La orden cisterciense (en latín: Ordo Cisterciensis, O.Cist.), igualmente conocida como orden del Císter o incluso como Santa orden del Císter (Sacer Ordo Cisterciensis, S.O.C.), es una orden monástica católica reformada. Tiene como regla la benedictina y aspira a cumplirla estrictamente. La orden nació en 1098 como reacción a la relajación en la que consideraba sumida a la Orden benedictina de Cluny (de 910), por lo que quería volver al espíritu original de la Orden de San Benito (de 529). Su origen se remonta a la fundación de la Abadía de Císter por Roberto de Molesmes.

La sede central de la Orden del Císter se encuentra ubicada donde se originó, en la antigua localidad romana de Cistercium, próxima a Dijon, en la comuna de Saint-Nicolas-lès-Cîteaux, del departamento de Côte-d'Or de la región de la Borgoña (Francia). Esta abadía fue llamada Novum Monasterium por Roberto de Molesmes para diferenciarla del monasterio de Molesmes, de donde procedía.

La orden cisterciense desempeñó un papel protagonista en la historia religiosa del . Su influencia fue particularmente importante en el este del río Elba donde la orden hizo «progresar al mismo tiempo el cristianismo, la civilización y el desarrollo de las tierras».

Como restauración de la regla benedictina inspirada en la reforma gregoriana, la orden cisterciense promueve el ascetismo, el rigor litúrgico dando importancia al trabajo manual. Además de la función social que ocupó hasta la Revolución francesa, la orden ejerció una influencia importante en los ámbitos intelectual o económico, así como en el ámbito de las artes y de la espiritualidad.

Debe su considerable desarrollo a Bernardo de Claraval (1090-1153), hombre de una personalidad y de un carisma excepcionales. Su influencia y su prestigio personal hicieron que se convirtiera en el cisterciense más importante del siglo , pues, aun no siendo el fundador, sigue siendo todavía hoy el maestro espiritual de la orden.

En nuestros días, la orden cisterciense está formada por dos órdenes diferentes:

La «Común Observancia», que contaba en 1988 con más de monjes y monjas, repartidos respectivamente en 62 y 64 monasterios. La Orden Cisterciense de la Estricta Observancia, también llamada OCSO, comprende hoy en día cerca de monjes y monjas, comúnmente llamados «trapenses» porque provienen de la reforma de la abadía de la Trapa, repartidos en 106 monasterios masculinos y 76 femeninos.

Las dos órdenes cistercienses actualmente mantienen vínculos de colaboración entre ellas.

Su hábito es túnica blanca y escapulario negro, retenida por un cinturón que se lleva por debajo; el hábito de coro es la tradicional cogulla monástica, de color blanco. De hecho, se los llamó en la Edad Media «monjes blancos», en oposición a los «monjes negros» que eran los benedictinos. También es frecuente la denominación «monjes bernardos» o simplemente «bernardos», por el impulso que dio a la orden Bernardo de Fontaine. Pero no debe olvidarse que «aunque no se les aplique el nombre de “benedictinos”, los cistercienses son tan benedictinos como sus hermanos de hábito negro, que reciben el nombre de “benedictinos”, sin ninguna precisión más». Aunque siguen la regla de san Benito, los cistercienses no son propiamente aludidos cuando se habla de benedictinos como contraposición a ellos. Fue en el IV Concilio de Letrán en 1215 cuando la palabra «benedictino» apareció para designar expresamente a los monjes que no pertenecían a ninguna orden centralizada, por oposición a los cistercienses. El profesor Antonio Linage Conde apunta a un fenómeno de monopolio por momentos en la denominación dejando fuera otras ramas benedictinas como la camaldulense.Véase la nota al pie nº 21 en

miniatura|El monasterio de Piedra fundado en 1194 es un monasterio cisterciense.|240x240px miniatura|Monasterio de la Oliva (Carcastillo, Navarra) una de las primeras fundaciones en la península ibérica (1134).|240x240px miniatura|Abadía de las Huelgas Reales de Valladolid, fundación cisterciense de 1282. Este edificio data del siglo .|240x240px miniatura|Abadía de San Pedro de Cardeña, fundada en el 899.|240x240px miniatura|Monasterio de Poblet, fundado en 1149 por Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona.|240x240px miniatura|La abadía de Santes Creus, del siglo , declarada monumento nacional en 1921.|240x240px miniatura|Monasterio de Nuestra Señora de Alconada en Ampudia.|240x240px

