miniaturadeimagen|Retrato de Clavijero en su "Historia Antigua de México" (British Library)Francisco Javier Clavijero y Echeagaray (también escrito Clavigero) (Puerto de Veracruz, Nueva España,9 de septiembre de 1731–Bolonia, Estados Pontificios, 2 de abril de 1787) fue un clérigo jesuita novohispano, En la dedicatoria de su obra Historia antigua de México, él se presenta a sí mismo como mexicano, no como novohispano. historiador, filósofo, y humanista, considerado el principal exponente de la ilustración en la Nueva España, precursor del indigenismoLuis Villoro, "4. Francisco Javier Clavijero", en Los grandes momentos del indigenismo en México, México, El Colegio de México-El Colegio Nacional-Fondo de Cultura Económica, s/f, pp. 113-152. y uno de los principales autores de la Escuela Universalista Española del siglo XVIII.Cf. P. Aullón de Haro, La Escuela Universalista Española del siglo XVIII, Madrid, Sequitur, 2016; A. García Martín, La Ilustración Hispánica, Madrid, AECID, 2018.

Su vida en la Nueva España, 1731- 1767 Infancia Nació el 9 de septiembre de 1731 en el puerto de Veracruz, siendo el tercero de los once hijos Charles E. Ronan, Francisco Javier Clavijero, S. J. (1731-1787). Figura de la Ilustración mexicana; su vida y obras, México, ITESO-Universidad de Guadalajara, 1993, pp. 25-26. del matrimonio formado por Blas Clavijero y Molaguero, alcalde mayor de Teziutlán, Atempa y de la provincia de Xicayan (en la Mixteca Alta), originario del pueblo terracampino de Melgar de Arriba, provincia de Valladolid (Reino de Castilla), y por María Isabel de Echeagaray y Fernández-Marín, criolla veracruzana de origen vasco, hermana de Francisco de Echeagaray, gobernador del Reino de Nuevo León y del Nuevo Santander (padre de la virreina Francisca Javiera de Echeagaray y Bosio y de José María de Echeagaray y Bosio, gobernador del Nuevo Santander).

Su padre trabajó para la Corona española, por lo que su familia se trasladó constantemente de una población a otra en regiones de mayoritaria población indígena, teniendo desde sus primeros años, un fuerte contacto con la población indígena de Puebla y de la Mixteca baja. Ibid., p. 31. Esta experiencia le habría permitido un primer acercamiento al náhuatl, lengua de la que haría uso en años posteriores, y alimentaría la defensa que realizó durante su exilio de la igualdad indígena americana ante una supuesta superioridad intelectualidad europea erróneamente concebida por aquellos tiempos:

"Sus almas son en lo radical como las de los demás hombres, y están dotados de las mismas facultades. Jamás han hecho menor honor a su razón los europeos, que cuando dudaron de la racionalidad de los americanos. [...] Sus entendimientos son capaces de todas las ciencias, como lo ha demostrado la experiencia".Francisco Javier Clavijero, Historia antigua de México, Decimosegunda edición, pról. Mariano Cuevas, México, Editorial Porrúa, 2014, p. 63.

Estudios, ordenación sacerdotal y enseñanza en la Nueva España Transcurrida su infancia, se trasladó a la ciudad de Puebla de los Ángeles para estudiar en el Colegio de San Jerónimo, perteneciente a la Compañía de Jesús. Posteriormente ingresó al Colegio de San Ignacio (de la misma Compañía) donde "[...] se inició en la filosofía, la historia y algunos rudimentos de las ciencias ".Miguel León Portilla, "La Historia antigua de México de Francisco Xavier Clavigero", en Alfonso Alfaro, Iván Escamilla, Ana Carolina Ibarra y Arturo Reynoso (coords.), Francisco Xavier Clavigero, un humanista entre dos mundos. Entorno, pensamiento y presencia, México, FCE-UNAM-IIH-ITESO-Universidad Iberoamericana, 2015, pp. 157-190, p. 158. Uno de los momentos que se considera de mayor importancia en la vida de Clavijero fue su ingreso, en 1748, al Colegio jesuita de Tepotzotlán. Se sabe que al inicio encontró poco agradable el orden regular de su nueva vida, destinada a la preparación sacerdotal, pero pronto se acostumbró y los superiores del Colegio lo consideraron como un joven "[...] con un talento superior al promedio y un carácter optimista". Se sabe también que por entonces comenzó el estudio formal del náhuatl, cuyo aprendizaje era obligatorio para los novicios.Charles E. Ronan, Francisco Javier Clavijero..., op. cit., pp. 39- 41. En adelante, citado únicamente como Ronan. Fue también durante su estancia en Tepotzotlán donde Clavijero tuvo por compañeros a varios jóvenes que, junto con él, y debido a su labor intelectual, serían llamados humanistas mexicanos del siglo XVIII: Llamados así por Gabriel Méndez Plancarte, en su obra Humanistas del siglo XVIII, de 1941. José Rafael Campoy, Francisco Javier Alegre, Andrés Cavo y Pedro José Márquez fueron algunos de ellos.

