Manresa es un municipio y ciudad de España, capital de la comarca del Bages, en la provincia de Barcelona, comunidad autónoma de Cataluña. Se encuentra situada en el pla de Bages, cerca del ángulo donde confluyen los ríos Llobregat y Cardener. Con una población de , es la ciudad más poblada del Bages y de la Cataluña Central. Se encuentra a 65 km al norte de la ciudad de Barcelona y marca el límite entre el área industrial alrededor de Barcelona y el área rural del norte.
La ciudad forma un lazo muy importante de comunicaciones, acentuado con el eje del Llobregat y el transversal, entre la montaña y el mar, entre las planas interiores del Urgel y la Segarra y las comarcas orientales de la región. En cuanto a la economía, Manresa destaca por su industria textil, química y maquinaria, si bien en las últimas décadas ha sustituido la industria por el comercio. La ciudad también destaca por su conjunto medieval, con sus puentes sobre el río Cardener y su colegiata de estilo gótico (llamada La Seo). Además, en esta ciudad también se encuentran iglesias de estilo barroco, así como interesantes edificaciones modernistas.
Durante la guerra de la Independencia española, el somatén de Manresa venció a las tropas francesas cerca de El Bruc (junio de 1808), pese a que los franceses, ya en retirada, quemaron y derribaron gran parte de la ciudad. Después de la expulsión de las tropas napoleónicas, los manresanos reconstruyeron la ciudad mediante los escombros.
Geografía miniatura|Cueva de San Ignacio Situada en el centro de Cataluña, el río Cardener pasa por el sudoeste de la ciudad. Sin embargo, el municipio utiliza, para beber, el agua del río Llobregat, que pasa por el límite este del término. El agua es recogida a su paso por Balsareny y transportada a Manresa por una acequia hasta el parc de l'Agulla.
La orografía urbana está claramente marcada por la existencia de varios cerros (Puigcardener, Puigmercadal, Puigterrà, Puigberenguer y Tossal dels Cigalons).
El territorio, dentro de la cuenca de erosión del centro de la comarca, está rodeado por una serie de cerros marginales de poca elevación sobre el nivel del mar, como Collbaix (544 m), Bufalvent (387 m) y Montlleó (361 m),
Clima La ciudad de Manresa, ubicada a , queda incluida dentro de la franja de clima mediterráneo de media montaña, caracterizada por una escasa pluviosidad y una acusada oscilación térmica anual. Los inviernos son fríos, con escarchadas y nieblas, y las temperaturas elevadas de los veranos producen condensaciones de vapor de agua. La ciudad presenta un régimen equinoccial de lluvias, en otoño y primavera. La media de precipitación registrada durante el período 1936–84 fue de 604,6 mm. Los tres meses de sequía son junio, julio y agosto con valores en torno a los 35-38 °C. Diciembre, enero y febrero son los meses más fríos del año. La amplitud térmica anual es en torno a los 19 °C.
La temperatura media calculada sobre la base de los últimos diez años ha sido de 7,0 °C en invierno, 14,0 °C en primavera, 15,1 °C en otoño y 23,3 °C en verano. La temperatura mínima absoluta se registró el 8 de enero de 1985, cuando los termómetros descendieron hasta los -21,5 °C. También destacan los -19,0 °C alcanzados el 28 de diciembre de 1962, y los -14,0 °C alcanzados el 1 de febrero de 1947. La lluvia en el período 1931 a 1969 fue de 619 l/m² anuales de media; la evapotranspiración anual fue de 763 litros; por tanto, hay un déficit de lluvia total de 154 litros que ocurre durante el verano; la lluvia se reparte en 94 días del año; se presentan dos máximos, muy similares, en primavera y otoño.
Historia
Prehistoria Dentro del término de Manresa existen indicios de población neolítica de cuatro mil años atrás. Unas cuantas fosas sepulcrales, objetos de cerámica e industrias líticas en la zona del bosque de las Marcetes, en el barrio rural de Viladordis, dan testimonio de su paso.
