thumb|Bandera de la Provincia de La Rioja. La Historia de La Rioja es la cronología de los hechos que sucedieron en la Provincia de La Rioja desde el comienzo del los primeros pobladores humanos hasta la provincia actual
Primeros pobladores
Los primeros pobladores de la actual provincia de La Rioja parecen haber llegado alrededor del 7000 a. C. Habrían pertenecido al tipo racial huárpida, y más tarde fueron desplazados hacia el sur.
Hacia el año 200 a. C. aparecieron los primeros agricultores, parcialmente pertenecientes a tipos raciales andinos, que desarrollaron la llamada cultura condorhuasi. Doscientos años más tarde aparece una cultura agrícola y alfarera más desarrollada, la cultura de la ciénaga. Desde los años posteriores al año 300, se desarrolló en su territorio la cultura de la Aguada, claramente asociada a la cultura tiahuanaco, ubicada mucho más al norte.
Los agricultores que desarrollaron la cultura de sanagasta eran grupos diaguitas marginales. Estos fueron sometidos al dominio del Imperio incaico poco antes del año 1500; sin embargo, la influencia cultural del mismo fue relativa, debido especialmente a la lejanía de esas tierras con la capital del imperio, Cusco, y las zonas más densa y antiguamente pobladas por población quechuahablante.
Los diaguitas habitaban la mayor parte del territorio riojano a la llegada de los españoles. Los olongastas ocupaban la zona de la Sierra de Los Llanos, y los capayanes ocupaban las estribaciones de la Cordillera de los Andes; sin embargo, se supone que ambas etnias pertenecían cultural e idiomáticamente al grupo diaguita; lo que es casi seguro es que hablaban una variante de la lengua cacana.
Los indígenas estaban agrupados en pueblos, cada uno autónomo de los demás, con su cacique individual. Muchas veces, los pueblos dieron nombre a las parcialidades de indios, dando a entender que eran «naciones» independientes entre sí. Todos los pueblos eran de pequeñas dimensiones, siendo excepcionales los que pasaban de 40 casas, es decir, de 200 o 300 personas.
Entre los pueblos del territorio, se pueden citar: Vinchina, Cocayambi, Acampis, Jagüé y Guandacol, en el valle de Vinchina. En el valle de Famatina, Famatina, Anguinán, Sañogasta, Malligasta, Vichigasta, Catinzaco, Antaza y Pituil. En el valle de San Blas de los Sauces existían los pueblos de Tuyubil, Suriyaco, Salicas y Alpasinche. La "ciudad" más importante del período fue la Tambería del Inca, una sede administrativa creada a nuevo por los conquistadores y organizada como todas sus ciudades, en torno al circuito de la red caminera incaica; estaba ubicada junto al cementerio de la actual ciudad de Chilecito, lo que terminó por causar la completa destrucción de sus restos arqueológicos por falta de protección de los mismos. alt=Antigua estrella diaguita se halla en Vinchina, La Rioja.|miniaturadeimagen|Antigua estrella diaguita se halla en Vinchina, La Rioja. En el norte de la provincia, estaban los pueblos de Aimogasta, Machigasta, Aminga, Chuquis y Anillaco. En el centro de la provincia estaban Sanagasta, Yacampis, Cilpigasta, Musitián y Huaco. En la Sierra de los Llanos estaban los pueblos de Olta y Atiles, que sobrevivieron largos años a la conquista española, y otros que desaparecieron con el avance de esta, como Polco.
El fundador de la capital de la provincia informó que había alrededor de 20 000 indígenas a su jurisdicción, dato que no ha sido mejorado por investigaciones posteriores, y que puede darse como aproximadamente válido.
La Conquista española
El actual territorio riojano dependió originalmente de Chile como parte del reparto de Sudamérica ejecutado por el rey Carlos V. Pero cuando, por real cédula del 1 de marzo de 1543, fue creado el Virreinato del Perú, todo Tucumán quedó integrada en él.
