El incidente de Xi'an o Sian consistió en el rapto del líder nacionalista chino Chiang Kai-shek por dos de sus generales (uno de ellos Zhang Xueliang), con el fin de convencerlo de posponer su guerra contra el Partido Comunista de China hasta que la invasión japonesa hubiera sido derrotada. El secuestro duró del al 25 del mismo mes.

A raíz de este incidente, los nacionalistas y comunistas formaron una alianza que dirigió su atención a los japoneses en Manchukuo.

Antecedentes Debilidad soviética Firma del Pacto Antikomintern el . El fortalecimiento de la alianza entre los principales rivales de la URSS en Europa y Oriente preocupó al Gobierno soviético.|miniatura La seguridad de la Unión Soviética se hallaba cada vez más amenazada desde comienzos de la década de 1930. En Europa, las relaciones de amistad con la República de Weimar habían dado paso a la hostilidad anticomunista de la Alemania nazi de Hitler. En el este, Japón había comenzó a expandir su imperio colonial en China. En 1931, había ocupado Manchuria tras el incidente de Mukden; en 1934, había creado el Estado títere de Manchukuo. Los soviéticos habían sido expulsados de la gestión del Ferrocarril Transmanchuriano y sentían la presión japonesa tanto en Siberia Oriental como en Sajalín (ya que durante la época la Isla del Sajalín estaba partida entre los japoneses y rusos).

Según aumentaba la tensión entre la URSS y Japón, el Gobierno de Moscú se mostraba cada vez más favorable a un pacto antijaponés con los nacionalistas de Nankín. Al mismo tiempo, favorecía también la creación de un Estado comunista en el noroeste de China, interpuesto entre su territorio y el dominado por Japón. El mismo temor a Japón había impelido a Moscú a normalizar las relaciones diplomáticas con el Gobierno de Chiang Kai-shek en diciembre de 1932 y a establecerlas con los Estados Unidos —los dos principales rivales de Japón en la región— en noviembre de 1933. A finales de 1933, el ministro soviético de Asuntos Exteriores, Maksim Litvínov, había llegado a proponer un pacto de no agresión entre su país, EE. UU., Japón y China. La debilidad del Gobierno chino a pesar de las reformas que había puesto en marcha hizo, no obstante, que las negociaciones de alianza entre Moscú y Nankín no fuesen claras y públicas hasta la adhesión japonesa al Pacto Antikomintern en noviembre de 1936. La URSS temía además que China —cuyo Ejército contaba con asesores militares alemanes y que obtenía la mayoría de su armamento del Reich—, suscribiese también el acuerdo anticomunista, como en efecto esperaba Japón.

Recrudecimiento de la expansión japonesa y contactos chino-soviéticos La situación para el Gobierno chino también era delicada: en 1935 había resurgido la presión japonesa. Como consecuencia de las exigencias japonesas en Hebei, en julio se había firmado el Pacto He-Umetsu, lo que no evitó que aumentase la actividad nipona en Chahar. La expansión japonesa al sur de la Gran Muralla aumentó la sensación de crisis nacional en China y crecieron los llamamientos a la unidad del país contra Japón. Por otro lado, Chiang seguía con sus ofensivas contra los comunistas, que consideraba agentes del imperialismo soviético. En 1934 y con ayuda de los asesores militares alemanes, había aplastado el sóviet de Jiangxi. El Gobierno nacionalista seguía primando la eliminación de los comunistas frente al conflicto con Japón.

