Conrado I de Monferrato, o Conrado I de Jerusalén (mediados de 1140-28 de abril de 1192) fue uno de los participantes más importantes de la Tercera Cruzada. Conrado fue de iure rey de Jerusalén, por su matrimonio con Isabel de Jerusalén, desde el 24 de noviembre de 1190, aunque no fue oficialmente elegido rey hasta 1192, unos días antes de su muerte.
Últimos años No se sabe ni la fecha exacta ni el lugar donde nació Conrado, aunque es probable que naciera en Casale, la capital del marquesado de su padre. Se le menciona por primera vez en una carta fechada en 1160, cuando estaba sirviendo en la corte de su tío materno, Conrado, obispo de Passau, y más tarde arzobispo de Salzburgo. (Seguramente fue llamado Conrado por él, o por el medio hermano de su madre, el Rey de los Romanos, Conrado III.) Conrado tenía aproximadamente 15 años.
Conrado es descrito en la Brevis Historia Occupationis et Amissionis Terræ Sanctæ como un hombre atractivo, inteligente y valeroso:
(La última frase alude a su tercer matrimonio, con Isabel de Jerusalén en 1190, que se verá más adelante.)
Conrado participó activamente en política desde que tenía 20 años. Participó con otros miembros de su familia en la campaña contra la Liga Lombarda, donde demostró ser un eficiente comandante. Su primer matrimonio fue antes de 1179 con una dama sin identificar, posiblemente hija del conde Meinhard I de Gorizia, pero ella falleció a finales de 1186 sin dejar descendientes vivos.
Conrado en el Imperio bizantino En 1179, siguiendo la alianza de su padre con el emperador Manuel I Comneno, Conrado dirigió un ejército contra las tropas de Federico I Barbarroja, dirigidas por el canciller imperial Cristiano, Arzobispo de Maguncia. En septiembre le derrotó en Camerino, haciendo prisionero al propio canciller (previamente, el canciller había hecho prisionero a Conrado). Dejó al cautivo en manos de su hermano Bonifacio y partió hacia Constantinopla reclamado por el emperador bizantino,Roger of Howden, Chronicle year 1179; Choniates, ed. van Dieten, Historia, vol. 1, p. 201, and ed. Magoulias, O City of Byzantium, p. 114. regresando a Italia brevemente tras la muerte de Manuel en 1180. Ya en la treintena, su personalidad y buenas maneras causaron una agradable impresión en la corte bizantina: El historiador bizantino Niketas Choniates le describe como "de hermosa apariencia, en la flor de la vida, excepcional y sin igual en coraje e inteligencia, y en el mejor momento de la fuerza de su cuerpo".Choniates, loc. cit.
En el invierno de 1186/1187, Isaac II Ángelo ofreció a su hermana Teodora para que se casase con el hermano menor de Conrado, Bonifacio. El matrimonio pretendía renovar la alianza del Imperio bizantino con Montferrato, pero Bonifacio ya estaba casado. Conrado, que había enviudado recientemente, había tomado la cruz con la intención de unirse a su padre en el Reino de Jerusalén; a pesar de ello, aceptó la oferta de Isaac y regresó a Constantinopla en la primavera de 1187 para casarse él mismo con Teodora. Con este matrimonio, Conrado alcanzó el rango de César. Sin embargo, casi inmediatamente tuvo que ayudar al emperador a defender su trono frente a una revuelta liderada por el general Alexios Branas. Según las Crónicas, Conrado tuvo que instigar al débil emperador a que tomase la iniciativa. Conrado luchó heroicamente en una batalla que le costó la vida al propio Branas, sin escudo ni yelmo, y vistiendo solamente una ligera piel de lino bajo la cota de malla. Tan sólo fue herido levemente en un hombro, mientras que el rebelde Branas fue asesinado y posteriormente decapitado por sus propios guardaespaldas.Choniates, ed. van Dieten, Historia, vol. 1, pp. 386-87, and ed. Magoulias, O City of Byzantium, p. 212-13.
No obstante, Conrado pensó que su importante servicio había sido recompensado muy pobremente, y comenzó a desconfiar de los sentimientos antilatinos de los bizantinos (su hermano Rainiero había sido asesinado en 1182) y de un posible intento de venganza de la familia de Branas. Así que Conrado decidió poner tierra de por medio y se fue al reino de Jerusalén en julio de 1187, embarcando en barco mercante genovés.
Defensa de Tiro 250px|left|thumb|Conrado de Montferrato llegando a Tiro en una imagen de la Brevis Historia Regni Hierosolymitani (Biblioteca Nacional de Francia) Conrado tenía la evidente intención de reunirse con su padre, reunión que se produjo en el castillo de San Elías. Conrado desembarcó primero en Acre, que recientemente había caído bajo el poder de Saladino, y navegó hacia el norte hasta Tiro, donde se encontraban los restos del ejército cruzado. Después de su victoria en la batalla de los Cuernos de Hattin sobre el ejército de Jerusalén, Saladino se encaminó sobre la marcha hacia el norte para capturar Acre, Sidón, y Beirut. Raimundo III de Trípoli, su hijastro Reginaldo de Sidón y otros nobles lograron escapar de la batalla y huir a Tiro, y estaban ya ansiosos de regresar a sus tierras para organizar su defensa. Pero Raimundo de Trípoli se encontraba en un delicado estado de salud y, murió poco después de regresar a casa.
De acuerdo con la Continuación de Guillermo de Tiro, Reginaldo de Sidón tomó su cargo en Tiro y estuvo en las negociaciones de rendición de la ciudad con Saladino. Supuestamente, Conrado rechazó las propuestas de Saladino y logró hacerse con la lealtad absoluta de los habitantes de Tiro. Reginaldo se fue para fortificar su propio castillo de Beaufort, en las riveras del río Litani. Con el apoyo de la comunidad de comerciantes italianos establecidos en la ciudad, Conrado reorganizó la defensa de Tiro, estableciendo una comuna similar a las muchas contra las que él había luchado en Italia.
