miniaturadeimagen|Joselito el Gallo, considerado el máximo exponente del toreo moderno El torero es la persona cuyo oficio consiste en torear, es decir en lidiar en una plaza de toros una corrida de toros, siendo esta el nombre que recibe el conjunto de toros que se lidian en la plaza. El torero también recibe el nombre de matador de toros, diestro o espada, en otros periodos de tiempos recibió el nombre de atoreador —usado antiguamente en Andalucía— o toreador. Toreador se refería a todo aquel que, a pie o a caballo, entraba a la plaza a lidiar con toros. Sin embargo el DRAE consigna hasta su edición de 1869 que toreador era el «que lidia los toros a caballo, a distinción del torero» y a partir de la edición de 1884 simplemente «el que torea».

Torero hace referencia tanto al profesional que lidia a pie como al de a caballo. Entre los toreros a pie se distinguen según su jerarquía el matador de toros y los subalternos o banderilleros a las órdenes del matador. Entre los toreros a caballo se distinguen en primer lugar el rejoneador, que tiene la misma categoría que el matador de toros y los picadores que son subalternos del rejoneador.

El Reglamento taurino distingue la clasificación entre todos los toreros, tanto de los matadores de toros, de los matadores de novillos con o sin picadores y de los rejoneadores, como de los subalternos banderilleros y picadores.

Las primeras noticias sobre toreros profesionales en una corrida de toros datan del , dos hombres contratados por Carlos II el Malo, rey de Navarra en el mes de agosto del año 1385, a los que el monarca ordenó abonar cincuenta libras —castellanas—, a pesar de estar vetada la profesionalización de los lidiadores por las Partidas de Alfonso X. El documento del que se extrae esta información está albergado en el Archivo de la Cámara de Comptos Reales de Navarra, cajón 49, número 62.

Origen miniaturadeimagen|Las Siete Partidas de Alfonso X El origen de los primeros toreros es difuso, al no ser posible concretar el momento exacto en el que surgieron las primeras personas que corrieron toros y los burlaron esquivando las embestidas de estos durante fiestas y celebraciones populares españolas. Las referencias documentadas indican que estas actividades se realizaban en el en Cuéllar (Segovia) y que Alfonso en las Siete Partidas prohibió cobrar por torear, recortar o saltar con garrocha toros bravos. En el Carlos II de Navarra ordenó el pago a dos matatoros que torearon en Pamplona en 1385 en presencia del monarca. Dos años después en Fraga (Huesca) se celebró otro festejo taurino.

En el y los lidiadores eran caballeros rejoneadores que se ejercitaban lanceando toros auxiliados por pajes o peones encargados estos de realizar quites —suerte que libra del peligro de la acometida de la res— o colocaban al toro según las necesidades del rejoneador. Otra de las funciones que desempeñaron dichos auxiliares fue la de finalizar la lidia y dar muerte al toro cuando el rejoneador erraba con el rejón y se veía obligado a descabalgar o realizar el empeño a pie. Entrado el los auxiliares habían adquirido más competencias, lidiaban, burlaban, recortaban o parcheaban al toro —antecedente de las banderillas—, incluso fueron sustituyendo poco a poco al rejoneador en la labor de estoquear al astado. Algunos caballeros los tomaron bajo su protección dando lugar a los primeros contratos entre los caballeros rejoneadores y los auxiliares, el primero de estos lidiadores a pie contratado fue Francisco Romero, considerado el primer torero a pie.

El origen del torero moderno tal y como está definido y como responsable de la lidia del toro bravo en el ruedo se sitúa en el cuando los caballeros alanceadores dejan de practicar el rejoneo tras las reformas que Felipe V ordenó entre 1704 y 1725 sobre las formas de montar a caballo, en la que se vetaba la monta tradicional española a la jineta, y era sustituida por la monta a la brida, imposibilitando el torero a caballo. Ante la dificultad de poder rejonear, la nobleza abandonó la lidia dejando paso a los nuevos toreros que ya habían empezado a lidiar por su propia cuenta ganándose el favor del pueblo.

Formación El torero se ha formado en las escuelas de tauromaquia desde el en que se creó la Escuela de Tauromaquia de Sevilla. Con anterioridad era habitual que los jóvenes aspirantes a toreros frecuentasen los mataderos al amanecer de forma que les fuese posible torear las reses que eran llevadas al mismo. En el surgió la figura del maletilla, jóvenes sin recursos que buscaban una oportunidad para convertirse en toreros profesionales.

El maletilla thumb|Monumento al maletilla Derivado de la palabra maleta, es decir mal torero, el maletilla era el nombre que recibía un joven aspirante a torero, que sin tener recursos ni medios se abría camino toreando en las fincas de ganaderías bravas, en becerradas, tientas y capeas organizadas por estas, incluso furtivamente entrando de noche en las ganaderías con el fin de dar unos lances a algún toro. El maletilla surgió durante el desarrollo económico de España entre los años 1960 y 1970. Entre los maletillas que alcanzaron ser toreros profesionales se encuentran el Cordobés, quien como maletilla fue de uno a otro pueblo participando en capeas hasta ser figura del toreo reconocido mundialmente en 1964. Sebastián Palomo Linares, el último maletilla, fue otro torero que inició su andadura en la profesión taurina como maletilla, el torero ya destacaba siendo becerrista, fue el triunfador del concurso taurino La oportunidad unas novilladas en las que ocho mil maletillas buscaban ser toreros.

