San Ignacio de Antioquía (en griego: Ἰγνάτιος Ἀντιοχείας) (Siria, Imperio romano, 35 - Roma, entre 108 y 110) fue discípulo directo de san Pablo y san Juan. Es el segundo sucesor de san Pedro en el gobierno de la Iglesia de Antioquía. Ignacio afirma que la doctrina y constitución de la Iglesia católica viene de Jesucristo por medio de los apóstoles, incluyendo la jerarquía de Pedro, los obispos y su obediencia a ella, la Eucaristía, así como la virginidad de María. Fue condenado a morir devorado por las fieras en Roma, en tiempos del emperador Trajano. Es uno de los padres de la Iglesia y, más concretamente, uno de los padres apostólicos por su cercanía cronológica con el tiempo de los apóstoles.«Se llaman Padres Apostólicos los escritores cristianos del siglo I o principios del siglo II, cuyas enseñanzas pueden considerarse como eco bastante directo de la predicación de los Apóstoles...» (Quasten 2004:50) Fue el primero en aplicar el adjetivo de «católica», es decir «universal» a la Iglesia.

Es autor de que redactó en el transcurso de unas , mientras era conducido desde Siria a para ser ejecutado o, como él mismo escribió:

Su arresto y ejecución se produjeron a comienzos del . Aparte de eso, solo se sabe que fue obispo de la ciudad de Antioquía de Siria. El conocimiento sobre Ignacio se centra, por tanto, en el final de su vida, pero ello basta para hacer de él uno de los padres apostólicos . Ignacio es un del cristianismo y uno de los santos de la Iglesia católica y de la Iglesia ortodoxa, que celebran su festividad el 17 de octubreAsí consta en el santoral de la Archidiócesis de Madrid . También en esta web, que incluye una piadosa biografía. Este otro santoral se encuentra ubicado en una web turística de Ciudad Real. y el 20 de diciembre,«The Eastern Churches generally prefer 20 December.», obtenido de esta página que tiene un apartado de bibliografía con buenas referencias. respectivamente.

El descubrimiento y la identificación acerca de la autenticidad de las cartas de Ignacio se produjeron a lo largo de los siglos y , tras un arduo y polémico proceso. La temática «procatólica» de las cartas soliviantó los ánimos de teólogos protestantes como Juan Calvino, que las . La polémica entre católicos y protestantes continuó hasta el , en que se alcanzó un sobre cuántas cartas, cuáles y en qué medida fueron escritas realmente por Ignacio. Desde entonces, la opinión mayoritaria, pero no indiscutida, es que Ignacio escribió cartas a las comunidades cristianas de Éfeso, Magnesia del Meandro, Trales, Roma, Filadelfia y Esmirna, además de una carta personal al obispo Policarpo de Esmirna, otro «padre de la Iglesia» y también «padre apostólico». Los escritos de Ignacio están próximos en el tiempo a la redacción de los evangelios y una parte de la investigación ignaciana está centrada en esclarecer su relación con ellos. Las cartas ofrecen, además, sobre la situación de las comunidades cristianas a finales del y comienzos del .

Las fuentes

thumb|Ireneo de Lyon, una de las fuentes de información sobre Ignacio.

La información sobre la vida de Ignacio proviene principalmente de sus . A través de ellas se conocen algunos datos fundamentales de su persona, como que era obispo de Antioquía o que fue condenado a morir en Roma. También se deduce de su lectura la en la que fueron redactadas.

Ignacio no pretendía informar en sus escritos sobre una situación que sus interlocutores ya conocían de primera mano, sino ofrecer consejo y reflexión. Pero las informaciones fragmentarias que sobre sí mismo fue dejando en sus cartas se han convertido, con el paso de los siglos y la ausencia de otras fuentes, en apuntes de inapreciable valor. Sus escritos no tienen, por tanto, un carácter biográfico, sino circunstancial, y hablan del encuentro de un obispo cristiano condenado a muerte y una comunidad de cristianos que, atraída por su fama, salió a su paso a recibirle y hacer más llevadero su camino.