Edad Antigua También se asentó un poblado íbero en el cerro del Puig Cardener. Recientemente se han recuperado diversos materiales, especialmente cerámicas, que permiten identificar la existencia de un poblado ibérico hacia el que se mantendría hasta finales del Era, posiblemente, la capital de los lacetanos que habitaban las comarcas actuales de Bages, Solsonés, Noya y Segarra.
Claudio Ptolomeo, geógrafo griego del , ya cita una ciudad llamada Bacasis, y la sitúa a orillas del río, cerca de un cerro suave y rocoso. Podría ser perfectamente Manresa y, de hecho, de aquella palabra derivaría el nombre de la comarca: Bages.
El cónsul Catón tuvo que conquistar esta zona hacia finales del para evitar las luchas con los poblados costeros romanos. Se cree que los romanos bautizaron el primitivo núcleo urbano con el nombre de Minorisa (o Manorasa), con motivo de las varias veces que había sido destruida la ciudad durante guerras y batallas. Esta teoría, sin embargo, es cuestionada por otros historiadores, al no existir documentos de época romana que mencionen su existencia.
Edad Media La presencia de los árabes fue prácticamente testimonial. En 785 la abandonaron y quedó en tierra de nadie. Unos años más tarde, en 796, los cristianos la ocuparon y Manresa entró a formar parte de la Marca Hispánica. Pero de nuevo fue destruida en 827, durante la revuelta de Aysun, un noble godo que, ayudado por Guillemó, hijo del conde Bera de Barcelona, empezó una guerra contra los francos con el apoyo de los árabes (incluso con la del emir Abderramán II). La resistencia del conde franco de Barcelona, Bernardo de Septimania, la hizo fracasar. La importancia de este episodio es muy relevante, ya que fue el único intento de oposición del pueblo indígena godo contra el nuevo dominio franco. En 841 o 842, los árabes volvieron a destruir Manresa.
La reconquista definitiva de Manresa se produjo a finales del a manos de Wifredo el Velloso, que restauró el obispado de Vic. El nuevo obispo, Gotmar, pidió ayuda a su correligionario Ermemir para remitir una petición al nuevo rey de Francia Odón I (Eudes), en la que solicitaba lugar para sus iglesias y un conjunto de derechos fiscales que hasta el momento recogía el conde del valle de Arlés y de los pagus de Manresa. El rey se lo concedió y reconoció por medio de un documento (precepto o privilegio) que firmó el 24 de junio de 889 en la ciudad de Orleans; es conocido como el «privilegio de Odón», donde, por vez primera, aparece el nombre de Manresa.
Posteriormente, a mediados del , se encuentra la primera referencia a Manresa como condado, que responde a una finalidad militar y de repoblación; las tierras centrales se habían despoblado casi por completo a causa de los enfrentamientos con los musulmanes de Lérida.
Después de la enésima destrucción sarracena acaecida hacia el año 1000, el obispo de Vic, el abad Oliva, acompañado por Ermesenda de Carcasona, el consejero Miró de Suria y otros nobles, clérigos, jueces y notarios, se reunieron y llamaron a seis testimonios con fama de honrados y de posición para rehacer los archivos y escrituras. Estos hombres viejos fueron los presbíteros Gaufredo y Bonfill, Perna, Gidela, Honofredo y Ennec. Estos nombres, extraños, son los primeros manresanos que se conocen por su nombre propio. El juez condal Ponç Bonfill y el levita Guifré, juez episcopal, les tomaron declaración y extendieron el acta correspondiente, que fue firmada por el conde, la condesa y el obispo, por los nobles Gombáu de Besora, Bernat Guifré de Balsareny y Miró de Suria, y por los clérigos Guillem, Guitard, Ermemir, Sunifredo y Viniá (también los primeros canónigos manresanos cuyo nombre se conoce).
La fisonomía de la pequeña ciudad del Puigcardener cambió radicalmente; se hizo una primera ampliación de las murallas, alargándolas y ensanchándolas, de manera que protegiesen, también, el Puigmercadal, llegando a rozar la pequeña iglesia de San Miguel, en la actual calle del mismo nombre.