En el miniaturadeimagen|José de Jesús Hernández Rangel (torero venezolano). Daguerrotipo de 1925. El reglamento taurino del año 1996 estableció que las escuelas taurinas eran el medio habitual por el cual debían formarse los toreros profesionales, sin que ello represente un abandono de los estudios obligatorios por parte de los aspirantes.

Los futuros toreros, antes de poder ejercer como tales, han pasado por un periodo de formación tanto si aspiran a ser toreros a pie como rejoneadores. La primera etapa por la que pasa el futuro matador de toros es la de novillero sin picadores, en las que se combinan lecciones teóricas y prácticas en las que se reproducen faenas o se lidia en el campo novillos hasta dos años, supervisados por matadores de toros profesionales con al menos cinco años de antigüedad. Este primer periodo tiene una duración mínima de un año.

Una vez completada la primera etapa, el novillero se inscribe en el Registro General de Profesionales Taurinos, dependiente del Ministerio de Cultura y Deporte español en la categoría de novillero sin picadores, para ello debe ser presentado por un profesional de categoría superior a la suya o por un ganadero que de fe de la adecuada preparación del novillero o bien que este haya sido alumno de una escuela de tauromaquia registrada. Dicho novillero ha de tener dieciséis años cumplidos para inscribirse en dicho registro profesional.

A la siguiente categoría, la de novillero con picadores, el novillero aspirante debe acreditar que ha toreado un mínimo de diez novilladas sin picadores. Una vez obtenido el registro en la nueva categoría el novillero puede lidiar novillos con o sin picadores.

Para poder registrarse como torero profesional, matador de toros, el novillero con picadores ha de acreditar que ha toreado un mínimo de veinticinco novilladas picadas y tomar la alternativa de manos de un torero matador de toros profesional en una plaza de toros. Una vez tomada la alternativa el reglamento establece que el nuevo torero tiene obligación de confirmar la alternativa en Madrid, en la plaza de toros de Las Ventas.

El reglamento taurino de México establece que todos los toreros que actúen por primera vez en una plaza de toros mexicana de primera categoría, han de confirmar la alternativa en la plaza principal de la capital, la plaza Monumental de México.

Funciones del torero

thumb|Gómez del Pilar a Puerta Gayola en Las Ventas La función del torero —matador de toros— es la de lidiar —torear— al toro en la plaza de toros durante una corrida de toros. Para lidiar al toro el torero emplea una serie de suertes —acciones que se valen del engaño: capote y muleta para hacer que el toro pase cerca del torero— con el objetivo de esquivar las embestidas del toro y domarlo. En el caso de los rejoneadores las suertes se realizan a caballo, asumiendo el equino las funciones que despeñan el capote y la muleta a la hora de burlar al toro.

Además de en la lidia el reglamento taurino establece que el torero con más antigüedad de los actuantes ejerce como director de la misma en la corrida de toros en la que participa. Otra de sus funciones es la de sobresaliente en aquellas corridas de toros en las que solo torean uno o dos espadas, su papel entonces es la de sustituir a algunos de los diestros heridos, que por no poder continuar la lidia, han de ser sustituidos; en el caso de las corridas de rejones, el sobresaliente es el que ayuda en la lidia al rejoneador. El torero también actúa como director de lidia en las lecciones prácticas con reses bravas impartidas por las escuelas de tauromaquia, para ello deben cumplir los requisitos establecidos en el artículo 92.5 de dicho reglamento. Por último en becerradas, tanto en las que participan profesionales, como en las que participa el público local, también es preceptiva la presencia de un matador de toros o novillero con picadores profesional.thumb|El torero José Tomás durante el brindis de una faena en Almería.thumb|Juan José Padilla realizando una Chicuelina en el tercio de varas Desarrolla su labor siguiendo el orden de la lidia establecido en tres tercios: el tercio de varas, el tercio de banderillas y el tercio de matar. Recibe al toro cuando este sale al ruedo al inicio de la lidia, emplea el capote y su labor consiste en detener o parar al toro citándolo para que acuda al mismo y poco a poco vaya fijándose en la tela hasta que el torero logra que mantenga su atención en la misma, es decir que el toro va acortando la distancia recorrida en las embestidas al tiempo que repite la embestida hacia el mismo. El objeto de este primer contacto es el de descubrir las cualidades del astado tanto las positivas como las negativas, ya que la lidia del mismo depende de estas condiciones. Para recibir al toro se emplean diferentes lances de capote, también es frecuente ver a algunos toreros recibir a portagayola, una suerte arriesgada en la que el torero espera la salida del animal delante de la puerta de toriles.

Primer tercio de la lidia

Tras el recibimiento del toro, se pasa al primer tercio de la lidia, el de varas, donde el torero solo interviene para llevar a la res al caballo para que sea picada según las condiciones del mismo y un número de veces según lo establecido en el reglamento taurino para la categoría de la plaza de toros —según sea de primera, segunda o tercera categoría—. El peón o subalterno es el que saca al toro del caballo, acto seguido el torero prueba mediante lances de capote las condiciones del toro, en este momento pueden realizarse quites por parte del siguiente matador de toros.

Segundo tercio de la lidia thumb|banderillero colocando banderillas El segundo tercio de la lidia es el de banderillas, el torero que actúa habitualmente es el banderillero cuya función es la de poner las banderillas al toro. Ocasionalmente, si el matador de toros así lo decide, él mismo asume la función de banderillero, es el caso de toreros como Antonio Ferrera, David Fandila, el Fandi, Juan José Padilla o Manuel Escribano entre otros. thumb|José Tomás, manoletina Último tercio