La Batalla de las Vegas de Saldías fue un enfrentamiento militar librado el 10 de octubre de 1821 en el contexto de la guerra a Muerte, la fase final de la independencia de Chile. En ellas se enfrentaron las montoneras realistas de Vicente Benavides y una división patriota mandada por el coronel Joaquín Prieto, terminando con una decisiva victoria de las fuerzas republicanas.
Antecedentes Situación previa El 21 de julio de 1821, el general Ramón Freire llegaba a Concepción desde Chillán y encargaba el mando del Ejército del Sur al coronel Joaquín Prieto. El 4 de agosto seguía para Santiago acompañado por el comisario militar Juan Castellón y su secretario, Bernardo Osorio. Entre sus objetivos estaba el conseguir más recursos para las tropas en el sur, que estaban en un estado paupérrimo, con sus batallones diezmados por los rigores de la campaña, pues el gobierno de Bernardo O'Higgins le había dado prioridad a la Expedición Libertadora del Perú.
Prieto no había perdido el tiempo, para el historiador chileno Francisco Antonio Encina era «Astuto, perspicaz y conocedor de hombres más allá de toda ponderación, era absolutamente el único militar de su época que podía pacificar el sur». Durante el año anterior había dado muerte en una emboscada a Manuel Turra, uno de los lugartenientes de los hermanos Pincheira. En marzo había negociado con estos últimos una amnistía y les había pedido permiso para atacar a los pehuenches y recuperar ganado robado, sin embargo, el coronel Vicente Antonio Bocardo y Santa María nombró capitán al mayor de los hermanos, Juan Antonio, y con aquel halago logró su fidelidad, acabando con las negociaciones. Al mismo tiempo, el capitán de húsares y jefe entre los huilliches, Juan Bautista Espinosa, consiguió el retorno de muchos soldados y civiles y la sumisión de los indios de Trilalevu y dos franciscanos, Marcos Rodríguez y Patricio Araneda. El primero permaneció en la comarca con el capitán Francisco Bulnes para avivar el ánimo entre los patriotas y el segundo fue enviado a la zona del río Biobío para ganar el apoyo de los locales.
Benavides respondió creando una compleja red de espías, y por eso la capital sureña estaba llena de oficiales enemigos espiando al coronel, refugiándose de noche en los hogares de los realistas. Ante esto, Prieto creó una «junta de seguridad pública» a cargo del comandante de armas, capitán Pedro Barnechea Barriga, y se dispuso buscar sus escondites. En la madrugada del 6 de agosto aparecieron ahorcadas en la plaza de Concepción las encubridoras Manuela Mendoza y Catalina Sobarzo, y los espías Candelario Ibacache y Fermín Garrido. Poco después se descubrió que un monje mercedario apellidado Gómez dirigía el espionaje desde su convento de claustro mediante su hijo natural llamado Fernando y la madre de este. Cada noche cambiaban los espías y enviaban mediante una balsa a los informantes a San Pedro.
Por la misma época, la guarnición y la población de Chillán malvivían gracias a ínfimas raciones de trigo mientras los realistas gozaban con grandes cantidades de provisiones gracias a sus actividades corsarias en la costa de Arauco. El hambre no solo era causada por los ladrones, también por «contratistas» que exigían precios exorbitantes para enviar comida al sur. Desde Santiago y Valparaíso controlaban el mercado de alimentos.
A finales de agosto llegó la noticia de la entrada de José de San Martín en Lima y la caída del virrey Pezuela, por lo que Prieto escribió una carta desde Concepción el 4 de septiembre a Benavides para que cesara sus acciones porque ya desaparecido el poder monárquico en Perú, su lucha era inútil. Tres días después le respondió que seguiría luchando. El jefe guerrillero se negó, según el historiador liberal chileno Benjamín Vicuña Mackenna, porque era un salteador interesado únicamente en el botín y planeaba proclamarse «rei, cacique o presidente» una vez tomara Santiago porque odiaba a los españoles, según le habrían escuchado decir sus confidentes. Era por ello que sus lugartenientes peninsulares, como el coronel Juan Manuel Pico, el teniente coronel Miguel de Senosiaín y Ochotorena y el sargento mayor Antonio Carrero, conspiraban contra él, a quien también despreciaban por su origen criollo.