En noviembre de 1187, Saladino regresó para asediar por segunda vez Tiro. Conrado aún estaba al mando en la ciudad, y había aprovechado el tiempo para seguir fortificando la ciudad, y llenarla de los refugiados cristianos que venían del norte del reino de Jerusalén. Esta vez, Saladino optó por combinar un asalto por tierra y mar, bloqueando el puerto. En un incidente descrito por el Itinerarium Peregrinorum (que normalmente es contrario a Conrado), Saladino presentó frente a los muros de la ciudad al padre de Conrado, Guillermo V de Montferrato, que había sido apresado en la batalla de los Cuernos de Hattin. Ofreció liberar a Guillermo y entregarle grandes regalos si rendía Tiro. Pero su anciano padre le dijo que se mantuviese firme aunque le matasen los egipcios. Conrado declaró que Guillermo había vivido una larga vida, y él mismo le apuntó con su arco desde las murallas. Al ver esta reacción, supuestamente Saladino exclamó: "Este hombre es un pagano y muy cruel". Pero el engaño frente a Saladino tuvo éxito y el viejo marqués Guillermo fue liberado en la actual ciudad siria de Tartus en 1188, de donde retornaría junto a su hijo para morir poco después.
Al alba del 30 de diciembre, las fuerzas de Conrado lanzaron un rápido ataque sobre los cansados marineros egipcios, capturando muchas galeras. El resto de los barcos egipcios intentaron escapar hacia Beirut, pero los barcos de Tiro los interceptaron obligándolos a embarrancar las naves en la playa y huir a pie. Entonces Saladino ordenó el asalto contra los muros de la ciudad, pensando que los defensores estaban distraídos con la batalla naval. Sin embargo, Conrado lanzó a sus hombres a una carga fuera de las puertas de la ciudad que destrozaron al enemigo: el caballero Hugo de Tiberias se distinguió especialmente en la batalla. Saladino se vio obligado nuevamente a abandonar el asedio, quemando sus máquinas de guerra y barcos para evitar que cayesen en manos de Conrado.
Lucha por la Corona En el verano de 1188, Saladino puso a la venta al cautivo Guido de Lusignan, el marido de la reina Sibila de Jerusalén. Un año después, en 1189, Guido, acompañado por su hermano Godofredo, apareció en Tiro reclamando a Conrado que le entregase las llaves de la ciudad. Conrado se negó y declaró que Guido había perdido su derecho a ser rey de Jerusalén en la batalla de los Cuernos de Hattin. Conrado aseguró que mantenía la ciudad hasta la llegada de los reyes desde Europa. Para esto, invocó los términos expresados en la última voluntad de Balduino IV, términos rotos por Guido y Sibila: en el momento de la muerte de su sobrino Balduino V, este expresó su deseo de que fuesen sus más directos herederos los que ejerciesen la regencia hasta que la sucesión fuese posible, siendo ejercida por Enrique II de Inglaterra, Felipe II de Francia y Federico I Barbarroja. Conrado no permitió a Guido y Sibila entrar en la ciudad, aunque les permitió acampar a las afueras de la ciudad.
Conrado fue persuadido por su primo, Luis III, Landgrave de Turingia, a unirse a Guido en el asedio de Acre en 1189, durante la Tercera Cruzada. El asedio finalizó dos años después. En el verano de 1190, Conrado viajó a Antioquía para llevar a un joven pariente suyo, Federico VI de Suabia, a salvo junto a los restos del ejército imperial de Federico Barbarroja.
Guido de Lusignan era rey de Jerusalén únicamente por su matrimonio con Sibila. Pero cuando Sibila y sus hijas murieron por enfermedad ese año, Guido se negó a entregar la corona. La heredera del reino de Jerusalén era Isabel, medio hermana de Sibila, que estaba casada con Hunfredo IV de Torón. Sin embargo, Conrado contaba con el apoyo de la madre de Isabel, María Comneno, y de su padrastro Balián de Ibelín, así como el de Reinaldo de Châtillon y otros nobles de Outremer. Consiguieron que se anulase el matrimonio de Isabel alegando que era menor de edad cuando se desposó y que, por tanto, no le era posible dar su consentimiento. Entonces Conrado se casó con Isabel (24 de noviembre de 1190), lo que provocó rumores de bigamia, ya que aún seguía casado con Teodora. Sin embargo, Choniates, que solía denunciar con dureza cualquier irregularidad marital o sexual, no hace mención de ello. Esto podría indicar que el divorcio de Conrado ya se había efectuado en Bizancio antes de 1190; lo que por otra parte explicaría el que ya no regresase nunca más. También hubo objeciones al matrimonio desde el punto de vista del derecho canónico, ya que un hermano de Conrado había estado casado con una medio hermana de Isabel, y la ley de la Iglesia igualaba este parentesco al de sangre. Sin embargo, el legado papal, Ubaldo Lanfranchi, Arzobispo de Pisa, dio su aprobación (ante esto sus opositores denunciaron que el arzobispo había sido sobornado). El matrimonio fue oficiado el 24 de noviembre de 1190 por Felipe de Dreux, Obispo de Beauvais e hijo del primo de Conrado, Roberto I de Dreux. Desde ese momento Conrado se convirtió de jure en rey de Jerusalén. Sin embargo, había sido herido en batalla tan solo nueve días antes, y tras la boda regresó a Tiro con la novia para recuperarse. Regresó al asedio de Acre en primavera, protagonizando un infructuoso ataque contra la Torre de las Moscas, en la entrada del puerto.