Queniquea es una pequeña localidad agrícola y bajamente industrializada, capital del municipio Sucre en el Estado Táchira de Venezuela. En ella se encuentra ubicada la sede de la Alcaldía del Municipio Sucre, Parroquia Eclesial Ntra. Sra. del Rosario, instituciones gubernamentales, educativas y de salud, además, oficinas de empresas públicas y privadas.
Geografía Está situada en una meseta circundada por dos ríos, posee una altitud promedio de 1597 m.s.n.m. Presenta un relieve montañoso con pendientes entre 35 y 65%.
Su temperatura promedio es de 18 °C, con una precipitación media anual 1212 mm., por lo cual el clima es de tipo tropical lluvioso de sabana y paramero. Esto genera una vegetación muy rica y variada de características de bosque húmedo premontano, muy húmedo montano bajo y bosque pluvial montano; esto genera que los suelos de acuerdo a su capacidad de uso, están conformados por suelos de clase VI y VII.
En cuanto a hidrografía, es una zona bastante rica con numerosos riachuelos y quebradas que son afluentes del río Queniquea (San Parote), el cual, es uno de los tributarios del Acueducto Regional del Táchira.
Economía Económicamente predomina el comercio agrícola con rubros de producción como: café, hortalizas, caña de azúcar (panela y papelón granulado), los cuales van a los principales mercados regionales, también el sector de ganadería tiene importancia en cuanto a la producción de carne y productos lácteos.
La industria en el pueblo se limita a pequeñas fábricas del sector textil, procesadoras de café, caña de azúcar y alambiques artesanales, además, de talleres mecánicos. También está en desarrollo el sector turístico.
Medios de comunicación
Cuenta con telefonía pública de CANTV, y servicio de telefonía móvil celular de Movistar. Además, se cuenta con radiotransmisores y frecuencias radiales AM y FM, Internet, televisión por cable y satelital.
Vías de acceso La principal vía de acceso es mediante un trayecto de 30 km que llega al sector de El Zumbador donde se enlaza a la carretera trasandina (T-07) que permite la comunicación con San Cristóbal, capital del Estado, y a su vez con las demás poblaciones regionales y del País. Cuenta también con una red de carreteras que la comunica con el resto de las localidades del municipio Sucre.
Existen dos medios de transporte que brindan el servicio hacia Queniquea, la línea de carros por puesto Ntra. Sra. del Rosario y la línea de autobuses expresos San José, que se encuentran en el terminal de pasajeros de San Cristóbal. A continuación se muestra la distancia con respecto a distintas ciudades cercanas y de importancia regional y nacional. Distancias con otras localidadesCiudadDistancia (km)Tipo de VíaSan José de Bolívar 9,00 PavimentadaMesa del Tigre 50,00 Pavimentada y tierraLa Grita 64,80 PavimentadaSan Cristóbal 70,00Mérida 185,30Caracas 867,00 Cúcuta, 121,20
Historia
Época colonial
En el tiempo de la colonia San Cristóbal y La Grita fueron las ciudades de mayor influencia humana en el Estado Táchira, luego de que varios hombres empezaron a asentarse en las tierras que les pertenecían, comenzaron a nacer nuevos poblados como Pregonero, Bailadores, El Cobre, Queniquea, San José de Bolívar, entre otros, que completan la geografía del Cabildo de La Grita, que fue fundada por el capitán Don Francisco de Cáceres.
El 24 de mayo de 1561 Juan de Maldonado, cruzó el poblado de La Grita y se dirigió a la derecha llegando a un valle, el cual bautizo como "Valle del Espíritu Santo" (hoy San José de Bolívar), que estaba habitado por una aldea llamada Babuquena. Allí pernoto esa noche junto con sus hombres, como lo señala en sus crónicas Fray Pedro de Aguado, y al día siguiente se dirigió a otra meseta donde se encontró otra aldea de los indígenas Queniques, es así como Juan de Maldonado descubre a Queniquea el 25 de mayo de 1561.
Para 1581 el procurador general del cabildo de La Grita Don Francisco de Cáceres comenzó a repartir los indios pertenecientes a su jurisdicción, y es así que el 8 de agosto de ese mismo año recibe en recompensa Baltasar de Artiga por el Cabildo de La Grita, el pueblo de Queniquea que antes pertenecía al Capitán Gabriel de Anguieta, y después a su mujer en 1631. En un intercambio de tierras Baltasar de Artiga entrega a los 30 indios de Queniquea y su poblado al Cabildo, el 12 de julio de 1635 a Juan Méndez y Miranda (procurador general del Cabildo de La Grita). En ese tiempo era menor de edad (Baltasar de Artiga) y lo representó en todos los actos su abuela y tutora María de Andrade, quién pago 13 patacones y 6 reales y medio por el tributo de la media anata. La encomienda tenía 16 personas y su Cacique se llamaba Mateo (siendo el primer Queniqueo nombrado en las Crónicas de Indias).
En 1778 se crea la diócesis de Mérida de Maracaibo, mediante una Bula del Papa Pío VI, siendo el primer obispo Fray Juan Ramos de Lora de la orden Franciscana. Desde su llegada a Mérida, despliega una gran actividad civilizadora, con la erección de la catedral, El Palacio Episcopal y un seminario para formar nuevos sacerdotes, y sobre todo la catequización para los Andes, en ello estaba el Táchira.
Señala Lucas Castillo Lara que en la visita pastoral de 1805 hecha a La Grita, el Obispo Hernández Milanés traslada de Bailadores al Río Bobo al Padre Casimiro Mora, donde debía encargarse de una capilla o monasterio que estaba en ruinas en el Valle del Espíritu Santo, Monasterio hecho por los franciscanos en el año de 1631.
Fundación
El 7 de octubre de 1808 el Padre Casimiro Mora, funda en la meseta de los indígenas Queniques al pueblo de Queniquea, y ya para 1810 el Padre Mora se encuentra en Queniquea levantando otra iglesia junto a los vecinos José María Roa, Cecilio Pérez, Isidro González, Jacinto Ramírez, Rafael Ramírez, Feliciano Pulido, Joaquín de la Rosa Pulido, José Florentino Pulido, Luis Antonio Moreno y Antonio Bernabé Vivas.
Para 1816 el Obispo Rafael Lasso de la Vega continuaba su viaje a Bogotá, donde lo consagra el 11 de diciembre de 1816, el Arzobispo Don Juan Bautista Sacristán. Cuando regresó a Maracaibo, el 30 de abril de 1817, envía su informe a su majestad dándole cuenta del estado de sus diócesis.
Al referirse a La Grita dice, que es lo más despoblado del Obispado, pues en su vasto territorio solo tiene una parroquia y tres pueblos que fueron de indios y en el día eran de blancos. Menciona la idea de elegir un nuevo Curato y de continuar el que haya había comenzado su antecesor. Se trataba de la Viceparroquia del EL Cobre y la del Río Bobo y Queniquea. Estos últimos sitios, debido a lo alejado de los centros de comunicación, pensaba agregarlos, incluso con traslación de sus vecinos, al sitio de la Higuera en el Río del Valle (aldea de La Grita). Allí debía edificarse una nueva capilla. Los vecinos de Queniquea, representados por Venancio Escalante, Enrique Roa, Antonio María Contreras, José María Morales y Manuel Sánchez, solicitan ese mismo año al Obispo que reconsidere su decisión. Ya que luego de una reunión entre las cabezas de familia de aquellos lugares, resolvieron pedir que la capilla se construyera en el sitio de la Mesa de Queniquea (Meseta de Queniquea); argumentaban, que el sitio de Río Bobo ya tenía una capilla y casa para el cura, construida en 1806 por el Padre Casimiro Mora, de orden del Obispo Hernández Milanés. Pero este sitio no era céntrico ni apropiado y quedaba trasmano de los vecinos, además esto se hizo contra el sentir de la mayoría de sus habitantes que la querían en la Mesa de Queniquea.
