200px|thumb|Escudo de Elche. La historia de Elche (España) viene marcada en sus inicios por los diferentes pueblos del Mediterráneo que fueron poblando el Sudeste de la península ibérica, llegando a obtener una especial importancia en la época de dominación romana, en donde fue Colonia Iulia Augusta.
Prehistoria Neolítico Los orígenes de Elche se remontan hacia el año 5000 a. C., en la era del Neolítico (Edad Moderna de la piedra), cuando los primeros hombres poblaron la ladera noreste de lo que hoy se conoce como La Alcudia, al sur del actual emplazamiento de la ciudad, en donde se han hallado cerámicas impresas, tanto cardiales como incisas.
Sobre el año 3000 a. C. surgieron dos asentamientos más, el de la Figuera Reona, segunda comunidad de Elche, situado junto al actual Puente del Ferrocarril, y el Promontori, situado a un kilómetro del mismo Puente.
Allí existía un poblado en el cual se producía la denominada cerámica campaniforme. Las piezas adquirían forma de vasijas, cuencos y otros utensilios de la vida en comunidad.
Edad del Cobre Durante esta etapa la población estuvo diseminada en grupos o clanes asentados en aldeas cerca del río Vinalopó, como por ejemplo el Promontori de l´Aigua Dolça i Salà. Se han encontrado en los alrededores del yacimiento de la Alcudia restos de alguna agrupación de cabañas alineadas formando unas rudimentarias calles.
Edad del Bronce Al comienzo de esta edad las comunidades buscaban vivir en parajes que ofrecieran protección, por lo que en la Alcudia se levantaron fuertes muros de piedra. Otros habitantes de la zona también se refugiaron en lugares con buena visibilidad del entorno, como los denominados el Castellar, la Moleta, Caramoro y Serra del Búho.
También se crearon diversos puestos vigías en las inmediaciones para controlar los movimientos de los posibles enemigos.
Protohistoria En el se fundó la ciudad íbera de Ilici, momento en el que se esculpió el busto conocido como la Dama de Elche, escultura de una sacerdotisa vestida con traje ceremonial que representa el máximo exponente del arte íbero.
Edad Antigua 250px|thumb|Restos de una domus romana en el La Alcudia. thumb|180px|La Venus de Ilici, de la época romana. Época Romana miniaturadeimagen|centro|As de Tiberio de Ilici. Museo de Prehistoria de Valencia. Destruida la ciudad por las tropas cartaginesas, con la llegada de los romanos se desarrolló un proceso de formación de una colonia poblada con veteranos de las guerras cántabras, que pasaría a llamarse Colonia Iulia Ilici Augusta, probablemente en torno al año 26 a. C. En esta etapa gozó de gran prosperidad y crecimiento urbanístico, teniendo una activa participación en las redes comerciales regionales y mediterráneas para las cuales se dispuso de un puerto, el Portus Ilicitanus (la actual Santa Pola), que sirvió de punto de entrada a los productos que llegaban a la ciudad. De las épocas paleocristiana y visigoda es la Basílica de Ilici, muestra de la importancia de la ciudad como sede episcopal.
Edad Media thumb|200px|Representación de Elche en las Cantigas de Santa María, . Época islámica
Bajo el dominio musulmán en la Edad Media, la ciudad se establece en su emplazamiento actual, en la zona denominada la Vila Murada. Es en esta época de desarrollo agrícola cuando se introduce un complejo sistema de regadío, en donde las palmeras delimitaban las parcelas de cada uno de los cultivos. A mediados del , Elche formaba parte de la taifa de Murcia.
Reconquista cristiana En virtud del tratado de Almizra (1244) por el cual las coronas de Castilla y Aragón se repartieron el reino de Murcia, Elche entró dentro la zona de conquista castellana. La conquista cristiana se efectuó por el infante Alfonso (futuro Alfonso X el Sabio) alrededor del año 1250, pasando así Elche a la corona de Castilla. A raíz de la conquista, fue constituido el señorío de Elche, encomendado al Señor de Villena, infante Don Manuel, hermano de Alfonso X, como parte del apanage de Villena. Al infante le sucedería su hijo, Don Juan Manuel, Príncipe de Villena y uno de los grandes escritores castellanos de la Edad Media.