Manresa tenía una gran importancia militar como sede de un condado sin conde, un territorio muy extenso que llegaba hasta las cercanías de Lérida, vigilado por la altas torres denominadas, precisamente, «torres manresanas». En el se produjo un nuevo ataque sarraceno, pero la ciudad, mejor organizada, pudo rehacerse rápidamente.
miniatura|La Seo
A partir de ese momento, Manresa empezó a crecer, organizarse, enriquecerse, dirigiéndose hacia lo que sería su «gran siglo». El gran nivel de organización gremial se pone de manifiesto en las cofradías que ya aparecen en el y que serán las verdaderas mecenas de las obras del siglo siguiente.
Este incremento de la actividad es gratificado con el aumento de los privilegios otorgados por los reyes a la ciudad. Destacan las dos ferias que le conceden: la de la Ascensión en 1283, por Pedro III el Grande, y la de San Andrés en 1311, por Jaime II, unas ferias que todavía perduran en la actualidad.miniatura|Puente Viejo de Manresa|izquierdaEn estas circunstancias, la ciudad experimenta un gran crecimiento demográfico; genera riqueza y trabajo, atrayendo excedentes de otras poblaciones, los segundones de las grandes masías acuden a ejercer actividades industriales y comerciales, e incluso la pequeña nobleza rural se siente atraída por la comodidad de la vida ciudadana y construye sus casas en Manresa. En estos momentos empieza la vida de dos barrios que adquirirán gran importancia: el de la Plana de San Miguel, con una población dedicada al comercio, y el barrio de las Codinas o Escodines, de población campesina. Había también, en esa época, una importante comunidad judía, ubicada en la actual Bajada de los Judíos, en la que tenían una escuela, una sinagoga y unos recientemente encontrados mikvah; se dedicaban, principalmente, al préstamo y profesiones liberales. Vestían de una manera peculiar que permitía identificarlos con facilidad. Su presencia nunca fue problemática ni se ha encontrado prueba alguna que delatara persecuciones o disturbios. Desaparecen, como comunidad, a finales del .miniatura|Seo de ManresaDurante la primera mitad del , Manresa entra en una época dorada que, con frecuencia, se denomina como el gran siglo manresano: el siglo gótico. Período de esplendor en los ámbitos demográficos, económicos y urbanísticos, con obras religiosas y civiles de gran envergadura: La Seo, iglesia del Carmen, de San Pedro mártir, de San Miguel, de San Andrés, de Santa Lucía, el convento de San Pablo, el monasterio de Santa Clara, el de Valldaura, Pont Nou y la obra principal de la ingeniería hidráulica del , la acequia de Manresa. Algunos historiadores han cifrado la población de Manresa, en esta época, en unos 3000 habitantes.
El rey Jaime I, en una visita a la ciudad, realizada en 1231, confirma el título de la ciudad, que desde el había ido cayendo en desuso. Concede, asimismo, diversos privilegios referentes al régimen municipal que iría evolucionando hasta el Consejo de Ciento que acabaría en el . La visita de Jaime I no fue la última visita real; también fue visitada por Alfonso IV, Juan I y, sobre todo, por Pedro IV, que tenía una especial predilección por Manresa ya que había estado hospedado en septiembre de 1344, julio de 1375 y, anteriormente, en 1351, cuando se encontró con su cuñado Carlos el Doliente, rey de Navarra, alojándose, ambos, en la hostería del convento de los Predicadores.
El aumento demográfico se estancó a causa de la peste de 1348, año en que la población disminuyó hasta el punto que se consideró una crisis demográfica. La prosperidad de Manresa empezó a decaer, viviéndose un clima de perpetua inseguridad que favoreció la aparición de los bandoleros.
Siguiendo la tendencia general de Cataluña que entró en una etapa de decadencia respecto a otras tierras peninsulares, los siglos posteriores fueron de un crecimiento lento. Epidemias, problemas dinásticos y, sobre todo, la Guerra civil que enfrentó a la Generalidad con el rey Juan II durante el decenio de 1462-1472.
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