miniaturadeimagen|Basílica de San Isidoro de León, donde se encuentran sus restos. thumb|San Isidoro de Sevilla, escultura de Lorenzo Mercadante de Bretaña, Portada del Bautismo, Catedral de Sevilla.

Isidoro de Sevilla (en latín: Isidorus Hispalensis; probablemente Sevilla, 560-Sevilla, 4 de abril de 636) fue un eclesiástico católico, erudito y polímata hispano de la época visigoda. Fue obispo de Sevilla durante más de tres décadas (602-636). Es venerado como santo por la Iglesia católica y está considerado el último Padre de la Iglesia de Occidente.

Biografía Origen

En su tratado De viris illustribus, Isidoro afirma que "tuvo por padre a Severiano, de la provincia Cartaginense de Hispania". Severiano es un nombre romano. Tuvo como hijos a Leandro (que fue obispo de Sevilla), Fulgencio (que fue obispo de Écija), Florentina (que fue monja) e Isidoro (que sucedió a su hermano como obispo de Sevilla). Leandro escribió una carta a Florentina a finales del , conocida como De la educación de las vírgenes y del desprecio del mundo. En ella menciona a una figura maternal llamada Túrtur (tórtola), pero se desconoce si este era el nombre de la madre, si el nombre se utilizó a modo de recurso literario o si se estaba refiriendo a la abadesa del convento donde se encontraba Florentina.

Del documento De la educación de las vírgenes y del desprecio del mundo también se extrae que la familia hispanorromana y católica tuvo que abandonar Cartagena por la llegada de unos extranjeros, que pudieran ser los godos o los bizantinos. Algunos autores piensan que el rey Agila I, ante la llegada de los bizantinos a esa zona de Hispania llamados por Atanagildo en 552, decidió expulsar a los hispanorromanos de la región para que no ayudasen al invasor. En el mismo documento, se dice que la familia se trasladó cuando Florentina era muy pequeña e indica que Isidoro nació mucho después, porque era pequeño cuando su hermana ya era monja. Por todo ello, es muy posible que Isidoro hubiera nacido cuando la familia se encontraba ya en Sevilla. Tras la muerte del padre, Leandro se encargó de sus hermanos menores.

Antonio Hernández Parrales, archivero-bibliotecario del arzobispado de Sevilla, afirma también que Isidoro debería haber nacido en esta ciudad:

Su nacimiento en Cartagena es recogido en fuentes muy posteriores: Adbreviatio Brauli caesaraugastani episcopi de vita sancti Isidori Hispaniarum doctoris (siglos -), la Vita S. Isidori anónima escrita en León (siglos -), el Códice de San Martino de León (hacia el 1200), Vida de San Isidoro de Rodrigo de Cerrato () y el Breviario Hispalense (). Los hermanos Leandro, Fulgencio, Florentina e Isidoro fueron llamados colectivamente como los Cuatro Santos de Cartagena.

El nombre Isidoro es un nombre teóforo pagano que significa "don de Isis", pero puede que se lo pusiesen en referencia al santo cristiano Isidoro de Quíos. La veneración a este santo está documentada en el en el norte de África y se habría extendido al sur de Hispania.

Leandro fue obispo de Sevilla desde tiempos del rey arriano Leovigildo y estuvo desterrado una temporada. Este monarca fue sucedido por Recaredo, que se convirtió al catolicismo en 587.

Formación miniaturadeimagen|Isidoro de Sevilla presentando su obra a su hermana Florentina. Manuscrito de la Biblioteca Nacional de Francia, hacia el año 800. En el II Concilio de Toledo de 533 se establece que los niños que fuesen a entrar en el clero debían recibir enseñanzas obligatorias por clérigos especializados, vigilados por el obispo y en la casa del mismo.

En las dependencias de la basílica de la Santa Jerusalén, ubicada en un lugar desconocido de Sevilla, debía hallarse la biblioteca episcopal.

El historiador Jacques Fontaine utilizó dos vías para conocer el contenido de la biblioteca en la que se habría formado Isidoro. En primer lugar, los Versos, compuestos para figurar sobre las arcas de los libros, y las fuentes utilizadas en su obra.

