Es un tratamiento terapéutico de naturaleza psicológica que se proporciona a los pacientes que lo necesiten de manera grupal, para mejorar su salud mental y calidad de vida. Además, el grupo psicoterapéutico dota a sus miembros de estrategias adecuadas de afrontamiento y de recursos cognitivos y emocionales adaptativos para el cambio y aumenta la autonomía y el crecimiento personal a nivel individual, evitando la cronificación y la disminución sintomatología en las áreas afectadas por el trastorno.

Antecedentes de las técnicas de intervención grupal Prehistoria

thumb|Drama Griego.

La historia de la Humanidad ha estado influida por dinámicas e interacciones grupales. Los líderes tribales y religiosos se servían del entramado social para promover curaciones y cambios de conducta mucho antes de que existieran los profesionales de la salud mental.

Los primitivos ritos chamánicos, las tragedias griegas y las obras de teatro medievales de carácter moralizante apuntan también en esa dirección. Durante la Edad Media, con el fin de ayudar a los enfermos mentales, numerosos monasterios sirvieron como asilo. Valga como ejemplo la colonia Gheel en Bélgica. Las sesiones grupales de hipnosis dirigidas por Mesmer y el movimiento de tratamiento moral favorecían saludables interacciones de grupos y experiencias sociales reconstructivas entre los pacientes mentales.

Quizá el más antiguo precedente de la terapia de grupo sea la apertura de la Hull House de Jane Addams, en los Estados Unidos, en 1889. Gran número de personas necesitaban ser realojadas, y esto llevaba consigo serios problemas de organización de la convivencia, de canalización de sus reivindicaciones, y de mejora de sus condiciones de vida. La Hull House intentó proporcionar, por medio del trabajo grupal, una cierta respuesta a estas demandas. Jane no estuvo sola. Organizaciones católicas y judías tomaron a fines del y principios del anterior el mismo camino. Quizá sea este comienzo, tan orientado al bienestar social y a la mejora global de las condiciones de vida, el que ha hecho que el trabajo con grupos haya mantenido siempre, junto con su interés primordial por el bien de los miembros del grupo, un interés muy vivo también por la inserción en la sociedad en su sentido más amplio.

La etapa del sentido común. Pioneros La terapia de grupo, en el sentido de una actividad planificada bajo guía profesional para tratar la patología de la personalidad, es una invención estadounidense del . Joseph Hersey Pratt (1872-1956) Entre los pioneros se cuenta a Joseph Pratt (1922), internista que ya en 1905, preocupado por aquellos pacientes pobres en recursos económicos, que no se pueden permitir un tratamiento hospitalario, decide organizar con ellos unos grupos de apoyo que les sirvan de ayuda y de instrucción acerca de la conducta a seguir hasta su curación. El trabajo con grupos adquiere desde este momento el aire de "tratamiento". Pratt trabajaba en un ambulatorio de Boston (Massachusetts) y los enfermos eran tuberculosos. Los grupos que se formaron eran de unos 20 enfermos, y la actividad al comienzo se pareció mucho a una clase: Pratt instruía a los miembros de cada grupo sobre cómo alimentarse, como organizar su descanso y su trabajo, en el ambiente familiar que debían soportar, ya que no podían ser atendidos en el hospital. Los asistentes que cumplían mejor el régimen propuesto eran promovidos a las primeras filas del aula, según una situación de escalafón o estatus claramente establecido. El médico asumía el rol de una figura parental idealizada. Inspeccionaba los registros diarios que realizaban los pacientes de su temperatura, pulso, ingesta de alimentos, tiempo de permanencia en el exterior y otros datos, con la finalidad de estimularlos para que perseveraran en el programa. Pero pronto advirtió que, con el paso del tiempo, más importante que sus palabras era el clima que se creaba en el grupo mismo. Los miembros, notaba, eran, unos para otros, una poderosa arma de apoyo mutuo. Pratt observó que tenían un arma en sus manos que ningún hospital les podía proporcionar: la fuerza del vínculo común que les proporcionaba la enfermedad común a todos ellos.

Edward W. Lazell Fruto de un interés semejante por los enfermos sin recursos, otro médico, esta vez un psiquiatra, Edward W. Lazell, comenzó en 1918 a "tratar" a los soldados que volvían a Norteamérica de la Guerra Europea, aquejados de desórdenes psicóticos, en reuniones de grupo en el hospital St. Elizabeth de Washington D. C. . De nuevo advierte que el grupo, cuando se le permite comunicarse en cierta libertad, aborda temas que tienen que ver con la situación global de la persona, y no se reduce a lo que toca al síntoma concreto que al comienzo trajo a cada persona a recibir tratamiento. Lazell, como Pratt, guiado de su buen sentido, insistía de forma inconsciente en la importancia que tiene para toda curación el recibir información adecuada, el recibir consejos sensatos, el verse apoyados por otras personas en situación semejante, y el que los pacientes se identificaran unos con otros de forma espontánea y cordial. L. Cody Marsh Aproximadamente una década más tarde Linus Cody Marsh (1931), sacerdote que luego se hizo psiquiatra, desarrolló un abordaje grupal con pacientes internos en el Hospital Estatal de Kings Park, de Long Island. Utilizaba los conceptos teóricos de Freud, Le Bon, McDougall y los métodos psicoeducativos de Lazell para estimular las emociones grupales y la adaptación al ambiente hospitalario, donde se aplicaba tanto el exhorto como la sugerencia. Suplementaba sus conferencias con tareas en casa, lecturas, cantos, ejercicios grupales, testimonios y conferencias de pacientes, tiempo para preguntas y respuestas, role playing y otras técnicas psicodramáticas.

