thumb|300px|La Comédie-Française durante el .
La Ópera Francesa es el arte de la ópera cantada en francés y que se desarrolla en Francia. Francia tiene una de las tradiciones operísticas más importantes de Europa, con obras de compositores nacionales de la talla de Rameau, Berlioz, Gounod, Bizet, Massenet, Debussy, Ravel, Poulenc y Messiaen, además de aportaciones de muchos compositores extranjeros, como Lully, Gluck, Salieri, Cherubini, Spontini, Meyerbeer, Rossini, Donizetti, Verdi y Offenbach.
El género operístico francés se inició en la corte del rey Luis XIV con la obra de Jean-Baptiste Lully —de origen italiano— Cadmus et Hermione (1673). Lully y su libretista Quinault crearon la «tragédie en musique», una forma escénica en la que el ballet, afición favorita de la corte francesa y la escritura coral tenían un papel especialmente destacado.Orrey pág. 34. El sucesor más importante de Lully fue Jean-Philippe Rameau, y a su muerte tomó el relevo el alemán Gluck, que produjo en la década de 1770 una serie de seis óperas para la escena parisina que renovaron por completo el género. Al tiempo, a mediados del , otro género operístico iba ganando popularidad en Francia: la «opéra-comique», en el que las arias alternaban con el diálogo hablado.Orrey pág. 45. En la década de 1820, la influencia de Gluck en Francia dio paso a un nuevo gusto por las óperas de Rossini y una obra suya, Guillaume Tell, ayudó a fundar otro nuevo género, conocido como «grand opéra», cuyo exponente más destacado fue Giacomo Meyerbeer.Orrey pág. 153. Otro género más, de tono más ligero, el de la «opéra-comique», también gozó de gran éxito en manos de Boïeldieu, Auber, Hérold y Adam. En este clima, surgieron las óperas de Hector Berlioz que lucharon, sin conseguirlo, por obtener el éxito del público: su obra maestra épica, Les Troyens, la culminación de la tradición gluckiana, no tuvo una representación adecuada hasta casi cien años después de ser escrita.
En la segunda mitad del , Jacques Offenbach dominó otro nuevo género, la opereta, con obras ingeniosas y cínicas como Orphée aux enfers;Orrey pág. 204. Charles Gounod tuvo un gran éxito con Faust; Orrey pág. 154. y Georges Bizet compuso Carmen, probablemente la ópera francesa más famosa de todos los tiempos. Al mismo tiempo, la influencia de Richard Wagner se consideró un desafío a la tradición francesa. Tal vez la respuesta más interesante a la influencia wagneriana fue la singular obra maestra operística de Claude Debussy, Pelléas et Mélisande (1902),Ver Orrey, pág. 216: "A singular destilación de la esencia de Wagner". considerada un auténtico no man's land del arte lírico.Véase el capítulo, «Pelléas et Melissande o el «no man's land» del arte lírico», de Historia de la ópera, de René Leibowitz (1957). Ed. española de Taurus Humanidades, 1990.
En el ya no hay operistas franceses y la ópera aparece en el opus de los diferentes compositores como un hecho aislado, sin continuidad. Un compositor, una o dos óperas, aunque eso sí, firmadas por autores de la talla musical de Ravel, Poulenc o Messiaen.
La época barroca
Primeras óperas en Francia
thumb|200px|El rey Sol, Luis XIV, en el Ballet de la Nuit (1653). El género operístico había comenzado en Italia a principios del . En un primer momento (1600-1635), surgió como evolución de las obras de entretenimiento cortesano que se montaban en los palacios aristocráticos de Florencia, Mantua y Roma, estrechamente vinculadas a las tradiciones renacentistas. Luego surgieron los «drammas per música» o «fávolas in música» (1637-1680), en que se dio más importancia al argumento, lo que supuso la aparición de los libretos, tal como hoy se conocen, a mitad del siglo. En Venecia, en 1637, surgió la idea de realizar una temporada de ópera de asistencia libre, abierta al público, que así la sufragaba con la venta de abonos, y se inauguró entonces el primer teatro público de ópera del mundo, el San Cassiano. En una tercera fase (1650-1690), solapada con la segunda, la ópera se difundió por toda Italia y cruzó los Alpes, y el «dramma per música» se adaptó localmente a las condiciones políticas y sociales y sus obras fueron representadas tanto en teatros públicos como privados. Las óperas italianas debían ganarse el favor popular y eso le daba gran dinamismo al género. Sin embargo, en Francia, los espectáculos teatrales estaban sometidos a importantes regulaciones y dependían, en último término, del favor real y será una decisión real la que decidirá el nacimiento de la ópera francesa.Para conocer el funcionamiento del teatro y como eran esas regulaciones y su organización, es muy útil el libro Music and Theatre in France. 1600–1680, de John S. Powell, editado por Oxford University Press en 2000. ISBN 978-0-19-816599-6.
Las primeras representaciones de ópera que se organizaron en Francia fueron obras importadas de Italia, promovidas por el cardenal Mazarino, regente del joven rey Luis XIV, en su intento de italianizar la corte francesa. En 1645, la pastoral La finta pazza, de Francesco Sacrati fue la primera ópera presentada en París y le siguió Orfeo (1647), de Luigi Rossi, una ópera escrita expresamente para tal ocasión. La gran impopularidad del cardenal entre la aristocracia y muchos sectores de la sociedad francesa, fue una de las causas de que el público les dispensará una tibia recepción, aunque también había consideraciones musicales en el rechazo: la corte francesa estaba muy acostumbrada a un tipo de espectáculo musical ya muy establecido, el conocido ballet de Cour o ballet cortesano, que incluía elementos cantados y danzados en un acontecimiento de gran esplendor y lujo.Oxford Illustrated, págs. 33-35.
