La noche de los cristales rotos () o los pogromos de noviembre de 1938 () fue una serie de linchamientos y ataques combinados ocurridos en la Alemania nazi y también en Austria, durante la noche del 9 al 10 de noviembre de 1938 y al día siguiente, llevados a cabo contra ciudadanos judíos por las tropas de asalto de las SA junto con la población civil, mientras las autoridades alemanas observaban sin intervenir, siendo así el mayor pogromo en la historia.«German mobs’ vengeance on Jews», artículo en el periódico The Daily Telegraph del 11 de noviembre de 1938, citado en Martin Gilbert: Kristallnacht: Prelude to Destruction. EE. UU.: Harper Collins, 2006, pág. 42.
Presentado por los responsables nazis como una reacción espontánea de la población tras el asesinato, el 7 de noviembre de 1938, de Ernst vom Rath, secretario de la embajada alemana en París por un judío polaco de origen alemán, Herschel Grynszpan, los pogromos fueron cometidos por miembros de la Sturmabteilung (SA), la Schutzstaffel (SS) y las Juventudes Hitlerianas, apoyadas por el Sicherheitsdienst (SD), la Gestapo y otras fuerzas de la policía. De hecho, el pogromo fue ordenado por el Canciller del Reich, Adolf Hitler y organizado por Joseph Goebbels.
Estos pogromos fueron dirigidos contra los ciudadanos judíos y sus propiedades, así como también la destrucción de las sinagogas de todo el país.«World War II: before the war», artículo en The Atlantic del 19 de junio de 2011. El nombre del pogromo se debe a los vidrios rotos pertenecientes a los escaparates de las tiendas y a las ventanas de los edificios de propiedad judía, que cubrían las calles como consecuencia de los destrozos.
Al menos 91 ciudadanos judíos fueron asesinados durante los ataques y otros 30 000 fueron detenidos y posteriormente deportados en masa«Auschwitz y la solución final del problema judío», Institut für Sozial- und Wirtschaftsgeschichte Johannes Kepler Universität Linz. a los campos de concentración de Sachsenhausen, Buchenwald y Dachau.«La solución final».«Huyendo del infierno nazi. La inmigración judío-alemana hacia Chile», página 61. Las casas de la población judía, así como sus hospitales y sus escuelas, fueron saqueadas y destruidas por los atacantes, demoliéndolas con mazos.Gilbert, págs. 13-14. Más de 1000 sinagogas fueron quemadas —95 solo en Viena— y más de 7 000 tiendas de propiedad de judíos fueron destruidas o seriamente dañadas.Michael Berenbaum, Arnold Kramer: The world must know (pág. 49). United States Holocaust Memorial Museum, 2005.Gilbert, págs. 30-33.
La Kristallnacht fue seguida por una persistente persecución política y económica a la población judía, y es considerada por los historiadores como parte de la política racial en la Alemania nazi y el paso previo del inicio de la Solución Final y del Holocausto.
Antecedentes Persecuciones y medidas antisemitas miniaturadeimagen|Antisemitismo en Alemania. Boicot realizado por el partido nazi. La pancarta dice: «¡Alemanes, defiéndanse! ¡No compren a los judíos!», 1 de abril de 1933
Desde mucho antes del ascenso de Adolf Hitler al poder existía en Alemania y en otros países cierta reticencia a integrar a las personas de origen o confesión judaica —así como de otras minorías— a sus respectivas sociedades —por supuestas razones complejas y ancestrales—. Pero el antecedente más directo de lo que derivará en el Holocausto nazi puede buscarse entre las excusas de los derrotados en la Primera Guerra Mundial (1914-1918). Esos humillados del Tratado de Versalles esgrimirían como excusa la leyenda de la puñalada por la espalda, en alusión a las muchas manifestaciones contra la guerra que se llevaron adelante en Alemania durante el desarrollo de esta. Esta sentencia recorrería publicaciones y conversaciones en ámbitos de poder y entre intelectuales, hasta llegar a hacerse vox populi.
Aunque en la década de 1920, parte de los judíos estaban integrados como ciudadanos en la sociedad alemana, sirvieron en las fuerzas militares y contribuyeron en los campos de la ciencia, cultura e industria alemana,Joseph Goldstein: Jewish history in modern times (págs. 43-44). Sussex Academic Press, 1995. ISBN 978-1-898723-06-6. los casos de violencia contra los judíos existían incluso antes de la toma del poder de los nazis.
Los 600 000 judíos de Alemania, que representaban solo el 0,76 % de la población total, fueron señalados por la maquinaria de la propaganda nazi, liderada por Joseph Goebbels, primero como un enemigo interno responsable de la derrota de Alemania en la Primera Guerra Mundial, y luego de sus consiguientes dificultades económicas, como la hiperinflación de la década de 1920 y la Gran Depresión.Gilbert, p. 23. Fue durante la hiperinflación de 1922-1923 cuando se produjo el pogromo de Scheunenviertel, en Berlín. En 1931 fueron organizados los pogromos de Kurfürstendamm, en Berlín, por Wolf-Heinrich von Helldorff, el líder de las SA y más tarde jefe de la policía.
El programa del partido nazi, escrito el 24 de febrero de 1920, establecía que los ciudadanos solo pueden ser hermanos de sangre (Volksgenosse). [...] No puede ser un judío hermano de sangre y, en el libro Mein Kampf, Adolf Hitler proclamó en numerosas ocasiones su deseo de que Alemania quede libre de judíos (judenfrei).
Las condiciones de la población judía comenzaron a cambiar después del nombramiento de Hitler como Canciller de Alemania por el presidente Paul von Hindenburg, el 30 de enero de 1933 y la posterior asunción al poder del dictador después del incendio del Reichstag. Esta discriminación se reflejó particularmente por el boicot a los negocios de los judíos, requerido por Hitler, organizado por Julius Streicher y ejecutado por las SA, el 1 de abril de 1933, en una operación con limitado éxito y ampliamente condenado en el extranjero.Ian Kershaw: Hitler, 1889-1936, pág. 672-673.
Desde sus inicios, el régimen de Hitler se movió rápidamente para introducir las políticas antisemitas. A partir de 1933, el gobierno alemán aprobó una serie de leyes antijudías para restringir los derechos de los judíos alemanes para trabajar, para disfrutar como alemán y educarse a sí mismos, incluyendo la Ley para la Restauración de la Función Pública, que prohibía a los judíos trabajar en la administración pública.
El ostracismo hacia los judíos se oficializó el 15 de septiembre de 1935 tras la aprobación de las Leyes de Núremberg, sobre todo con la Ley para la Protección de la Sangre y el Honor Alemán (Blutschutsgesetz) y la Ley de Ciudadanía del Reich (Reichsbürgergesetz). Estas leyes y decretos fueron dictados para establecer las características del judío, medio-judío o cuarto de judío (mischling, mestizos), de acuerdo con la ascendencia; prohibir las relaciones sexuales y el matrimonio entre los ciudadanos de sangre alemana o afín y los judíos; privar a los judíos de la ciudadanía alemana, así como la mayor parte de sus derechos políticos, incluido el derecho de voto, y la exclusión de ciertas profesiones y la educación.Raul Hilberg, La destrucción de los judíos de Europa, pág. 121-128.
La campaña antijudía se endureció en 1937, en particular mediante la exhibición de la película de propaganda antisemita Der ewige Jude (‘el judío eterno’), y se incrementaría al año siguiente.Saul Friedländer, The years of extermination: nazi germany and the jews, 1939-1945 (págs. 319-331). Harper Collins, 2007. A principios de 1938, los pasaportes de los judíos alemanes fueron confiscados. El 26 de abril los judíos fueron obligados a registrar todos los bienes que poseían, lo que facilitaría su arianización. El 17 de agosto, los nombres usados por los judíos fueron regulados y tres órdenes adicionales a las Leyes de Núremberg definieron el concepto de negocio judío y prohibieron a los judíos el ejercicio de la práctica de la medicina. Todo se realizó para empujar a los judíos a emigrar, fuese cual fuese el precio.