El jefe monárquico estaba decidido, esta vez no atacaría Concepción, marcharía directamente sobre Santiago, pero antes debía vencer a la fuerte división que Prieto tenía en Chillán. Ese siempre fue su objetivo final y tanto fue el año anterior su optimismo en conseguirlo que escribió cartas al virrey peruano para solicitar que le hiciera decapitar si no lograba tomarla.
Cruce del Biobío El 16 de septiembre el intendente Prieto salía de Concepción, llegando a Chillán dos días más tarde para preparar sus defensas ante un predecible ataque de los monárquicos. Pasaron cuatro jornadas cuando un espía llamado Maldonado, apostado en las colinas de Rere por orden del comandante José María de la Cruz Prieto para vigilar el vado de Monterey, divisó un gran número de balsas transportando a través del río Biobío a los dragones de Pico, quienes formaban la vanguardia realista, no menos de 1500 monárquicos participaron en la operación. Era la tercera vez que el caudillo sureño cruzaba el río para intentar hacerse con la provincia de Concepción. El momento fue bien escogido, pues Prieto estaba más preocupado de un viaje a Florida donde debía reunirse con el intendente interino de la provincia. El coronel canceló el viaje y le pidió al intendente sus mejores tropas y al cacique Venancio Coñepán, acampado en Yumbel, sus guerreros para defender Chillán.
El caudillo cruzó el río el mismo día acompañado de su escolta personal siguiendo los pasos de los dragones de Pico. En Yumbel se les sumaron los húsares de Bocardo, provenientes de Quilapalo, y en Tucapel Juan Antonio Pincheira con 5 o 6 compañeros provenientes de su malal, al obedecer su llamado. Así, el 27 de septiembre, con no menos de 250 paisanos sumados a su tropa y armados con su parque, acampó a orillas del Itata, en el camino entre Concepción y Chillán, aislando ambas guarniciones y esperando atacar una a la vez.
Informado por el comandante Cruz, que vigilaba a Benavides, el coronel Juan de Dios Rivera, intendente interino de Concepción, convocó una junta de guerra el 21 de septiembre y se resolvió unánimemente tomar todas sus fuerzas para defender Chillán subiendo por el Itata. Cuando los vecinos se enteraron, enviaron un poco de dinero y una súplica de ayuda a Freire en la capital. Por fortuna, al día siguiente, Rivera suspendió la expedición y ordenó a Prieto venir a reforzar Concepción con lo mejor de su caballería. Se ordenó a Cruz atacar la retaguardia realista con su escuadrón de cazadores, que estaba en Rere, pero los guerrilleros de esa localidad, Dámaso Morales y José Quezada, cubrieron los vados del Laja y Biobío para impedir la retirada a los patriotas.
Las fuerzas realistas estaban debilitadas, pues el jefe guerrillero José María Zapata había sido vencido y muerto por el coronel Pedro Ramón de Arriagada en Cocharcas, el 27 de noviembre del año anterior. Los caciques pehuenches, en particular Martín Toriano, se retiraron con más de 2000 guerreros y volvieron a sus tierras sin combatir más.
Avance realista Los vecinos de Chillán recibieron órdenes de guarnecer sus ganados, familias y posesiones dentro de la plaza de Armas para evitar la furia de los monárquicos. Se construyeron fosos en las calles, parapetos y troneras en las paredes y tejados, trincheras de adobe y madera en las esquinas del cuadro defensivo, se repartieron armas a los vecinos que sabían disparar, se mandó a las mujeres cuidar de la comida y hacer vendajes para el hospital y no se permitió a nadie salir de la ciudad.
