de Asturias). En el tratado, Alfonso IX se comprometió a casarse con Berenguela, hija mayor del rey de Castilla. La boda se celebró con gran esplendor en la iglesia de Santa María de Valladolid, a principios de diciembre de 1197.
La derrota de Alarcos