Es así que los vecinos Enrique Roa y Antonio María Contreras, ofrecen donar para el vecindario la fundación de la iglesia nueve cuadras de tierra, en el sitio donde estaba el vecindario de Queniquea. Prometían pagar la Cóngrua del Cura y solicitaban les nombrasen Párroco a Pablo Antonio Morales, clérigo tonsurado que se hallaba cursando estudios en el Seminario de Mérida. Los antecesores del Padre Morales eran los primeros fundadores de Queniquea. La solicitud es dirigida por intermedio del vicario Fernando José García. Este inclinaba sus simpatías a favor de Queniquea e informa favorablemente la petición. Pero no todos apoyaban la solicitud de Queniquea, los vecinos de Río Bobo eran opuestos, que veían perder su preeminencia, y los Señores Juan Andrés Roa y la Viuda Doña Luz Márquez, por otras causas.
Desde Maracaibo, el 21 de diciembre de 1817, el Obispo decreta la traslación de la Capilla de Río Bobo a QUENIQUEA, convertida en Viceparroquia de Nuestra Señora del Rosario de Queniquea. Acepta la donación para la Iglesia de las nueve cuadras de tierra prometida, y ordena al vicario García se traslade allí para la ejecución de todo eso. El 8 de abril de 1818 el Padre García va a Queniquea, a tomar posesión de lo donado, lo cual se verifica ese día. A todo se le da se le da carácter formal ante el Notario Público Eclesiástico, Facundo Morales.
Después el Padre García, acompañado de todos los vecinos, tomó la posesión de las nueve cuadras de tierra y se alinderaron con sus mojones, se delineó el cuadro para formar la plaza y en el sitio donde se iba a construir la Iglesia, en el punto donde iba el Altar Mayor, clavó una Cruz. Puso piedra fundamental de la fábrica y bendijo todo eso. Después hubo fiesta alegre en aquella verdeante Meseta, custodiada de altos Cerros.
Nacía oficialmente un pueblo, por la voluntad generosa de aquellos hombres. Su población se va aumentar muy pronto, con las migraciones de gente de La Grita y otros lugares, que se refugiaron allí huyendo de la guerra. Entre ellos estará el Padre García, quien pasa allí su tiempo escondido de los españoles.
Parroquia civil y erección en parroquia eclesiástica
La población de Queniquea, con mucho esfuerzo, sacrificio y tesón había logrado su Viceparroquia, aspiraba a mayores metas a través de insistentes y decididos empeños logró que la Diputación Provincial la decretara PARROQUIA CIVIL el 12 de noviembre de 1838 y cuya ordenanza dice lo siguiente:
La cámara de representantes lo confirmó el 23 de febrero de 1839 y la cámara del Senado el 15 de abril de 1840. Por último, el Gobernador y Jefe Superior Político de la Provincia Gabriel Picón, decretó la nueva parroquia el 20 de julio de 1840.
400px|thumb|Mapa realizado por Agustín Codazzi de la provincia de Mérida en el año de 1840. Y donde se muestra la población de Queniquea.
Le asignaron por límites: Sur, cima del Alto de Sumusica a dar con las Agrias, al Norte, de la población. De aquí por toda la cima de este alto hasta dar con la línea que divide el territorio de La Grita del de San Cristóbal; Oeste, esta misma línea siguiendo por la izquierda, y dando la vuelta a remontar en el Páramo de Sumusica, lindando por aquí con Caparo y Pregonero, y por Este, la cima del Páramo del Guamal. Límites parecidos al actual territorio.
Es así como Queniquea fue una de las primeras poblaciones en lograr su separación de La Grita, iniciando posteriormente gestiones para obtener su propia parroquia eclesiástica, motivadas por el profundo sentido religioso de sus habitantes. En 1845, los vecinos dirigieron una solicitud al obispo solicitando la designación de un cura permanente, ya que el sacerdote asignado, el padre Morales, residía en La Grita y no atendía de forma continua a la comunidad.
En la petición, los firmantes argumentaban que la población mostraba signos de progreso, contando ya con setecientas almas según el censo de 1844. Entre los firmantes se encontraban los jueces de paz Juan Andrés Escalante, José Antonio Carrero, Juan de la Cruz Zambrano, Alejandro Sánchez, Agapito Mora, Lucas Moreno, José Antonio Roa y otros vecinos. Sin embargo, la solicitud no obtuvo respuesta favorable en ese momento.