thumb|Gigantomaquia (dibujo).
La religión protoindoeuropea es el conjunto de mitos, deidades y creencias practicadas por los pueblos protoindoeuropeos, los hipotéticos hablantes del reconstruido idioma protoindoeuropeo. Si bien no hay evidencias directas de los motivos mitológicos – en tanto los hablantes de protoindoeuropeo vivieron en sociedades preliterarias – académicos en el área de la mitología comparada han reconstruido detalles a partir de similitudes heredadas entre lenguas indoeuropeas, basados en el supuesto de que partes de los sistemas de creencias originales protodoindoeuropeas sobrevivieron en tradiciones heredadas.
La existencia de similitudes entre los dioses y las prácticas religiosas entre los pueblos indoeuropeos sugiere que en cualquiera de las poblaciones que ellos formaran tenían una forma de religión politeísta. De hecho, el conocimiento que se tiene de la religión protoindoeuropea se basa en conjeturas basadas en la historia posterior de los pueblos indoeuropeos, en la evidencia lingüística común a las lenguas indoeuropeas y en las religiones comparadas.
El panteón protoindoeuropeo incluye una serie de deidades reconstruidas de manera segura, ya que son a la vez cognados—hermanos lingüísticos de un origen común—, y están asociadas a atributos y cuerpo de mitos similares: como *Dyḗws Ph₂tḗr, el dios de la luz del día-cielo; su consorte *Dʰéǵʰōm, la madre tierra; su hija *H₂éwsōs, la diosa del amanecer; sus hijos los Gemelos Divinos; y *Seh₂ul, una diosa solar. Algunas deidades, como el dios del clima *Perkʷunos o el dios pastor *Péh₂usōn, sólo están atestiguadas en un número limitado de tradiciones – occidentales (europeas) y greco-arias, respectivamente- y, por tanto, podrían representar adiciones tardías que no se extendieron por los distintos dialectos indoeuropeos.
Algunos mitos también pueden datarse con seguridad a la época protoindoeuropea, ya que presentan indicios lingüísticos y temáticos de un motivo heredado: una historia que representa a una figura mítica asociada con el trueno y que mata a una serpiente de varias cabezas para liberar torrentes de agua que habían sido retenidos previamente; un mito de la creación que implica a dos hermanos, uno de los cuales sacrifica al otro para crear el mundo; y, probablemente, la creencia de que el Otro Mundo estaba custodiado por un perro guardián y sólo se podía llegar a él cruzando un río.
Existen varias escuelas de pensamiento sobre las posibles interpretaciones de la mitología protoindoeuropea reconstruida. Las principales mitologías utilizadas en la reconstrucción comparativa son la indoirania, la báltica, la romana y la nórdica, a menudo apoyadas también con evidencia proveniente de las tradiciones celta, griega, eslava, hitita, armenia, iliria y albanesa.
Se pueden encontrar suficientes pistas de esta religión ancestral en las coincidencias entre idiomas y religiones propias de las personas indoeuropeas como para presuponer que esta religión existió, aunque cualquier detalle es una conjetura. Mientras las similares costumbres religiosas entre las gentes indoeuropeas pueden facilitar evidencias de una herencia religiosa compartida, una costumbre compartida no indica necesariamente una fuente común para dicha costumbre; algunas de esas prácticas pueden haber surgido en un proceso de evolución paralelo.
Según algunos ensayos divulgativos, en la raíz de la cultura indoeuropea ya existía la creencia de que existe algo después de la muerte, como revelan los ajuares funerarios de los kurganes y otros restos arqueológicos documentados.
Investigadores como Marija Gimbutas, Antonio Blanco Freijeiro y Georges Dumezil afirman que la primera naturaleza de los diversos dioses que adoraban los diferentes pueblos indoeuropeos probablemente fuera de carácter celestial, atmosférico o incluso astrológico, asumiendo la idea de que las divinidades vivían en los cielos y desde ellos se manifestaban. De hecho, los grandes dioses indoeuropeos, como el nórdico Thor, hitita Tarhun, indio Indra o el griego Zeus, son Señores del Rayo.
