El parque Ribalta (en valenciano parc Ribalta) es un parque ubicado en el centro de la ciudad española de Castellón de la Plana, al oeste del núcleo histórico. Durante siglos el solar sirvió de paso para acceder a la población y luego de cementerio, pero gracias a la llegada del ferrocarril en 1862 impulsó, seis años más tarde, la creación de un jardín para embellecer la zona y dar la bienvenida a la capital a los nuevos viajeros.

El conjunto actual se compone de dos partes principales: el paseo Ribalta o Viejo original y el parque del Obelisco construido en la ampliación de 1876, ambos trazados por el ingeniero Luis Alfonso Brull. Su diseño responde a los criterios paisajísticos del jardín romántico isabelino, pues combina áreas ajardinadas con avenidas arboladas, senderos laberínticos y elementos ornamentales. Destaca por su diversidad vegetal, con especies procedentes de los cinco continentes que le otorgan un carácter de jardín botánico. Diversas especies animales encuentran en esta zona verde un hábitat dentro del núcleo urbano. Además, conserva una amplia colección de elementos artísticos y arquitectónicos que reflejan los estilos imperantes desde finales del hasta mediados del . Ejemplos de ello son el Obelisco, el Templete de música y varios bancos cerámicos producidos por fábricas locales.

Desde su creación y hasta finales de la década de 1980 fue el único parque situado en el casco urbano de Castellón. Por ello, el Ribalta ha sido el epicentro de la vida social y cultural de la ciudad, ya que ha acogido y acoge numerosas fiestas, conciertos, celebraciones y actividades deportivas. Además, su impronta ha trascendido al arte local, que le dedica numerosas pinturas y obras literarias.

Para los expertos el parque Ribalta constituye el mejor ejemplo de parque público decimonónico conservado en la Comunidad Valenciana y una muestra de su estilo a nivel nacional al mantener su estructura primigenia. Junto a su entorno —que abarca la plaza de la Independencia y la plaza Tetuán— constituye uno de los espacios con mayor valor histórico y artístico de Castellón, declarado Bien de interés cultural en 1981. Posteriormente, la Ley del Patrimonio cultural valenciano añadió al parque de forma complementaria la protección autonómica como Bien de relevancia local.

Nombre

El parque recibe el nombre del pintor barroco Francisco Ribalta. Por varios siglos, al menos desde el , se creyó que Ribalta había nacido en Castellón, por lo que se le consideró la figura histórica más destacada de la villa, debido al reconocimiento internacional de su obra. Sin embargo, durante el se comprobó que el pintor nació realmente en la localidad ilerdense de Solsona y que toda su supuesta genealogía castellonense carecía de fundamento.

Este nombre le fue impuesto a la parte original del parque por decisión del pleno del Ayuntamiento del 19 de noviembre de 1868. La unión de los dos jardines formó la zona verde actual que acabó siendo reconocida únicamente como parque Ribalta.

Historia

El parque constituye un conjunto vegetal y artístico que exhibe buena parte de la historia contemporánea de Castellón, por lo que es uno de los referentes de la ciudad.

Antecedentes

miniatura|izquierda|Algunos ejemplares arbóreos de la parte original del parque preceden a su creación Durante generaciones, el solar que ocupa el parque era paso obligado para los viajeros que llegaban a Castellón desde el camino Real de Valencia a Tarragona, que coincidía en la mayor parte de su trazado con la vía Augusta romana. Este camino atravesaba el oeste del actual término municipal, en la partida rural del Bovalar. Un ramal secundario, conocido como camino del Collet, partía de la vía romana y enlazaba con la villa a través del solar del actual parque en dirección al entonces núcleo urbano.

El espacio en el que se construyó el parque limitaba por el este con el barranco de la Sequiota, que posiblemente se trataba de un paleocauce o de una construcción artificial para evitar que la villa se inundara. Este canal discurría de sur a norte por las afueras del casco urbano, actuales Gran Vía y Ronda Magdalena, hasta desembocar en el río Seco.