Los Versos presentan las Sagradas Escrituras, las obras de Orígenes (menos Tratado de los principios, que tenía errores doctrinales), los cuatro padres de la Iglesia latina (Hilario, Ambrosio, Agustín y Jerónimo), Juan Crisóstomo, Cipriano de Cartago, poetas clásicos (Virgilio, Horacio, Ovidio, Persio, Lucano y Estacio), poetas cristianos (Prudencio, Avito, Juvenco y Sedulio), historiadores cristianos (Eusebio, Orosio, Leandro de Sevilla y Gregorio Magno) y juristas (Teodosio I, Teodosio II, Paulo y Gayo).

Con respecto a las fuentes utilizadas, parece ser que pudo informarse de los poemas clásicos a través de los comentarios de sus escoliastas. Leyó a Virgilio, Lactancio y Constantino. Los poetas aparecen clasificados en las Etimologías entre filósofos paganos y sibilas inspiradas. Con respecto a la prosa clásica, la consulta a través de los manuales de retórica (especialmente Instituciones oratorias de Quintiliano) y citas de los padres de la Iglesia (sobre todo Agustín, Jerónimo y Gregorio Magno). Tal vez consultó la obra Quadriga de Arusianos Meffus, con textos de Terencio, Virgilio, Salustio y Cicerón. También aprovechó fragmentos de enciclopedistas como Varrón, Suetonio, Marciano Capella y Casiodoro. En cuanto a textos religiosos, leyó sobre todo la Biblia, la liturgia de las horas y las lecturas que se hacían en las grandes fiestas del año litúrgico. En los tres primeros libros de las Etimologías cita a los filósofos Aristóteles y Boecio.

Isidoro era buen predicador. Ildefonso de Toledo diría de él:

Posiblemente aprendió a predicar con los consejos de Leandro, con De la Doctrina Christiana de Agustín, manuales antiguos de retórica y las colecciones de homilías de Orígenes, Hilario, Ambrosio, Agustín, Jerónimo, Juan Crisóstomo y Cipriano.

Isidoro realiza una descripción en Etimologías VI de cómo debía ser una biblioteca. Sería una estancia con artesonados de color verde, con suelo de mármol y adornada con retratos de los mejores autores de cada disciplina (al igual que la biblioteca romana de Asinio Polión). Los libros estarían ordenados del siguiente modo: Antiguo y Nuevo Testamento, padres de la Iglesia (Orígenes, Hilario, Ambrosio, Agustín, Jerónimo, Juan Crisóstomo y Cipriano), poetas cristianos (Prudencio, Juvenco, Avito, Sedulio), historia (el galaico Osorio y Eusebio), teología (Leandro, Gregorio Magno y Agustín), derecho (Teodosio, Teodosio II, Paulo y Gayo) y medicina (Cosme, Damián, Galeno e Hipócrates).

Salvo en las Etimologías, los autores más frecuentemente citados son los eclesiásticos y casi la totalidad de su conocimiento de los autores clásicos se debía a manuales, escoliastas, antologías, escritores posteriores y comentaristas.

No consta que Isidoro fuese monje, pero seguramente conocía la vida monástica porque escribió la obra Regula monachorum, dedicada a un monasterio honorianense. Según algunos autores, este monasterio se encontraba en las proximidades de Sevilla y, según otros, en Fregenal de la Sierra (provincia de Badajoz).

La maestría de San Isidoro en griego y hebreo le dio reputación de ser un estudiante capaz y entusiasta. Su propio latín estaba afectado por las tradiciones locales visigodas y contiene cientos de palabras identificables como localismos hispanos y el editor de su obra en el encontró 1640 de tales localismos, reconocibles en el español de la época.

Episcopado miniaturadeimagen|derecha|Estatua de Isidoro de Sevilla por José Alcoverro ubicada en la escalinata de acceso a la Biblioteca Nacional de España. A la muerte de su hermano Leandro, en 602, le sucedió como obispo de Sevilla.

La firma de Isidoro aparece en el Decreto de Gundemaro de 610, por el cual se le reconoce a Toledo la categoría de sede metropolitana. Sin embargo, este decreto es de autenticidad dudosa.

