La muralla musulmana de Madrid, conocida como muralla árabe de Madrid, y de la que se conservan algunos vestigios, se encuentra en la ciudad española del mismo nombre y es probablemente la construcción en pie más antigua de la ciudad. Se edificó en el , durante el Emirato de Córdoba (756–929), bajo el gobierno del emir Muhammad I de Córdoba (852–886) en la península ibérica, en un promontorio situado junto al río Manzanares. Formaba parte de una fortaleza, alrededor de la cual se fue desarrollando el núcleo urbano de Madrid.
En 1954, la muralla fue declarada monumento histórico-artístico, por lo que es bien de interés cultural con categoría de monumento.
Los restos de mayor importancia, con un interés más arqueológico que artístico, se hallan en la cuesta de la Vega, junto a la cripta de la catedral de la Almudena. Han sido integrados en el parque de Mohamed I, llamado así en referencia a Muhammad I de Córdoba (transcrito como Mohamed), considerado el fundador de la ciudad.
En la calle Mayor, en el número 83, junto al viaducto que salva la calle de Segovia, se mantienen en pie las ruinas de la torre de Narigües, que probablemente hubiese sido una torre albarrana, con una localización separada de la muralla propiamente dicha, pero unida a esta a través de un muro. Su función era la de servir de otero.
En el se destruyeron algunos restos. Los lienzos existentes a la altura del número 12 de la calle de Bailén se perdieron con la construcción de un bloque de viviendas, si bien algunos muros se integraron en la estructura del edificio, en su parte inferior. La remodelación de la plaza de Oriente, finalizada en 1996, significó el descubrimiento y posterior desaparición de numerosos restos. No es el caso de la atalaya conocida como torre de los Huesos, cuya base se exhibe en el aparcamiento subterráneo de la citada plaza.
Entre 1999 y 2000, se puso al descubierto otro tramo, de unos 70m de longitud, bajo la plaza de la Armería, formada por las fachadas principales del Palacio Real y de la catedral de la Almudena. Fue excavado durante las obras de construcción del Museo de Colecciones Reales y podría corresponder a la puerta de la Sagra, uno de los accesos al recinto amurallado.
Contexto histórico Los recintos amurallados en al-Ándalus thumb|350px|Detalle del dibujo realizado por Anton Van der Wyngaerde en 1562, donde se aprecia la muralla musulmana de Madrid, desde el desaparecido alcázar, a la izquierda, hasta la puerta de la Vega, a la derecha.
A la hora de estudiar el urbanismo musulmán es necesario en primera instancia evitar una serie de tópicos muy habituales en torno al tema. En primer lugar, lejos de lo que se suele afirmar al comparar las ciudades musulmanas con las cristianas, las primeras no son un cúmulo de edificios sin orden alguno. Todo lo contrario, pues, tal y como dice Torres Balbás, «la islamización supuso un molde uniforme urbano, consecuencia de una forma de vida».BIDAGOS, P. y otros, Resumen histórico del urbanismo..., p. 79. Por ejemplo, el hecho de encontrar calles sinuosas responde a un contexto en el que la defensa es una necesidad primordial.BIDAGOS, P. y otros, Resumen histórico del urbanismo..., p. 92.
En lo que respecta a la muralla, esta cumple una función múltiple. Las ciudades árabes tienen por núcleo principal una medina, en la que se hallaban, entre otros edificios, la mezquita mayor, la alcaicería o el hammam, y esta está rodeada por una muralla, se deduce la función defensiva, simbólica y administrativa que tiene el recinto amurallado. En Madrid ocurre lo mismo, y la muralla estaba llamada a proteger la zona fundamental de la ciudad —no solo del exterior, sino también de posibles revueltas internas provenientes de los arrabales (también posiblemente amurallados)—, a que a través de los muros se hiciese una diferenciación de espacios y a que, gracias a las puertas —tres en este caso— se pudiese hacer un control impositivo.