Otros autores en cambio, como Antoine Meillet, se muestran escépticos a la idea de una religión raíz entre los indoeuropeos, debido a la enorme diversidad de cultos identificada desde los yacimientos más antiguos.
De hecho, las prácticas culturales entre los pueblos indoeuropeos son tan variadas que es imposible situar con exactitud un solo ritual que se remonte al período común. Pero al lado del «culto positivo» (el sacrificio) en donde la concepción se ha manifestado como contradictoria, existe un «culto negativo» consistente en prohibiciones. El vocabulario distingue en el seno de varias lenguas un sagrado positivo y un sagrado negativo.
En el indoiranio, la raíz iazh que designa al culto en general, significa etimológicamente ‘no ofender’, ‘respetar’. Una similar evolución se da en el griego de épocas históricas con el verbo σεβασμός (sevasmós). En germánico antiguo el reemplazo del antiguo nombre de los dioses *teiwa (*deywo) por *guda «libación», solo es comprensible a partir de expresiones tales como «respetar las libaciones (acompañando los pactos solemnes»). En fin, es a partir del culto negativo cuando ha sido creada la designación de «religión» en la mayoría de las idiomas europeos: en latín, religio significa ‘escrúpulo, respeto escrupuloso’, en particular en lo concerniente a los pactos: la religio sacramenti (‘respeto a la palabra dada’).
Juramento de Mattiwaza thumb|Tabla con el Juramento de Matiwaza en escritura cuneiforme.
Es un documento que para muchos arqueólogos e historiadores, encabezados por Georges Dumezil, evidencia el origen común y las importantes relaciones entre las religiones de los pueblos indoeuropeos, que podría indicar la existencia de una probable religión protoindoeuropea anterior a su diversificación.
En el año 1907 d. C. se descubrió en Bogazkoy (la antigua Hattusa, capital del Imperio hitita), un juramento de fidelidad al emperador Suppiluliuma I, suscrito por su vasallo Mattiwaza, rey de Mitanni, a quien el primero había repuesto en el trono y concedido además la mano de una de sus hijas. Estos dos faustos sucesos, restauración y boda, debieron de ocurrir alrededor del 1340 a. C., y significaron un respiro ―el último respiro― para el reino de los mitanios, reducido ya por los hititas a un estado de humillante postración.
En el documento, Mattiwaza se comprometía a mantenerse fiel al emperador de Hatti, poniendo por testigos y garantes no solo a varios dioses babilónicos y sirio-hititas, sino también a unas divinidades ajenas a las religiones hasta entonces conocidas en Asia Menor, y muy familiares en cambio a la literatura india antigua, a saber: Mitra, Varuna, Indra y los dos Nasatía o Asuin (estos dos últimos una pareja de mellizos).
No se trataba, pues, de dioses comunes a los indoeuropeos anatolios, tronco al que los hititas pertenecían, sino de divinidades específicas de su rama más oriental, la de las lenguas indoeuropeas en satam (indoiraní), a la que correspondían los hablantes del sánscrito y del iranio.
Una de las explicaciones más consensuadas entre los expertos para este fenómeno es que, hacia el año 2000 a. C., los antepasados de los mitanios se desvincularon de sus hermanos indoiranios y se dirigieron hacia la Alta Mesopotamia, mientras los demás lo hacían hacia la India, donde llegarían a dominar a la población aborigen, pese a hallarse ésta en un estadio de civilización mucho más avanzado que el de sus dominadores, una civilización plenamente urbana, dueña de una escritura propia e incluso de un arte refinado, particularmente en el terreno de la glíptica (la llamada cultura de Mohenjo Daro).
Teoría de las tres funciones Según el antropólogo francés Georges Dumezil, las bandas de conquistadores arios que durante el segundo milenio antes de Cristo se expandieron desde Siria hasta el río Indo, tenían una explicación mística del mundo y la sociedad. Tanto ésta como los mismos dioses se agrupaban y organizaban en tres órdenes: soberanía mágica y jurídica ―sacerdocio―, vigor guerrero ―aristocracia militar―, y los productores o trabajadores.
thumb|El Mitra persa (Museo Vaticano).
