La batalla de MillarapueGóngora, cap. xxvi (Gayangos, 1862: 74)Ovalle, libro V, cap. xxii (1646: 205) (también llamado MillapoaLobera, libro II, cap. iv (Medina, 1865: 209) o Melipuru)Molina, libro III, cap. v (Sancha, 1795: 177) fue un enfrentamiento militar producido el 27 o 30 de noviembre de 1557, entre las fuerzas mapuches del toqui Caupolicán y las del Imperio español al mando del gobernador García Hurtado de Mendoza, con victoria de las segundas.

Antecedentes El 24 de abril de 1557 desembarcó en La Serena el nuevo gobernador, García Hurtado de Mendoza, con cinco navíos. Poco después se le unió el capitán Luis de Toledo, que había marchado con parte de sus refuerzos por la costa.Vivar, cap. cxxxi (Irving, 1966: 198) Había llegado con 500 soldados españoles, la mayor fuerza española enviada a Chile hasta la fecha.Encina, 2006: 40 El 26 de abril Hurtado de Mendoza salía con rumbo a Santiago, llegando a la villa el 5 de mayo para tomar posesión del gobierno. Siendo un joven impetuoso e inexperto, se trasladó por mar desde Valparaíso el 28 de junioVivar, cap. cxxxi (Irving, 1966: 199) con parte de sus refuerzos hasta la isla Quiriquina, pero sin llevarse a los oficiales más veteranos que habían acompañado a Pedro de Valdivia, desembarcando con un pésimo clima y mal abastecido. En tanto, su caballería y yanaconas marcharon por tierra a las órdenes del capitán Toledo.

Hizo que sus soldados construyeran el fuerte San Luis, en la actual Talcahuano, pero el 25 de agosto fue atacado sorpresivamente por mapuches armados con lanzas, espadas y escudos de acero. La batalla estuvo a punto de convertirse en un desastre pero la tripulación de los barcos intervino en el último momento y salvó la situación.Encina, 2006: 40-41Vivar, cap. xxxxi (Irving, 1966: 200) Poco después, el 29 de octubre, salió de donde estuvo Concepción y cinco días despuésVivar, cap. xxxxii (Irving, 1966: 201) cruzó el río Biobío hacia el sur. Cerca de su desembocadura, en Lagunillas, derrotó a los araucanos el 8 de noviembre. El gobernador cometió numerosas atrocidades para escarmentar a los indígenas, destacando la amputación de las manos de Galvarino. Posteriormente, intentó cambiar su política y negociar pero las tribus de la zona ya estaban decididas a dar batalla nuevamente.Encina, 2006: 41 En búsqueda de un fortín en la sierra de Andalicán (posiblemente cerca de la actual Lota), que está en la zona de la costa, fue al sur.Barros, 2000: 109 (nota 11) En dicho lugar estaba Caupolicán con los demás caciques, cuando apareció Galvarino, quien mostró sus muñecas amputadas y llamó a sus congéneres a buscar venganza, pues ante tal trato no era posible negociación alguna.Quiroga cap. xxvii (Larraín, 1979: 134)Ovalle, libro V, cap. xxii (1646: 204)Molina, libro III, cap. v (Sancha, 1795: 176)

Fuerzas enfrentadas Españoles Mariño de Lobera indica que los españoles no pasaban de 600.Lobera, libro II, cap. iv (Medina, 1865: 213) A ellos, al comienzo de la campaña, se les sumaban 1000 caballos y más de 4000 yanaconas, la mayoría de las vecindades de Concepción.Barros, 2000: 104 Los indios auxiliares aumentaron sus números hasta finales de la centuria.Tradicionalmente, los destacamentos de 300 ó 400 españoles eran acompañados por 2000 ó 3000 yanaconas. Martín García Óñez de Loyola podía tener menos de 200 soldados pero más de 1500 indios aliados. Fue después de la rebelión de 1598 que sus números cayeron a unos pocos cientos por expedición. Pasaron muchos años hasta que se recuperaron (Villalobos, 2000: 81).