thumb|Sepulcro de Francisco Xavier Clavijero, en la Rotonda de las Personas Ilustres. thumb|Portada de la Storia antica del Messico (1780), en su edición original en italiano.miniatura|Portada de la primera edición en español de la Historia antigua de México (1945), a cargo de la Editorial Porrúa.En 1751, regresó a Puebla, al Colegio de San Ildefonso, donde profundizó en el estudio de la filosofía escolástica. Según Juan Luis Maneiro (uno de sus biógrafos contemporáneos), el joven Clavijero no estuvo totalmente de acuerdo con lo que le enseñaban, y fue por esos años cuando se inició en el estudio de la filosofía moderna, bajo la guía de sus superiores.Juan Luis Maneiro, en Ronan, op. cit, p. 43. Entre sus lecturas de aquella época se encuentran Descartes, Newton, Leibniz, entre otros. Consideraciones de este tipo, que presentan a un Clavijero abierto a las "nuevas ideas", han llevado a considerar al jesuita veracruzano como uno de los máximos referentes de la Ilustración novohispana, movimiento que, de haberse realmente producido, fue en todo caso tímido y reservado, si se compara con las tesis radicales de los ilustrados europeos del siglo XVIII.No debe pasarse por alto que es este un problema de investigación histórica. Hay quienes afirman la existencia de una Ilustración novohispana, mientras que otros la niegan. Como ejemplo de los primeros puede consultarse a Roberto Moreno de los Arcos, "Los historiadores ilustrados novohispanos", en La creación de una imagen propia. La tradición española, tomo 1 Historiografía civil, UNAM-IIH, 2012, pp. 523-541. En cuanto al rechazo del "movimiento ilustrado novohispano", puede verse a Jaime Labastida, La Ilustración novohispana, en http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/9712/labastida/97labastida.html Luego de su estancia en Puebla, Clavijero se trasladó a la Ciudad de México para estudiar teología, en el Colegio de San Pedro y San Pablo. Su estancia en este lugar se ha considerado significativa pues, a la par de su formación teológica, pudo acercarse al conjunto de testimonios indígenas resguardados, y que habían pertenecido a Carlos de Sigüenza y Góngora, intelectual novohispano del siglo XVII. En ese tiempo, cuando aún no había concluido sus estudios, también dio clases y fue prefecto del Colegio de San Ildefonso. Tiempo después, sus superiores le encomendaron la cátedra de retórica.

Francisco Xavier Clavijero fue ordenado sacerdote en octubre de 1754, luego de seis años y medio de haber ingresado a la Compañía de Jesús. Se sabe que por esos años (y en otros momentos de su vida) expresó su deseo por trabajar entre la población autóctona, y solicitó ser enviado a las misiones de la California. Su petición no fue atendida (en realidad nunca), pero en 1758 fue destinado al Colegio de San Gregorio, en la Ciudad de México, lugar en el que se educaba a la población indígena.Ronan, op. cit., pp. 62-64. La cercanía con el Colegio de San Pedro y San Pablo le permitió continuar con el estudio de la documentación indígena legada por Sigüenza. Al respecto, él mismo expresó, en el prólogo de su Historia antigua de México: "[...] vi y estudié -en el Colegio- el año de 1759 algunos volúmenes de aquellas pinturas -las de la colección de Sigüenza-, que contenían la mayor parte de las penas prescritas por las leyes mexicanas contra ciertos delitos".Francisco Javier Clavijero, "Prólogo", en op. cit., p. XXXVII. Citado en adelante como Clavijero. Esta documentación sería utilizada, mal o bien, en su ulterior obra historiográfica.