Los primeros españoles que entraron con seguridad en el actual territorio riojano fueron Juan Núñez de Prado, en 1553. En 1564 fue fundada la gobernación del Tucumán, con el nombre de San Miguel de Tucumán, Juríes y Diaguitas. Su primer gobernador fue Francisco de Aguirre instalado en Santiago del Estero. Con la creación de la gobernación en 1566 y del Obispado en 1570, esta región empezó a cobrar importancia. alt=Fundación de la Ciudad de La Rioja el 20 de mayo de 1591 por Juan Ramírez de Velasco|miniaturadeimagen|Fundación de la Ciudad de La Rioja el 20 de mayo de 1591 por Juan Ramírez de Velasco En 1591, el gobernador del Tucumán, Juan Ramírez de Velasco, originario de La Rioja española, presidió una gran expedición con la cual fundó el 20 de mayo la Ciudad de Todos los Santos de la Nueva Rioja, actualmente conocida simplemente como La Rioja.
Todos los documentos fundacionales hasta el dicen "ciudad de Todos Santos" pero durante en el empezó a escribirse "Todos los Santos".
Originalmente, la intención de Velasco era fundar en el Valle de Famatina, donde ya se sabía que había riquezas mineras, especialmente plata. Pero una serie de conflictos de jurisdicción que no pudo resolver lo inclinaron a fundar la ciudad en el Valle de Sanagasta, en el mismo lugar en que se encontraba el pueblo indígena de Yacampis, otros autores sostienen que fue fundada en ese lugar porque viajando camino a famatina recibe la noticia que en dirección al valle de Yacampis, existía un lugar hermoso y una tribu de aborígenes fáciles de someter, lo cual le daría mano de obra. Lo que se supo más tarde es que las comunicaciones con Famatina eran mucho más complicadas que lo previsto, ya que la sierra de Velasco resulta infranqueable, y se impone esquivarla por el norte o el sur.
Guerras Calchaquíes
En torno al año 1595 ocurrió un alzamiento de los indígenas sometidos en la conquista, que fue aplastado con facilidad por los españoles. Para asegurar la conquista, desde La Rioja fue refundada la ciudad de Londres (Catamarca), en el actual emplazamiento de Belén. derecha|sinmarco Durante esos años, las actividades más destacadas estuvieron a cargo de los misioneros, entre los cuales se destacó el religioso Francisco Solano. Las famosas Ordenanzas de Alfaro intentaron resolver el problema del maltrato a los indígenas, pero en la práctica no llegaron a aplicarse.
Una de las causas del alzamiento fue que los españoles desconocían la idiosincrasia Indígena, como ocurrió en el caso de maltrato a un cacique al cual se le habría cortado su largo pelo, signo de respeto en su tribu Hualfín por parte del gobernador Felipe de Albornoz que derivó en el llamado Gran Alzamiento del año 1630; este fue un levantamiento general de todas las poblaciones diaguitas desde los Valles Calchaquíes hasta el sur de La Rioja. Los indígenas mataron a la mayor parte de los encomenderos que no residían en las ciudades y atacaron estas. La ciudad de Londres fue completamente despoblada, y La Rioja estuvo en serio riesgo de desaparecer.
Pero la superioridad de los españoles en armamento, organización y comunicaciones logró que, tras dura lucha, los pueblos indígenas fueran derrotados hacia el año 1636. Los vencidos fueron, casi sin excepción, masacrados; y los pueblos de cuya lealtad se dudaba fueron trasladados a gran distancia de su lugar de origen.
Un nuevo alzamiento general fue provocado por un falso inca, un español llamado Pedro Chamijo (también conocido como Pedro Bohórquez o Inca Hualpa). Este logró dirigir una confederación militar que se mantuvo fuerte por años en los Valles Calchaquíes y amenazó La Rioja. Pero la ambición de Bohórquez llevó a sus aliados indígenas a la perdición, cuando quiso extender sus dominios hacia Salta y fue derrotado. Tras la ejecución de Bohórquez, la última guerra calchaquí terminó en 1667. Como resultado de estos alzamientos, más de la mitad de los pueblos fueron trasladados.