Historia

Antecedentes de la orden cisterciense

En Occidente, en el cambio entre el siglo  y el siglo , eran numerosos los cristianos que buscaban «nuevas vías de perfección» espiritual.André Vauchez, «Naissance d'une chrétienté», en Robert Fossier (bajo la dirección de), Le Moyen Âge, l'éveil de l'Europe (t. II), Armand Colin, 1982, p. 96.

La Regula Sancti Benedicti fue también, a finales del siglo , una formidable fuente de inspiración para los movimientos que se esforzaban en buscar la perfección espiritual al conjugar el ascetismo y el rigor litúrgico rechazando la ociosidad en contraposición al trabajo manual. Como la Orden de Grandmont o la Orden Cartuja, fundada por San Bruno en 1084, la Orden Cisterciense estuvo marcada en su nacimiento por la necesidad de reforma y la inspiración evangélica, de la misma forma que la experiencia de Robert de Arbrissel, fundador de la Orden de Fontevraud en 1091, o la eclosión de los capítulos de canónigos basados en la regla de San Benito.

Los padres fundadores

La forma de vida cisterciense comenzó a fraguarse con la fundación de la abadía de Notre-Dame de Molesmes por Roberto de Molesmes en 1075, en la región de Tonnerre. Roberto de Molesmes había nacido en Champaña y estaba emparentado con la familia Maligny, una de las más importantes de la región. Comenzó su noviciado a la edad de quince años en la abadía de Moutiers-la-Celle, en la diócesis de Troyes, donde llegó a ser prior. Imbuido del ideal de restauración de la vida monástica tal como fue instituida por san Benito, abandonó el monasterio en 1075 para ponerlo en práctica. Compartió la soledad, la pobreza, el ayuno y la oración con siete ermitaños, cuya vida espiritual dirigió. Se instalaron en el bosque de Collan, o Colán, cerca de Tonnerre. Gracias a los señores de Maligny, el grupo se estableció en el valle del Laignes, en la localidad de Molesmes. Adoptaron reglas similares a las de los camaldulenses, combinando la vida comunal de trabajo y el oficio benedictino con el eremitismo.

Esta fundación fue un éxito. La nueva abadía atrajo a numerosos visitantes y donantes, religiosos y laicos. «Quince años después de su fundación, Molesmes se asemejaba a cualquier abadía benedictina próspera de su época». Pero las exigencias de Roberto y de Albéric fueron mal aceptadas. Se produjeron divisiones en el seno de la comunidad. En 1090, Roberto, con algunos compañeros, decidió alejarse durante un tiempo de la abadía y sus disensiones, estableciéndose con algunos hermanos en Aulx para llevar una vida de ermitaño. Sin embargo, fue obligado a regresar a la abadía que dirigía en Molesmes.J.-A. Lefèvre, « S. Robert de Molesme dans l'opinion monastique du XIIe et du XIIIe siècle», Analecta Bollandiana, t. LXXIV, fasc. 1-2, Bruxelles, 1956, pp. 50-83.

Sabía que no conseguiría satisfacer su ideal de soledad y pobreza en Molesmes donde los partidarios de la tradición se oponían a los de la renovación. Por ello, Roberto obtuvo la autorización de Hugues de Die, legado del Papa, y aceptó un lugar solitario ubicado en el bosque pantanoso de la baja región de Dijon para retirarse y practicar, con la mayor austeridad, la regla de san Benito. El lugar se lo propusieron el duque de Borgoña, Eudes I, y sus primos lejanos los vizcondes de Beaune. Alberico y Esteban Harding, así como otros veintiún monjes fervorosos, lo acompañaban. Se instalaron el 21 de marzo de 1098 en el lugar conocido como La Forgeotte, alodio concedido por Renard, vizconde de Beaune, para fundar allí otra comunidad denominada durante un tiempo el novum monasterium.El nombre «Nuevo monasterio» fue sustituido por «Císter» hacia el año 1120.

miniatura|389x389px|Brazo y báculo típico cisterciense en lápida funeraria de abad en la abadía de Boyle (Irlanda).