De 1762 a 1767, Clavijero dedicó gran parte de su tiempo a la enseñanza. Luego de cuatro años en el Colegio de San Gregorio, se ordenó su traslado al Colegio de San Francisco Javier en Puebla, destinado también a la educación de los indígenas. Al año siguiente (1763), fue enviado al Colegio de Valladolid (hoy Morelia),Ronan, op. cit., pp. 70 71. donde, según se dice, enseñó filosofía moderna y, supuestamente, tuvo por alumno a Miguel Hidalgo. Que el "Padre de la Patria" mexicana haya sido alumno de Clavijero es algo que hoy en día se sabe falso.Ibid., p. 80. En 1766, se dio orden a Clavijero de trasladarse al Colegio de Santo Tomás en Guadalajara. Poco fue el tiempo que estuvo ahí, ya que al año siguiente el decreto de Carlos III, rey de España, obligaba a los miembros de la Compañía de Jesús a salir de sus dominios, así en la metrópoli como en ultramar.

La expulsión de la Compañía de Jesús y el exilio en Italia, 1767-1787 La Compañía de Jesús, influyente y poderosa, también tenía sus detractores y enemigos. Fue por eso que Carlos III proclamó la expulsión de los jesuitas el 27 de febrero de 1767. Fueron, según él, "gravísimas causas" las que lo obligaron a tomar la decisión, así como una serie de motivos que guardaba en "su real pecho". Cuando el decreto llegó a la Nueva España el entonces virrey, Carlos Francisco de Croix, lo ejecutó desde la madrugada del 25 de junio. Ibid., pp. 121-122. Clavijero, que se hallaba en Guadalajara, tuvo que salir junto con sus compañeros hacia Veracruz con destino al exilio. El 25 de octubre de 1767, llevando pocas cosas consigo, Clavijero se embarcó con rumbo a La Habana. El viaje no terminó ahí, y lejos estuvo de ser sencillo, pues como se sabe fue hasta 1770 cuando pudo asentarse de forma definitiva en Bolonia, ciudad que entonces pertenecía a los Estados Pontificios.

No fue el de Clavijero un caso excepcional, pues es sabido que los jesuitas de las provincias de México y de Castilla se asentaron en esa ciudad.Elisabetta Marchetti, "El exilio jesuita visible en el patrimonio de Bolonia", en Francisco Xavier Clavigero, un humanista entre dos mundos..., op. cit., pp. 133-153. En Bolonia, residió Clavijero hasta el día de su muerte, acaecida el 2 de abril de 1787; fue asimismo el lugar donde llevó a cabo gran parte de su producción intelectual.

Apología indigenista: Clavijero y los críticos de América Debido a la vida restringida que los jesuitas exiliados llevaban en los Estados Pontificios, se entiende que hayan podido dedicar gran parte de su tiempo a estudios de diversa índole para ocupar sus horas de ocio. Ronan, op. cit., p. 129. En el caso de Clavijero, su estancia en Europa le hizo darse cuenta de la visión que algunos de los intelectuales del Viejo Continente ofrecían sobre América, y que desde su punto de vista era producto de la ignorancia. A combatir esta interpretación de la realidad americana dedicaría una parte significativa de sus escritos. Él mismo lo expresó en el prólogo de la Historia antigua de México, al decir que escribía "[...] para restituir a su esplendor la verdad ofuscada por una turba increíble de escritores modernos de la América [...]". Clavijero, "Prólogo", op. cit., p. XXI. Aunque las críticas del jesuita novohispano fueron orientadas principalmente contra Cornelius de Pauw. Georges-Louis Leclerc de Buffon (naturalista francés) o William Robertson (historiador escocés) no quedaron exentos.

De acuerdo con Clavijero, Cornelius de Pauw, en su obra Investigaciones filosóficas sobre los americanos, había plasmado un retrato indignante de los mismos: