miniaturadeimagen|Cadáveres encontrados en Usera en 1939 y atribuidos al llamado Túnel de la muerte de Usera. El túnel de la muerte de Usera fue el escenario en el que tuvieron lugar varios casos reales, pero poco estudiados por la historiografía, de desaparición forzada y asesinato de al menos 70 personas en Madrid, en la zona republicana, durante la guerra civil española. Los cuerpos fueron localizados en 1939, con la entrada de las tropas sublevadas en la ciudad, enterrados en una fosa común ubicada tras las líneas del Ejército Popular Republicano, en el frente de guerra que quedó establecido en el barrio de Usera, después de los inicios de la batalla de Madrid a finales de 1936. Actualmente los restos reposan sepultados en la cripta del Colegio Nuestra Señora de la Providencia de las religiosas teatinas, construido en los años 1940 en este mismo barrio.

Durante la posguerra, el episodio fue investigado por las autoridades franquistas en el marco del extenso proceso denominado Causa General abierto en 1940, que instruyó un capítulo particular denominado de los «Crímenes del Túnel de la Muerte», en el que se incluyen fotos de las zonas con los muertos exhumados.

Las pesquisas de los forenses con la ayuda de familiares, permitieron identificar 36 de los 67 cadáveres hallados con signos de violencia, considerando que su deceso aconteció entre finales de octubre y noviembre de 1937. La Causa General concluye una versiónconsiderada interesada y sin pruebas concluyentes según Rafael Torres de las circunstancias de los asesinatos, que imputa directamente la responsabilidad de las ejecuciones y del robo de los bienes de las víctimas, a los mandos de la 36.ª Brigada Mixta (BM), unidad que por entonces guarnecía el sector del frente de Usera, y a los organismos comunistas de Madrid.

En abril de 1964, una operación de la Policía Nacional, entonces denominada Policía Armada, llevó a la detención, junto con otros dirigentes y militantes del partido comunista, de Justo López de la Fuente, oficial al mando de la 36.ª BM en el momento de los asesinatos," Ángel Ruíz Ayucar, El Partido Comunista: 37 años de clandestinidad, citado en Dictionnaire des guérilleros et résistants antifranquistes (1936–1975) que según Hugh Thomas, sería procesado por estos hechos.(Thomas 1976, 837) Este proceso fue escasamente difundido por los medios de comunicación de entonces, pero provocó numerosas protestas públicas en el extranjero e incluso la petición de testificación de algunos líderes como Dolores Ibárruri, resolviendo para López de la Fuente su condena a una pena de prisión en lugar de muerte, falleciendo encarcelado en 1967.

Fuentes La Causa General es la única fuente próxima temporalmente a los hechos que se ocupó de su investigación, encontrándose resumida en el capítulo X de su acta de acusación titulada Ejército Rojo, nombre con el que el bando franquista denominaba al Ejército Popular Republicano. Sin embargo, por su naturaleza y circunstancias, la Causa General, como muchos otros aspectos polémicos de la historiografía del conflicto, es con frecuencia en su conjunto considerada por una parte de historiadores como una fuente interesada y parcial de los hechos de los que se ocupó, generando un controvertido debate con otros especialistas. Por otra parte, según denuncian organizaciones de derechos humanos, la Causa General, destinada por las autoridades del régimen franquista principalmente para fines represores y utilizada en su tiempo profusamente por la propaganda, seguía siendo a principios del siglo XXI la única versión oficial disponible.

En cualquier caso, el episodio del túnel de Usera ha sido escasamente estudiado por los especialistas. El hispanista Hugh Thomas en su obra de referencia general Historia de la Guerra Civil Española de 1976 le dedica algunas líneas, remitiéndose directamente a la Causa General. Rafael Torres en su obra Desaparecidos de la Guerra de España (1936–¿?) de 2002, se centra en el detalle y contexto de numerosos casos de abusos, asesinatos y prácticas represoras por ambos bandos, considerando que deben tomarse precauciones en la interpretación de la versión oficial, en especial en su acusación, que considera sin fundamentar. En 2006, la escritora María del Pilar Amparo Pérez García, más conocida como «Pituca» y de declarada ideología falangista«(...) la idea de la indisolubilidad y el amor a la Patria por encima de todo, y los valores regeneracionistas de la Falange (...) un ejemplo a seguir por la juventud española que no se deja seducir por los cantos de sirena de la izquierda y la derecha». — Prólogo a «Conversaciones con el Ausente y otros temas...» de María del Pilar Amparo Pérez García «Pituca» ha publicado el artículo titulado «El túnel de Usera también llamado 'Túnel de la muerte'».

Contexto: Madrid, frente de guerra y clandestinidad en la retaguardia El fracaso de la sublevación militar de julio de 1936 en Madrid y el subsiguiente colapso gubernamental favorecieron en los primeros meses de guerra una situación revolucionaria de fuerte hostilidad hacia la parte de la población considerada partidaria o cercana al bando sublevado que, manifestada en forma de abusos y violencia indiscriminada por parte de las milicias armadas de diferentes partidos y organizaciones, resultó en numerosos asesinatos y ejecuciones,Rafael Torres destaca entre otros, los casos del asalto a la Cárcel Modelo en agosto, los ataques a miembros de la Iglesia católica o las sacas que desembocaron en las matanzas de Paracuellos provocando un clima de terror que forzó a la clandestinidad a miles de ciudadanos.Rafael Torres, «El terror revolucionario», págs. 137–165. en Desaparecidos de la Guerra de España (1936–¿?)