Tras una sublevación musulmana en el año 1265, Alfonso X de Castilla debió de pedir ayuda al monarca aragonés Jaime I; éste ayudó al señor de Villena, Manuel de Castilla, a recuperar la villa, junto con los territorios cercanos. Como represalia, los musulmanes fueron expulsados de la ciudad y se vieron obligados a edificar una nueva población en las cercanías de la Vila Murada, conocida actualmente como el Raval de San Juan. En 1296 Jaime II de Aragón atacó los territorios castellanos situados en la mitad sur de la provincia de Alicante, violando el Tratado de Almizra y conquistó, entre otros lugares, la ciudad de Elche. En 1305 se firmó en la villa el Tratado de Elche, un acuerdo realizado entre los reinos de Castilla y de Aragón en donde se fijaron nuevos límites fronterizos de estos reinos, pasando Elche, junto con otros lugares como Alicante u Orihuela, al Reino de Valencia. Sin embargo, el señorío siguió en manos del castellano don Juan Manuel.
En el , concretamente el día 4 de mayo de 1334, en la Catedral de Barcelona, el rey de Aragón Don Jaime II hizo donación con cláusula de reversión a la Corona a su quinto hijo, el Infante Ramón Berenguer (1308-1364) Conde de Prades, de la Villa de Elche, con su puerto del Cap de l’Aljub (también llamado Aljuge, Algibe o Aljibes), que tomó más tarde el nombre de Pueblo Nuevo y, por último, Santa Pola. El 18 de febrero de 1337, el Infante de Aragón concede al Concejo de Elche permiso para edificar “una torre” en la Isla de Santa Pola (o Isla Plana), que pertenecía a su término, para guardia de su puerto y de los navegantes. Posteriormente, Elche y Crevillente fueron a manos de Juan (hijo de Alfonso IV, el Benigno y Leonor de Castilla) y desde el 8 de agosto de 1358 por el infante Martín, segundo hijo de Pedro IV de Aragón.
Edad Moderna Los siglos y son conflictivos socialmente. Por un lado, en las Germanías, la villa aprovechó la ocasión que le brindaba la revuelta agermanada para impedir la toma de posesión en Didac de Cárdenas y proclamar su vinculación a la Corona. El fracaso de dicha revuelta, militarmente estallada por tropas de la aristocracia al frente de las cuales iba el propio señor de Elche y el marqués de Vélez, supuso, una vez más, el estallido del ideal de municipio real bajo-medieval. Por otra, la expulsión morisca que no sólo significó la pérdida de un tercio de la población, puesto que investigaciones recientes muestran que la población musulmana del arrabal no era una simple comunidad campesina unívocamente sometida al poder de los Càrdenas, sino una colectividad que practica una agricultura comercializada sobre el área del antiguo Magram. La repoblación llevada a término por Jordi de Cárdenas entre 1609-1611, intentaba no sólo rehacer una grave situación económica que, quizás viniera de antes, pero se aceleró rápidamente con la expulsión, sino recomponer una situación de debilidad política, que fue en aquel momento parcialmente compensada al entrar las oligarquías propietarias urbanas entre los beneficiarios de la repoblación, junto con otras muchos vecinos de extracción social artesana y campesina. Por otra el nacimiento de una complicada organización social que empezaba a producir una poderosa oligarquía propietaria compuesta por caballeros, ciudadanos, rectores de los municipio, abogados, médicos notarios y una burguesía de comerciantes, buena parte de la cual era de origen extranjero. Un artesanado muy heterogéneo organizado en gremios y una serie de capas de trabajadores, labradores y campesinos que establecía ya las bases de intercambio y explotación. Al fin y al cabo con la bajada de rendimientos productivos del campo propiciado por la expulsión morisca, la delincuencia, el bandolerismo y la resistencia señorial, en 1644, con la toma de posesión de Jaime de Cárdenas, hermano y heredero del recientemente fallecido Jordi, son el detonante