El «nuevo monasterio»

El abadiado de Roberto

Los inicios del novum monasterium, en edificios de madera rodeados de una naturaleza hostil, fueron difíciles para la comunidad. La nueva fundación se benefició, no obstante, del apoyo del obispo de Dijon. Eudes de Borgoña también dio muestras de generosidad; Renard de Beaune, su vasallo, cedió a la comunidad las tierras que lindaban con el monasterio. La benévola protección del arzobispo Hugues permitió la edificación de un monasterio de madera y de una humilde iglesia. Roberto tuvo el tiempo justo de recibir del duque de Borgoña una viña en Meursault, ya que, tras un sínodo celebrado en Port d’Anselle en 1099 que legitimó la fundación del novum monasterium, se vio obligado volver a Molesmes, donde encontraría la muerte en 1111.

La historiografía cisterciense censuró durante algún un tiempo la memoria de los monjes que regresaron a Molesmes. Así, los escritos de Guillermo de Malmesbury, y luego el Pequeño y el Gran Exordio, se hallan en el origen de la leyenda negra que, en el seno de la orden, persiguió a Roberto y a sus compañeros de Molesmes «a quienes no les gustaba el desierto».

miniatura|izquierda|Los fundadores de Císter: Roberto de Molesmes, Alberico y Esteban Harding venerando a la Virgen María.

El abadiado de Alberico

Roberto dejó la comunidad en manos de Alberico, uno de los más fervientes partidarios de la ruptura con Molesmes. Alberico, administrador eficaz y competente, obtuvo la protección del papa Pascual II (Privilegium Romanum) quien promulgó el 19 de octubre de 1100 la bula Desiderium quod. Alberico, enfrentado a numerosas dificultades materiales, desplazó su comunidad dos kilómetros más al sur, a orillas del Vouge, para encontrar un suministro suficiente de agua. Bajo sus órdenes se construyó una iglesia a unos centenares de metros del lugar inicial. El 16 de noviembre de 1106 Gauthier, obispo de Chalon, consagró en este nuevo lugar la primera iglesia construida en piedra. Alberico consiguió mantener el fervor espiritual en el seno de su comunidad, a la que sometió a una ascesis muy dura. Pero en Císter se aletargaban, las vocaciones eran escasas y sus miembros envejecían. Los años parecían difíciles para la pequeña comunidad ya que «los hermanos de la Iglesia de Molesmes y otros monjes vecinos no dejaban de acosarlos y de perturbarlos».Exordium cisterciensis coenobii, XII, 5-6.

Sin embargo, la protección del duque de Borgoña Eudes, la de su hijo Hugo II, con posterioridad a 1102, y los clérigos surgidos del valor de la comunidad, permitieron un primer desarrollo. A partir de 1100 el monasterio atrajo a algunos neófitos; algunos novicios se incorporaron al grupo. Durante su abadiado, Alberico hizo adoptar a los monjes el hábito de lana cruda distinto del hábito negro de los monjes de la orden de Cluny. Ello les valdría a los cistercienses los apodos de «monjes blancos», «benedictinos blancos» o «bernardinos», del nombre de san Bernardo, por oposición a los benedictinos o «monjes negros».

Alberico definió el estatuto de los hermanos conversos, religiosos que no eran ni clérigos ni monjes, pero sujetos a la obediencia y a la estabilidad y que llevaban a cabo el grueso de los trabajos manuales. También hizo emprender el trabajo de revisión de la Biblia que sería concluido bajo el abadiado de Esteban Harding.

miniatura|Esteban Harding y el abad de Saint-Vaast d'Arras depositando su abadía a los pies de la Virgen.Al pie de la Virgen, el copista Oisbertus. Hiereniam prophetam, libro VI, verso 1125, Biblioteca municipal de Dijon, ms. 130, f° 104, detalle.

El abadiado de Esteban Harding