Sin embargo, fueron también muchos los que desde esta «ciudad clandestina»Javier Cervera, Madrid en guerra. La ciudad clandestina, 1936–1939. Alianza Editorial, 1998, Madrid apoyaron activamente las operaciones del bando sublevado mediante acciones de sabotaje y de espionaje que se acentuaron con las noticias del avance hacia la capital de sus fuerzas y que fueron amplificadas por la propaganda de ambos contendientes bajo la célebre denominación de la «Quinta columna».

El resultado de los enfrentamientos por el control de la capital en noviembre de 1936, resueltos en favor del bando republicano, permitieron restablecer progresivamente el ejercicio de los poderes públicos y su autoridad sobre las facciones más radicales desde principios de 1937,Torres menciona que el 97,6 por ciento de las muertes por la represión se concentraron en el periodo de julio a diciembre de 1936 (Torres 2002, 140–141) aunque el equilibrio de las fuerzas combatientes llevó al establecimiento de una línea de frente de guerra permanente en los barrios de la ciudad próximos a la ribera del río Manzanares que duraría hasta el final de la contienda.

Desde este frente, los sublevados buscaron minar la resistencia republicana mediante fuego constante de artillería y bombardeos aéreos indiscriminados que tuvieron como efecto aumentar el sufrimiento de la población civil y la exasperación del Gobierno hacia las actividades quintacolumnistas, para cuya represión se dispuso del Servicio de Inteligencia Militar y Contraespionaje (SIM) desde 1937. Entre estas actividades, causaron una atmósfera de especial escándalo aquellas que contaban con la cobertura, atribuida por los medios de comunicación y la opinión pública, de algunas de las embajadas y legaciones diplomáticas, aprovechando la ingente labor humanitaria en aplicación del derecho de asilo que sin embargo la mayor parte de ellas desarrollaba, y en la cual acontecieron varios de los capítulos más graves de violencia indiscriminada y desapariciones desde el final del terror revolucionario.

El frente de guerra en Usera

En vísperas de la Guerra Civil, el barrio de Usera, al Sur de Madrid, había prácticamente alcanzado toda su extensión a lo largo del eje Este-Oeste próximo a la margen derecha del río Manzanares. Creado durante las décadas de 1920 y 1930 por la empresa urbanística del coronel Marcelo Usera, casado con la propietaria de una gran parte de los terrenos entre el río y el por entonces municipio de Villaverde, el nomenclátor de 1930 registraba una población de 2103 habitantes, la mayor parte de los cuales eran obreros y pequeños artesanos, y 648 edificios, repartidos entre viviendas modestas y diversas instalaciones industriales establecidas hacia el este, aprovechando la proximidad de la línea férrea hacia La Mancha y Andalucía y de la carretera a San Martín de la Vega. Durante la Segunda República Española el gobierno municipal, a iniciativa de Máximo Carazo, emprendió una serie de actuaciones para la creación de infraestructuras, como alcantarillado y empedrado de calles, y servicios básicos, con el suministro de agua y electricidad y particularmente, el transporte que quedó asegurado por la línea de tranvía Usera-Legazpi-Plaza de Cibeles y la de autobús con la calle de Toledo.

En la batalla de Madrid, iniciada en noviembre de 1936, la línea del frente vino a constituirse en el corazón mismo del barrio, en el emplazamiento elevado de la llamada colonia del Zofío, a unos centenares de metros del río, quedando luego estabilizada por ambos bandos mediante la construcción de trincheras y fortificaciones en los edificios, la mayoría de los cuales quedarían derruidos tras los tres años de asedio.

El que durante la posguerra sería denominado como Túnel de la Muerte surgió en este escenario, en la proximidad de la entonces calle del Mercado, como una vía de paso entre las líneas de combate, donde se localizaron enterrados en unas fosas comunes los cadáveres de 67 personas con signos de haber sido ejecutados por arma de fuego o por asfixia.

Durante las labores de reconstrucción del barrio en los años 1940 y 1950 dentro del programa de «Regiones Devastadas», la frecuencia con que se fueron hallando cadáveres entre los escombros llevó a conocer popularmente el barrio de Usera como el de los «Campos de calaveras».de Usera. Escuela Técnica de Topografía, Universidad Politécnica de Madrid. Página en archive.org

La 36.ª Brigada Mixta El 1 de enero de 1937 quedó constituida la 36.ª Brigada Mixta (BM), que encuadrada en la 4.ª División del I Cuerpo de Ejército, estuvo destinada a la defensa de la línea del frente establecida en el sector de la entonces barriada de Usera-Villaverde. Las fuerzas de la 36.ª Brigada se repartían entre los regimientos 141.º a 144.º, bajo el mando del mayor de milicias Justo López de la Fuente, veterano del «Batallón de Acero» del Quinto Regimiento, del oficial de milicias Pinedo y del comisario Ricardo López Pereda que más adelante serían relevados por el capitán de milicias Ramón Sánchez López y el comisario político del PCE Eladio López Poveda.

Pocas semanas después, la 36.ª BM entraba en combate en este sector donde la lucha se mantuvo activa durante la primavera y verano de 1937, con asaltos intermitentes del bando sublevado que lograrían tomar algunas posiciones hasta su desalojo el 28 de septiembre. En junio de 1938 la BM abandonó el frente de la capital al ser asignada al XX Cuerpo de Ejército que se trasladó al frente de Levante, al sur del Ebro, donde permaneció en el sector de Castellón de la Plana hasta el final de la guerra.Descripción de la 36 BM en la Sociedad Benéfica de Historiadores Aficionados y Creadores

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