Ya a mediados de 1934, Chiang había enviado un emisario a Moscú a averiguar la inclinación de los soviéticos a respaldar a China en su conflicto con Japón, a pesar de la persecución de los comunistas que llevaba a cabo. Aunque los soviéticos le aseguraron que estas no impedirían el entendimiento entre los dos Gobiernos, el enviado de Chiang regresó convencido de la renuencia soviética a enfrentarse abiertamente a Japón para auxiliar a China. Aunque los contactos continuaron en 1935, los representantes soviéticos siguieron rechazando acuerdos demasiado estrechos entre los dos países que, en su opinión, únicamente hubiesen servido para precipitar un ataque japonés contra el que la ayuda China sería insuficiente. Las negociaciones continuaron a comienzos de 1936 en Moscú, pero los soviéticos se negaron a imponer al Partido Comunista de China un concierto con el Kuomintang. Esto precipitó la ruptura de las negociaciones y la decisión de Chiang de eliminar a los comunistas chinos antes de retomarlas.

Al tiempo que Chiang trataba con los soviéticos, también lo hacía con Japón, con el que había restablecido relaciones diplomáticas en abril de 1935. En septiembre de ese año, comenzaron las conversaciones entre los dos países en Japón, que empezaron con grandes diferencias entre las dos partes. Pese a ello, Chiang se mostró conciliador y en diciembre formó un nuevo gabinete más projaponés. Tanto el nuevo ministro de Asuntos Exteriores como la actitud de Nankín hacia Tokio debían favorecer el entendimiento entre las dos naciones. Si esto no resultaba posible, la tregua que se esperaba alcanzar debía permitir a Chiang concluir la unificación china y prepararse para el futuro conflicto con Japón. Las negociaciones, sin embargo, se estancaron por el rechazo de cada parte a aceptar las exigencias de la otra. Japón aumentó sus condiciones para alcanzar un acuerdo y, a pesar de las cesiones secretas de emisario chino, se negó a ceder en las suyas. En el otoño y con el aumento de los incidentes antijaponeses en China, las relaciones bilaterales estaban a punto de romperse.

En esa situación, Chiang optó por reforzar la relación con la URSS, nombrando un nuevo embajador y esperando finalmente un tratado bilateral, que ya los soviéticos también deseaban, dado el reforzamiento de la alianza germano-nipona y el temor de que Nankín se uniese a ella. Las conversaciones chino-soviéticas se retomaron en diciembre y los soviéticos se mostraron dispuestos incluso a sopesar la exigencia de Chiang de firmar un tratado de seguridad mutua.

La URSS y el PCCh Decidido a forjar la alianza con el Gobierno chino de Chiang, el soviético apremió al PCCh a alcanzar un acuerdo con aquel. La actitud favorable al pacto entre el PCCh y el Kuomintang se había columbrado ya en 1933, pero había quedado clara a partir del VII Congreso del Comintern de julio de 1935 y la evolución política de los meses posteriores. Aun así, la difíciles comunicaciones entre el Comintern y los comunistas chinos, enfrascados en la Larga Marcha y sin conexión por radio con Moscú —el contacto se había perdido en noviembre de 1934, cuando el servicio secreto nacionalista destruyó el transmisor del partido en Shanghái— y el cambio de directrices —el VII congreso había abogado por la formación de un frente unido antijaponés, pero sin Chiang, actitud que cambió en los meses siguientes— hicieron que la posición del PCCh respecto al Kuomintang no se ciñese a lo decidido por el Comintern a finales de 1935. En mayo de 1936, finalmente el Comité Ejecutivo Central del Comintern abandonó oficialmente su objetivo de imponer un Gobierno soviético en China y adoptó como alternativa el establecimiento de una república democrática y el mantenimiento de la paz. Los comunistas chinos, acosados por las fuerzas de Chiang, discrepaban de la nueva actitud conciliatoria, y eran escépticos sobre la posibilidad de concertarse con este. Las diferencias quedaron claras cuando el PCCh celebró la revuelta contra Chiang de algunos caudillos militares del sur en junio de 1936 mientras que el Comintern la condenó firmemente. A finales del verano, una vez restablecida la comunicación entre Moscú y sus correligionarios chinos, los soviéticos insistieron en el cambio de actitud hacia Chiang, que sus correligionarios chinos aceptaron a medias, aunque el 25 de agosto promulgaron una directriz defendiendo la alianza con él.