De allí en más, los pueblos indígenas fueron lentamente incorporándose a la población mestiza, fueron esclavizados y les quitaron todas sus pertenencias y bienes. Por imposición de los españoles, abandonaron el idioma cacán y comenzaron a hablar español.
La Rioja colonial
La refundación de la ciudad de Londres quitó cerca de la mitad de su territorio a La Rioja, incluyendo el norte de la actual provincia, el valle de Famatina y el de Vinchina. En cambio, lograron conservar sus mejores tierras de regadío: el Valle de Catamarca. izquierda|miniaturadeimagen|Fundación del Valle de Catamarca En 1683, el gobernador Fernando de Mendoza Mate de Luna trasladó la ciudad de Londres al Valle de Catamarca, refundándola como San Fernando del Valle de Catamarca. A cambio del territorio del Valle de Catamarca, incluido en la jurisdicción de esa nueva ciudad, La Rioja recuperó el control de los valles del norte (Aimogasta, Aminga y el Valle Vicioso) y del oeste (Famatina y Vinchina).
Nuevos intentos de explotar las riquezas mineras del Cerro de Famatina fracasaron por lo exigente de la ubicación de los yacimientos, a altitudes enormes, debiendo el mineral ser trasladado rápidamente a las zonas pobladas, a más de 1000 metros menos de altitud.
Las décadas que siguieron a los alzamientos indígenas fueron de decadencia casi continua: la progresiva extinción de los indios encomendados, la falta de comunicaciones adecuadas con las ciudades más importantes de la provincia, y el fracaso de las explotaciones mineras evitaron el crecimiento económico y demográfico de la ciudad.
El fenómeno demográfico más notable de esta época fue el vertiginoso aumento de la población de origen africano. Tanto en La Rioja como en el resto del Tucumán, las encomiendas se habían ido extinguiendo y los indios dejaron de pagar tributo al rey, trabajando para los españoles, de modo que se trató de reemplazarlos con los negros que entraban, legal o ilegalmente por el puerto de Buenos Aires. Asombra la cantidad de negros que registran los censos que periódicamente hacían los párrocos, como por ejemplo los casi 500 esclavos que poseía la Compañía de Jesús, que en el distrito tenía dos estancias.
En lo religioso, la ciudad estaba servida por los frailes mercedarios, por lo que la expulsión de los jesuitas en 1776 no afectó a la ciudad. miniaturadeimagen|Mapa del Virreinato del Río de la Plata y sus intendencias En 1776 el Tucumán pasó a formar parte del recién creado virreinato del Río de la Plata, e incluido dentro de la intendencia de Córdoba del Tucumán conforme a la Real Cédula del 5 de agosto de 1783. Esta decisión empeoró la situación de La Rioja, ya que se la separaba de su vecina más cercana y fácilmente accesible, Catamarca.
El gobernador Rafael de Sobremonte dio especial atención a La Rioja, pero no tomó medidas progresistas en relación con esta ―como sí lo había hecho en relación con la capital de su intendencia, Córdoba― y se limitó a organizar la extracción de recursos económicos de la misma.
Un censo de esta zona, ordenado por el virrey Sobremonte, dio como resultado que había 9.887 habitantes.
A fines del período colonial se produjo un rápido incremento de la población en la Sierra de los Llanos, donde el crecimiento de la producción ganadera fue estimulado por un período climático favorable.
La vida política de los últimos años de la Colonia estuvo marcada por los conflictos entre las familias dominantes, que controlaban el cabildo de la ciudad. La más poderosa era la de los Dávila ―cuyos primogénitos llevaban el apellido Brizuela y Doria― por sus riquezas del Valle de Famatina. Los dos familias rivales, que podían desplazar a los Dávila si unían sus fuerzas, eran los Villafañe y los Ocampo.
La Revolución de Mayo
El cabildo local apoyó a la Revolución de Mayo y reconoció la autoridad de la Primera Junta.