Las cartas de Ignacio fueron el fruto de esos encuentros y testimonian sus preocupaciones y su . Si en un primer momento Ignacio fue recordado por su persona y por su historia, hoy se le recuerda principalmente por sus cartas. Sin ellas, apenas quedaría de él más que una .

Una segunda fuente de información proviene de reseñas consignadas en las obras de diversos autores eclesiásticos, en su mayor parte padres de la Iglesia. Estos Padres, que conocían las cartas de Ignacio, transcribieron en sus propias obras fragmentos de ellas, añadiendo en ocasiones noticias independientes, recibidas seguramente a través de alguna tradición. Se debe a Eusebio de Cesarea (principios del )Eusebio de Cesarea es un padre de la Iglesia del siglo IV, autor de una obra llamada Historia Eclesiástica, que representa la primera, y con frecuencia única, fuente de información sobre el cristianismo anteniceno. el resumen más de ellas. Antes de Eusebio, se conservan los testimonios, más bien casuales, de Policarpo de Esmirna, Ireneo de Lyon y Orígenes. Después de él, hay que mencionar la obra de dos antioquenos, paisanos de Ignacio: Juan Crisóstomo a finales del y Teodoreto de Ciro en el . Estos dos últimos autores, aunque tardíos, se beneficiaron todavía de la tradición local de la ciudad. Más allá del y lejos de Antioquía ya no se han encontrado noticias fiables. El testimonio de Eusebio de Cesarea suele prevalecer en la opinión de los eruditos y esto ha sido así en líneas generales desde que comenzaran en el las disputas entre católicos y protestantes.

Existe un tercer grupo de documentos que acompañan la cuestión ignaciana a modo de apéndices. Carecen en general de fiabilidad histórica pero no de interés. Existe un relato tardío de su martirio, conocido como el Martirio colbertino,Recibe el nombre por el códice Colbertinus 460 en que se encontró. Dicho códice se encuentra actualmente en la Biblioteca Nacional de París y está referido como Codex Graecus 1451. (Ayán 1991:42) que reconstruye con ciertas dosis de imaginación el viaje de Siria a Roma y donde se señala el 20 de diciembre como la fecha del martirio.El Martirio colbertino dice: «... el día 13 antes de las calendas de enero...» (Ruiz Bueno 1979:577) Más importante es que, dentro de ese relato, se encontró en el año 1646 la versión griega de una de las cartas de Ignacio. Además del Martirio colbertino, se conservan cartas apócrifas de propósito diverso que simulan haber sido escritas o recibidas por Ignacio durante su viaje a Roma y que la crítica considera espurias de forma unánime.

De todas estas fuentes, se desprende una exigua «Vida de Ignacio» que tiene su parte especulativa pero que es todo cuanto hay. Tan importante como eso es, sin embargo, que dicha vida está inmersa en un contexto histórico que la sostiene y da profundidad. Junto a Ignacio, hay lugares, sucesos y gentes que estaban presentes en la mente de aquellos que vivieron esos momentos y que proyectan la vida de Ignacio en el complejo horizonte del cristianismo primitivo. Ese horizonte es hoy del máximo interés, ya que los escritos de los padres apostólicos son el primer lugar donde se pueden escudriñar la influencia y el grado de formación de los evangelios.

Las cartas

thumb|Martirio de Ignacio de Antioquía.

Atendiendo al lugar desde el que fueron redactadas, las cartas de Ignacio se dividen en : las cuatro cartas de Esmirna y las tres cartas de Alejandría de Tróade. El lugar de redacción se deduce en todos los casos del contenido.En su carta a los efesios, por ejemplo, dice Ignacio casi al final: «... y aquellos que enviasteis a Esmirna, desde donde os escribo...» (Ad Eph. 21.1). Algo parecido sucede en el resto de su correspondencia. Cierta lógica relaciona los destinatarios y el lugar de redacción porque tres de las cartas de Esmirna fueron enviadas a localidades próximas,Éfeso, Magnesia del Meandro y Trales. mientras que dos de las cartas de Tróade fueron enviadas a la propia Esmirna,A los esmirniotas y A Policarpo. de donde Ignacio acababa de partir. Las cartas de Esmirna son anteriores a las de Tróade, pero dentro de cada grupo se desconoce el orden de redacción. Se suele asumir el «orden eusebiano», que no es otro que el utilizado por Eusebio de Cesarea al redactar su reseña sobre Ignacio y que es el siguiente: la «Carta a los efesios» (Ad Eph.), la «Carta a los magnesios», (Ad Magn.), la «Carta a los tralianos» (Ad Tral.), la «Carta a los romanos» (Ad Rom.), la «Carta a los filadelfianos» (Ad Phil.), la «Carta a los esmirniotas» (Ad Smyrn.) y, por último, la «Carta a Policarpo» (Ad Pol.), un escrito personal dirigido a Policarpo de Esmirna, obispo de dicha ciudad a la sazón.

