Las Iglesias Reformadas constituyen una familia de iglesias cristianas protestantes surgidas durante la Reforma del Siglo XVI, especialmente en Suiza, los Países Bajos, Escocia y algunas regiones de Alemania. En la actualidad, el cristianismo reformado está representado principalmente por las tradiciones continental, presbiteriana y congregacionalista, así como por determinadas iglesias de las tradiciones anglicana, bautista, y valdense. Las iglesias reformadas comparten una herencia teológica caracterizada por el énfasis en la autoridad de la Escritura, la soberanía de Dios y la teología del pacto, anque difieren entre sí en cuestiones como el gobierno eclesiástico, el culto, la teología sacramental y otros aspectos doctrinales. Surgieron por primera vez en Europa en el , dentro de la Reforma protestante encabezada por teólogos reformadores como Juan Calvino, Ulrico Zuinglio, Martín Bucero, Enrique Bullinger, Pedro Mártir Vermigli, Teodoro de Beza y Guillaume Farel.

Historia La primera generación de teólogos reformados incluyó a Ulrico Zuinglio, Martín Bucero, Wolfgang Capito, Johannes Oecolampadius y Guillaume Farel. Aunque procedían de contextos académicos diversos, compartían varios elementos fundamentales de la teología reformada: la autoridad primordial de la Escritura, entendida como un todo coherente, y una concepción de los sacramentos como signos visibles del pacto de gracia. También rechazaban la doctrina católica de la presencia corporal de Cristo en la Eucaristía. En materia de salvación, afirmaban la salvación por gracia sola, la justificación por la fe sola y la elección incondicional.

La segunda generación estuvo encabezada por figuras como Juan Calvino y Enrique Bullinger. Las Instituciones de la religión cristiana de Calvino, escritas entre 1536 y 1539, se convirtieron en una de las obras teológicas más influyentes de la época. A mediados del , las diversas corrientes reformadas comenzaron a articularse en formulaciones doctrinales comunes.Un ejemplo importante fue el Consensus Tigurinus de 1549, que unificó las posiciones de Zuinglio, Bullinger y Calvino sobre la Cena del Señor: Cristo está realmente presente para el creyente, pero espiritualmente y no corporalmente, y la Cena es un medio de gracia. Esta convergencia doctrinal dio mayor estabilidad a la tradición reformada y facilitó su rápida expansión por Europa.

La tradición reformada se extendió posteriormente por Francia, los Países Bajos, el Palatinado alemán, Inglaterra y Escocia. En 1563 se elaboró el Catecismo de Heidelberg, que junto con la Confesión Belga se convirtió en uno de los principales estándares confesionales de las iglesias reformadas neerlandesas. En Escocia, Juan Knox desempeñó un papel decisivo en el establecimiento del presbiterianismo.

Durante la guerra civil inglesa, presbiterianos ingleses y escoceses produjeron la Confesión de Fe de Westminster, que posteriormente se convirtió en el principal estándar confesional de las iglesias presbiterianas del mundo anglófono.

Desde Europa, el movimiento reformado continuó extendiéndose hacia Norteamérica, Sudáfrica y Corea, convirtiéndose progresivamente en una tradición cristiana internacional.

Organización Cada nación en la que se estableció el movimiento de la Reforma tenía originalmente su propio gobierno de la iglesia. Varias de estas iglesias locales, o congregaciones, se han extendido por todo el mundo y la mayoría de las denominaciones han experimentado divisiones en múltiples denominaciones. El compromiso con la enseñanza del calvinismo original por lo general sigue estando reflejado en sus definiciones de la doctrina oficial, pero muchas admiten cierta flexibilidad doctrinal. Un estudio de 1999 encontró 746 denominaciones reformadas en todo el mundo.

Debido a su pasado histórico, las Iglesias Reformadas tienen la particularidad de ser independientes las unas de las otras, tanto desde un punto de vista doctrinal como organizativo, aunque la mayoría están federadas en Iglesias nacionales (por ejemplo, la Iglesia Evangélica Española).Historia de la Iglesia Evangélica Española , consultado el 12 de enero de 2011. A nivel mundial, la Alianza reformada mundial era la organización más importante (con unos 75 millones de miembros), delante del Consejo Ecuménico Reformado (Reformed Ecumenical Council) que contaba con 10 millones de personas. Desde junio de 2010, ambas organizaciones se fusionaron para formar la Comunión Mundial de Iglesias Reformadas. Existen también otras dos organizaciones mundiales de menor importancia y con rasgos más fundamentalistas: la Conferencia Internacional de las Iglesias Reformadas (International Conference of Reformed Churches) y la Confraternidad Reformada Mundial (World Reformed Fellowship).

En 1973, las Iglesias Reformadas y Luteranas de Europa firmaron un documento teológico, la Concordia de Leuenberg, por el que ponían fin a 450 años de división eclesial y decidieron obrar a favor de una Iglesia unificada. Desde entonces se han unido otras Iglesias protestantes de Europa y América Latina y siete Iglesias Metodistas europeas.Página oficial de la Comunión de Iglesias Protestantes en Europa (en francés, inglés y alemán)

Creencias Escritura y revelación Las iglesias reformadas creen que la Biblia es la única regla de fe infalible. La revelación de Dios tiene su centro en Jesucristo, único mediador entre Dios y la humanidad. La teología reformada distingue entre la revelación de Dios mediante la creación y la providencia, que permite conocer que Dios existe pero no proporciona por sí misma el conocimiento del evangelio, y la revelación de la redención, comunicada mediante el evangelio.