El objetivo del tratamiento era inspirar en los pacientes un estado de ánimo feliz. En 1933 organizó innumerables grupos “socio-educativos-industriales” en el Hospital Estatal Worcester, para el personal, pacientes y comunidad hospitalaria. Trabajó con grupos de médicos, clérigos, educadores, enfermeras y estudiantes, con temas que incluían problemas de desarrollo, sexualidad, matrimonio, religión, filosofía, y adquisición de serenidad, éxitos, entre otros. Su lema, repetido a menudo era: “La multitud les rompió, la multitud debe sanarles". También se añadió, a este moderno medio de abordaje, promover encuentros comunitarios en su hospital, con participación tanto de pacientes como de miembros de planta.

Esta rudimentaria terapia, que E. J. Anthony (1972) califica de “psicológicamente ingenua”, utiliza, en forma sistemática y deliberada, las emociones surgidas en el grupo. Estimula la aparición de algunas (como la emulación) y desalienta la expresión y desarrollo de otras (como la agresión). El método, que induce la identificación del enfermo con el médico, da por resultado el fortalecimiento de las defensas útiles para poder cumplir ciertas normas y programas de higiene y de vida.

Otros L. Grinberg, M. Langer y E. Rodrigué (1957) clasifican entre las “terapias exhortativas paternales, que actúan por el grupo,” a los métodos derivados de este modelo inicial, ya que incitan y se valen de las emociones colectivas sin tratar de comprender su naturaleza, ni modificar las estructuras psíquicas subyacentes. El grupo se utiliza como medio eficaz y económico para influir a numerosas personas. La organización de este tipo, cuya versión moderna la constituyen algunos grupos de encuentro y maratón, se parece a la de ciertas comunidades religiosas que idealizan al líder. Los programas actuales para personas con sida incluyen muchos de sus principios.

Años 30. El influjo del psicoanálisis La asociación libre se ha convertido, al filo de los años 30, en sinónimo de tratamiento ideal para la curación de problemas psicológicos. Lo elevado del coste del tratamiento psicoanalítico sugiere la reunión de grupos donde se puedan alcanzar parecidos resultados. Y de la confluencia de ambos elementos, asociación libre y reunión en grupo, va a nacer la primera versión de lo que será en adelante terapia de grupo. La utilización de pequeños grupos en forma planificada para el tratamiento de problemas de personalidad, comenzó en los Estados Unidos en la década de 1930 con los trabajos de Louis Wender, Paul Schilder, Jacob L. Moreno, Samuel Richard Slavson, Fritz Redl y Alexander Wolf. El abordaje de Wender (1936) se inició en el contexto de pacientes ingresados, combinando conceptos freudianos sobre la psicología de grupo (1921) con interpretaciones de la transferencia familiar a la de transacción, dentro del grupo. Posteriormente extendió su trabajestáticamente centrado en las dinámicas intrapsíquicas. Como formuló Leon Fine (1979), el psicodrama se sirve de interacciones dramáticas, mediciones sociométricas y dinámica de grupo, basándose esto a grupos de pacientes ambulatorios (Wender, Stein, 1949). Edward Pinney (1978) considera a Schilder (1936) como pionero de la terapia analítica de grupo debido a sistemática interpretación tanto de la transferencia como de los sueños. Aunque Moreno aplicaba métodos de acción dramática (el Teatro de la Espontaneidad) en Viena a comienzo de los años veinte, su abordaje psicodramático como modalidad de tratamiento clínico no surgió en Estados Unidos hasta la mitad de los años treinta, con la fundación de un hospital psiquiátrico en Beacon, Nueva York, y dos institutos de formación. Moreno (1953) invocaba la superioridad de sus métodos de acción de cara a la vida real frente al psicoanálisis de Freud, en la teoría de roles para inducir cambios en individuos y grupos mediante el desarrollo de nuevas percepciones y conductas y la reorganización de antiguos patrones cognitivos.

Louis Wender Louis Wender (1889-1966) estudió con William Alanson White y con S. Freud. Fue director del Hospital Hillside, de Hastings-on-Hudson (Nueva York). Veía al hospital como una familia substituta. Abordó los problemas de convivencia entre pacientes mentales leves y psiconeuróticos mediante terapia combinada, individual y grupal. El tratamiento duraba cinco meses aproximadamente. En las sesiones presentaba una exposición sencilla de las motivaciones de la conducta, el conflicto, el inconsciente, por ejemplo. No interpretaba las resistencias, sino desviaba la atención de ellas a otros temas y tomaba en consideración ciertos factores sociológicos (interacción grupal). Apelaba a la comprensión intelectual de la conducta, favorecía la catarsis y la utilización terapéutica de las transferencias laterales.

Estos grupos son básicamente de apoyo, represivos, no de búsqueda de insight (capacidad de darse cuenta y tomar conciencia de una realidad interior que normalmente había permanecido inconsciente). Intentan reforzar los mecanismos de defensa útiles para obtener los objetivos planeados. Se han aplicado con éxito a pacientes esquizofrénicos tempranos con poca desorganización; así como en depresiones sin retardo marcado, con libidinización del pensamiento y en las psiconeurosis (con excepción de la neurosis compulsiva severa de larga duración). En los abordajes de Marsh, Low, Wender y Lazell, los expacientes dados de alta regresan a la institución a compartir sus experiencias con los internos. Wender influyó sobre Aaron Stein, maestro de cientos de residentes psiquiátricos en el Hospital Mount Sinaí de Nueva York, quien pudo realizar interpretaciones al grupo como un todo, gracias a su percatación de la transferencia a los pares.

Paul Schilder