El rey Sisebuto mantuvo una estrecha relación de amistad y colaboración con Isidoro. Fue este monarca el que le animó a escribir De natura rerum (que está dedicada a Sisebuto), la Chronica, la Historiae Gothorum y una primera redacción de las Etimologías.

Convocó y presidió tres concilios en Sevilla. El primero de estos fue el II Concilio de Sevilla, en 619, y asistieron 8 obispos: Bisionio de Elvira, Rufino de Asido, Fulgencio de Atigi, Cambra de Itáñica, Juan de Egabro, Fidencio de Tucci, Teodulfo de Cabra y Honorio de Córdoba. Se trataron asuntos jurisdiccionales y de disciplina del clero, aunque no se conservan las actas. En el siguiente concilio en esta ciudad se refutó a un obispo llamado Sintario. Se sabe de la existencia de este concilio porque el obispo Braulio de Zaragoza le pidió a su amigo Isidoro que le enviase las actas. Finalmente, el tercer concilio presidido por Isidoro en su ciudad se reunió hacia 628-629 y, aunque tampoco se conservan sus actas, se sabe que en él fue depuesto el obispo Marciano de Astigi.

Durante el reinado de Suintila, escribió la segunda redacción de la Chronica y de la Historiae Gothorum. En esta última, escrita hacia el 625, alaba la política interior desarrollada hasta entonces por Suintila.

Isidoro mantuvo una estrecha relación con Braulio, obispo de Zaragoza desde 631. Ambos se conocieron cuando Braulio era solamente arcediano. En el 632 Isidoro mandó a Braulio todo el material de las Etimologías pidiéndole que revisase el texto antes de su difusión. Por ello, se cree que es Braulio el que distribuyó la obra en los veinte libros actuales.

El rey Sisenando llegó al trono en 631 y quería mejorar su posición con el refrendo de la aristocracia y el clero. Para ello, con la ayuda de Isidoro, convocó un concilio general, lo cual no tenía lugar desde 589.

De este modo, Isidoro dirigió el IV Concilio de Toledo, el 5 de diciembre de 633, que estuvo presidido por Sisenando. Asistieron 62 obispos y siete presbíteros representando a obispados. Se promulgaron 75 cánones. En los cánones 24 y 25 Isidoro propuso a todos los obispos la obligación de crear escuelas junto a las sedes catedralicias para la formación del futuro clero. Estas escuelas tendrían un régimen de internado y dos ciclos. En el primero, para la infancia y la adolescencia, la formación sería elemental y pondría énfasis en los aspectos morales. En el segundo ciclo se perseguiría que el alumno supiese leer los textos sagrados elementales.

Los cánones trataban del símbolo de la fe, la unificación de las prácticas litúrgicas de la Iglesia visigoda, el patrimonio eclesiástico (sobre el clero y los fundadores y patronos de iglesias rurales), esclavos y libertos de la Iglesia (quedando estos bajo un perpetuo patrocinio eclesial), reforzar la disciplina y costumbres del clero, la exclusión de toda prerrogativa regia sobre el nombramiento de obispos y el trato a los judíos.

El canon más importante fue el 75, que tenía el objetivo de fortalecer la autoridad del rey y la fidelidad de los súbditos a la corona, así como de regular el procedimiento electivo de sucesión al trono y de establecer garantías procesales para los reos sometidos a juicio por el tribunal real.

La opinión de Isidoro sobre la monarquía es establecida en su libro Sentenciae:Libro de las Sentencias, recogido en: Fernández, Francisco Alejo et al. Cultura andaluza: geografía, historia, arte, literatura, música y cultura popular. MAD-Eduforma, 2003, p. 96.

Muerte y culto

San Isidoro, San Leandro y Santa Florentina fueron enterrados en la misma tumba con una cruz y un epitafio. El texto de este epitafio se conoce a raíz de cuatro manuscritos (dos en la Biblioteca Nacional Francesa de París, uno en la Biblioteca Nacional de Portugal de Lisboa y otro en la Biblioteca Municipal de Oporto) y de una Vita S. Isidori que hay en la Biblioteca Nacional de España de Madrid. En dicho epitafio figura también la fecha de la muerte de las tres personas: Leandro el 14 de marzo de 602, Isidoro el 4 de abril de 636 y Florentina el 28 de agosto de 633.