thumb|450px|Marionetas en una tienda de Praga. Marioneta (palabra usada a menudo para nombrar al conjunto de la familia de los títeres, nombre español del teatro de muñecos) es, en su definición más técnica e histórica, una figurilla hecha de diversos materiales (madera, pasta, trapo, metal, plástico, etc.) que manipulada gracias a un conjunto de hilos o cuerdas cobra movimiento. Está considerada por los profesionales, estudiosos y artesanos del ramo, el títere más difícil de manipular y con una de las técnicas más antiguas, teniendo su origen en la marioneta de barra y a pesar de que "como muñeco totalmente movido por hilos sólo aparece a partir del siglo XVIII".La difusión de los modelos culturales franceses, y su influencia lingüística a lo largo del en varias de las lenguas principales de Occidente (como el inglés y el alemán) que carecían de un término específico para designar el conjunto de muñecos del arte titiritera, daría como resultado que la palabra francesa "marionette" se haya universalizado para nombrar a los diferentes muñecos y técnicas que componen la historia de los títeres, término de la lengua castellana con un significado más amplio y específico que el francés. Marionette se aceptó con la misma grafía en inglés y alemán, desplazando la denominación general de muñeco (el "puppet" inglés y el "pupen" alemán). Su aceptación como término comodín, usado popularmente en muchos países europeos, además del hecho generalizado de que sea el francés la lengua de protocolo oficial en instituciones internacionales, llevó a los creadores de la Unión Internacional de la Marioneta (UNIMA, «Union Internationale de la Marionnette») fundada en Praga, Checoslovaquia, en 1922, a oficializar el término. Siguiendo el mismo proceso, se escogió en 2003 la denominación de Día Mundial de la Marioneta para celebrar el arte de la titerería. Sin embargo, por su carácter enciclopédico, los principales diccionarios sobre teatro en la órbita del idioma español, no contienen la voz 'Marioneta' o la redirigen a 'títeres'. (Ver referencias en págs en la sección de bibliografía). En cuanto al origen y etimología de muñeco: Los romanos usaban las voces «pupa - pupae» para denominar a los objetos que ideológicamente podían tratarse como muñecos. Y así, en lenguas de la familia del latín, como el italiano y el rumano, los títeres se nombran con palabras de raíz latina: "pupo" (títeres italianos) y "pupazzo" (títeres rumanos). La misma raíz funciona en lenguas lejanas del latín como el inglés y el alemán también usan esa raíz latina: "puppet" (títeres ingleses) y "puppen" (títeres alemanes). thumb|350px|Títeres payasos en un circo de marionetas sueco. Origen del nombre
La palabra marioneta es de origen francés. Que da noticia de que «marionette» se llamaba al clérigo (titiritero) que usando distintas voces, por lo general agudas, chillonas o en falsete (simulando ser femeninas), daba voz a los muñecos en representaciones religiosas donde aparecía la virgen María; del mismo modo, cuando aparecían personajes malvados y brutales usaba una voz grave pero igualmente falsa.
Por su parte, la palabra títere es onomatopéyica, y al parecer pudo tener su origen en el ti-ti que hacían los actores con el peculiar tono de voz que da el uso de la lengüeta o alguna otra especie de pito durante las representaciones. Así lo explicaba en 1611 Covarrubias en su valioso y curioso diccionario:Sebastián de Covarrubias Orozco Tesoro de la lengua castellana o española. Ediciones de 1994 de Felipe C.R. Maldonado y Manuel Camarero, Madrid, Editorial Castalia.