La expulsión de los judíos polacos de Alemania miniaturadeimagen|Expulsión de los judíos polacos de Núremberg, 28 de octubre de 1938.
En agosto de 1938 las autoridades alemanas anunciaron que los permisos de residencia para los extranjeros serían cancelados y que tendrían que ser renovados. Esto incluía a los judíos nacidos en Alemania de origen extranjero. Polonia declaró que no aceptaría a judíos de origen polaco después de octubre. En la llamada Polenaktion, más de 17 000 judíos nacidos en Polonia, entre ellos el filósofo y teólogo, rabino Abraham Joshua Heschel y el futuro crítico literario Marcel Reich Ranicki, fueron expulsados de Alemania el 28 de octubre de 1938 por orden de Hitler. Se les ordenó abandonar sus hogares en una sola noche, y solo se les permitió llevar consigo una maleta por persona para empacar sus pertenencias. El resto de sus posesiones fueron confiscadas como botín, tanto por las autoridades nazis como por sus vecinos alemanes no judíos.
Los deportados fueron arrancados de sus casas en horas de la noche a las estaciones de ferrocarril y fueron puestos en trenes rumbo a la frontera con Polonia. Los guardias fronterizos polacos negaron el ingreso de sus ciudadanos a través de sus ciudades fronterizas.Michael Burleigh, y Wolfgang Wippermann: The racial state: Germany 1933-1945. Como resultado, miles de judíos quedaron atrapados en la frontera, en instalaciones provisionales durante varios días o semanas marchando sin comida ni refugio entre las fronteras.Joseph Marcus: Social and political history of the jews in Poland, 1919-1939. Tras negociaciones con Alemania, a cuatro mil se les concedió la entrada a Polonia, pero los restantes 13 000 se vieron obligados a permanecer en la frontera en duras condiciones esperando ser autorizados para entrar a Polonia. Tras las negociaciones entre ambos gobiernos, los deportados que no consiguieron entrar a Polonia fueron enviados a los campos de concentración nazis.
El asesinato de Vom Rath miniaturadeimagen|Herschel Grynszpan.
Entre los expulsados estaba la familia de Zindel y Rivka Grynszpan, judíos polacos que habían emigrado a Alemania en 1911 y se instalaron en Hannover. En el juicio de Adolf Eichmann en 1961, Zindel Grynszpan relató los acontecimientos de su deportación de Hannover en la noche del 27 de octubre de 1938: «Nos llevaron en camiones de la policía, en los camiones de los presos, con unos 20 hombres en cada camión, y nos llevaron a la estación de tren. Las calles estaban llenas de gente que gritaba: «Juden raus! Auf nach Palästina!» («¡Judíos fuera! ¡iros a Palestina!»).Hannah Arendt: Eichmann in Jerusalem (pág. 228).
Con diecisiete años de edad, su hijo Herschel Grynszpan estaba viviendo en París con un tío. Su hermana, Berta, le envió una postal desde la frontera polaca describiendo la situación de la expulsión de su familia: «Nadie nos dijo lo que estaba pasando, pero nos dimos cuenta de que éste iba a ser el final... No tenemos ni un centavo. ¿Podrían enviarnos algo?».Archivos estatales alemanes (Potsdam), citados en Crystal Night, 9-10 november 1938, de Rita Thalmann y Emmanuel Feinermann, págs. 33 y 42. Herschel recibió la postal el 3 de noviembre. En la mañana del lunes 7 de noviembre, compró un revólver y una caja de balas, luego fue a la embajada alemana y pidió ver a un funcionario. Al día siguiente acudió a la embajada alemana y, tras comunicarle al portero que tenía un mensaje muy importante para el embajador, logró entrar en la oficina del tercer secretario de la embajada, Ernst vom Rath y Herschel le disparó cinco tiros, impactando al hombre dos veces y causándole graves heridas, pero sin matarlo. Tras el atentado Grynszpan no hizo ningún intento de escapar de la policía francesa, confesando ser el autor de los disparos.