La Batalla de Guanajuato fue un enfrentamiento militar ocurrido el 24 de noviembre de 1810 en Guanajuato, Guanajuato, como marco de la Guerra de Independencia de México. El bando insurgente era comandado por los generales insurgentes Ignacio Allende y Juan Aldama y el realista por Félix María Calleja del Rey. Tras varias horas de combate, los realistas entraron en la ciudad y ejecutaron a los insurgentes. Finalmente, las fuerzas insurgentes escaparon hacia Guadalajara.
Antecedentes El levantamiento popular iniciado por Miguel Hidalgo e Ignacio Allende tuvo su primer hecho de armas en la misma ciudad de Guanajuato (Guanajuato), donde tras vencer a la guarnición realista apostada en la Alhóndiga, y los posteriores excesos por parte de la turba, surgieron las primeras tensiones entre ambos líderes insurgentes sobre el actuar de sus fuerzas. Tales acciones generaron el rechazo de las élites novohispanas, así como el distanciamiento de algunos criollos que, pese a simpatizar con la rebelión, repudiaron la excesiva violencia del alzamiento. Uno de los primeros comandantes del ejército realista en recibir noticias de lo acaecido en Guanajuato fue Félix María Calleja, apostado en San Luis Potosí. Éste marchó hacia el sur, donde se reunió con las fuerzas del intendente Manuel de Flon, esperando auxiliar a la amenazada Ciudad de México.
Por su parte, tras abandonar Guanajuato el 1 de octubre, Hidalgo siguió acumulando simpatizantes, tomando Valladolid, y llegando a las puertas de la capital novohispana, donde venció en el Monte de las Cruces a una improvisada fuerza realista. Al dejar a la ciudad de México sin defensas, y habiendo fracasado la rendición de la ciudad, Hidalgo, en una decisión controversial, decidió replegarse hacia el Bajío. En su retirada libró una breve batalla en Aculco ante las fuerzas de Calleja, y tras su derrota, la fuerza insurgente se dividió en dos y con objetivos distintos: Hidalgo marchó con rumbo de Guadalajara, y Allende salió a defender Guanajuato, a donde arribó el 13 de noviembre, acompañado de sus generales Juan Aldama, Mariano Abasolo y Mariano Jiménez, siendo recibido por las autoridades que Hidalgo había dejado en la ciudad. Esperaba socorro de parte de Rafael Iriarte ante un inminente ataque realista, pero tras no obtener respuesta, tuvo que recurrir a algunos voluntarios y los pocos hombres con los que todavía disponía.
Calleja marchó de nueva cuenta siguiendo al ejército insurgente, entrando en Querétaro el 15 de noviembre, y posteriormente salió en busca de Allende, siguiendo la misma ruta que Hidalgo al momento de asediar Guanajuato. El 23 de noviembre acampó en el paraje de Molineros, y en la mañana del día siguiente mandó una partida de reconocimiento del terreno. La batalla Allende dispuso mayoritariamente sus fuerzas en los cerros rodeando la cañada de Marfil, consistiendo en 20 rudimentarias piezas de artillería que Hidalgo había mandado a hacer, y defendidas por soldados de a pie y a caballo sin mucha instrucción militar y pobremente armados. Intentando compensar esto, Casimiro Chowell y Ramón Fabié, mineros recientemente adheridos a la causa insurgente, sugirieron valerse de las mismas granadas de frascos de azogue improvisadas durante el asalto a Granaditas, para que al explotar lanzasen trozos de piedra con los que frenar la columna realista.
La avanzada mandada por Calleja libró una breve escaramuza con un pequeño grupo insurgente apostado en Rancho Seco (a los pies del cerro del Cubilete) y al mando de Mariano Jiménez. Ante este golpe, los supervivientes del contingente insurgente huyen en desbandada, dando al mediodía el aviso a Allende de la cercanía del enemigo, quien mediante un disparo de un cañón ordenó que las campanas de la ciudad avisen la cercanía del enemigo.
Con el éxito inicial y con la vista del terreno que dicha posición le daba, Calleja dividió sus fuerzas en dos columnas, a fin de flanquear la cañada y evitar el acoso constante que los insurgentes pudiesen darles si avanzaban por el río Guanajuato, poniendo a su cargo el ala izquierda, y al intendente de Puebla, Manuel Flon, el ala derecha. Su primer enfrentamiento con las defensas propiamente dichas de Guanajuato fue en Jalapita, y superado el combate, siguió atacando por la retaguardia de cada una de las baterías insurgentes, quienes huían en desbandada. Tras 6 horas de marcha y combate, la columna de Calleja se acuarteló en Valenciana habiendo recorrido el camino a Santa Ana, mientras que la de Flon siguió la senda de Yerbabuena, por el cerro de la Bufa. Mientras tanto, una muchedumbre afín a la causa rebelde, ante la noticia de la cercanía española, ejecutó a los 200 prisioneros españoles afincados en la Alhóndiga, temerosos de que pudieran auxiliar al ejército realista en la ocupación y sometimiento de la ciudad.
Durante la noche, hubo algunos intercambios de artillería entre una guarnición insurgente apostada en el cerro del Cuarto, y el contingente de Flon, que replicó con un disparo efectuado por una de las piezas arrebatadas a los vencidos. Al amanecer, Allende y compañía emprendieron la retirada, mientras que Calleja repelió y capturó con artillería a las escasas tropas asentadas en el cerro del Cuarto. De este modo, ambos contingentes, el de Calleja y Flon, entraron en Guanajuato. Consecuencias Ya desde antes de salir de Valenciana, Félix María Calleja se enteró de la masacre de los españoles prisioneros, y corroborándolo por parte de doce dragones a los que les ordenó desmontar para corroborar si fuera cierto. Mandó fusilar in situ a un pequeño grupo de civiles que estaban dentro de la Alhóndiga, y acto seguido, ordenó un toque de degüello, siendo detenidos por el religioso José María de Jesús Belaunzarán. Sin embargo, no escatimó en ahorcar a 56 sospechosos de rebeldía, entre ellos Casimiro Chowell y Ramón Fabié, y unos días después, emitió un bando donde condenaba enérgicamente el levantamiento insurgente, así como emitía penas para aquellos quienes fabricasen armas para los rebeldes, comprasen metales, ambulasen por las calles durante la noche sin permiso escrito o se reuniesen en grupos superiores a tres sin previa autorización.Marmolejo, 1884, 109
El 12 de diciembre, Calleja salió de Guanajuato hacia Silao, quedando la ciudad sin guarnición, y provocando un éxodo masivo de las clases altas, ante el espiral bélico de los últimos meses de 1810. Véase también Crisis política de 1808 en México Toma de la Alhóndiga de Granaditas Referencias
Bibliografía
Guanajuato Categoría:Historia del estado de Guanajuato Categoría:México en 1811 Categoría:Municipio de Guanajuato