Entre los reformados existen diferentes posiciones sobre la naturaleza y el alcance de la verdad de la Biblia. Las corrientes reformadas conservadoras han defendido tradicionalmente su inerrancia, mientras que otras corrientes, especialmente influidas por Karl Barth, consideran que la Escritura es el testimonio primordial de la revelación de Dios en Cristo.

Teología del pacto La teología del pacto es una de las características más distintivas de la tradición reformada. Entiende la relación de Dios con la humanidad a lo largo de la historia mediante el concepto de pacto. En su formulación clásica, distingue principalmente entre el pacto de obras, establecido con Adán, y el pacto de gracia, mediante el cual Dios ofrece la salvación después de la caída.

Según esta perspectiva, la historia de la salvación descrita en el Antiguo y el Nuevo Testamento constituye una unidad, en la que las distintas administraciones de los pactos encuentran su cumplimiento en Cristo. No obstante, existen diferencias entre los teólogos reformados contemporáneos respecto a la formulación exacta de estos pactos.

Dios y la Trinidad En cuanto a la doctrina de Dios, la tradición reformada mantiene esencialmente la doctrina cristiana histórica de la Trinidad: existe un solo Dios en tres personas, Padre, Hijo y Espíritu Santo. También mantiene la enseñanza tradicional sobre la divinidad eterna de Cristo y su relación con el Padre y el Espíritu Santo.

Cristo Las iglesias reformadas confiesan que Jesucristo es una sola persona con naturaleza divina y naturaleza humana y que la encarnación fue verdadera y necesaria para la salvación de la humanidad. Una diferencia importante con la teología luterana y, especialmente, con la teología católica se encuentra en la comprensión de la presencia de Cristo en la Eucaristía: la tradición reformada sostiene que Cristo está presente espiritualmente, no corporalmente, en la Cena del Señor.

Siguiendo a Calvino, muchos teólogos reformados han descrito la obra de Cristo mediante su triple oficio de profeta, sacerdote y rey: como profeta, revela la verdad de Dios; como sacerdote, intercede por los creyentes y se ofrece como sacrificio por el pecado; y como rey, gobierna sobre su Iglesia.

En cuanto a la expiación, los protestantes reformados suelen sostener la doctrina de la sustitución penal: Cristo murió en lugar de los pecadores, cargando con el castigo correspondiente al pecado, de modo que quienes creen en él son considerados justos ante Dios.

Pecado La teología reformada sostiene, siguiendo la tradición de Agustín de Hipona, que la humanidad fue creada buena y a imagen de Dios, pero que la naturaleza humana quedó corrompida por el pecado de Adán y Eva. Esta doctrina se conoce como pecado original. El pecado no afecta únicamente a determinadas acciones, sino a la totalidad de la persona, incluida su voluntad. Esta concepción se expresa tradicionalmente mediante la doctrina de la depravación total. El término no significa que los seres humanos sean incapaces de realizar cualquier acto exteriormente bueno, ni que hayan dejado de portar la imagen de Dios. Significa que la corrupción del pecado alcanza todas las dimensiones de la naturaleza humana y que, por sí misma, la persona no puede evitar el pecado ni orientarse correctamente hacia Dios.

Salvación La teología reformada enseña que la salvación se recibe mediante la fe en Jesucristo y que la fe sola es suficiente como fundamento de la justificación. Sin embargo, la fe verdadera no se entiende como un mero asentimiento intelectual: implica confiar en la promesa de Dios y produce obediencia y buenas obras. Las buenas obras son, por tanto, fruto de la salvación, no la causa de ella.

La justificación es el acto forense por el cual Dios declara el perdón de los pecados de quienes creen en Cristo. Según la concepción reformada, el ser humano no puede preparar por sí mismo su arrepentimiento de manera suficiente debido a su condición pecaminosa; por ello, la justificación depende exclusivamente de la gracia libre de Dios.

La santificación, por su parte, es la obra mediante la cual Dios hace santos a los creyentes, capacitándolos para amar cada vez más a Dios y al prójimo. Las buenas obras son la consecuencia necesaria de esta transformación, pero no constituyen la base por la que Dios declara justo al creyente.

Predestinación Una de las doctrinas más características de la tradición reformada es la predestinación. En su formulación calvinista clásica, debido a la corrupción causada por el pecado original, el ser humano no puede, por su propia voluntad, producir la fe necesaria para acudir a Cristo. Aunque conserva voluntad y actúa voluntariamente, su naturaleza está tan afectada por el pecado que no puede dejar de pecar ni volverse hacia Dios por sus propias fuerzas.

La teología reformada clásica sostiene que Dios elige soberanamente a quienes salvará, y que esta elección es incondicional, es decir, no se basa en ninguna cualidad, mérito o acción prevista de la persona elegida. Esta posición se diferencia de la concepción arminiana, según la cual la elección divina está condicionada a la respuesta humana a Dios.

No obstante, no existe una única interpretación reformada contemporánea de la predestinación. Teólogos influidos por Karl Barth han reinterpretado la doctrina centrándola en Cristo y han rechazado la formulación tradicional de una elección de unos para salvación y otros para condenación, proponiendo en su lugar modelos que enfatizan la libertad de Dios para amar y reconciliar consigo a toda la humanidad.

Eclesiología Las iglesias reformadas entienden la Iglesia cristiana como la comunidad con la que Dios ha establecido el pacto de gracia, mediante el cual promete vida eterna y comunión con él.

La teología reformada distingue entre la Iglesia invisible, formada por todos los verdaderos creyentes conocidos por Dios, y la Iglesia visible, es decir, la comunidad institucional que reúne tanto a los verdaderos creyentes como a quienes profesan externamente la fe cristiana.