No se documenta ningún acontecimiento destacado hasta principios del . En 1803, el Ayuntamiento de Castellón de la Plana trasladó aquí el cementerio desde el antiguo fossar medieval de la plaza Mayor junto a la iglesia por motivos higiénicos y de salubridad. El nuevo camposanto recibió el nombre del Calvario, por encontrarse cerca de la ermita homónima situada en el Ravalet a pie del camino del Collet. El arquitecto valenciano Vicente Gascó diseñó el proyecto que abrió en 1805. Este cementerio estuvo operativo hasta 1868, cuando se llevó a cabo la ampliación de la carretera hacia Morella y Zaragoza. En 1861, abrió el cementerio de San José al otro lado del río debido a la saturación que sufría el del Calvario, a causa de un brote de cólera morbo desatado en la ciudad unos años antes. Durante años se pensó que todos los restos humanos habían sido trasladados al cementerio nuevo, pero durante las obras del TRAM en 2009 se encontraron restos humanos y se desveló que durante la construcción del nuevo edificio de La Pérgola en la década de 1970, había aparecido el acceso al osario lleno de restos y algunos esqueletos enterrados. Diversas fuentes señalan que entre estos restos humanos descansan los del astrónomo francés Pierre Méchain, que falleció el 20 de septiembre de 1804 en la Casa del Barón de la Pobla, mientras se encontraba en Castellón para medir la longitud del meridiano de Greenwich. No obstante, esta posibilidad no ha sido comprobada.

En 1862 llegó a Castellón el ferrocarril procedente de Valencia, construido por la Compañía de los Caminos de Hierro del Norte de España. La estación se instaló al oeste del casco urbano, concretamente al suroeste del cementerio del Calvario. La llegada del nuevo medio de transporte reforzó el deseo de las élites locales de impulsar la industrialización y de mostrar el poder económico de la ciudad. Para ello promovieron la construcción de sus viviendas en el eje que unía la estación con el centro urbano. A este esfuerzo se sumaron las autoridades municipales, que emprendieron la creación del jardín y el acondicionamiento de los viales y plazas del entorno.

En aquel momento, todavía estaban en pie las murallas que se erigieron en 1837 para protegerse de las diversas guerras carlistas. Su trazado seguía el de las rondas Mijares y Magdalena, y en la actual Plaza de la Independencia disponía de una puerta llamada de Morella. Este muro se mantuvo en pie hasta su derribo en 1882.

Creación y consolidación

El 12 de noviembre de 1868, el pleno del Ayuntamiento presidido por Carlos Ferrer Segarra aprobó crear un jardín junto a la estación de ferrocarril. Para ello se hizo con el solar del antiguo cementerio, el de una viña y otros dos campos de secano propiedad de Salvador Tárrega, de José de la Fuente y del conde de Pestagua. Todas ellas formaban una parcela triangular con una superficie de 9 hanegadas y 3 cuartones. Con esta obra, que buscaba embellecer el punto más concurrido de la ciudad, también se atendió la demanda del gobierno de la nación a los municipios de dar trabajo a los jornaleros desempleados.

El consistorio encargó el diseño al ingeniero Luis Alfonso Brull, que presentó su propuesta a las autoridades el 19 de noviembre de 1868. La jardinería quedó en manos del funcionario municipal Tomás Clará Ferrer, que aprovechó todo el arbolado posible del antiguo cementerio, plantó álamos y trasplantó varios pinos desde el Pinar del Grao. Así nació el paseo Ribalta, también conocido como paseo Viejo.

miniatura|izquierda|Busto de Domingo Herrero obra del escultor Tomás Colón Bauzano realizado en 1929 miniatura|Avenida diagonal del parque del Obelisco Finalizada la tercera guerra carlista, el Ayuntamiento presidido por Domingo Herrero Sebastián se propuso poner orden en el urbanismo castellonense. En este aspecto, la gran obra de la época fue la creación de un nuevo parque junto al paseo Ribalta, propuesto por el segundo teniente de alcalde Eliseo Soler Breva en 1876. Para ello se expropió, de acuerdo con el conde de Pestagua, otra viña, dos algarrobales y dos campos de secano en el lado sur de la carretera de Zaragoza valorados en 2801 pesetas. A cambio, el noble mantuvo la propiedad de un tercer algarrobal situado al oeste de estos terrenos, que solo aparece mencionado en un plano de finales del .

