Un número de las llamadas Bolas de Fuego Verde (en inglés Green fireballs) fueron avistadas en los cielos del suroeste de Estados Unidos, particularmente Nuevo México, comenzando a finales de 1948. Dichos avistamientos preocuparon algo al gobierno, que observó que los avistamientos se producían a menudo cerca de delicadas instalaciones militares y de investigación, como Los Álamos y el Laboratorio Nacional Sandía (entonces una base militar ultra secreta). Más aún, las extrañas bolas verdes de luz aparecían repentinamente y fueron vistas muchas veces al mes cerca de dichas instalaciones en Nuevo México, pero difícilmente se avistaban en otros lugares, a diferencia de los fenómenos naturales como los meteoritos. Probablemente sigan siendo uno de los mejor estudiados y más perplejos objetos voladores no identificados.
El experto en meteoros Lincoln La Paz dirigió gran parte de la investigación de las bolas de fuego, y rápidamente concluyó que muchos de los objetos que se desplazaban en flota eran artificiales, quizás dispositivos de espionaje o observatorios. Pero las bolas de fuego verde fueron vistas por tanta gente de mucha relación, incluyendo a La Paz y a científicos de Los Álamos, que todo el mundo coincidía en que eran reales. Se convocaron conferencias secretas en Los Álamos para estudiar el fenómeno, así como en Washington, por el Panel de Consejeros Científicos de la Fuerza Aérea. En diciembre de 1949, el Proyecto Twinkle estableció una red de estaciones de observación y fotográficas, pero nunca fue implementada completamente. Fue abandonada dos años después, con la conclusión oficial de que el fenómeno era probablemente de origen natural. La Paz y otros nunca estuvieron de acuerdo.
Historia
Los primeros informes aparecieron a finales de noviembre de 1948, pero en un principio fueron interpretados como bengalas militares de color verde. Entonces, en la noche del 5 de Diciembre, dos tripulaciones de avión distintas en Nuevo México, una militar y otra civil, aseguraron que cada una de ellas había visto las extrañas luces verdes, aunque con una diferencia de 20 minutos. Los pilotos militares estaban cerca de Las Vegas, Nuevo México, y describieron las luces como intensas, y de haber sido bengalas, eran las más extrañas que habían visto. El piloto civil estaba cerca de Albulquerque y describió las luces como de color verde claro. Parecieron dirigirse hacia él en ruta de colisión, forzando al piloto a esquivarlas.
Por si no fuera suficiente, en una misma noche fueron vistas una docena de bolas verdes, viajando en formación, generalmente de norte a sur entre las 7:30 PM y las 11:30 PM, por guardias de seguridad en unas instalaciones militares en los alrededores de Alburquerque y Las Vegas. Los avistamientos cerca de Alburquerque se hicieron en la base de Sandía, una instalación altamente sensible donde se ensamblaban bombas atómicas. La noche siguiente, una luz verde similar fue nuevamente avistada durante unos segundos sobre la base de Sandía.
Al día siguiente, la Oficina de Investigaciones Especiales de la Fuerza Aérea (AFOSI) en la Base de Kirtland, inició una investigación oficial, temiendo que las bolas verdes pudieran estar relacionadas con el espionaje y el sabotaje por partes de otras naciones.
Dos investigadores de AFOSI - ambos pilotos experimentados - fueron testigos por sí mismos de una bola de fuego verde mientras pilotaban una avión la noche del 8 de Diciembre. Dijeron que estaba a unos 2.000 pies sobre su avión, y que se asemejaba a las bengalas verdes utilizadas comúnmente por la Fuerza Aérea, aunque "mucho más intensas" y al parecer "considerablemente más brillante." La luz parecía encenderse con un brillo completo casi instantáneamente. Su informe afirmaba que la luz era "definitivamente más grande y más brillante que una estrella fugaz, meteorito o bengala." La luz duraba sólo unos segundos, moviéndose "casi de forma plana y paralela a la tierra." La trayectoria de la luz "descendía rápidamente" dejando "una estela de fragmentos rojo anaranjados" que después cayeron al suelo.
Al día siguiente, AFOSI consultó al Dr. Lincoln La Paz, un astrónomo de la Universidad de Nuevo México, y un renombrado experto mundial en meteoritos que anteriormente había trabajado en proyectos militares de alto secreto. El propio La Paz vio una "bola de fuego verde" el 12 de diciembre, que también fue vista en el Laboratorio Científico de Los Álamos, permitiendo a La Paz determinar la trayectoria mediante triangulación. De ahí La Paz descubrió que el centro de la trayectoria estaba justo encima de Los Álamos.
En una carta clasificada a la Fuerza Aérea el 20 de diciembre, La paz escribió que el objeto se movía demasiado lentamente para haber sido un meteoro, y más aún, no dejó ninguna "estela de chispas o de humo" como sería lo típico de meteoros volando a bajas altitudes. Otras características anómalas eran el intenso color verde lima (completamente distinto a la lluvia de meteoritos de las Gemínidas que se observaron al mismo tiempo), la baja altitud de sólo 13-16 kilómetros pero sin exhibir sonido alguno, trayectoria plana en vez de en arco, y encendiéndose y apagándose como el interruptor de una luz. Posteriormente añadiría que los avistamientos estaban confinados casi por completo al norte de Nuevo México, y que nunca se encontraron fragmentos a pesar de las extensivas búsquedas utilizando técnicas de triangulación empleadas con éxito anteriormente.