Por su parte, Benavides había cruzado el Itata y acampaba en un campo entre Huechupin y Guape. Por dos días fue vigilado desde las alturas de Collanco por una avanzadilla de 40 dragones mandadas por el oficial Manuel Zañartu, pero sus informes eran incompletos, pues no podía aproximarse a saber el número ni organización de sus enemigos. Finalmente, el 30 de septiembre Prieto envió cuatro montoneros a espiar el campamento enemigo (identificados como El Macheteado Rodríguez, Alejo Lagos, Salvo y Monsalve). Estos llegaron con Zañartu y en la noche se aproximaron a los realistas.
Al amanecer del 1 de octubre llegaron a la planicie donde estaba el enemigo y atacaron sable en mano a cuatro oficiales que iban a un rancho cercano a almorzar. Tres monárquicos huyeron al verlos, pero el capitán José Miguel Neira se quedó y le disparó con su pistola a Macheteado, fallando y recibiendo de su rival y sablazo en la cabeza, pero antes que Lagos le ultimara pidió piedad. Le llevaron ante el coronel Prieto. Creyendo que iba a morir le dijo al oficial todo lo que deseaba saber pero no fue ejecutado por decisión de aquel. Esto desagrado a Macheteado, quien afirmó haberlo traído vivo solo para confesar y exigió después matarlo a machetazos.
Sabedor de la captura de Neira, Benavides ordenó marchar sobre Chillán, llegando a las 08:00 horas del 2 de octubre al antes cerro del Rey, luego cerro de los Patriotas, en Collanco. Prieto salió a esperarlo en las zonas entre el monte y la villa, pues estaban inundadas por lluvias primaverales y sólo se podía atravesar por pocos puntos, además, el coronel debía intentar compensar su inferioridad numérica, pues apenas contaba con 600 soldados. El caudillo respondió formando a sus tiradores en columnas para presionar por los diferentes pasos pero estos fueron recibidos por fuego de artillería y fusileros, el gran bullicio de los vecinos e indios que había en Chillán y los ataques de las guerrillas de Ñego, Machenga y Macheteado, intimidando a los atacantes y forzándolos a retirarse con algunos heridos. Al mediodía Benavides convocó un consejo de guerra en el monte de Urra. Se decidió enviar una carta al coronel patriota convocándolo a luchar en campo abierto en dos horas con la esperanza que abandonara sus sólidas posiciones, pero Prieto ni siquiera le contestó.
Fue entonces cuando el caudillo se retiró a Cato (o Coto), al parecer buscando refugio en la cordillera, pero Prieto no le persiguió sabiendo de su inferioridad numérica. Cuando llegó, se dedicó a saquear la localidad y el 6 de octubre cruzaba el río Ñuble por el vado de Nahuel Toro, amenazando San Carlos y Cauquenes y toda la cuenca del Maule. Al parecer, simultáneamente su retaguardia empezó a ser acosada por tropas enemigas. Ocupó la primera villa sin resistencia a la jornada siguiente, atacando una casa grande en el camino que conectaba San Carlos con Chillán, cerca del paso de Cocharcas y propiedad de Miguel Soto, quien dirigió exitosamente la defensa de su hogar. Esta nueva derrota llevó a Benavides a volver a la cordillera, cruzando de vuelta el Ñuble por el vado de Cato en la noche del 8 de octubre, perdiendo mucha gente porque las aguas estaban crecidas por las lluvias. Siguió por los montes chillanejos con rumbo a Tucapel vencido y despreciado por sus lugartenientes. El día 9 siguió la retirada bajo una tormenta, creyéndose perseguido por sus enemigos.
En cambio, en Chillán el 7 de octubre, llegaban al mando del coronel Santiago Díaz el batallón Número 3 Carampangue, los cazadores del comandante Cruz, una compañía de jinetes veteranos de Concepción, un puñado de indios del cacique Coñepán y dos cañones. En total, eran aproximadamente 600 hombres. Con este refuerzo Prieto abandonó su actitud defensiva y salió a cazar a su enemigo. Al amanecer del 8 ocupaba el balseadero de Cocharcas con la intención de cruzar el Ñuble y forzar una batalla campal en los llanos de San Carlos.
Fuerzas enfrentadas Realistas