En 1659, Mazarino llamó a París a Francesco Cavalli y le encargó una ópera, Ercole amante, que sería presentada en los festejos nupciales del joven rey —que él había concertado con el rey Felipe IV de España—, en un teatro expresamente construido para la ocasión en las Tullerías, a cargo del arquitecto, escenógrafo y especialista en maquinaria Gaspare Vigarani, un italiano en ese momento al servicio del duque de Mantua.La nueva sala encargada da la medida de la ambición de Mazarino: entre cuatro y cinco mil plazas, sobresalía por encima del ático y generaba un espacio escénico excepcional, muy profundo, capaz de recibir la más imponente «machinerie» concebible en la época. Esta característica, que dejó estupefactos a los parisinos, explica el nombre de Salle des Machines muy pronto dado al teatro. La inauguración del teatro se retrasó y en la boda de Luis XIV y María Teresa de Austria, el 22 de noviembre de 1660, Cavalli presentó, en la galería superior del Louvre, una obra que no requería nada de maquinaria, Xerxe (estrenada ya en Italia en 1654), sustituyendo el antinatural castrato del original italiano por un barítono y dando entrada a algunos ballets compuestos por Lully que nada tenían que ver con la acción. En 1662, Cavalli, ya muerto Mazarino, pudo presentar por fin su obra, Ercole amante, expresamente pensada para la corte francesa y en la que hizo grandes concesiones al gusto francés: añadió un prólogo y un epílogo laudatorios para el monarca e introdujo varios ballets, con papeles que fueron bailados por el propio rey Luis (Plutón, Marte y el Sol). Pero ni aun así logró obtener el triunfo el principal compositor italiano de la época y los números de ballet, una vez más, tuvieron más éxito que la propia obra. Véase el artículo sobre Cavalli en la Viking Opera Guide págs. 189-94. La perspectiva de que la ópera en Francia floreciese parecía remota. Sin embargo, paradójicamente, sería otro compositor italiano, ya establecido en Francia y muy cercano al rey, el que sentaría las bases para la creación de una duradera tradición operística francesa.
El nacimiento de la ópera francesa: Lully
thumb|200px|Jean-Baptiste Lully, el "padre de la ópera francesa".
Jean-Baptiste Lully (1632-1687), florentino, era el músico favorito de Luis XIV, que desde 1661, a la muerte de Mazarino, había asumido el pleno poder real y tenía la intención de remodelar la cultura francesa a su imagen y hacer de ella un símbolo político en el que los grandes espectáculos tendrían un lugar central. Cavalli regresó a Italia y los músicos italianos fueron apartados gradualmente. Lully, al igual que Luis XIV, era un excelente bailarín y se había ganado el favor real danzando y componiendo música para algunos ballets en los que ambos habían bailado juntos.Se cree que el rey y Lully danzaron al menos en cuarenta ballets juntos. «Rien n'égalera l'intimité, la connivence existant entre Louis XIV et Jean-.Baptiste Lully, le baladin et le bouffon de ses jeunes années, le surintendant et le potentat de la plus belle période du règne», «Lully divertissait infiniment le Roi par sa musique et par la manière dont il l'exécutait lui-même par ses bons mots», escribió Titon du Tillet. Ver artículo «Musique profane et pouvoir politique en France dans la première partie du règne de Louis XIV», de Nathalie Jay (1991). Disponible en línea en: Lully tenía un seguro instinto para saber exactamente lo que satisfaría el gusto de su soberano, y del público cortesano en general, y ya había compuesto bastante música para esos espectáculos extravagantes que tanto gustaban en la corte. En 1658 la compañía de teatro de Molière había regresado a París y con ella se inauguraba una era de esplendor de la escena teatral (1658-1669), con muchas representaciones —con y sin música— en los tres teatros parísinos: «Hôtel de Bourgogne», «Théâtre du Marais» y «Théatre du Palais Royal».Op. cit. Powell, pág. 5.La Comédie-Française fue fundada por letra real de Luis XIV el 21 de octubre de 1680 para fusionar los dos únicas «troupes» parisinas de la época, la compañía del «Hôtel Guénégaud» y la del «Hôtel de Bourgogne». El 25 de agosto, los comediantes ya se habían unido para dar su primer estreno común, en que presentaron Phèdre (Racine) y las Carosses d'Orléans (La Chapelle). El acto real de unión acordó concederles el monopolio de actuar en París, un monopolio que los «Comédiens-français» defenderán con celo a lo largo del XVIII, en especial contra los «Comédiens-italiens». Lully conoció a Molière y compuso para él la música de varias «comédies-ballet» —Les fâcheux (1661), Le Mariage forcé (1664), Georges Dandin (1668), Monsieur de Pourceaugnac (1669), Les Amants magnifiques (1670) y Le Bourgeois gentilhomme (1670)— obras que gozaron de gran éxito popular y a las que asistieron muchos personajes de la corte.
thumb|left|200px|Carta patente de la Académie Royale de Danse.