De este modo, la ciudad estaría dividida entre medina, o centro de la vida religiosa y comercial, y rabad, los «populosos barrios extramuros». Desde el punto de vista urbanístico, la muralla condicionaría el urbanismo a través de sus puertas y su trazado: de sus puertas porque a través de ellas discurrirían las calles de mayor afluencia y de su trazado porque los barrios oscilarían en torno a él.
En este apartado también se podría hablar de las diferentes propuestas a la hora de levantar una muralla, desde los materiales empleados hasta el modelo para adaptarse a la orografía. Sin embargo, prácticamente hay tantos modelos como casos.PAVÓN, B. Ciudades hispano-musulmanas.
El Madrid medieval thumb|350px|Dibujo del alcázar de Madrid de J. Cornelius Vermeyenen, realizado hacia 1534-1535. En la parte izquierda se observa parte de la muralla musulmana, que, en el , presentaba un visible estado de deterioro.
La construcción de esta muralla se vincula directamente con el origen de Madrid. Fue mandada levantar por el emir cordobés Muhammad I (852-886), en una fecha indeterminada comprendida entre los años 860 y 880, según un texto de al-Himyari., M., Madrid musulmán, p. 88. Se hizo en una zona no elegida por casualidad: había una amplia vega cultivable y fácil acceso a reservas acuíferas.FERNÁNDEZ UGALDE y otros, Las murallas de Madrid..., p. 26. Defendía la almudaina o ciudadela musulmana de Mayrit (primer nombre de la ciudad), emplazada en el lugar que actualmente ocupa el Palacio Real.
Según los cronistas musulmanes de la época, la muralla presentaba una gran calidad en su factura y en sus materiales de construcción. El historiador Jerónimo de Quintana se hizo eco de estas crónicas en el siguiente texto del : «fortíssima de cal y canto y argamasa, leuantada y gruessa, de doze pies [casi tres metros y medio] en ancho, con grandes cubos, torres, barbacanas y fosos».«Primer Recinto: Muralla musulmana», en El Madrid Medieval.
El conjunto fortificado tenía como misión vigilar el camino fluvial del Manzanares, que comunicaba los pasos de la sierra de Guadarrama con Toledo, amenazado por las incursiones de los reinos cristianos del norte peninsular. Se regía como un ribat o comunidad al mismo tiempo religiosa y militar., M., Madrid musulmán, p. 89.
El recinto amurallado de Mayrit estaba integrado dentro de un complejo sistema defensivo, que se extendía por diferentes puntos de la Comunidad de Madrid. Entre ellos cabe citar el de Talamanca de Jarama, el de Qal'-at'-Abd-Al-Salam (Alcalá de Henares) y el de Qal'-at-Jalifa (Villaviciosa de Odón). No obstante, no hay que pensar en Mayrit como un núcleo de gran entidad, sino como uno más de los muchos que había —tanto es así que a veces es difícil encontrar referencias a la ciudad en las crónicas—.FERNÁNDEZ UGALDE y otros, Las murallas de Madrid..., p. 30.
En el el califa de Córdoba Abd al Rahmman III ordenó reforzar la muralla, después de sufrir varias situaciones de peligro, como la avanzadilla cristiana del rey Ramiro II de León, en el 932. En el año 977, Almanzor eligió la fortaleza de Mayrit como punto de origen de su campaña militar.
Con la conquista cristiana de Mayrit en el , el primitivo recinto amurallado fue ampliado, levantándose uno de mayor perímetro, conocido como muralla cristiana de Madrid. Así, el núcleo madrileño no perdería su función defensiva en ningún momento.FERNÁNDEZ UGALDE y otros, Las murallas de Madrid..., p. 31.
Según la leyenda, la imagen de Santa María la Real de la Almudena, antes denominada Santa María la Mayor, se encontró en el año 1085 (supuestamente, tres siglos después de que los cristianos la escondieran de los musulmanes) en la conquista de la ciudad por el Rey Alfonso VI, en uno de los cubos de la muralla, cercana a la llamada puerta de la Vega, y colocada en la antigua Mezquita, para su culto y devoción por la Corte y el pueblo de Madrid.