La Paz sugirió que las patrullas de seguridad de Los Álamos podrían intentar fotografiar las bolas de fuego verde. Sin embargo la duración de las bolas era tan breve (1 a 5 segundos) y su extinción era tan inesperada que no tuvieron éxito. Sucedieron otros avistamientos de bolas de fuego verde sobre Los Álamos el 11, 13, 14, 20 y 28 de Diciembre y el 6 de enero de 1949, elevando el nivel de preocupación de la inteligencia de seguridad y militar. La bola de fuego verde del 20 de Diciembre fue más destacable porque fue vista cambiando de dirección, algo imposible para un meteorito. Dos guardias de seguridad la vieron primero descender con un ángulo de 45 grados, para después nivelarse a una altura de unos 3 km. Aunque estaban a tan poca distancia, no se oyó ningún ruido, al igual que con las otras bolas de fuego verde.
El 13 de enero de 1949, se envió el siguiente mensaje al Director de Inteligencia del Ejército del Cuarto Regimiento del Ejército en Texas: "Las agencias en Nuevo México están muy preocupadas... Algunas potencias extranjeras [tal vez] estén realizando "lanzamientos de sondas" con algún dispositivo superestratosférico diseñado para autodestruirse... El fenómeno [puede ser] el resultado de experimentos de guerra radiológica de una potencia extranjera... los rayos pueden ser letales o pueden ser... la causa de los accidentes de avión ocurridos recientemente... Estos incidentes son de tanta importancia, especialmente porque están sucediendo en las proximidades de instalaciones delicadas, que [debería] enviarse un panel científico... para estudiar la situación."
El 30 de enero, se produjo el avistamiento más brillante y más visto de bolas de fuego verde, ocurrido cerca de Roswell, Nuevo México. Al día siguiente el FBI fue informado por el Ejército y la Inteligencia de la Fuerza Aérea de que los platillos volantes y las bolas de fuego están clasificados alto secreto. La Paz entrevistó a cientos de testigos, con la ayuda del FBI y de la inteligencia militar, y nuevamente trató de recoger fragmentos mediante la triangulación de la trayectoria, pero nuevamente no obtuvo éxito.
Después de su propio avistamiento y de entrevistar a numerosos testigos, La Paz concluyó que las "bolas de fuego verde" eran un fenómeno artificial. El 8 de febrero se reunió con el Dr. Joseph Kaplan, un geólogo de UCLA y miembro del Panel de Consejeros Científicos de la Fuerza Aérea. Kaplan, también un experto en meteoritos, coincidió en que aquello no podían ser caídas convencionales de meteoritos e informó a La Paz que no conocía de ningún proyecto militar secreto que pudiera explicar las bolas de fuego. Vio que los datos de La Paz eran excitantes y sintió que era necesaria una investigación en nombre de la seguridad nacional.
El informal estudio científico de La Paz para la Fuerza Aérea se hizo formal, siendo llamado "Conferencia sobre Fenómenos Aéreos," y se convocó en el Laboratorio Científico de Los Álamos a mediados de febrero para revisar los datos. La gente allí reunida - tanto personal militar como científicos civiles - fueron informados por La Paz de que las bolas de fuego no eran el resultado de ningún proyecto militar secreto, de acuerdo al Dr. Kaplan. La Paz reiteró que estaba absolutamente convencido de que las bolas de fuego verde no eran meteoritos convencionales. El Dr. Edward Teller pensaba que no podían ser objetos materiales porque no producían ningún ruido y sugirió que podían ser algún fenómeno atmosférico eléctrico desconocido. En cualquier caso, pensaba que no podían ser ningún tipo de sondas extranjeras.
Los científicos pensaron que debería implantarse una red de estaciones de instrumentos para fotografiar y analizar las bolas de fuego. A pesar de la recomendación y de la continuación de los avistamientos de bolas de fuego con una frecuencia de media docena al mes, La Paz y AFOSI encontraron extrañamente una resistencia y una apatía de las autoridades de la Fuerza Aérea responsables de la preparación de dicha red.
En abril de 1949, se informó de avistamientos similares sobre una instalación de almacenaje de armas nucleares en Fort Hood en Texas. Las intrusiones fueron estimadas tan serias que, a diferencia de la Fuerza Aérea, el Ejército estableció rápidamente una red de observación. Los avistamientos continuaron hasta agosto, siendo el más espectacular el 6 de junio cuando fue avistada una luz naranja en suspensión, de entre 100 y 150 metros de largo y a 1.5 kilómetro del suelo. Finalmente empezó a moverse a nivel de vuelo para después explotar en pequeñas partículas.
El 24 de julio se observó una bola de fuego verde caer cerca de Socorro, Nuevo México. Se recogieron partículas de polvo en la Escuela de Minas que había allí y se encontró que contenían grandes partículas de cobre. La Paz encontró este dato muy significativo, ya que el cobre se quema con el mismo color verde amarillento característico de las bolas de fuego verde. También observó que si las partículas de cobre provenían de las bolas de fuego verde, no podían tratarse de meteoritos convencionales, ya que el cobre nunca ha sido encontrado en polvo de origen meteórico. La Paz sugirió que en adelante se recogieran muestras de tierra y del aire en las zonas donde habían sido vistas las bolas de fuego.
Al mismo tiempo, AFOSI informó a La Paz sobre sus investigaciones de los "fenómenos luminosos anómalos" entre primeros de julio y primeros de agosto. Muchas de las bolas de fuego verde estaban ahora descendiendo en trayectorias verticales, cuando inicialmente casi todas viajaban en horizontal.
Se convocó otra conferencia el 14 de octubre. Nadie disputó la realidad del fenómeno y nadie pudo explicarlo. Entre los enigmas estaban los apagones repentinos y las grandes concentraciones de avistamientos en Nuevo México, muy diferentes de un fenómeno natural. A pesar de esto, se decidió que las bolas de fuego eran probablemente de origen atmosférico. Las observaciones instrumentales - fotográficas, triangulaciones y espectroscópicas - se estimaron esenciales para resolver el misterio.