Atendiendo al propósito de la redacción, las cartas se dividen también en dos grupos: por una parte, las seis cartas asiáticasEfesios, magnesios, tralianos, filadelfianos, esmirniotas y «A Policarpo». y, por otra, la singular «Carta a los romanos». Las primeras fueron escritas a las Iglesias del Asia Menor con dos propósitos bien definidos, siendo el primero exhortarlas a interna y la segunda prevenirlas docéticas y judaizantes. La uniformidad de los planteamientos de Ignacio sugiere la existencia de un en esta parte del Asia Menor, como si toda la región estuviese atravesando circunstancias similares. La otra carta fue dirigida motu proprio a la Iglesia de Roma para rogar a sus miembros que por él.

En un plano formal, los escritos de Ignacio son de los de Clemente de Roma. Las cartas de Ignacio están redactadas con un estilo libre y ardoroso que violenta el lenguaje con audaces construcciones que no se ciñen a las formas retóricas . Comienzan con un prescripto oriental, estructurado en forma de nomen-cognomen:

Este prescripto es tan de Ignacio que no solo comienzan así las cartas auténticas sino también las que escribieron después algunos falsarios. «Teoforo», término griego que significa «el portador de Dios», podría ser un sobrenombre o cognomen utilizado por Ignacio siguiendo los usos de la época.La utilización de varios nombres, cada uno en un idioma, era una práctica común. Un ejemplo es el par de nombres Saulo (hebreo) Paulo (griego) utilizados por Pablo de Tarso. Ignacio, por su parte, es la helenización del nombre latino «Egnatius» (Ruiz Bueno 1979:379). Según esto, Teoforo podría ser el cognomen griego. También podría ser una forma de referirse a sí mismo como discípulo de Cristo, ya que lo utiliza igualmente en una carta .

Vicente de Beauvais afirmaba siglos después, llevado del entusiasmo, que la razón de ese sobrenombre era que Ignacio tenía escrito en su corazón el nombre de Cristo, con letras de oro, cosa que, según él, se descubrió al recoger los pedazos de su cuerpo desgarrado por las .

Vida y obra

thumb|250px|Bernabé, el apóstol, según la tradición, uno de los fundadores de la comunidad cristiana de Antioquía de la que Ignacio llegó a ser obispo.

No se sabe en qué año nació Ignacio ni tampoco en qué lugar. Se desconoce todo sobre su familia y las circunstancias en las cuales conoció el cristianismo. Se ignora también cuál fue su trayectoria dentro de la . Una leyenda del le supone discípulo de Jesucristo en la persona del niño que aparece como protagonista en el pasaje bíblico de Mateo 18.La leyenda es relatada por Simón Metafraste, historiador y hagiógrafo bizantino del siglo X (Ruiz Bueno 1979:379) y está basada en una acentuación diferente del cognomen de Ignacio. Si Teoforo significa «el portador de Dios», Teóforo (acentuado así en griego) se convierte en una voz pasiva que significa «el que ha sido llevado por Dios». (Ayán 1991:103)

La primera noticia de es que fue obispo de la ciudad de Antioquía. Lo afirma el en una de sus cartas.Ignacio de Antioquía, Ad Rom. 2, 2) Lo aseveran Eusebio de Cesárea, HE III, 22. y otros Padres de la Iglesia, y así se le considera . Es un dato relevante, pues el episcopado de Antioquía era uno de los más de la cristiandad.