Mitra, Varuna, Indra y los dos Nasatiya, el quinteto de dioses propio de los mitanios por quienes jura el rey Mattiwaza, no son unos cualesquiera, sino que espejan los estratos o castas de la sociedad aria: Mitra y Varuna (el nombre de este, derivado del indoeuropeo Worvenos, es el mismo que el de Ouranós, Urano, el firmamento, de los griegos) son los dioses del estrato de los brahmana o sacerdotes; Indra corresponde a la casta de los guerreros, los ksatriya y, por último, los dos Nasatiya representan a la tercera clase social, la de los vais/a, ganaderos, agricultores y, en general, productores de todo orden.
thumb|El dios hinduista Varuna. Varuna y Mitra representaban los aspectos antagónicos y complementarios del mundo espiritual.
Varuna era la ley, la exigencia, el dominio de los dioses superiores sobre los pobres mortales, imponiendo el destino y el deber, dios fuerte y celoso, encargado de castigar y juzgar a los hombres. Es un dios misterioso, que representa al mundo de ultratumba.
En cambio Mitra es amistoso, comprensivo con los hombres. Aunque también es juez, es el abogado de los hombres, un dios benéfico, tranquilizante, inspirador de actos y relaciones honestas, pacífico. Representa la vida que su mundo le da al nuestro.
thumb|El dios hinduista Indra. Indra, como supremo dios guerrero, bendice la fuerza con la que el soldado obtiene la victoria, mantiene el orden social interno y defiende a la comunidad de agresiones externas, permitiéndole además tomar posesión de los territorios y/o riquezas de los enemigos que entrega en sus manos. Campeón voraz, su arma es el rayo, con el que abate a los demonios y gigantes y salva el universo (historia que se repetiría una y otra vez en las diferentes mitologías indoeuropeas, personificando a Indra en Zeus en el caso de los helenos, en Thor por los nórdicos, etc.).
Panteones Los indoeuropeos poseían una mitología basada en triadas. Al separarse los indoeuropeos sus mitologías se mezclaron con las de los pueblos autóctonos que invadían. Los nombres también variaron. Por ejemplo, Varuna se convirtió en Urano, dios del cielo de los griegos. Indra, y al llegar a Grecia tomó los atributos de hijo de la diosa madre local (Rea), y se convirtió en Zeus.
En el caso de Italia, los indoeuropeos comenzaron a adorar a Indra padre e Indra madre, o sea Iun-piter y Iun-mater, que se convertirían en Iu-piter e Iunus (Júpiter y Juno). Los seguidores de Indra eran los dioses indoeuropeos llamados Marutes, armados de hachas. Los indoeuropeos latinos hicieron de los Marutes uno solo, Marut, Maris o Marte. Este personaje se convirtió en el dios de la guerra. En Grecia los indoeuropeos convirtieron a Marut o Maris en Ares.
Mitra, el dios del sol, sobrevivió con ese nombre en India y Persia. En Grecia fue suplantado por la divinidad local Febo mientras que en Italia fue abandonado por el dios grecoetrusco Aplu, convertido en Apolo.
En Grecia e Italia, antes de la llegada de los indoeuropeos, se adoraban diosas madres. La diosa de la sabiduría en Grecia era Atena, convertida en Atenea. En Italia, entre los etruscos, la diosa de la sabiduría era Mnerva, de donde viene Minerva.
En resumen, los indoeuropeos tenían una mitología con un probable origen común, según los estudios lingüísticos de Rasmus Christian Rask y Franz Bopp, y sobre todo los de mitología comparada de Georges Dumezil. La Italia y la Grecia preindoeuropea poseían también una religión matriarcal similar, debido a la cercanía geográfica. Las mitologías griega y romana divergieron al adaptarse a entornos diferentes. Sin embargo, al aumentar los contactos entre Grecia y Roma sus mitologías fueron reunificadas. El parecido se debe más a un origen común que al hecho de que una haya sido copiada de la otra.