Historia Grecia, Roma y Edad Media thumb|Grabado del del Códice Hortus Deliciarum (ca. 1150) de Herrad von Landsberg. La técnica de muñecos manipulados con hilos era común entre los griegos, que llamaban a esas figuritas neurospasta, palabra que viene a significar "objeto puesto en movimiento por hilos", expresando así su naturaleza. Aristóteles habla de ellos cuando dice que si "aquellos que hacen mover figuritas de madera tiran el hilo que corresponde a éste o al otro de sus miembros, éste obedece al momento, y se ve así cómo mueven la cabeza, los ojos, las manos, de modo que parece una persona viva". También, ya en la cultura romana, habla de ellos Horacio.Diccionario enciclopédico popular ilustrado Salvat (1906-1914)
La presencia de muñecos movidos con cuerdas en algunos primitivos grabados europeos sugiere cierta posibilidad de transición entre las máscaras de las farsas atelanas de los romanos y la marioneta medieval. El erudito titiritero cubano Freddy Artiles menciona como uno de los más antiguos, un grabado del del Códice Hortus Deliciarum (ca. 1150) del abate Herrad von Landsberg, en el que aparecen dos jóvenes jugando con marionetas de hilos simulando guerreros que pelean sobre una mesa en una justa imaginaria (una puesta en escena gráfica de la técnica de los bavastels).La tradición de los bavastels se remonta al , cuando aparecen documentados en los reinos hispanos los títeres conocidos con ese nombre de resonancia levantina o catalana, aunque se les supone ascendencia italiana y un posterior desarrollo en Francia, y más tarde en el resto de las cortes europeas. A pesar de la prohibición del Corán de representar la figura humana, se concede a los titiriteros árabes la evolución y perfeccionamiento técnico de aquellos bavastels, con su apariencia de muñecos de madera policromada y cuerpo completo, que suspendidos en posición horizontal de gruesos cordeles les hacían bailar. También menciona Artiles otro grabado que muestra el taller de un titiritero fabricando los muñecos y concluye que aquellas figurillas con el cuerpo entero y articulaciones sencillas podían considerarse herederas de las marionetas romanas.
Títeres Los artistas que construían y manejaban los muñecos recibieron en España el nombre de titereros (así se lee en El Quijote) o titiriteros. Como otros cómicos de la legua actuaban por lo general al aire libre, en corrales, o en los interiores de los mesones. En el Siglo de Oro español la palabra titiritero amplió su campo semántico y empezó a aludir no solo a los artistas de marionetas sino también a los saltimbanquis, acróbatas, prestidigitadores y volatineros. Ello produjo una serie de connotaciones negativas para el término "titiritero" que quedó asociado a aquellos que viven en los caminos y viven de sus diversas artes en el mundo de la farándula. También se les confundía o asimilaba en muchos casos con el charlatán. La figura del charlatán del es un falso médico, con remedios falsos que lo curan todo. Encandilaban con su charla a los espectadores, tanto en espacios abiertos como en los salones donde eran invitados; estas personas tenían a gala el desprecio de los conocimientos antiguos y aseguraban que los suyos, más modernos, eran los que tenían valor. Eran profesionales de la palabra y con ella embaucaban y deslumbraban a su público. Hasta tal punto se apoderaron de la palabra títere que con ellos surgió la titeretería, el arte o la ciencia de los charlatanes.
Cervantes se refiere a esta forma teatral en dos ocasiones: en El retablo de las maravillas, entremés de 1615, y en los capítulos XXV y XXVI de la segunda parte de Don Quijote de la Mancha, publicada aquel mismo año.
En la cultura thumb|Títeres de cuerda (más tarde conocidos como "marionetas") en el Capítulo XXVI del Quijote, según la ilustración hecha por Gustavo Doré en la segunda mitad del .
