Gerald Allan Cohen, Jerry Cohen (Montreal, 14 de abril de 1941 – Oxford, 5 de agosto de 2009), fue un filósofo político y profesor de teoría social y política en el All Souls College de la Universidad de Oxford y uno de los máximos representantes del marxismo analítico, escuela que conjuga marxismo, filosofía analítica, y economía, y que pretendía pulir las ideas de Marx de los aspectos ideológicos.Jahel Queralt Lange, Obituario GA Cohen, filósofo marxista con rigor analítico, sitio digital 'El País', 16 de agosto de 2009. Biografía Cohen nació en el seno de una familia judía políticamente implicada en organizaciones comunistas que él mismo frecuentó durante su infancia y juventud (Cohen, 2000). Estudió en la Universidad McGill (Canadá) y en la Universidad de Oxford, donde fue discípulo de Isaiah Berlin y Gilbert Ryle. Tras impartir clase durante veinte años (1963-1984) en el Departamento de Filosofía de la Universidad de Londres, en 1985 se trasladó a la Universidad de Oxford.
Su ensayo La teoría de la historia de Karl Marx: una defensa se considera la obra fundacional del marxismo analítico a causa de una frase de su prólogo donde Cohen afirma que pretende estudiar las tesis de Marx “con la claridad y el rigor de la filosofía analítica”. Más adelante Cohen fue miembro del Grupo de Septiembre (September Group), en el que participaron algunos de los protagonistas de esta corriente del marxismo occidental. Desde finales de los años ochenta del , la atención de Cohen se centró en la teoría de la justicia. Propuso argumentos morales en favor del socialismo opuestos tanto a la tradición contractualista como al utilitarismo.
Pensamiento y obra La teoría de la historia de Karl Marx: una defensa (1978) Cohen reformula una versión ortodoxa del marxismo empleando herramientas conceptuales típicas de la tradición anglosajona de filosofía de la ciencia y de la teoría social estándar. Aunque existen precedentes de este proyecto –como los trabajos de D.-H. Ruben o, en España, Manuel Sacristán–, la obra de Cohen tuvo un amplio eco en todo el mundo.
Materialismo histórico La propuesta de Cohen consiste en una defensa del materialismo histórico tal y como se plantea en el “Prólogo” de 1859 a la Contribución a la crítica de la economía política de Karl Marx, es decir, la doctrina que afirma que “la historia es, fundamentalmente, el desarrollo de la capacidad productiva del hombre y que las formas de sociedad surgen y desaparecen en la medida en que permiten y promueven, o impiden y obstaculizan, ese desarrollo” (Cohen, 1984: 65). Según Cohen, el fundamento de esta tesis es “un dato histórico sorprendente: que las sociedades rara vez reemplazan fuerzas productivas superiores por fuerzas productivas inferiores” (Cohen, 1978: 167). Cohen descompone este premisa en tres enunciados:
Los hombres son en cierta medida racionales. La situación histórica de los hombres es una situación de escasez. Los hombres poseen una inteligencia de un tipo y un grado que les permite mejorar su situación (Cohen, 1978: 168).
Según Cohen, la combinación de estas tres tesis permite explicar el desarrollo histórico a gran escala como el resultado de la evolución de las fuerzas productivas –los medios de producción y la fuerza de trabajo– y su influencia sobre las relaciones económicas y sociales. Desde esta perspectiva, la fuerza de trabajo sería más importante que los medios de producción, en la medida en que está constituida tanto por la fortaleza física como por las habilidades técnicas. En último término, la evolución de las fuerzas productivas prácticamente se identificaría con el de la ciencia útil.
Según Cohen, Marx sostiene que las sociedades se ajustan al crecimiento de la capacidad productiva a través de la modificación de las relaciones de producción, que consisten precisamente en el poder económico sobre las fuerzas productivas. Las relaciones de producción se expresarían a través de relaciones de propiedad efectivas y formarían la estructura económica de una sociedad, en contraposición a la superestructura jurídica.
De este modo, según Cohen, las fuerzas productivas no forman parte de la base económica, una característica clave para establecer su primacía explicativa sobre las relaciones de producción. Las fuerzas productivas serían una capacidad “extrasocial” –en el sentido de que los conocimientos tecnocientíficos no serían construcciones sociales–, una fuerza que poseen los miembros de una sociedad y no una relación entre ellos.
Es importante señalar que Cohen en ningún momento se comprometió con la veracidad de la teoría de la historia de Marx. Consideraba que esta era una cuestión empírica cuya dilucidación correspondería a los científicos sociales. Su interés se centró en la demostración de la consistencia de una versión del materialismo histórico que no necesita recurrir a una filosofía de la historia de corte metafísico.