Características Datos generales thumb|230px|Otra vista de los vestigios del parque de Mohamed I. La muralla musulmana de Madrid protegía un conjunto fortificado, en el que destacaban tres edificios principales: el alcázar, la mezquita y la casa del emir o gobernador.
Arrancaba directamente del alcázar, desde su parte meridional, quedando los otros tres lados del edificio al descubierto, ya que lo abrupto del terreno no hacía necesaria una fortificación mayor del mismo. Hacia el oeste, los escarpes situados sobre la vega del río Manzanares constituían una defensa natural del alcázar; similar función cumplían los barrancos y quebradas del arroyo del Arenal, hacia el norte y hacia el este.
Su longitud total era de aproximadamente 980 metros y encerraba una superficie de unas cuatro hectáreas.CÁMARA MUÑOZ, A. y GUTIÉRREZ MARCOS, J., Castillos, fortificaciones..., p. 173. Tenía un foso exterior solo en su tramo oriental, el único donde el terreno presentaba una altura incluso superior a la de la propia muralla.
Alrededor de la muralla, existían diferentes atalayas independientes, si bien sólo se tiene constancia histórica de la torre de los Huesos, llamada así por su proximidad con un cementerio. Fue construida en el antes de la conquista de Madrid por el rey Alfonso VI de Castilla e integrada en la muralla cristiana como torre albarrana.
Fuera del recinto amurallado, existían diferentes terrenos públicos dedicados al esparcimiento y a los juegos ecuestres (almusara), además de un barrio árabe o medina y un arrabal cristiano o mozárabe.
Puertas thumb|250px|Detalle de la puerta de la Vega, en el plano de Pedro Teixeira, de 1656.
El recinto amurallado constaba de tres puertas, de acceso directo y sin recodo: la puerta de la Vega, situada en la actual cuesta de la Vega, comunicaba el recinto militar con las vegas del río Manzanares y los caminos de Castilla y Extremadura. Pudo estar ubicada en el lugar que hoy ocupa la hornacina exterior de la Virgen de la Almudena, junto a la cripta de la catedral homónima; la puerta de la Mezquita o Arco de Santa María conducía al núcleo civil desarrollado fuera de la fortaleza, a través de la actual calle Mayor; la puerta de la Sagra, de la Xagra o del Campo iba a parar a las huertas, por la actual calle de Bailén, en semiesquina con la plaza de Oriente.
Desde una perspectiva arqueológica, la puerta de la Vega es la que más datos ofrece, tanto por las referencias existentes como por los datos extrapolados de las excavaciones. Se ha documentado la cimentación de uno de los cubos que flanquearían, en origen, dicha puerta. Las dimensiones del acceso, según los datos extraídos de las excavaciones, serían de 4,5 por 3,5 metros. Tipológicamente es una puerta estrecha, entre dos torres y con un desarrollo escaso. Tras las actuaciones arqueológicas solo se han conservado los cimientos, pero estos se hallan fuera de su posición original.
Torres La muralla estaba ordenada en diferentes torres, de planta cuadrangular —de entre 3,3 y 2,4 metros de lado, según la torre—FERNÁNDEZ y otros, Las murallas de Madrid..., p. 55. y con zarpa en la base, con una disposición poco saliente con respecto al muro principal. Se sucedían aproximadamente cada 20 metros. Sus lienzos combinaban cantería de sílex y piedra caliza.
A pesar de las medidas, en la actualidad apenas resaltan respecto al paramento en el que están enmarcadas. En el tramo que debe servir forzosamente como guía por ser el mejor conservado, el del parque Mohamed I, cuenta con unos veinte metros de separación entre torre y torre, albergando un total de seis —lo cierto es que falta una, pero está constatada su base—. Las torres sirven para confirmar una vez más que se está ante un recinto de corte islámico. Esto se deduce por la forma de las torres, pues por lo general las cristianas están dotadas de una forma semicircular, claramente alejadas de las que se aprecian en el parque Muhammad I.
Fragmentos visibles Parque Mohamed I thumb|250px|Restos de la muralla musulmana de Madrid, en la cuesta de la Vega, integrados dentro del parque de Mohamed I.