El más alcista es Quiroga refiriéndose a un ejército 8000 a 9000 «hombres de guerra»,Quiroga cap. xxiv (Larraín, 1979: 130) entre los que habrían 4000 arqueros aliados promaucaes, maulinos y cauquenes.Quiroga cap. xxiii (Larraín, 1979: 127) Los españoles serían una minoría, estando los 400 o 500, según la fuente, que llegaron con Hurtado de Mendoza, y algo más de 200 que se sumaron en Santiago y La Imperial. En cambio, Molina habla de 2000 indios auxiliares, más de 1000 jinetes venidos de Perú, otra fuerza de españoles reclutados en La ImperialMolina, libro III, cap. v (Sancha, 1795: 174) y 8 piezas de campaña.Molina, libro III, cap. v (Sancha, 1795: 175)

Basado en estos datos, Tomás Bonilla estima que el ejército que cruzó el Biobío pasaba los 4500 hombres, incluyendo 500 a 700 españoles, dependiendo del cronista, y el resto auxiliares;Bonilla, 1988: 217 tal vez cerca de 5000,Bonilla, 1988: 220 de los que más de 4000 serían auxiliares.

Mapuches Según Vivar, las fuerzas indígenas sumaban lanzas en total.Vivar, cap. cxxxiii (Irving, 1966: 203) Por su parte, Góngora de Marmolejo señala que fueron guerreros los involucrados, pero no todos lucharon porque la división de retaguardia llegó atrasada y no combatió.Góngora, cap. xxvi (Gayangos, 1862: 76) Mariño de Lobera los contabiliza en más de , divididos en tres contingentes. El primero (derecha) de 7000 a 8000 indios, el segundo (izquierda) de 5000 a 6000 guerreros, y el tercero (reserva) de 6000.Lobera, libro II, cap. iv (Medina, 1865: 210) Por otra parte, Quiroga afirma que cuando los españoles cruzaron el Biobío el cacique Caupolicán había reunido un ejército de guerreros,Quiroga cap. xxiv (Larraín, 1979: 129). Aportados por los caciques Tucapel (3000 guerreros), Angol (4000), Cayupil (3000), Millarapué (5000), Paicaví (3000), Lemulemo (6000), Mareguano (3000), Elicura (6000), Colocolo (6000), Angelmó (4000), Purén (6000), Lincoya (7000), Andalicán (6000), Seltume (6000), Peteguelén de Arauco (6000) y por el propio Caupolicán de Pilimarquén (6000). En propio autor también señala que en su época, los caciques de esas reducciones no podían reunir más de 6000 lanzas. sin embargo, más de 8000 murieron en Lagunillas (y sin considerar los capturados).Quiroga cap. xxiv (Larraín, 1979: 132) Al parecer, uso a Ercilla como fuente.Ercilla, I parte, canto II (Medina, 1910: 21-23)

Barros Arana cree que no pudieron ser más de 8000 a guerreros.Barros, 2000: 111 Bonilla reduce aún más la cifra, alrededor de 5000 antes de Lagunillas, lo que coincide con Encina.Encina, 2006: 41; Bonilla, 1988: 220-221 Sin embargo, según su parecer Caupolicán fue capaz de reclutar aún más guerreros, pero el escritor niega que alcanzaran los , sino que «un poco más de 8000 hombres», quizás sólo 6000.

Los mapuches habían adoptado el uso de espadas y lanzas con puntas de acero capturadas a los españoles, lo que compensaba en cierta medida la diferencia tecnológica, pero la mayoría carecía de esas armas y sólo tenía palos con pedernales o huesos pulidos y lanzas y macanas de madera gruesa. Estaban mal armados pero tenían «deseos incontenibles de luchar».Bonilla, 2000: 217; Encina, 2006: 41 Sin embargo, posiblemente sólo 200 tuviesen espadas, por lo que su impacto era menor.