Críticas Cohen fue muy criticado por tratar de justificar una teoría de la historia que muchos de los partidarios de Marx consideraban el aspecto más cuestionable de su doctrina junto con la teoría laboral del valor que, en cambio, Cohen rechazó (Cohen, 1981). Además, reavivó el debate entre quienes, siguiendo el Manifiesto comunista, defendían la preeminencia de la lucha de clases como “motor de la historia” y quienes, en cambio, consideraban que la evolución de las fuerzas productivas desempeñaba un papel más importante en la transformación de las sociedades. En particular, Cohen recibió duras críticas de historiadores como Ellen Meiksins Wood, que consideraron su teoría excesivamente determinista y poco fundada empíricamente. Metodológicamente, se consideró que la renuncia explícita de Cohen a la dialéctica –una característica común a todos los marxistas analíticos– constituía una traición a un elemento crucial de la tradición teórica marxista (Sayers, 1989; Mandel, 1989). Por último, la teoría de Cohen y el propio Cohen fueron muy criticado por su apoliticidad. Fueron muchos los que le reprocharon elaborar una doctrina exclusivamente académica sin conexión con las luchas políticas reales (sobre la posición de Cohen sobre la militancia política, véase Imprints, 1996).
El debate de la explicación funcional Una de las razones por las que la teoría de la historia de Cohen tuvo una repercusión mayor que otros libros de temática y tratamiento similar publicados en la época (Shaw, 1978; Mac Murtry, 1978) fue que incluía una contribución novedosa a un aspecto polémico de la filosofía de las ciencias sociales.
Cohen mantiene que la teoría de la historia marxista afirma una determinada relación explicativa entre tres dimensiones sociales distintas, concretamente que “las relaciones de producción corresponden al nivel de desarrollo de las fuerzas productivas y son a su vez la base sobre la que se alza la superestructura” (Cohen, 1984: 67). En esta explicación está implicada un tipo de explicación peculiar llamada “explicación funcional”.
Una explicación funcional se distingue porque un suceso se explica en términos de su efecto. Por ejemplo, “La danza de la lluvia es ejecutada porque fomenta la cohesión social”. La filosofía de la ciencia ha rechazado tradicionalmente estas explicaciones como un caso de justificación retroactiva metafísica muy similar a la de la teodicea. La característica fundamental sería postular un propósito sin actor proponente o, en términos gramaticales, un predicado sin sujeto (Elster, 1984: 23). La solución de Cohen para rehabilitar las explicaciones funcionales pasa por incrustar las explicaciones funcionales en un modelo de cobertura legal tradicional. El precio que debe pagar es una rebaja en las aspiraciones de las ciencias sociales. En palabras del propio Cohen:
Estas explicaciones, por tanto, se sustentan en la existencia de “hechos disposicionales” que explican la ocurrencia del tipo de suceso mencionado en el antecedente de la hipótesis que explica la disposición. A su vez, las explicaciones funcionales vendrían justificadas por lo que Cohen denomina leyes de consecuencia, que tienen aproximadamente la siguiente forma: (E→F)→E. Jon Elster criticó esta posición por su cercanía a posiciones teleológicas insostenibles y, sobre todo, defendió la necesidad de promover en ciencias sociales la búsqueda de mecanismos explicativos individuales frente a las explicaciones legaliformes (Elster, 1984).
El debate concluyó con un suerte de consenso: tanto Cohen como Elster aceptaron que si bien las leyes de consecuencia eran formalmente válidas, eran una segunda mejor opción respecto a una explicación en términos de mecanismos concretos (Elster, 1987)
Política y ética Libertad
History, Labour, and Freedom es una obra de transición en la que Cohen comienza a reconsiderar algunos temas clásicos del materialismo histórico desde el punto de vista de la ética. Así, por ejemplo, analiza el problema de la libertad en una sociedad capitalista, tomando en consideración el estatuto del proletariado, individualmente libre de abandonar la clase trabajadora, pero no colectivamente. Cohen abandona el concepto de explotación basado en la teoría del valor-trabajo por una "teoría del trabajo de las cosas que tienen valor". Incluido en History, Labour, and Freedom (1988), pp. 209-238. Sostiene Cohen que en el capitalismo los trabajadores no controlan los productos de su trabajo, el cual no es entregado voluntariamente; y, por lo tanto, debido a la "estructura de la falta de libertad proletaria", Incluido en History, Labour, and Freedom (1988), pp. 255-285. de las ganancias que produce (véase: Teoría marxista de la alienación). Aun habiendo movilidad social en el capitalismo, es estructuralmente imposible para todo el mundo, por lo que se requiere de una "libertad más profunda", la libertad de la sociedad de clases.
En Self-Ownership, Freedom, and Equality Cohen entra de lleno en cuestiones normativas. En particular, trata de elucidar los principios éticos del marxismo asumiendo la paradoja de que la teoría ética anarcoliberal de Robert Nozick se fundamenta en principios cercanos a los socialistas:
Previamente Cohen criticó la argumentación de Nozick en contra de una redistribución de la riqueza como justa en su obra Anarquía, Estado y utopía (Cohen, 1977). Sus críticas se enfocaron en el uso del término "libertad" por Nozick y sus consecuencias lógicas. En concreto Cohen argumenta contra Nozick que un libre acuerdo sea condición suficiente de una transacción legitima, lo que llevaría, por ejemplo, justificar la servidumbre por deudas; y que el poder electivo de una persona depende "no solo de cuánto tiene, sino de lo que otros tienen y de cómo se distribuye lo que otros tienen". Cohen concluye que "el capitalismo 'libertario' sacrifica la libertad al capitalismo, una verdad que sus defensores pueden negar solo porque están preparados para abusar del lenguaje de la libertad". Él considera que la influencia de la propiedad en la libertad y la falta de libertad humanas es esencialmente ambivalente.
Justicia y compromiso personal