de una serie de conflictos que se traducen en un tira y afloja entre la villa y la institución señorial que acabaron con la consecución favorable de ésta, de la sentencia del pleito de reversión a la Corona en 1697. thumb|250px|Palacio de Altamira, . Otro aspecto llamativo del siglo es el incremento en las actividades urbanas relacionadas con el aceite y el jabón por parte de la oligarquía propietaria local, especialmente los nobles, en plena crisis del siglo. El XVIII empieza marcado por la abolición de los Fueros en 1707, lo cual da la oportunidad de aplicar sin estorbos la jurisdicción señorial, que crea la figura del alcalde Mayor, nombrado personalmente por el señor, por encima de los alcaldes ordinarios y ajena páramos comunales y propios y vuelve a chocar con la oposición de la villa una vez que ésta recupera su dinamismo social a partir de los años treinta. A partir de esta década hay un crecimiento económico basado en la agricultura orientada hacia la producción de aceite, barrilla y grano que, comercializada a través del puerto de Alicante, posibilita la aparición de nuevas fortunas y recorta las posibilidades de los estratos más bajos. Esta situación, más la estructura administrativa y fiscal de naturaleza feudal actuando en coyunturas de baja producción y retraimiento comercial, provocó crisis como la de los años 60, con el punto álgido del año 1766, en el que la revuelta antiseñorial a favor del libre comercio y de los antiguos usos comunales, al mismo tiempo que denunciaba una situación estructural, marcaba un cambio de ritmo en el crecimiento capitalista estructuralmente unido a la actividad agraria tal y como ésta quedó configurada por los procesos revolucionarios burgueses.
La agricultura, sin embargo, no tardaría en entrar en crisis, circunstancia que dio paso al surgimiento de la moderna industria de la alpargata. El cáñamo fue sustituido parcialmente por el yute; según Pedro Ibarra, la primera fábrica fue creada por Josep Maria Buch, quien aglutinó una serie de telares dispersos que simplemente trabajaban a cambio de materias primas.
Edad Contemporánea
thumb|120px|Retrato de Amadeo I que otorgó el título de ciudad en 1871. El breve reinado de Amadeo I supuso, en una corta visita a la entonces villa, en 1871, el otorgamiento del título de ciudad. En 1875 se instala la primera máquina de coser y se empieza a importar lona de Mataró (Cataluña) progresivamente sustituida por la propia producción local, a través del uso del telar mecánico para lonas y la máquina de trenzar. Esta primitiva industrialización provocó una nueva ocupación que básicamente descansaba en el trabajo a domicilio, tanto en la ciudad como en el campo. La llegada del ferrocarril a Elche, en mayo de 1884, supuso el florecimiento de la industria alpargatera porque facilitaba la comunicación y el transporte de mercancías al resto de la península. En poco tiempo las industrias ilicitanas (básicamente, alpargatas y tejídos) ascendieron a un centenar, absorbiendo cerca del 80% de la población obrera. El proceso industrializador dejó paso a la aparición de una nueva oligarquía compuesta por fabricantes de alpargatas (entre los que destaca Manuel Gómez Valdivia), o de tejidos (lonas, entre las que destaca la familia Ferrández). La fabricación de zapatos no haría su aparición en Elche hasta entrado el , siendo, quizá, la primera industria "la fábrica del Cabolo", fundada hacia 1910, situada en la calle Cristóbal Sanz, justo donde ahora se halla Mercadona. Esta oligarquía también tuvo intereses en la agricultura y se empezaron a crear entidades financieras, tales como cajas de ahorros, o gremiales, como la Patronal Alpargatera. Hacia finales del comienzan a organizarse en el Elche las primeras Sociedades de Socorros Mutuos Obreros, y se crea la Agrupación locales del PSOE y del sindicato UGT.
thumb|250px|Parque municipal de Elche.