Batalla Movimientos previos Tras esa batalla, Hurtado de Mendoza pasó dos días en la zona de Arauco,Góngora, cap. xxvi (Gayangos, 1862: 73) encontrando las ruinas del fuerte que había levantado Valdivia. Luego, una avanzadilla al mando del caballero de Sevilla y contador, Arnao Segarra y Ponce de León, chocó con numerosos indígenas y les forzó a retirarse hasta unos pantanos donde sabían que encontrarían refugio. Sin embargo, un español llamado Juan Ralón se introdujo en la ciénaga y su montura quedó atrapada, siendo asesinado y decapitado. El gobernador ordenó a una compañía de jinetes perseguir a los enemigos, pero no pudieron encontrarlos porque se dispersaron.Barros, 2000: 110 El ejército siguió la marcha con la caballería formando la vanguardia y las dos alas cubiertas por la infantería aliada. En retaguardia los piqueros apoyados por los arcabuceros y por último el bagaje con una nutrida guarnición.Quiroga cap. xxvii (Larraín, 1979: 135)

El ejército pasó cerca de donde sucedió la batalla de Marihueñu, donde una compañía de caballería encontró piezas de bronce capturadas en dicho combate, incluyendo uno de los cañones que servía de trofeo, pues los indígenas no sabían utilizarlo. Enterado de la cercanía de un fuerte mapuche donde se reunía un ejército, mando al capitán Quiroga adelantarse. Cuando el oficial se acercó con la vanguardia al cerro donde estaba la fortificación encontró que el camino estaba bloqueado por árboles cortados, entendiendo lo vulnerables que serían si intentaban abrirse paso moviéndolos decidió volver a informar a su superior.Góngora, cap. xxvi (Gayangos, 1862: 73-74)

Combate Después de varios días de descanso, el gobernador entró en el valle de Millarapue, un lugar hondo y rodeado de profundas quebradas, posicionándose de una colina alta al enterarse de que el ejército mapuche estaba en un fuerte cercano. Los cerros de alrededor parecían no tener mucha altura. Según Quiroga, estaban acampados cuando un mensajero indígena llegó con el ofrecimiento de un duelo personal entre el gobernador y el toqui a la vista de ambos ejércitos. Hurtado de Mendoza aceptó, pero sus oficiales le dijeron que era un ardid para introducir un espía en el campamento y ver sus defensas.Quiroga, cap. xxv (Larraín, 1979: 136)Ercilla, II parte, canto xxv (Medina, 1910: 411-412) Los españoles mejoraron las fortificaciones, redoblaron la guardia, cambiando los turnos cada hora para evitar que los vigías se durmieran, pusieron las cuerdas de sus arcabuces cerca de las fogatas para impedir que el rocío las humedeciese y cada tanto hacían disparar a la mitad de los cañones, impidiendo a sus hombres dormir profundamente y señalando a los araucanos que estaban atentos.Quiroga, cap. xxv (Larraín, 1979: 136-137)Ercilla, II parte, canto xxv (Medina, 1910: 409-410)

Por su parte, Caupolicán, que no deseaba tender una emboscada, hizo reunir un parlamento de loncos donde animó a los suyos a presentar batalla. Afirmó que un pillán le había mostrado la visión del árbol donde acampaban los españoles con sus enemigos colgando como habían hecho con varios caciques durante su marcha.Rosales, libro II, cap. xiv (Vicuña, 1878: 63) En esa reunió el toqui discutió con el lonco Turcupichun, cacique de la zona, quien lo convenció de modificar sus planes. Según Rosales, Turcupichun debía atacar con una división por el frente mientras Caupolicán lo haría poco después desde la retaguardia, acabando con los españoles, sin embargo, el lonco le convenció de que dejara a sus guerreros como reserva para atacar por detrás.Rosales, libro II, cap. xiv (Vicuña, 1878: 64)