En los siglos y el universo del títere se enriqueció con una nueva diversión: espectáculos realizados con la linterna mágica. Ello influyó sin duda en que el arte de marionetas y títeres mereciera una especial atención entre escritores y músicos de estratos cultos, que participaron en este mundo de muñecos y le dedicaron su tiempo y su trabajo, aumentando la fascinación y el entusiasmo con sus fantasías. Entre los abundantes ejemplos, pueden citarse:
Al poeta y dramaturgo alemán Goethe (1749-1832), que publicó 3 dramas con el título genérico Teatro moral y de marionetas recién abierto. A los músicos Gluck (1714-1787) y Franz Joseph Haydn (1732-1809), que compusieron en Austria varias obras para teatro de marionetas. En el año 1846, la escritora francesa George Sand (Amandine Aurore Lucie Dupin, baronesa Dudevant, 1804-1876), ayudada de su hijo Maurice, creó su propio teatro de marionetas en el castillo de Nohant, en Francia (donde había pasado su infancia). Entre los dos fabricaban los muñecos, Maurice esculpía las cabezas y la escritora confeccionaba los vestidos. Llegaron a tener más de 200. Colaboraron en este entretenimiento los distintos artistas Delacroix (pintor, 1798-1863), Honoré de Balzac (escritor, 1799-1850), y los músicos Georges Bizet (1838-1875), Musset y Liszt. Paralela y simultáneamente fueron surgiendo locales de los que quedan algunos documentados, como los del barrio de Montmartre en París, Le Chat Noir (donde trabajaban con sombras chinescas ) y el «Petit-Théatre» (con marionetas de hilos). En algunos de ellos se llegaron a poner en escena a autores de la talla de Shakespeare, Aristófanes y Cervantes. Por su parte, y ya en el , Manuel de Falla compuso en 1923 El retablo de Maese Pedro (con títeres y escenografía de Hermenegildo Lanz y la colaboración de Manuel Ángeles Ortiz); además de otras colaboraciones con los títeres gaditanos de la Tía Norica, una de las más valiosas colecciones de marionetas de España.Hubo una experiencia titiritera previa el 6 de enero de 1923, festividad de los Reyes Magos, en Granada, en una fiesta privada montada por Lorca, Adolfo Salazar y el artesano, titiritero y artista polifacético Hermenegildo Lanz. En esa ocasión se representó una adaptación lorquiana del cuento andaluz "La niña que riega la albahaca y el príncipe preguntón". (Referido en: Andrés Soria Ortega, "Una fiesta íntima de arte moderno en la Granada de los años veinte", en Lecciones sobre Federico García Lorca (Edición de Andrés Soria Olmedo), Granada, 1986, pp. 149-178, 160-161 y 168-169.) Poco después, en 1930, culminando sus trabajos para los populares títeres de cachiporra, Federico García Lorca escribió el Retablillo de Don Cristóbal.
Teatrillos, retablos y «tutilimundi» thumb|300px|left|Un teatrillo inglés en las calles de Thornton Hough (en el Merseyside), con una representación de los populares títeres de cachiporra Punch y Judy. Teatrillo, teatrino y guiñol (por extensión) son algunos de los populares nombres que en España recibe el espacio de representación en el que los títeres viven sus historias.En su origen, se llamaba a estos teatrillos castillo o castillejo, por ser las primeras representaciones generalmente historias guerreras medievales de las tomas de los castillos. Pequeño teatro a la italiana en miniatura, su estructura cumple la función de escenario al aire libre, con un espacio para ocultar a los titiriteros, consiguiendo así la ilusión de que los títeres tienen vida propia.
En el se les dio a los teatrillos el nombre de retablo por su similitud con los retablos de las iglesias, donde desde antiguo pintores o escultores representaban episodios de la historia sagrada, para que los fieles, en su mayoría supersticiosos, analfabetos e incultos, pudieran visualizar pasajes religiosos. En el capítulo XXV de Don Quijote Cervantes describe muy bien uno de estos retablos, el de Maese Pedro:
thumb|El Papamoscas, popular marioneta del reloj de la catedral de Burgos, ejemplo de automátas de relojería, herederos de los «tutilimundi» de las ferias. Mientras el nombre de "retablo" se popularizaba entre los titiriteros, los retablos mecánicos (ingeniosos juguetes con muñecos movidos por mecanismos de primitiva relojería) tomaron nombres sonoros italianos como «mundinovi» o «tutilimundi», luego castellanizados como "titirimundi" (en su origen, una reunión de figuras movibles o una especie de cosmorama expuesto en un cajón portátil), que se exhibían en las ferias.