Enfrentamientos entre comunistas y nacionalistas La Larga Marcha tras el aplastamiento del Sóviet de Jiangxi. El Ejército Rojo Chino se encontraba muy debilitado tras las últimas campañas del Gobierno de Nankín.|miniatura|upright=1.8 Mientras continuaban las distintas conversaciones, no cesaron los combates entre comunistas y nacionalistas. Con la aquiescencia de los soviéticos, los primeros emprendieron una campaña en Shanxi el 24 de octubre para establecer contacto directo con la URSS y Mongolia, con el objetivo de facilitar el transporte de armas al debilitado Ejército Rojo Chino. La suerte de los combates, empero, favoreció a los nacionalistas —la invasión de los territorios de Yan Xishan fracasó finalmente en mayo de 1936— y complicó además las conversaciones bilaterales entre los dos partidos. La lucha entre comunistas y nacionalistas tenía lugar además en paralelo a negociaciones que habían comenzado en el otoño de 1935, en las que participaban también los soviéticos y que habían avanzado notablemente para el otoño del año siguiente. Pese a esto, los comunistas chinos eran escépticos sobre la posibilidad de pactar con Chiang, ya que este exigía el control de sus unidades militares y la entrega del territorio que controlaban. En noviembre de 1936, las nuevas condiciones enviadas por el Kuomintang al PCCh complicaron el acuerdo y convencieron a los comunistas del rechazo de Chiang a luchar contra Japón.

El grueso del Ejército Rojo Chino había alcanzado la región, el norte de la provincia de Shaanxi, al concluir la Larga Marcha en octubre de 1935, tras recorrer más de diez mil kilómetros desde Jiangxi y haber perdido por el camino setenta y cinco de sus ochenta y cinco mil miembros. Incluso con los refuerzos locales y la llegada del 2.º Ejército y parte del 4.º, la situación era delicada. Chiang seguía empeñado en eliminar la base comunista antes de que se fortaleciese, y continuaba otorgando precedencia a la lucha con los comunistas frente al conflicto con Japón. Por su parte, los comunistas sostenían la necesidad de formar una alianza nacional entre diversos grupos para afrontar la amenaza japonesa, posición que gozaba de la aprobación de buena parte de la población.

Con la misma meta de facilitar el rearme de sus fuerzas y aprovechando el interés de los caudillos militares regionales por obtener también armamento soviético, el PCCh redobló sus intentos de aliarse con estos, lo que debía facilitar las comunicaciones con la URSS. Desde mediados de junio y tras la derrota en Shanxi en mayo, se abandonó el plan de entrar en contacto con la URSS a través de esa región y se hizo hincapié en entrar en liga con Zhang y Yang. La alianza debía servir además para formar un Gobierno rival del de Nankín y formar un frente antijaponés en el noroeste del país. Además, tanto los soviéticos como los comunistas chinos esperaban que el aumento del apoyo entre los caudillos militares a la unión nacional y al enfrentamiento con Japón acabase por forzar a Chiang a adoptar también esta posición.

A lo largo de 1936 y con apoyo del Comintern, se intensificaron los contactos entre los comunistas chinos, Zhang Xueliang y Yang Hucheng. Los soviéticos estaban interesados en la formación de esta coalición ya que los choques fronterizos con los japoneses, que habían comenzado en enero de 1935, se habían recrudecido en febrero de 1936: las refriegas iniciales habían dado paso a batallas con artillería y tanques. La influencia japonesa en Mongolia Interior, además, crecía. La posibilidad de crear de un Estado favorable en el noroeste chino, por tanto, servía a los soviéticos como alternativa a una posible alianza sino-japonesa.

Por otro lado, los intentos de Mao de abrir una ruta alternativa hacia la URSS a través de Ningxia y Gansu también resultaron infructuosos. Las fuerzas gubernamentales en la zona impidieron la conquista de Ningxia, fundamental para el plan comunista, en el otoño.

Zhang, Yang, Chiang y los comunistas