El diseño de esta nueva parte volvió a correr de la mano de Luis Alfonso Brull, esta vez en colaboración con Salvador Fors y el jardinero Francisco Tirado, quienes redactaron el proyecto en un breve periodo de tiempo. El nuevo jardín recibió el nombre de parque de la Alameda el 10 de febrero de 1877, pero popularmente se le conoció como paseo Nuevo. Para entonces la explanación del terreno ya había concluido.

La construcción de la nueva zona verde generó debate entre la prensa local. El periódico de tendencia alfonsista La Alborada alegó la falta de apoyo popular al proyecto, el mal estado de las calles, la mala situación económica del consistorio o la incapacidad de las diferentes clases sociales de la ciudad para interactuar entre sí, y calificó al alcalde de megalómano. Mientras que el Diario de Castellón, cercano al caciquismo cossi, defendió el progreso de la ciudad, respaldó ―con matices― al alcalde y aplaudió la construcción del nuevo paseo empleando un tono sarcástico hacia sus adversarios.

Hacia 1910, se desvió la carretera de Zaragoza al lateral norte del paseo Viejo, lo que permitió a la ciudad comprar el terreno que ocupaba para unir físicamente ambas partes, mediante la urbanización del paseo de coches o andén central en su lugar. Cuatro años después, el Ayuntamiento adquiriría el algarrobar que quedaba en el ámbito del parque, y allí Francisco Tomás construyó el estanque o basseta dels peixets, con un presupuesto de . El estanque facilitó el riego de las 3 hectáreas y 74 áreas que ocupaba la zona verde en aquel momento. En 1926 se aprobó la construcción de una avenida de 24 m de ancho que debía unir el Obelisco con la plaza del Rey, atravesando el Huerto de Sogueros que jamás se realizó.

En mayo de 1892 el político y periodista José Castelló y Tárrega propuso construir un obelisco en el centro de la Alameda para conmemorar las victorias de los liberales castellonenses en las guerras carlistas, especialmente la infligida al general Ramón Cabrera en el asedio de los días 7, 8 y 9 de julio de 1837. Su construcción comenzó en 1895 gracias a la suscripción popular de los republicanos castellonenses y con el diseño del arquitecto Francisco Tomás Traver. Esta construcción acabó dando el nombre oficial a esta parte del conjunto.

Anteriormente, entre 1885 y 1886, se instaló el alumbrado de gas en el parque y se formuló un nuevo plan de ajardinamiento con la intención de crear un pequeño jardín botánico mediante la plantación de especies exóticas. Durante las décadas de 1910 y 1920 el parque incorporó la mayoría de los elementos artísticos que lo caracterizan. Entre ellos, en 1913 se instalaron unos baños públicos y el alumbrado eléctrico. En 1923 se creó una rosaleda. Dos años más tarde, el Ayuntamiento promovió un área de esparcimiento en el paseo Viejo con la idea de revitalizarlo, porque esta parte era poco frecuentada desde su unión con el parque del Obelisco. La obra costó y consistió en la edificación de una pérgola alrededor del círculo más grande de dichos jardines.

Entre 1928 y 1929 se construyó una biblioteca pública enfrente de la plaza de toros para albergar la colección bibliográfica del escritor y alcalde Salvador Guinot. El arquitecto Francisco Maristany Casajuana amplió este edificio en 1936 para albergar una escuela pública. En una fecha incierta de las décadas de 1920 o 1930, se levantó un palomar. En 1932, de nuevo Maristany construyó el Templete de música junto al andén central.